viernes, 8 de noviembre de 2019

EN MI FAMILIA DIOCESANA NO SOMOS PERFECTOS. PERO NOS QUEREMOS IGUAL Y SIN VOTACIÓN


Este domingo se celebra el "día de la Iglesia diocesana". Le leía a Arturo Pérez Reverte, escritor y académico de la lengua, que, en España, somos muy dados a "hablar de todo, sin entender de nada". Yo, desde la humildad, le diría que no solamente en España. Pero quizás a nivel religioso también se da mucho. Y cuando hablo a nivel religioso, me refiero a las comidillas eclesiales de muchos feligreses, padres de niños, gentes eventuales de visita por funerales, acompañantes a bodas de celebración a posteriori de lo eclesial, etc... que a la hora de criticar a la Iglesia, nos prestamos mucho, porque hablamos de todo, sin entender nada. No es desconocido frases como "quien es el cura para decirme que no...", "La Iglesia es la casa de todos...."
Alguien me preguntaba, cuando se enteró que este domingo se celebra el día de la Iglesia Diocesana, que qué era eso. Y la verdad es que también los que decimos que entendemos, a la hora de explicarnos, no nos salen las palabras o no sabemos hacerlo. Yo se lo comparé a una familia, en la que siendo todos uno, cada uno tiene su función. Esta función probablemente en una familia la dan los años y eso lleva y conlleva una cierta autoridad para que todo funcione (padres) y el resto en la medida en la que vamos creciendo, vamos adquiriendo responsabilidades, desde el conocimiento y la convicción. Una familia, que no es el reflejo para muchos, pero que para mí me vale, en circunstancias normales.
Pues eso mismo pasa en nuestra Iglesia universal, pero a pequeña escala en nuestra Iglesia diocesana. Una Iglesia que se desarrolla en Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura y la Graciosa. Tenerife tiene el resto de islas. Una Iglesia que lucha por mantener viva la llama del cirio que nos recuerda que un tal Jesús de Nazaret no ha muerto; una Iglesia que no le importa acoger a todo el que llega aunque sea en una patera y por ello le pintan con frases nada bonitas en sus locales de caritas; una Iglesia que procura mantener sus cuentas claras y no ocultar nada.
Pero también una Iglesia compuesta por hombres. Hombres que pecan. Hombres que en determinadas circunstancias "lugares y frías regiones" (que diría Francisco, el de Asís), no son el fiel reflejo de aquello que predican. Hombres que caen una y otra vez en la tentación de lo fácil y de lo poco comprometido.
Pero, como a mi familia que tiene errores, esa es la grandeza de nuestra Iglesia. En mi familia la batuta la llevan igual papá y mamá. Me gustaría que en mi querida familia diocesana hubiera paridad; me gustaría que los laicos tuvieran un papel de mayor protagonismo; me gustaría que nuestras parroquias no fueran propiedad privada de quien las gestiona, sino que Dios no quiere una casa para sí mismo ya que lo comparte todo sin egoísmo.
Me gusta esta Iglesia imperfecta, santa y pecadora, que cae y se levanta, que arrima el hombro y se desvive por quienes el fuego les ha dejado sin lo más básico; me gusta esta Iglesia que todavía sigue teniendo el poder de credibilidad para que cuatro muchachos le digan sí para toda la vida a través del sacerdocio. Me gusta esta Iglesia que sigue teniendo un hueco en nuestros colegios, porque la democracia nos da el derecho de la libertad de elección, algo por lo que hemos luchado y que nadie nos puede ni nos debe quitar. Me gusta esta iglesia en la que luchamos por una mayor participación en los órganos de gobierno; una Iglesia que tiene tiempo para atender muchas partes del mundo. Aún así, me gusta
Amemos a nuestra familia diocesana y querámosla tal y como es.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 1 de noviembre de 2019

ZAQUEO, PACO, LUISA...¿ TE ENCUENTRAS O SALES AL ENCUENTRO?


Lo que no podemos negar es que España tiene unos rincones de lo más maravillosos. A veces pensamos que lo de otros es mejor que lo nuestro y no es así. A veces programamos vacaciones en el extranjero, cuando no conocemos nuestra geografía. Salamanca es uno de esos rincones, de esas ciudades de nuestra querida España ( como cantaba Cecilia, aquella del ramito de violetas), que es hermosa, muy hermosa. He tenido la gran fortuna de vivir allí cinco maravillosos años. Cuentan que el gran Miguel de Unamuno, cuando daba clase en la universidad, le hicieron una estatua de reconocimiento, a tamaño natural, que colocaron en el hall principal de la facultad. El, que era de costumbres fijas: horario, espacios, entrar por la misma puerta… de pronto dejó de hacerlo. El bedel de entonces, preocupado por la actitud de D. Miguel, se armó de valor y le preguntó: “D. Miguel, perdone, ¿puedo hacerle una pregunta?. Por supuesto, respondió él. ¿por qué desde que pusieron su escultura en el hall principal, usted dejó de entrar por la puerta que da acceso a él?. Unamuno lo miró fijamente y le respondió. Amigo, es que me da miedo encontrarme conmigo mismo”
Maravillosa la reflexión de Unamuno. Creo que algo parecido le ha sucedido a Zaqueo: No era capaz de ubicarse, de colocarse, de encontrarse y… se hizo el encontradizo, aunque para ello tuviera que subirse a una higuera. Quiso saber lo que pasaba y al que pasaba y las casualidades provocadas hicieron que le señalara con el dedo, que le llamara por su nombre, y que le dijera, hoy me hospedo en tu casa.
Me da la impresión que nosotros no estamos buscando como Zaqueo. Estamos en la higuera, no subidos a ella. Jesús sigue pasando entre la multitud, entre la cantidad de gente que nos rodea. Hay infinidad de situaciones en la vida, de momentos, de rostros, de gestos, de caras… que nos señalan con el dedo y que nos llaman a cada uno por nuestro nombre. Nuestra fe, el programa de todos los santos, de todos nosotros, las bienaventuranzas, tiene que ser un encuentro personal con Jesús.
Zaqueo, para aquella época, seguro que también vivía en una sociedad de ruido, de poco silencio. Cuando pasa Jesús, seguro que también había algarabía, pero él supo hacer su silencio para escuchar su nombre, no el de otros que probablemente también fueron llamados (como los santos que hemos celebrado estos días), sino el de él.
El oír nuestro nombre requiere una respuesta. Ojalá que no tengamos miedo como Unamuno a reconocer nuestra pequeñez como Zaqueo y que busquemos aplicar las bienaventuranzas puesto que es el mensaje propio del que llama a no estar en la higuera.
Hoy, nuestro mundo y nuestra posición en el mundo, nos lleva a estar vivos. No nos quedemos solamente con la visita al cementerio; no nos
quedemos con la visita al lugar de la paz y de la tranquilidad. Seamos ágiles en conocer aquello que el Concilio llegó a llamar los signos de los tiempos, bajemos de nuestra higuera personal, seamos capaces de encontrarnos y dejarnos encontrar y comencemos a abrir las puertas de nuestra casa, de nuestro corazón, puesto que hoy va a quedarse con nosotros.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 25 de octubre de 2019

¿ MEDICINA U HOMEOPATÍA ?

Pues la verdad es que no resulta nada fácil. Unos dirán que el primero estropea el estómago y el segundo no; Habrá quien diga que el primero es un negocio para las farmacéuticas y que el segundo no es negocio. Pero casualidades de la vida, es que en un 90 por ciento el primero cura y el segundo deja muchas dudas en el aire. Habrá quien continúe utilizando el segundo, pero todos acabamos en el centro de especialidades puesto que aquello que queremos que sea nuestra salvación no la encontramos en la tienda de la esquina.
La medicina es el gran invento de la historia. La medicina es la que hace que la vida sea más longeva, quizás y en la mayoría de los casos, de mayor calidad, la medicina hace que el sufrimiento en algún momento sea más llevadero. Nos puede gustar más o menos, pero sin duda la medicina, nunca mejor dicho, cura. La medicina, con todos los errores que pueda tener, es la que nos hace vivir la vida y marcar esta en el momento y lugar adecuados.
Por el contrario la homeopatía (y que ningún homeópata se me enfade), da la impresión que ha perdido un poco de fuelle. Todo el esplendor que se montó con ella, a principios del siglo XXI, parece haberse desinflado. Es más hay facultades que han eliminado la cátedra y ciclos formativos que la han quitado de los planes de estudio, puesto que han llegado a comprobar que es una cuestión más de sicología que de medicina real. Ojo, respeto ambas
Dicho lo cual, en nuestro pueblo tenemos la medicina que nos hace falta. No falta el médico que la administra y los pacientes probablemente sean menos de los que realmente necesitan esa medicina. No estamos hablando de cuestiones baladíes, sino de realidades que nos pueden llevar a que la vida tenga el sentido que realmente tenga que tener. En nuestro pueblo tenemos a Rafa - como decía un amigo -, a Rafael, al arcángel, a ese ángel que está más cercano a Dios que el resto. Que lo único que pide es que quien se acerque a él tenga los pies limpios, tenga el corazón sincero para hablar desde la cercanía y la sinceridad, desde la valentía y la honradez. Rafael es el acompañante del camino, de la vida diaria, del levantarse y acostarse cotidiano, que hace que nos acerquemos cada día más a nuestro padre Dios.
Pero me da la impresión que cada vez somos más de homeopatía que de medicina de Dios. ¿Qué ha hecho nuestro médico que no es capaz de curar los corazones heridos y los pies cansados?. Pues es la pregunta que el médico nos hace a los que hemos dicho que estamos bautizados y somos enviados, pero que cada vez curamos menos.
No hace falta más que hombres y mujeres buenas, como lo esperaba el joven Tobías; hombres y mujeres que no se cansen en el camino de la vida en favor de otros. Seguro que hay muchos en la vida y en el mundo. Pero más cercano lo tenemos este fin de semana, en el que cuatro jóvenes le dan un portazo a la historia y deciden ser médicos de almas, en un mundo enfermo en
muchas de sus partes. Jonathan Almeida, Jonathan Ravelo, Gerardo e Indalecio, dicen sí por la causa de Jesús. Todavía hay gente que necesita del médico, necesita de Rafaeles de la vida y de Tobías necesitados de acompañamiento.
Pero no quiero acabar - aunque algunos me digan que no hable de muchos temas sino de uno solo - sin acordarme de D. Francisco Cases Andreu: setenta y cinco años, y trece al frente de nuestra Diócesis. Seguro que se ha equivocado bastante, ha acertado en mucho, pero marcará la historia de nuestra Diócesis. Déjeme, D. Francisco, que desde estas humildes líneas, que me consta que alguna vez lee, que le diga FELICIDADES, como se lo digo a mis compañeros en la fe de Vecindario por la medicina de Dios.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 18 de octubre de 2019

EL QUE SUFRE ESTÁ GRITANDO, ¿NO LO OYES?


A veces nos dan ganas de no coger el móvil. Cuando vemos un número interminable, pensando que es de un centro hospitalario – por ejemplo – lo cogemos sobre la marcha y resulta que es de una compañía de telefonía móvil, o de alguna compañía que nos presenta alguna oferta que entre otras cosas nos oferta o incluye una clausula de permanencia, que es el compromiso de no darse de baja del servicio durante un tiempo. Solemos ver la permanencia como algo negativo, que nos obliga, nos ata, … pero entiendo que aceptar la cláusula de permanencia conlleva una serie de beneficios que perderemos si nos damos de baja antes de tiempo, además de una penalización económica.
La permanencia, en sentido amplio, consiste en mantenerse en un mismo estado, lugar o situación de una forma constante y estable; todo lo contrario a la tendencia del cambio continuo, a la superficialidad que genera la inseguridad. No hay que confundir permanencia con inmovilismo, con estar simplemente quieto, sin avanzar, ya que eso provoca estancamiento. La permanencia es algo positivo, que genera estabilidad y confianza, y por eso motiva a la persona a perseverar, a mantenerse a pesar de las dificultades, como lo hacen tantos misioneros, a los que se recuerda este fin de semana en la jornada del Domund.
Atrás quedan los paseos de sábados por la mañana y por la tarde con la hucha del negrito para recordar que había que ser solidarios.
Hoy en día, salir a la calle con una hucha pidiendo, es un riesgo nada aconsejable. Este fin de semana se nos recuerda que somos bautizados y enviados. Hace poco me decían que era como el que daba clase de matemáticas: de nada sirve que te sepas la teoría si no sabes resolver los problemas. De nada vale estar bautizados si quedamos en el inmovilismo, en la permanencia estática y no nos movemos, no sentimos la necesidad de ver el envío como algo propio y necesario.
Seguro que podemos caer en el desánimo, sin embargo hay que insistir, como lo hará la viuda del evangelio de este fin de semana. Lo que la viuda pide no es un capricho, lo que pide es justicia. Y es justicia lo que piden y gritan los que están sufriendo. Decía no hace mucho mi amigo Monseñor Agrelo, “Que mientras algunos cumplimos con el precepto dominical y nos damos golpes de pecho, empujamos a muchos Cristos de carne y hueso a ahogarse en el mar o a las concertinas de muchas vallas”. Es la justicia de la viuda y del Cristo crucificado.
Esta semana, María, nuestra Madre del Pino, también acudió a la llamada de los que sufren, de los que se han quedado sin una parte de su vida reflejada en su terreno, en sus animales, en su propia historia. Ha sido impresionante cómo ha sido la respuesta de sus hijos: da igual la hora a la que hay que levantarse; da igual la metereología; da igual si no puedo cumplir con ciertas obligaciones… mi madre me llama y acudo a ella.
Todos los que sufren, esperan, llaman, gritan. Para algunos es una larga oscuridad que parece no tener amanecer. A veces me pregunto si en nuestro diálogo con Dios, no somos capaces de escucharlos cuando nos reclaman la justicia. Una justicia que llega a nuestro Padre Dios y que nosotros en su conversación con él no somos capaces de oírla.
Maravillado me quedo con los que han cogido la maleta misionera: Manolín, Expedita, …. tantos y tantos laicos y seglares; tantos y tantos que sacrifican sus vacaciones para echar una mano fuera de la seguridad de su entorno. La viuda y ellos, gritan Hágannos justicia, ¿lo estamos escuchando o no?
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 11 de octubre de 2019

LAS HUELLAS DEL PASADO


Mi padre tenía un tío carnal, ya murió hace años, que había sido coronel del ejército y que había combatido en la desgraciada guerra civil. La guerra le pasó factura: perdió un ojo y en su lugar tenía un ojo de cristal y una bala no le alcanzó el corazón porque en ese lugar tenía una cartera con una imagen de la Virgen. Siempre que mi padre decía de ir a verlo, él enseñaba con orgullo sus huellas de guerra. Ese orgullo seguro que era doble: estaba vivo y habían ganado la guerra.

Pero podemos poner infinidad de huellas: ¡ quien no tiene en sus rodillas huellas de las caídas de pequeño!, ¡ quién no tiene la huella de alguna operación!, ¡quién no tiene la huella de algún corte con un cristal, con un artilugio de cocina, con….!´, ¡quien no tiene la huella de alguna enfermedad…!, ¡ quien no tiene en su corazón, en su interior la huella de algún suceso que le ha marcado!. Las huellas pueden ser en plan negativo, pero también pueden ser en plan positivo. Las huellas se pueden ver, pero también hay huellas que marcan igualmente, pero son interiores. ¡ Quién no ha ido a un viaje y para no olvidar el sitio se trae algo de recuerdo para que cada vez que lo vea, le transporte al pasado !
Este fin de semana, hay acontecimientos que nos llevan por este camino. Por un lado, nuestra Madre la Virgen del Pino, también quiere dejar huella en un pasado triste, cenizo, tiznado, falto de color e incluso, en algunos lugares y corazones, faltos de esperanza. María quiere recorrer aquellos lugares y con personas que parecen que no ven más que un pasado incierto y por ello un futuro triste y oscuro. La vida, se regenera y tiene opción de cambio y no depende de nadie, sino de la confianza que nosotros ponemos en ella y el convencimiento de que ese cambio es posible. Gracias María por compartir con nosotros no solo la amargura, sino la alegría de la esperanza.
Pero por otra parte el evangelio de esta semana, también nos habla de huellas, pero de huellas que tienen que ser agradecidas, de recuerdos y huellas que tienen que estar presente en nuestras vidas de una manera clara y de convicción. Diez leprosos que quieren salir de su maldad, de su enfermedad. Solo uno, y extranjero, es capaz de alabar a Dios por la bondad que ha obrado en él.
Nuestra fe, a veces, es algo parecido. Cuando alcanzamos los favores no somos muy agradecidos. Cuando alcanzamos lo que nos proponemos, incluso pidiéndole a Dios que nos eche una mano, no somos capaces de gritar a los cuatro vientos que el amor de Dios es grande que obra favores en mí. Cuando alcanzamos aquello que hemos deseado, no somos lo suficientemente sinceros para gritar por medio de quién lo hemos conseguido.
Hasta el propio Jesús se siente extrañado cuando le pregunta al ciego que dónde están los demás.
Todos quieren tener los favores o agarrarse a un clavo ardiendo en el momento más conflictivo de nuestra vida. Pero pocos son
a los que le dirán ve que tu fe te ha salvado. Y es que en el fondo todo se reduce a la fe y a la capacidad que hayamos tenido de ser agradecidos con dios y con los hermanos.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 4 de octubre de 2019

MME



No hace mucho leía un artículo en uno de nuestros periódicos, en el que se mencionaba que nuestros hijos/nietos ya están utilizando un lenguaje que no es demasiado entendible para aquellos que manejamos su vocabulario de una forma y manera bastante escasa. Incluso el articulista mencionaba la posibilidad de que fuera un lenguaje en el que ellos se excusan para que otros (entiéndase padres o familiares directos ) no puedan entenderlos. Pues estoy bastante de acuerdo en ello: TQM (Te quiero mucho), XPF (Por favor), etc...
Pero da la casualidad que ahora mi querida Iglesia, parece que se ha unido a la moda y nuestro Papa Bergoglio, nos convoca a MME (Mes Misionero Extraordinario). Siempre he dicho, y lo mantengo, que cuando conmemoramos el día de algo, o el mes de algo, o luchamos contra algo... es porque ese algo no funciona o funciona mal. Felicito a nuestro Papa, por acordarse de la entrega generosa de tantos y tantos que siguen creyendo que Jesús de Nazaret merece la pena.
Muchos son los que han cogido la maleta y llevan la tira de años en lugares que siempre hemos considerado de misión. Me resulta reconfortante comprobar la cara de emoción, de entusiasmo, de ilusión... después de llevar ya no sé cuantos años. Muchos son los que han dejado su vida, pero literalmente, en favor de aquellos que más lo necesitan. Siempre hay quien no entiende que la solidaridad y la lucha por una causa justa puede ser pacífica. Muchos son los que sin ser consagrados de una manera especial, han cogido su maleta como matrimonio, como amigos... y desarrollan una labor magnífica.
Pero creo que MME es una llamada no solo a los de lejos para que no cedan nunca en su empeño, es una llamada también a los de cerca. Nosotros también estamos en tierra de misión. Seguro que cada vez más. Cada vez más el Jesús que merece la pena y en quien nosotros creemos está teniendo menos hueco en tantos corazones de un mundo que llamamos en desarrollo. Es una llamada a ti y a mi a llevar a cabo una tarea de la que decimos que estamos convencidos de ello.
Me viene a la mente a dos misioneros ejemplares que están en la peana de muchas iglesias. Francisco, el de Asís, cuya fiesta acabamos de celebrar. Un hombre al que la radicalidad de un mensaje le llevó a no hablar mucho, pero sí a actuar con convicción. Esa convicción le llevó a fundar una orden religiosa y a ser modelo de muchos que le admiran. Y la otra modelo de peana, es María, la del Rosario, que celebraremos esta semana que entra.
Un rosario misionero, misionero por los cinco continentes. maría el ejemplo de abandono de sí misma para ponerse al frente de la causa del Padre, siendo la propia madre de su Hijo.
Pero me viene también a la mente a tantos misioneros que no están en las peanas de nuestras iglesias. Esas personas anónimas, pero que siguen dando el callo allí donde se encuentren: Isidoro, Manolín, Expedita, Eva, ...
Precisamente el evangelio de esta semana nos va a retar el evangelio poniéndonos delante de Jesús y que si tenemos fe, le diremos a esa montaña ven y viene. Ellos, los misioneros se han puesto delante de Jesús y le han dicho que quieren ir y fueron. Nosotros tenemos que hacer lo mismo; tenemos que ser de convicciones y decisiones fuertes, de decir que vamos y lo hacemos. Como le dirá Pablo a su amigo Timoteo, "No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor"
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 27 de septiembre de 2019

¡ SI YO FUERA RICO, DUBI, DUBI....O ¿SI FUERA POBRE?



Las crisis, a veces, son buenas, pero por lo general de bueno tienen poco. Los últimos años que nos ha tocado parte de esa crisis, lo único que hicieron fue aumentar las diferencias entre pobres y ricos. Estos no solo no han perdido su poder adquisitivo, sino que han podido hacerse con propiedades a bajo precio. El destino o futuro de los demás, les preocupa bien poco. A nuestro "amigo" Epulón le encanta disfrutar de la riqueza banqueteando cada día y vistiéndose de púrpura y lino. No es capaz de enterarse que en su puerta está el pobre Lázaro que no es capaz de saciar su hambre.
En nuestro mundo hay un pequeño grupo de personas que acapara que acapara la mayoría de los bienes de la humanidad y no se preocupa de tantos que están siendo azotados por la plaga del hambre. Quizás para ellos es que sencillamente no existan. Tengo dinero, luego existo. Si no lo tengo pues no existo. Curioso que para Jesús, solo tiene nombre el pobre, Lázaro. Epulón no es un nombre propio, es un vividor, no tiene nombre.
Pero es curioso que aunque los ignoren, los ricos necesitan de los pobres. Solo hay ricos, porque hay pobres. Lázaro nunca le pidió nada a Epulón, pero es ahora este el que pide para él y para sus hermanos. Son los pobres los que nos pueden ayudar. Nos ayudan dándonos la oportunidad de que compartamos con ellos los bienes materiales y al hacerlo, mostramos que valoramos más a las personas que al dinero. Hay que ser ricos en amigos, existir es tener relaciones de amistad. Epulón no pudo hablar directamente con Lázaro. Lo hizo con Abrahán. Entre Epulón y Lázaro sigue habiendo un muro que los separa y el rico nunca se atrevió a cruzar ese muro. Quizás Lázaro saldría a su encuentro.
Es curioso como la suerte de nuestros protagonistas cambia en el momento de la muerte. El rico es enterrado, seguro que con toda pomposidad funeraria, y es llevado al reino de los muertos. Lázaro también muere, pero no se habla de rito funerario, solo que "los ángeles lo llevan al seno de Abrahán"
Jesús viene a hacer justicia a los pobres. Viene para que no existan los desequilibrios de los que siempre disfrutan y de los que sufren. A veces, incluso desde la Iglesia, podemos caer en el tranquilizante de decirle a los pobres que tranquilos porque en el reino de los cielos tendrán su recompensa. No. Tenemos que empezar aquí y ahora y con toda la claridad del mundo.
Está creciendo en nuestra sociedad la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Evitamos el contacto con las personas que sufren, nos vamos haciendo cada vez más incapaces de percibir su aflicción. La presencia de un niño mendigo en nuestro camino, nos molesta. El encuentro con un amigo, enfermo terminal, nos turba. No sabemos qué hacer o qué decir; es mejor tomar distancia, volver cuanto antes a nuestras ocupaciones.
Si el sufrimiento se produce lejos es más llevadero. Hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a base de datos, números, conferencias de prensa, estadísticas... y tan frías como son estas, así nos deja el corazón. El sufrimiento a través de la televisión, siempre es más frío, menos terrible y quizás más irreal. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, nos esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón.
Tenemos reto para esta semana. En la película del violinista en el tejado, se cantaba"... si yo fuera rico....". Pues si yo fuera rico, seguro que compartiría con algún Lázaro de la vida.
Hasta la próxima
Paco Mira