viernes, 15 de mayo de 2020

¿HAY ALGO BUENO, DENTRO DE LO MALO, EN EL CORONAVIRUS?


Volviendo un poco al hilo conductor de la semana pasada en la que les contaba un poco parte de la historia de mi abuela, claro yo le preguntaba que cómo seria el "después" de aquellos desagradables acontecimientos bélicos. Claro, ella me decía que ya la vida no podía plantearse de la misma manera, porque los hechos históricos, aunque no quisieran, obligaban a que fuera la vida de otra manera. Nada sería, ni podía ser, como antes. Aprendieron a valorar aquello que tenían, pero que se les esfumó de una manera nada pensada. Muchos seres queridos se fueron sin un hasta luego o un adiós.
Estos días, cuando pensaba cómo reflexionar estos domingos, me venía a la cabeza - no solamente a mi abuela - sino el cómo será el después. Mejor todavía, ¿aprendimos algo bueno de lo malo?; incluso también podemos preguntarnos si, ¿de lo malo se puede sacar algo bueno?. Pues yo creo que sí. Creo que podemos empezar a tomar recortes de muchas cosas que hasta ahora, como autosuficientes, no hacíamos y que ahora podremos empezar a valorar y a tener en cuenta.
Vivíamos (¿vivimos?) en un mundo que corría o corre demasiado deprisa. Es más, tenemos prisa en la desescalada, queremos, no cumpliendo con los protocolos establecidos, que la vida vuelva a tener la velocidad que tenía tan solo hace dos meses. Sin embargo creo que la señal de stop tiene que ponerse delante de todos y cada uno de nosotros. Ya no puede ser la vida como antes.
Nuestro mundo tenía tanta prisa que no teníamos tiempo para las conversaciones familiares, entre padres e hijos, entre matrimonios. Creo que es bueno que ahora nos planteemos tener como obligación esa conversación. Provocar y buscar ese espacio. Teníamos prisa para acostarnos porque al día siguiente el trabajo era duro y no teníamos tiempo para compartir como nos había ido el día. Apaguemos el tv y dediquemos tiempo a compartir. Teníamos prisa para vestirnos por la mañana, para el desayuno, para llevar los niños al colegio.... y no acabamos disfrutando nada de nada.
Teníamos prisa en nuestra vida, que no demostrábamos nuestros sentimientos. No dábamos besos, no acariciábamos, no abrazábamos, no visitábamos.... a muchos de esos a los que no teníamos tiempo para cumplir con lo anterior, ya están en la casa del Padre y ahora seguro que si volviéramos la vista atrás le daríamos todo lo que no dimos en su momento. Aprovechemos a partir de ahora para compartir sentimientos, para besar, para acariciar, para abrazar... no nos quedemos con la tristeza de no haber cumplido con la obligación que el corazón nos impone.
Este fin de semana, el evangelio nos habla del Espíritu de la verdad y del amor del Padre y del Hijo. El Espíritu no es algo imperativo e impositivo, es un Espíritu de amor que nos lleva a descubrir a los demás como parte de nosotros y a los que tenemos que amar como él nos ha amado.
También hasta ahora teníamos prisa. Esa prisa nos llevaba a no tener tiempo para el Padre, como muchos hijos no tuvieron tiempo para sus padres. Es un tiempo nuevo y así tenemos que verlo, y que tenemos que plantearnos la vida de otra manera. Tiene que morirse la prisa, tenemos que tener tiempo o buscarlo para compartir aquello que es importante. Quien está convencido de lo que realmente vale la pena, les pasa como a los Apóstoles que imponían las manos, y la gente se llenaba de lo que realmente merece la pena.
Ojala, que dentro de lo malo, aprendamos algo bueno

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 8 de mayo de 2020

YA LO DECÍA MI ABUELA

Sin duda ha sido una de las personas que marcaron mi infancia y seguro que mi adolescencia: mujer cercana, dialogante, complaciente, alegre... me imagino que, con esta descripción, seguro entran muchas abuelas de nuestro universo familiar. Siempre las abuelas han tenido - por lo general - buen cartel y es curioso que muchas de esas abuelas son suegras y ese cartel no es el mismo. Pero bueno, a lo que voy. Ella, que vivió la postguerra civil, la segunda guerra mundial y lo posterior... me comentaba que lo peor de esa situación era que teniendo, en muchos casos, dinero no se podía comprar porque no había nada en las tiendas y que por desgracia, a veces, se daba el negocio sucio de contrabando con la comida. Me comentaba que las colas para poder adquirir algún producto básico, eran interminables, y los cabreos por ello eran frecuentes.
Esta pequeña historia, me viene a la mente porque estos días he visto en los informativos cómo en la ciudad de Lugo las colas para coger comida en algún puesto de asistencia religiosa era interminable; también veía cómo en el barrio madrileño de Vallecas, unas monjitas también repartían comida a los más necesitados; veía como en mi pueblo, la cola de caritas era notable para poder coger algo de comida... ¡Cuántas historias reales se estaban contando en esas colas!, ¡Cuántos dramas personales y familiares estaban siendo escuchados y oídos por los que atendían esa cola!
Se me caía el alma a los pies cuando estos días escuchaba a un Vicepresidente del gobierno, de nuestro gobierno, decirle a la Conferencia Episcopal Española que "hasta donde yo sé, su jefe está en Roma". Veo que este hombre, con todos mis respetos y espero que él también los tenga a todo el mundo, no entiende bien de qué va el tema. El Jefe, mi Jefe es mi hermano porque tenemos ambos el mismo Padre. Un hermano que dice con frecuencia y lo
recalca este fin de semana: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Quiero creer también que todos los que estaban en la cola de Lugo, de Vallecas, de Vecindario, de cualquier otro lugar en el que se hace cola por necesidad... reconocen - sin querer - donde está el Camino, la Verdad, y sobre todo la Vida. Me resulta curioso que nadie hace las mismas colas en la puerta del Congreso, en el Palacio de la Moncloa, ni en la casa de ninguno de los Vicepresidentes de nuestro querido gobierno... aunque la necesidad familiar sea la misma, la historia desgarradora de cada uno de ellos sea igual....
Mi querido sr. Vicepresidente: Mi Jefe, a nivel religioso, no existe ni está en Roma. Seguro que en Roma está quien modera y coordina esta maravillosa familia que llamamos Iglesia. Una Iglesia que se equivoca, que comete fallos, que no siempre es perfecta y que peca, pero como cualquier familia y esto no es disculpa para la nuestra. Pero una Iglesia que abre sus puertas para dar de comer a quien lo necesita, pero sobre la marcha. No hay que esperar a que la burocracia de documentos oficiales haga retardar el ruido de las tripas de quienes tienen hambre, ni les dicen: vengan dentro de quince días.
Veo que las colas de las que me hablaba mi abuela en tiempos de guerra, no son tan extrañas después de tanto tiempo. Pero seguro que quienes atienden las colas a los necesidades, son hombres y mujeres de Espíritu como dice el libro de los Hechos y no solamente eso, sino que estoy con Pedro cuando en su carta nos comenta que son (¿somos?) raza elegida. Y seguro que van en busca del Camino, la Verdad y la Vida

Espero que nuestros gobernantes aprendan a valorar lo bueno mucho que hay en nuestra familia que llamamos Iglesia

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 1 de mayo de 2020

LA PUERTA NO SE ABRE SOLA


Hace algún tiempo que un compañero de trabajo me comentaba que nunca había entendido este evangelio: que qué tenía que ver el cristianismo, los cristianos, la gente de a pié... con un aprisco o rebaño de ovejas. Me preguntaba incluso si no habría otro ejemplo mejor que el de las ovejas. La verdad es que en un principio me dejó pensando si no tendría razón, pero después me di cuenta que a veces en la Iglesia, en nuestras catequesis, los que somos agentes de pastoral.... no explicamos como deberíamos explicar muchas de las imágenes que aparecen en el evangelio.
Cuando estamos viviendo una situación como la de ahora: de dolor, de sufrimiento, de contagio, de miedo, de quedarnos encerrados en casa, de cumplimiento o incumplimiento de las normas... me viene a la cabeza la imagen de mi amigo. Si fuera ahora se lo explicaría mejor. Mejor que en aquel momento - y si fuera ahora también - no lo entendiera.
No somos ovejas. No somos animales, pero sí tenemos un padre que mima, cuida, besa, acaricia, sonríe, aplaude, canta, y muchas más cosas. Un pastor, que realmente cuide y quiera a su rebaño, seguro que conoce por su nombre, mima, acaricia, canta... a sus ovejas. Dios es igual con nosotros.
Me emocionaba cuando en esta semana un grupo de trabajadores salía de un encierro voluntario en una residencia de ancianitos. Dejaron su familia, sus hijos, sus cosas y se quedaron con los viejitos para que estos no se contagiaran. Lo más fácil sería salir corriendo y que el último se las apañe. Pero no. Después de más de treinta días los han dejado sin ser contagiados. ¿Ven?, Dios mima, cuida, abraza, acaricia, sonríe... a cada uno de nosotros y eso es emocionante o por lo menos debe emocionar.
No sé cual ha sido la intencionalidad de los que trabajaban en la residencia, ni en tantos y tantos hospitales. Muchos porque es su trabajo y tienen que comer a fin de mes. Pero muchos también que no teniendo turno, que pudiendo no ser contagiados, que pudiendo ir con su familia y disfrutar de su compañía, que pudiéndose quedar en la tranquilidad de su hogar.... sin embargo han decidido dar un giro y un sentido a su vida.
Muchos de los que han estado "al pie del cañón", tienen una connotación religiosa. Para muchos Jesús es la puerta que les ayuda a poder sobrellevar la situación. Veía a un médico como antes de entrar a trabajar rezaba. Alguno miraba con cierto recelo, pero otros seguro que le admiraban.
Pedro en la segunda lectura nos recuerda "si obrando el bien soportan el mal, hacen una cosa hermosa ante Dios". No se trata de ser masoquistas y poner el acento en el sufrimiento como algo positivo, sino que lo que hagamos, teniendo presente que Jesús camina con, por y para nosotros. ¡Cuántos ejemplos de entrar por la puerta que se llama Jesús se están dando estos días!. ¡Cuántos obrando el bien, el cariño, la cercanía, el aplauso...están soportando el mal!
No quiero acabar sin recordar dos cosas. El domingo se celebra el
día de la madre. Estamos convencidos que es todos los días, pero sin duda las madres han sido el GPS que nos han llevado a Jesús, han sido en muchos casos la puerta por la que nos han hecho entrar en ese redil maravilloso que llamamos Iglesia, y nos han enseñado a conocer al pastor Jesús. Cuidémoslas, mimémoslas... son únicas
Demos ejemplo también nosotros. Muchos agentes de pastoral probablemente ni nos acerquemos, para abrir la puerta y dar ejemplo; muchos ni nos acercamos a un medio de comunicación social para compartir "on line" la fe. Si preguntamos cuantos vemos la misa de la tv, de la radio... pues seguro que nos sobran dedos de la mano, porque sencillamente no es prioritario, y a lo mejor damos catequesis o estamos en liturgia o somos de un coro.
No nos olvidemos que Jesús sigue siendo la puerta, pero esta no se abre sola. Tenemos que poner de nuestra parte.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 24 de abril de 2020

PERO, ¿NO ME CONOCES?

 carta


Cuando llegan los carnavales, y uno se pone algo encima con la finalidad de divertirse, de que no lo conozcan, de disimular para ser diferente...siempre pregunta, pero , ¿no me conoces?. Si quien se disfraza lo hace con gusto seguro que el otro interlocutor responderá pues no. Incluso hay veces que a quien le preguntamos es alguien muy cercano: padre, madre, ... alguien con quien habitualmente convivimos y nos rozamos. Pero la respuesta es clara: pues no te conozco.

Estos días, que estamos viviendo situaciones complicadas, en los programas de radio o de televisión, la pregunta suele ser siempre la misma: Cuando esto termine, ¿qué vamos hacer?. Las respuestas siempre son de lo más variopintas: recuperar el ritmo perdido de la vida normal, ir a visitar a mi madre o a mi padre que llevo tiempo que no los veo... Lógicamente la preocupación por el trabajo o la situación económica entra también dentro de los parámetros que preocupan. Incluso hay gente que vive todavía con una gran duda sobre el futuro, entre otras cosas porque esta situación le pilló con el paso cambiado y no sabe lo que va a ocurrir ni cuales van a ser sus prioridades a partir de la "normalización".
Cuento esto, porque creo que a nivel de fe, nos puede pasar como aquella pareja que iba camino de la aldea: ¿quién iba a pensar que nos íbamos a quedar sin semana santa presencial, por ejemplo ?. Muchos cristianos han (¿hemos?) tenido que hacer una recomposición mental para adaptarnos a la nueva situación: las nuevas tecnologías nos han permitido ver y participar del servicio, sacrifico y resurrección en la distancia.
Para la gente que iba camino de Emaús, que aquel hombre en el que habían confiado, lo hubieran matado, supuso un antes y un después, supuso una ruptura que nadie se esperaba, supuso que todos los esquemas mentales y personales que se habían creado, se cayeran por tierra. Pero triste es también que aquel hombre preguntara que qué es lo que había pasado para que todo el mundo estuviera triste. Pues debes de ser tú el único que no sabe lo que ha pasado. Dice el texto, que lo reconocieron donde tenían que hacerlo, en la fracción del pan.
Me viene a la mente que ese Pan que se parte y se reparte, es el pan que se está repartiendo y partiendo en infinidad de lugares donde el altruismo es patente y donde sobre todo el convencimiento de tener que dar lo mejor de cada uno en favor de los demás es lo que tiene que prevalecer. Nuestro mundo, por culpa de lo más mínimo, como ha sido un virus, ha provocado un antes y un después en nuestras vidas.
La grandeza de un tal Jesús de Nazaret es la de provocar un antes y un después en nuestras vidas. Unas vidas que tienen que estar marcadas por esa fe que se tiene que compartir, por coger fuerzas gracias a un Pan que se parte y se reparte. Comenzaba estas letras diciendo, pero, ¿no me conoces?. Me quiero acordar de aquellos que a través de su móvil personal hacen posible que muchas familias se encuentren en un hospital a través de la distancia; ¿no me conoces? y me acuerdo de aquellos que se están contagiando pero quieren seguir en la brecha porque la vida de otros es más importante que la propia, donación y entrega total.
¡Que pena que no conozcamos o no queramos conocer al Jesús del siglo XXI. Es un Jesús que camina con nosotros, que baja a la aldea, que viene al Emaús de nuestras vidas, que está en los avatares diarios y que a veces no son los mejores.
Ojalá que podamos decirle siempre: quédate con nosotros, porque la tarde va declinando, pero quédate para siempre.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 17 de abril de 2020

EL SABOR DEL ENCIERRO


No se puede salir a la calle. Aquí no entra aquello de "poder puedo, pero no debo". Es verdad la frase, pero las multas desaconsejan el que lo intentemos y sobre todo por convencimiento personal que hay cosas en la vida que hay que cumplir y que no pasa nada por quedarnos.
Cuántos de nosotros hemos dicho en alguna ocasión: ¡tengo unas ganas locas de quedarme en casa un tiempo! y no solamente quedarnos en casa sino con las puertas y ventanas cerradas. Pero claro al principio todo era maravilloso, sobre todo la primera semana, pero en la medida en que van cayendo los días, esto - a algunos - se les hace interminable: ¿cuando podremos salir a la calle?.
El quedarse en casa puede ser una buena oportunidad para fomentar aquello que normalmente a lo largo del año no practicamos: el dialogo familiar, el interesarnos por problemas del que tenemos al lado, compartir la fe aunque sea por los medios de comunicación social, echar en falta aquello que normalmente tenemos y ahora no podemos tener, habituarnos a ciertas costumbres que en condiciones normales no haríamos, etc...
Pero claro si eso lo hacemos por miedo, pues mala es la cosa. Si lo hacemos por miedo a contagiarnos - por ejemplo - no tiene sentido el punto anterior puesto que lo que hacemos es engañarnos a nosotros mismos. Si solamente fomentamos el diálogo familiar, o la comunicación por miedo, pues no sirve de mucho. Hay que tener cierta valentía para hacerlo a lo largo de todo el año y no solamente en períodos de confinamiento. Hay que saborear los encierros aunque estos sean por causa de un virus.
Algo parecido me da la impresión que les sucedió a aquellos amigos que se habían quedado huérfanos de su gran amigo que les había marcado sus vidas para siempre. Tal les dejó marcada la vida que a raíz de aquel momento ésta cambió por completo. Pero... tenían miedo. Un miedo que les lleva a encerrarse, un miedo que les lleva a recluirse en sí mismos, un miedo que les lleva a no gritar una realidad en la que ellos habían creído: que había resucitado.
Hoy nosotros también tenemos miedo. Muchos tienen miedo. Cerca de veinte mil personas ya se han ido con Padre Dios y no sabemos cuántos más se van a ir dentro de poco. Esta crisis nos ha demostrado lo que el Papa nos ha dicho. ¡qué vulnerabilidad tiene la vida del hombre!. Pensamos que con haber ido a la luna, que con tener el móvil más sofisticado que existe, que podemos hablar con cualquier país del mundo en tiempo real.. y sin embargo la insignificancia de un virus.... nos ha tumbado
Aquellos hombres que nos presenta el libro de los Hechos como de una vida idílica, cosa que yo no me creo tanto, igual que nosotros hoy, en nuestro encierro, también hay quien nos dice "la paz esté con ustedes". Una paz representada en la sonrisa y alegría resucitada de tantos y tantos sanitarios
que aún contagiados del mismo virus siguen dando su vida, cual Jesús de Nazaret, para seguir salvando vidas; Una paz que se convierte en aplauso resucitado cuando cada uno de los enfermos abandonan un hospital y quienes les han atendido se lo agradecen (cuando a lo mejor debería ser al revés); una paz que se convierte en un himno resucitado cuando cantamos resistiremos ante las adversidades de la vida, puesto que la muerte no tiene la última palabra como nos lo ha recordado Jesús de Nazaret.
Sigamos en la lucha. Y si tenemos que ser como Tomás y meter la mano, que no nos tiemble el pulso y hagámoslo porque la resurrección es el santo y seña de nuestra identidad de cristianos. Saboreemos, desde el confinamiento, (del encierro), la resurrección de Jesús en los pequeños detalles.

Hasta la próxima
Paco Mira

jueves, 9 de abril de 2020

CUADERNO DE SEMANA SANTA: SERVICIO, SACRIFICIO Y VIDA DE LOS ANÓNIMOS


No me gustaría seguir hablando de lo mismo o por lo menos de la misma manera. Da la impresión que cuando más se insiste en una cosa o noticia, parece que produce el efecto contrario y se le resta interés o importancia. Es por ello que lo que estamos viviendo, no puede quedar en el anonimato, y menos en el baúl de los recuerdos nefastos. Pero en esta reflexión, de esta semana, en la que incluyo los tres días fundamentales (jueves, viernes y sábado), me quiero acordar de los anónimos.
"Señor, ¿lavarme los pies a mí?: el farruco de Pedro, aquel rudo y probablemente nada educado pescador de cerca del algo de Galilea, quiere poner el tono adecuado, con algo de sutileza, incluso con una cara - me imagino - de extrañeza,... en una cena que se me antoja con ambiente tenso, llena de nerviosismo, con incertidumbre, con incredulidad por lo que estaban oyendo - quizás pocas palabras, pero suculentas: "hagan esto en memoria mía"... y al final sucumbe y se deja lavar los pies.
En estos días, en la deontología de muchas profesiones no hay ninguna asignatura que hable - por desgracia - de educación, sutileza, de saber estar, de mimo, caricias... y quiero dedicarle estas letras a todos los que lo están ejerciendo estos días. Aquellos que
anónimamente lavan muchos pies: personal sanitario, personal de limpieza, miembros, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, transportistas, personal desinteresado de alimentación, de fabricación de material que no teníamos....Todos estos y más, que probablemente se me olviden, también son los Cristos anónimos de hoy que lavan pies con caricias, sonrisas, móviles familiares, aplausos, palabras de aliento, alguna lágrima... y a los que aplaudimos y tendremos que aplaudir en el futuro durante mucho tiempo.
" Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso" El año 2020, que allá por el mes de enero, parecía como muy bonito hasta en el calendario, se ha convertido para muchos en un auténtico calvario. Muchos han recorrido en estos días la vía dolorosa de su vida, cargando con una cruz, que como el Cireneo, no estaba previsto que la llevaran justo en este momento. Tristemente fueron muchos los que partieron a la casa del Padre. Gente que salió curtida de una guerra (hace muchos años) y ahora volvieron a vivir otra. Aquella no la quisieron y esta tampoco. Pero seguro que muchos se preguntaron dónde estaba Jesús en esos momentos. Y Jesús les dijo, como a los que estaban en el calvario con él, hoy estarán, estaremos, todos juntos en el paraíso. Mi, nuestra, solidaridad con
las familias que no han podido decir un hasta luego, o dar un beso en la mejilla de sus seres queridos. Muchos de estos anónimos, también están sufriendo la enfermedad, la separación de sus seres queridos para poder atender a quienes no conocen...
" ¿ A quién buscáis?. No está aquí. Ha resucitado". Seguro que en condiciones normales, nuestras iglesias estarían repicando las campanas en una jornada como esta. Repican anunciando la vida, que la VIDA ha vencido a la muerte, que se hizo realidad lo que días atrás había pasado con Lázaro el amigo de Jesús, pero esta vez es el propio Jesús el que lo lleva a la práctica. Todos estos días son lágrimas. Hay mucho llanto, dolor, rabia contenida... pero seguro que estas lágrimas se convertirán, se tienen que convertir, en risa insaciable de querer continuar para adelante. Seguro que nuestros mayores, los que se han ido, siempre nos han dado el consuelo de que nos portemos, bien, que seamos honrados, que seamos solidarios, que perdonemos... ha resucitado. La vida tiene que vencer y VENCE a la muerte y esto es lo que da vida a los cristianos y por ello creemos en un tal Jesús de Nazaret.
Gracias a todos los anónimos que he nombrado y los que no he podido por falta de espacio, por servir, sufrir y hacer vivir.

Felices Pascuas a todos
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 3 de abril de 2020

CUADERNO DE SEMANA SANTA: TENER Y NO PODER CELEBRARLO

CUADERNO DE SEMANA SANTA: TENER Y NO PODER CELEBRARLO

Me sigo solidarizando con todas aquellas víctimas de este maldito virus, con todos aquellos a los que se les ha ido un familiar (cercano o lejano). Pero seguro que con el paso del tiempo alguno verá el lado positivo de esta tragedia: "si el grano de trigo no muere...". Pero por el momento lo vamos a dejar en tragedia, que es lo que es.
Los canarios somos muy dados a tener ciertas fechas para poder disfrutar de aquello de lo que vivimos. Siempre la semana santa ha sido el pistoletazo de salida para poder empezar a disfrutar de la playa, si bien es cierto que muchos la disfrutan durante todo el año. Pero en principio, parece que este año nos vamos a quedar con las ganas.
Pero dentro de lo malo, dentro de los recortes, dentro de lo complicado de la situación, puede ser una gran oportunidad para valorar aquello que tenemos, que siempre vamos a tener, pero que este año no podemos celebrarlo. Sería una buena oportunidad para darnos cuenta si de verdad apreciamos, queremos, sentimos... la fiesta más importante para un cristiano.
Muchos, en condiciones normales, ya anteponían la playa, el apartamento, el viaje... a los actos litúrgicos y religiosos. Pero me estaba resultando curioso como en los últimos tiempos nuestros templos se estaban llenando cada vez más de gente que compartía y en la mayoría de los casos, vivía la fe.
Comenzamos nuestro recorrido con una celebración. Con una fiesta. Mi abuela, siempre me contaba que cuando ella era pequeña y a la ciudad llegaba uno de los grandes mandatarios mundiales, la ciudad se paralizaba y todo el mundo salía a la calle. Para el mandatario nacional, era un orgullo el ofrecer al que venía de fuera, que la gente - aunque fuera mentira - le apreciaba, le aclamaba, le aplaudía....
Algo parecido y contradictorio debió sucederle a Jesús: una ciudad entera se agolpa en las calles para dar la bienvenida a alguien montado en un burro. Alguien al que la gente tenía sus dudas sobre su identidad, puesto que muchos se preguntaban ¿éste no es el hijo de José el carpintero?. ¡Ojalá todos los carpinteros del mundo (carpinteros, electricistas, sastres, costureros, camareros/as de piso....) fueran aclamados por una muchedumbre que en condiciones normales necesitarían de ellos para poder disfrutar de sus vacaciones.
Pero somos contradictorios. Los mismos que lo aclaman el domingo, lo asesinan el viernes. Precisamente este domingo se leerá un relato breve (en algunos lugares) de ese terrible suceso que con mayor amplitud se leerá el viernes santo. El ser humano, pasa a veces de la racionalidad más absoluta a la irracionalidad más desesperante.
Esta semana santa nos toca disfrutar de la soledad. Podremos apreciar lo que tenemos pero no podemos compartir. Pero también es un momento para compartirlo con los más allegados, eso sí: en casa. Con la familia, con la pareja, con los hijos. Escalofriante fue ver la imagen del Papa en aquella tremenda plaza de San Pedro solo, solamente con Marini y rogándole al Padre, casi exigiéndole, que nos ayude a salir de esta tempestad.
Amigos. Celebremos y compartamos en familia aquello que en circunstancias normales, lo haríamos con todos los demás

Feliz Semana Santa
Hasta la próxima
Paco Mira