viernes, 25 de octubre de 2019

¿ MEDICINA U HOMEOPATÍA ?

Pues la verdad es que no resulta nada fácil. Unos dirán que el primero estropea el estómago y el segundo no; Habrá quien diga que el primero es un negocio para las farmacéuticas y que el segundo no es negocio. Pero casualidades de la vida, es que en un 90 por ciento el primero cura y el segundo deja muchas dudas en el aire. Habrá quien continúe utilizando el segundo, pero todos acabamos en el centro de especialidades puesto que aquello que queremos que sea nuestra salvación no la encontramos en la tienda de la esquina.
La medicina es el gran invento de la historia. La medicina es la que hace que la vida sea más longeva, quizás y en la mayoría de los casos, de mayor calidad, la medicina hace que el sufrimiento en algún momento sea más llevadero. Nos puede gustar más o menos, pero sin duda la medicina, nunca mejor dicho, cura. La medicina, con todos los errores que pueda tener, es la que nos hace vivir la vida y marcar esta en el momento y lugar adecuados.
Por el contrario la homeopatía (y que ningún homeópata se me enfade), da la impresión que ha perdido un poco de fuelle. Todo el esplendor que se montó con ella, a principios del siglo XXI, parece haberse desinflado. Es más hay facultades que han eliminado la cátedra y ciclos formativos que la han quitado de los planes de estudio, puesto que han llegado a comprobar que es una cuestión más de sicología que de medicina real. Ojo, respeto ambas
Dicho lo cual, en nuestro pueblo tenemos la medicina que nos hace falta. No falta el médico que la administra y los pacientes probablemente sean menos de los que realmente necesitan esa medicina. No estamos hablando de cuestiones baladíes, sino de realidades que nos pueden llevar a que la vida tenga el sentido que realmente tenga que tener. En nuestro pueblo tenemos a Rafa - como decía un amigo -, a Rafael, al arcángel, a ese ángel que está más cercano a Dios que el resto. Que lo único que pide es que quien se acerque a él tenga los pies limpios, tenga el corazón sincero para hablar desde la cercanía y la sinceridad, desde la valentía y la honradez. Rafael es el acompañante del camino, de la vida diaria, del levantarse y acostarse cotidiano, que hace que nos acerquemos cada día más a nuestro padre Dios.
Pero me da la impresión que cada vez somos más de homeopatía que de medicina de Dios. ¿Qué ha hecho nuestro médico que no es capaz de curar los corazones heridos y los pies cansados?. Pues es la pregunta que el médico nos hace a los que hemos dicho que estamos bautizados y somos enviados, pero que cada vez curamos menos.
No hace falta más que hombres y mujeres buenas, como lo esperaba el joven Tobías; hombres y mujeres que no se cansen en el camino de la vida en favor de otros. Seguro que hay muchos en la vida y en el mundo. Pero más cercano lo tenemos este fin de semana, en el que cuatro jóvenes le dan un portazo a la historia y deciden ser médicos de almas, en un mundo enfermo en
muchas de sus partes. Jonathan Almeida, Jonathan Ravelo, Gerardo e Indalecio, dicen sí por la causa de Jesús. Todavía hay gente que necesita del médico, necesita de Rafaeles de la vida y de Tobías necesitados de acompañamiento.
Pero no quiero acabar - aunque algunos me digan que no hable de muchos temas sino de uno solo - sin acordarme de D. Francisco Cases Andreu: setenta y cinco años, y trece al frente de nuestra Diócesis. Seguro que se ha equivocado bastante, ha acertado en mucho, pero marcará la historia de nuestra Diócesis. Déjeme, D. Francisco, que desde estas humildes líneas, que me consta que alguna vez lee, que le diga FELICIDADES, como se lo digo a mis compañeros en la fe de Vecindario por la medicina de Dios.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 18 de octubre de 2019

EL QUE SUFRE ESTÁ GRITANDO, ¿NO LO OYES?


A veces nos dan ganas de no coger el móvil. Cuando vemos un número interminable, pensando que es de un centro hospitalario – por ejemplo – lo cogemos sobre la marcha y resulta que es de una compañía de telefonía móvil, o de alguna compañía que nos presenta alguna oferta que entre otras cosas nos oferta o incluye una clausula de permanencia, que es el compromiso de no darse de baja del servicio durante un tiempo. Solemos ver la permanencia como algo negativo, que nos obliga, nos ata, … pero entiendo que aceptar la cláusula de permanencia conlleva una serie de beneficios que perderemos si nos damos de baja antes de tiempo, además de una penalización económica.
La permanencia, en sentido amplio, consiste en mantenerse en un mismo estado, lugar o situación de una forma constante y estable; todo lo contrario a la tendencia del cambio continuo, a la superficialidad que genera la inseguridad. No hay que confundir permanencia con inmovilismo, con estar simplemente quieto, sin avanzar, ya que eso provoca estancamiento. La permanencia es algo positivo, que genera estabilidad y confianza, y por eso motiva a la persona a perseverar, a mantenerse a pesar de las dificultades, como lo hacen tantos misioneros, a los que se recuerda este fin de semana en la jornada del Domund.
Atrás quedan los paseos de sábados por la mañana y por la tarde con la hucha del negrito para recordar que había que ser solidarios.
Hoy en día, salir a la calle con una hucha pidiendo, es un riesgo nada aconsejable. Este fin de semana se nos recuerda que somos bautizados y enviados. Hace poco me decían que era como el que daba clase de matemáticas: de nada sirve que te sepas la teoría si no sabes resolver los problemas. De nada vale estar bautizados si quedamos en el inmovilismo, en la permanencia estática y no nos movemos, no sentimos la necesidad de ver el envío como algo propio y necesario.
Seguro que podemos caer en el desánimo, sin embargo hay que insistir, como lo hará la viuda del evangelio de este fin de semana. Lo que la viuda pide no es un capricho, lo que pide es justicia. Y es justicia lo que piden y gritan los que están sufriendo. Decía no hace mucho mi amigo Monseñor Agrelo, “Que mientras algunos cumplimos con el precepto dominical y nos damos golpes de pecho, empujamos a muchos Cristos de carne y hueso a ahogarse en el mar o a las concertinas de muchas vallas”. Es la justicia de la viuda y del Cristo crucificado.
Esta semana, María, nuestra Madre del Pino, también acudió a la llamada de los que sufren, de los que se han quedado sin una parte de su vida reflejada en su terreno, en sus animales, en su propia historia. Ha sido impresionante cómo ha sido la respuesta de sus hijos: da igual la hora a la que hay que levantarse; da igual la metereología; da igual si no puedo cumplir con ciertas obligaciones… mi madre me llama y acudo a ella.
Todos los que sufren, esperan, llaman, gritan. Para algunos es una larga oscuridad que parece no tener amanecer. A veces me pregunto si en nuestro diálogo con Dios, no somos capaces de escucharlos cuando nos reclaman la justicia. Una justicia que llega a nuestro Padre Dios y que nosotros en su conversación con él no somos capaces de oírla.
Maravillado me quedo con los que han cogido la maleta misionera: Manolín, Expedita, …. tantos y tantos laicos y seglares; tantos y tantos que sacrifican sus vacaciones para echar una mano fuera de la seguridad de su entorno. La viuda y ellos, gritan Hágannos justicia, ¿lo estamos escuchando o no?
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 11 de octubre de 2019

LAS HUELLAS DEL PASADO


Mi padre tenía un tío carnal, ya murió hace años, que había sido coronel del ejército y que había combatido en la desgraciada guerra civil. La guerra le pasó factura: perdió un ojo y en su lugar tenía un ojo de cristal y una bala no le alcanzó el corazón porque en ese lugar tenía una cartera con una imagen de la Virgen. Siempre que mi padre decía de ir a verlo, él enseñaba con orgullo sus huellas de guerra. Ese orgullo seguro que era doble: estaba vivo y habían ganado la guerra.

Pero podemos poner infinidad de huellas: ¡ quien no tiene en sus rodillas huellas de las caídas de pequeño!, ¡ quién no tiene la huella de alguna operación!, ¡quién no tiene la huella de algún corte con un cristal, con un artilugio de cocina, con….!´, ¡quien no tiene la huella de alguna enfermedad…!, ¡ quien no tiene en su corazón, en su interior la huella de algún suceso que le ha marcado!. Las huellas pueden ser en plan negativo, pero también pueden ser en plan positivo. Las huellas se pueden ver, pero también hay huellas que marcan igualmente, pero son interiores. ¡ Quién no ha ido a un viaje y para no olvidar el sitio se trae algo de recuerdo para que cada vez que lo vea, le transporte al pasado !
Este fin de semana, hay acontecimientos que nos llevan por este camino. Por un lado, nuestra Madre la Virgen del Pino, también quiere dejar huella en un pasado triste, cenizo, tiznado, falto de color e incluso, en algunos lugares y corazones, faltos de esperanza. María quiere recorrer aquellos lugares y con personas que parecen que no ven más que un pasado incierto y por ello un futuro triste y oscuro. La vida, se regenera y tiene opción de cambio y no depende de nadie, sino de la confianza que nosotros ponemos en ella y el convencimiento de que ese cambio es posible. Gracias María por compartir con nosotros no solo la amargura, sino la alegría de la esperanza.
Pero por otra parte el evangelio de esta semana, también nos habla de huellas, pero de huellas que tienen que ser agradecidas, de recuerdos y huellas que tienen que estar presente en nuestras vidas de una manera clara y de convicción. Diez leprosos que quieren salir de su maldad, de su enfermedad. Solo uno, y extranjero, es capaz de alabar a Dios por la bondad que ha obrado en él.
Nuestra fe, a veces, es algo parecido. Cuando alcanzamos los favores no somos muy agradecidos. Cuando alcanzamos lo que nos proponemos, incluso pidiéndole a Dios que nos eche una mano, no somos capaces de gritar a los cuatro vientos que el amor de Dios es grande que obra favores en mí. Cuando alcanzamos aquello que hemos deseado, no somos lo suficientemente sinceros para gritar por medio de quién lo hemos conseguido.
Hasta el propio Jesús se siente extrañado cuando le pregunta al ciego que dónde están los demás.
Todos quieren tener los favores o agarrarse a un clavo ardiendo en el momento más conflictivo de nuestra vida. Pero pocos son
a los que le dirán ve que tu fe te ha salvado. Y es que en el fondo todo se reduce a la fe y a la capacidad que hayamos tenido de ser agradecidos con dios y con los hermanos.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 4 de octubre de 2019

MME



No hace mucho leía un artículo en uno de nuestros periódicos, en el que se mencionaba que nuestros hijos/nietos ya están utilizando un lenguaje que no es demasiado entendible para aquellos que manejamos su vocabulario de una forma y manera bastante escasa. Incluso el articulista mencionaba la posibilidad de que fuera un lenguaje en el que ellos se excusan para que otros (entiéndase padres o familiares directos ) no puedan entenderlos. Pues estoy bastante de acuerdo en ello: TQM (Te quiero mucho), XPF (Por favor), etc...
Pero da la casualidad que ahora mi querida Iglesia, parece que se ha unido a la moda y nuestro Papa Bergoglio, nos convoca a MME (Mes Misionero Extraordinario). Siempre he dicho, y lo mantengo, que cuando conmemoramos el día de algo, o el mes de algo, o luchamos contra algo... es porque ese algo no funciona o funciona mal. Felicito a nuestro Papa, por acordarse de la entrega generosa de tantos y tantos que siguen creyendo que Jesús de Nazaret merece la pena.
Muchos son los que han cogido la maleta y llevan la tira de años en lugares que siempre hemos considerado de misión. Me resulta reconfortante comprobar la cara de emoción, de entusiasmo, de ilusión... después de llevar ya no sé cuantos años. Muchos son los que han dejado su vida, pero literalmente, en favor de aquellos que más lo necesitan. Siempre hay quien no entiende que la solidaridad y la lucha por una causa justa puede ser pacífica. Muchos son los que sin ser consagrados de una manera especial, han cogido su maleta como matrimonio, como amigos... y desarrollan una labor magnífica.
Pero creo que MME es una llamada no solo a los de lejos para que no cedan nunca en su empeño, es una llamada también a los de cerca. Nosotros también estamos en tierra de misión. Seguro que cada vez más. Cada vez más el Jesús que merece la pena y en quien nosotros creemos está teniendo menos hueco en tantos corazones de un mundo que llamamos en desarrollo. Es una llamada a ti y a mi a llevar a cabo una tarea de la que decimos que estamos convencidos de ello.
Me viene a la mente a dos misioneros ejemplares que están en la peana de muchas iglesias. Francisco, el de Asís, cuya fiesta acabamos de celebrar. Un hombre al que la radicalidad de un mensaje le llevó a no hablar mucho, pero sí a actuar con convicción. Esa convicción le llevó a fundar una orden religiosa y a ser modelo de muchos que le admiran. Y la otra modelo de peana, es María, la del Rosario, que celebraremos esta semana que entra.
Un rosario misionero, misionero por los cinco continentes. maría el ejemplo de abandono de sí misma para ponerse al frente de la causa del Padre, siendo la propia madre de su Hijo.
Pero me viene también a la mente a tantos misioneros que no están en las peanas de nuestras iglesias. Esas personas anónimas, pero que siguen dando el callo allí donde se encuentren: Isidoro, Manolín, Expedita, Eva, ...
Precisamente el evangelio de esta semana nos va a retar el evangelio poniéndonos delante de Jesús y que si tenemos fe, le diremos a esa montaña ven y viene. Ellos, los misioneros se han puesto delante de Jesús y le han dicho que quieren ir y fueron. Nosotros tenemos que hacer lo mismo; tenemos que ser de convicciones y decisiones fuertes, de decir que vamos y lo hacemos. Como le dirá Pablo a su amigo Timoteo, "No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor"
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 27 de septiembre de 2019

¡ SI YO FUERA RICO, DUBI, DUBI....O ¿SI FUERA POBRE?



Las crisis, a veces, son buenas, pero por lo general de bueno tienen poco. Los últimos años que nos ha tocado parte de esa crisis, lo único que hicieron fue aumentar las diferencias entre pobres y ricos. Estos no solo no han perdido su poder adquisitivo, sino que han podido hacerse con propiedades a bajo precio. El destino o futuro de los demás, les preocupa bien poco. A nuestro "amigo" Epulón le encanta disfrutar de la riqueza banqueteando cada día y vistiéndose de púrpura y lino. No es capaz de enterarse que en su puerta está el pobre Lázaro que no es capaz de saciar su hambre.
En nuestro mundo hay un pequeño grupo de personas que acapara que acapara la mayoría de los bienes de la humanidad y no se preocupa de tantos que están siendo azotados por la plaga del hambre. Quizás para ellos es que sencillamente no existan. Tengo dinero, luego existo. Si no lo tengo pues no existo. Curioso que para Jesús, solo tiene nombre el pobre, Lázaro. Epulón no es un nombre propio, es un vividor, no tiene nombre.
Pero es curioso que aunque los ignoren, los ricos necesitan de los pobres. Solo hay ricos, porque hay pobres. Lázaro nunca le pidió nada a Epulón, pero es ahora este el que pide para él y para sus hermanos. Son los pobres los que nos pueden ayudar. Nos ayudan dándonos la oportunidad de que compartamos con ellos los bienes materiales y al hacerlo, mostramos que valoramos más a las personas que al dinero. Hay que ser ricos en amigos, existir es tener relaciones de amistad. Epulón no pudo hablar directamente con Lázaro. Lo hizo con Abrahán. Entre Epulón y Lázaro sigue habiendo un muro que los separa y el rico nunca se atrevió a cruzar ese muro. Quizás Lázaro saldría a su encuentro.
Es curioso como la suerte de nuestros protagonistas cambia en el momento de la muerte. El rico es enterrado, seguro que con toda pomposidad funeraria, y es llevado al reino de los muertos. Lázaro también muere, pero no se habla de rito funerario, solo que "los ángeles lo llevan al seno de Abrahán"
Jesús viene a hacer justicia a los pobres. Viene para que no existan los desequilibrios de los que siempre disfrutan y de los que sufren. A veces, incluso desde la Iglesia, podemos caer en el tranquilizante de decirle a los pobres que tranquilos porque en el reino de los cielos tendrán su recompensa. No. Tenemos que empezar aquí y ahora y con toda la claridad del mundo.
Está creciendo en nuestra sociedad la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Evitamos el contacto con las personas que sufren, nos vamos haciendo cada vez más incapaces de percibir su aflicción. La presencia de un niño mendigo en nuestro camino, nos molesta. El encuentro con un amigo, enfermo terminal, nos turba. No sabemos qué hacer o qué decir; es mejor tomar distancia, volver cuanto antes a nuestras ocupaciones.
Si el sufrimiento se produce lejos es más llevadero. Hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a base de datos, números, conferencias de prensa, estadísticas... y tan frías como son estas, así nos deja el corazón. El sufrimiento a través de la televisión, siempre es más frío, menos terrible y quizás más irreal. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, nos esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón.
Tenemos reto para esta semana. En la película del violinista en el tejado, se cantaba"... si yo fuera rico....". Pues si yo fuera rico, seguro que compartiría con algún Lázaro de la vida.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 20 de septiembre de 2019

EN LA " EMPRESA " DE DIOS, NO HAY PARO


Cuando a los alumnos en clase, en una etapa próxima a la finalización de los estudios básicos, se les pregunta cuál es el futuro más próximo, muchos de ellos se encojen de hombros y dicen que no saben. Otros sí saben, que seguir estudiando como que no, y lo de trabajar pues como que tampoco. Entonces, ¿qué?, la respuesta es que no saben pero que tampoco les quita el sueño. Claro, tiempos pasados nunca fueron mejores y las comparaciones son odiosas, pero da la casualidad que en mi época, con la edad de ellos, uno quería cumplir años, porque ello suponía el tener objetivos que nos marcábamos cumplidos. Los de hoy, ¿se marcan objetivos?.
El evangelio de esta semana nos traslada a una empresa (Lc 16). Una empresa en la que parece que se premia al más injusto, y al honrado es al que se le deja fuera de los aplausos. Creo que si esta parábola fuese escrita en pleno siglo XXI; si esta parábola fuese escrita en ciertos ámbitos corruptos de nuestra política española; si esta parábola fuese escrita en algunos ambientes familiares, eclesiales, escolares.... pues más realidad y vigencia no podría ser.
Pero lejos de la realidad. En la empresa de Dios, - en la que por cierto no hay paro - , lo que prima es precisamente lo cotidiano, lo pequeño, los pequeños detalles y estos traducidos en confianza. La confianza suele tener rostro, cara... de personas que trabajan en nuestras comunidades y son las que normalmente levantan y llevan el peso de las mismas.
Es precisamente lo cotidiano, lo normal... los pequeños detalles los que marcan ese día a día, salpicado de vez en cuando con algún acto extraordinario que es el que le da cierto realce a lo que hacemos. Y es precisamente esos pequeños detalles, eso que decimos que es insignificante, lo que es valioso para Dios, por eso el que es de fiar en lo menudo, es también de fiar para Dios. El que no es honrado en lo menudo, tampoco es honrado en lo importante.
Claro, a veces nos damos codazos en nuestras comunidades para destacar porque "si no hago yo esto, no lo hace nadie", como si en esa empresa de Dios, los títulos son los que marcan el día a día de la vida de una comunidad. El administrador de la parábola no premia el dinero injusto, aunque lo parezca. El administrador de la parábola premia a quien no está apegado al dinero, por ello no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo.
Avanzando un poco más, diría que en nuestras comunidades hay que dejar a un lado el protagonismo, los primeros lugares, los imprescindibles, los que sin ellos no hacemos nada, los que abandonan a sus seres queridos porque le van a echar en falta en la parroquia, no podemos servir a Dios y al dinero al mismo tiempo.
En la empresa de Dios, brillan los que no se hacen notar; brillan los que desinteresadamente hacen las cosas por amor y por servicio; brillan aquellos que sin dejar su vida personal, tienen tiempo para dedicar unos minutos a
compartir con otros y con aquellos que menos tienen precisamente su tiempo; brillan todos aquellos que no se cuelgan medallas y esperan que los feliciten por lo que hicieron. Está claro que no podemos servir a dos amos.
Me gusta esta empresa donde no me reconocen por lo que hago, pero me quieren como soy y por lo que soy. Me gusta esta empresa donde comparto infinidad de valores de los que aprendo aunque no sea el administrador de los mismos.

Hasta la próxima
Paco Mira

sábado, 14 de septiembre de 2019

NO ES MALO RECONOCER ERRORES


NO ES MALO RECONOCER ERRORES Incluido Dios. Dios Padre también reconoce que se ha equivocado y se arrepiente de la amenaza con la que iba a castigar al pueblo (Exodo 32,7). En la vida nos sobra soberbia, nos sobran consejos, nos sobran discursos, nos sobran manos en los hombros interesados por lo que nos pueda caer y aprovecharnos de los mismos... Estamos lejos, pero muy lejos de la cercanía que supone y requiere un cristiano y creo que tan difícil y complicado no es.
Este fin de semana pasado, nuestro Obispo se emocionaba. Se emocionaba por la entrega generosa de tantos y tantos que han convertido "los millones de litros de agua, en sangre generosa de solidaridad, cercanía y ayuda desinteresada". El fuego, en parte, es malo. Pero el fuego ha dejado que familiares que no se hablaban, lo hicieran para poder uno socorrer al otro. Pues bendito fuego de anima, ayuda, y hace que los hombres se abran y se hablen mutuamente. Felicito a mi/nuestro Obispo, porque entiendo que sus lágrimas son sinceras y no se esconde a la hora de expresarlas
A lo largo de la historia, la Iglesia ha cometido infinidad de errores. De muchos ha pedido perdón porque los ha reconocido y se arrepiente y parece que a muchos les sabe a poco. Da la impresión de que tiene que rasgarse vestiduras, inmolarse, crucificarse, flagelarse....Felicidades Iglesia, porque has reconocido tus fallos, las caídas, las cruces, las sombras... pero felicidades también porque sigues acogiendo en tu seno a tantos y tantos que siguen luchando para que la llama de lo que tú predicas no se apague aún a pesar de las dificultades, los inconvenientes y seguro, también, de las muchas zancadillas que te ponen.
Este fin de semana, el evangelio nos deja la perla de la conversión. De buscar lo que - parece - está perdido: una oveja, una moneda... un hijo. No es malo reconocer que nos equivocamos. No es malo reconocer que no siempre hacemos las cosas bien; no es malo reconocer que en la vida no siempre tenemos razón.... es muy bueno ponernos delante de nosotros mismos, hablar en voz alta o solos y "volver a casa de papá", de papá Dios.
Dios siempre sale al encuentro del que lo busca con sincero corazón. Es más: en algunos casos echa a correr como en la parábola del hijo pródigo. Dios sale a los caminos de la vida en busca de aquel que se pierde y no encuentra el rumbo y nosotros tenemos que aprender de ello. Como María aprendió. Por ello María, nuestra madre la virgen del Pino, también va al encuentro de aquellos que se han quedado en la cuneta de situaciones que no son las mejores por culpa de un fuego del que tampoco tuvieron la culpa.
El hijo menor pensó que en casa de su padre era la mejor de las opciones y de la que nunca debió marcharse. ¡Cuantas veces criticamos a los que se van de la Iglesia y quizás no sabemos si algún día tenemos que abrir los brazos para volver a abrazarlos de nuevo!. ¡Cuántos de nuestros hermanos a los que el alcohol o la droga.... los echó a perder y tenemos que salir como el
pastor a buscar a la oveja perdida o encontrar la moneda que no tenemos claro donde se nos perdió!. ¡ Cuántas veces nos equivocamos!. Pero como decía al principio, no es malo reconocer errores. Al contrario es bueno y es una terapia que debemos hacer con frecuencia.

Hasta la próxima
Paco Mira