viernes, 17 de julio de 2020

SIN DUDA: LO PEQUEÑO SE HACE GRANDE

Una de las cosas que siempre me han maravillado del evangelio, es que no es una tesis de ingeniería aeroespacial con tintes de física nuclear. Es decir que solamente lo entienden tres y los demás se lo creen porque no tienen ni idea de ello. Pero el evangelio habla de lo que todo el mundo entiende, o por lo menos tiene una idea de ello, no hace falta un master universitario para ello, habla de pesca, de agricultura, de labores domésticas, de situaciones de muerte y de vida en la propia vida, de salud y enfermedad, de alegrías, de sinsabores, de ilusiones, esperanzas.... habla de la vida, de lo que vemos y sentimos cada uno de nosotros en nuestras realidades concretas.

Y este fin de semana - ya lo comenzamos la semana pasada - volvemos a contemplar dos situaciones que vivimos con mucha frecuencia. Por un lado volvemos a plantar un grano de mostaza. No se si ustedes han visto alguna vez un granito de mostaza, es que más pequeño no puede ser, y sin embargo cuando crece, se convierte en un árbol o arbusto más grande que cualquiera de las hortalizas. Por otra parte nos habla de levadura, que es lo que hace aumentar por ejemplo el pan. Ya ven que sin duda, lo pequeño se hace grande.

Se preguntarán que puede tener que ver con nosotros y es que desde el año 33, desde que muere Jesús, hemos querido hacer una religión enorme, poderosa, un cristianismo poseedor de una verdad absoluta y que nadie nos puede rebatir y es curioso cómo el propio fundador nace en la humildad y pequeñez de un pesebre. Es sin duda, el guión programático del Padre: desde la base, desde la certeza de lo pequeño, donde lo grande viene por añadidura y es donde arranca la credibilidad del cristiano.

Atrás quedan las etapas y las épocas de las grandes cruzadas; atrás quedan - o eso quiero creer - las épocas de las guerras de religión porque mi Dios - el Dios de todos - es más grande que el del otro, cuando sabemos de antemano que es el mismo Dios hecho hombre, entregado al servicio de los demás y que entregó su vida por amor, no por salir en la portada de ninguna revista del corazón y que haya cobrado por la exclusiva.

Es verdad que vivimos tiempos convulsos, tiempos de incertidumbre, tiempos propicios para la cizaña, pero no son tiempos nuevos. Siempre ha habido estos tiempos y quizás hasta, dentro de lo malo, es bueno para zarandearnos de alguna manera y que espabilemos ante tanta pasividad. Seguirá habiendo quien intente arrancar lo bueno dentro de lo plantado con ilusión, ganas y esperanza... pero para ello estamos nosotros, para dar validez a la realidad de ese Reino y su justicia que en el fondo es lo que el propio Jesús vino a instaurar.

Miremos por una Iglesia del Papa Francisco, como el pesebre de Belén: humilde, sencilla, sin grandes lujos, pero con la sinceridad de quien está convencida de su misión y de su salida dentro de sí misma. Y ojo, que la Iglesia no son grandes edificios, ni demasiados curas... la iglesia es la responsabilidad

de todos los que en su momento hemos sido bautizados y que no es el privilegio de unos pocos.

Seamos mostaza; seamos levadura... seamos lo pequeño que contribuye a que se haga grande. No seamos los grandes que sabemos más que los pequeños. No nos olvidemos que mientras no nos hagamos pequeños, las puertas del reino de los cielos no se abren demasiado aunque estemos bautizados, vayamos a misa con frecuencia y tranquilicemos nuestras conciencias.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 10 de julio de 2020

PARA SEMBRAR, HAY QUE TENER

Seguro que muchos de nosotros nos conocemos de memoria infinidad de pasajes de la Biblia, especialmente del nuevo testamento. Es más, en alguna ocasión nos han servido de coletilla para argumentar ciertos comentarios e incluso como frases hechas que en un momento determinado nos sacan del apuro en alguna conversación. Uno de esos pasajes es precisamente el evangelio de este fin de semana: la parábola del sembrador. Creo que es de las más conocidas y la hemos utilizado en más de una ocasión.

En esta parábola casi siempre nos fijamos y la explicamos en función de donde cae la semilla y sobre todo, en esa caída, quienes pueden ser los destinatarios de las mismas, para incluso hacer una clasificación de las personas en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en nuestras Diócesis, etc...

No hace mucho, en la parroquia, echando una mano a colocar a la gente con las medidas de seguridad en los bancos antes de comenzar una eucaristía, alguien me preguntaba que para qué quería organizar a la gente, si en la calle cada uno hacía lo que le daba la gana. Me quedé pensando y es verdad que nos podemos dejar llevar por lo que otros no hacen - es lo más fácil -, pero no por lo que nosotros podemos hacer.

Es lo que le pasa a la parábola de este fin de semana. Nos podemos preguntar ¿para qué sembrar, si lo que cae en tierra buena es muy poco?. ¿Para qué sembrar si cuando parece que la cosa va bien, viene el sol abrasador y lo quema todo y nuestro esfuerzo queda en algo baldío?, ¿por qué tanto esfuerzo y tanto trabajo?.

Conozco gente que tiene alguna tierra en la que planta cositas a lo largo del año. Saben a al perfección cuando es la época de cada cosa, y claro cuando va a llegar esa fecha, se preparan concienzudamente: aran la tierra, le echan el abono correspondiente, riegan en su justa medida, buscan que la mala hierba no estropee el mimo con el que hemos puesto a punto la tierra, etc..

Yo me pregunto si en nuestras comunidades es más fácil "predicar" la palabra o dar testimonio de la palabra. A veces tranquilizamos nuestras conciencias diciendo cuatro cosas - que no discuto que no estén bien dichas - pero nuestro ejemplo de vida deja mucho que desear. En el evangelio de este fin de semana, Jesús dice que se sube a la barca, se prepara, piensa lo que dice, asume con todas las consecuencias lo que le puede acarrear lo que dice... Yo no tengo claro que nosotros nos preparemos para anunciar aquello que decimos que creemos y por eso nos preguntamos de qué sirve sembrar si total.... sencillamente es que no estamos en la onda correspondiente.

A veces nos quejamos injustamente, de que la gente no responde y tendríamos que mirarnos en el espejo del testimonio para darnos cuenta si cuando queremos sembrar, llevamos en la talega de nuestro corazón el material necesario para que mayoritariamente caiga en tierra buena, aún sabiendo que una parte no va a caer en donde quisiéramos. Dice la parábola que salió el sembrador a sembrar. Salir, ese es el verbo. Lo decía el Papa Francisco, una Iglesia en salida. Dejemos la comodidad y el evangelio necesita pateo, necesita recorrer terrenos que no siempre son fértiles, pero hay que recorrerlos. Seguro que vamos al gimnasio, caminamos todas las tardes o las mañanas... porque los médicos nos dicen que es bueno para la salud (1 hora al día...), pero eso de salir con el evangelio, como que ¿no?.

Dentro de poco vendrá un nuevo Pastor a sembrar en nuestra

Diócesis. Ayudémosle en esa tarea y no seamos de los que a propósito no limpiamos los campos para que la semilla no germine. Ya hablaremos de él, pero por el momento bienvenido a esta su casa.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 3 de julio de 2020

ÚLTIMA LLAMADA PARA LOS SRES PASAJEROS DE LA VIDA

Bueno, que estamos aquí de paso, eso no lo niega ni lo discute nadie. Lo que sí tenemos que buscar es la forma y la manera que nuestra estancia sea lo mejor posible a todos los niveles. No siempre se consigue, aunque creo que todos lo intentamos.

Es casi como la vida de un aeropuerto: ¡Cuántos miles de personas que nos cruzamos!, con su historia personal, sus problemas, sus dificultades, sus ilusiones, su maleta en la mano, su sonrisa, sus lágrimas de despedidas temporales, su cara de no saber cómo será el destino…. Si nos fijamos, es como la vida misma. Y de vez en cuando se oye: “Ultima llamada, para los sres pasajeros del vuelo….”, no solamente en castellano, sino también en otros idiomas. Pero aprendemos a convivir con ruidos (informaciones) a los que nos hacemos inmunes, oímos pero no escuchamos, porque entendemos que no va con nosotros.

Es curioso que el evangelio de este fin de semana es como la voz del aeropuerto de la vida. Una voz que nos lanza mensajes todos los días y que normalmente hacemos como en los aeropuertos, inmunes a su mensaje. Este fin de semana nos hace no solo una llamada, sino tres.

La primera dice : “vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que yo les aliviaré” ¡para que después digan que el evangelio no tiene actualidad!: nuestros momentos son momentos de arrojar la toalla para muchos, de asfixia, de ertes, de falta de trabajo, de incertidumbres ante el futuro. Jesús es la oferta, se ofrece a sí mismo para dar una oportunidad, no de solucionar el problema puesto que no tiene la varita mágica, pero sí de tomar un cierto resuello que nos de fuerza para afrontar las dificultades.

Una segunda llamada dice “carguen con mi yugo que es llevadero y mi carga es ligera”. En esto hemos tenido – a lo mejor seguimos teniendo – la culpa los que decimos que ya estamos dentro: normas, leyes, preceptos, resoluciones, …. y Jesús lo único que nos dice que el Amor es el único tema del que nos van a examinar. Jesús fomenta, motiva… la libertad de todos y cada uno de nosotros. El mensaje de Jesús es un mensaje de liberación, no de servilismo a intereses que no tienen nada que ver con el mensaje del evangelio, y hacen que su yugo sea una carga tremenda.

Por último se me ocurre una tercera llamada: “ aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso”. ¡Qué difícil es que tengamos humildad en el motor de nuestro cuerpo!. Me quiero imaginar a un Jesús que en los caminos polvorientos de su querida Palestina, nunca había problemas o por lo menos no los buscaba y seguro que tenía motivos para cabrearse. El camino que él propone es un camino que él mismo ya recorre, un camino que no tiene que ser desconocido para nosotros, pues es el camino de poner la otra mejilla, es el camino de perdonar más de setenta veces siete, es el camino de guardar la espada en la vaina, es el camino de quien esté sin pecado que tire la primera piedra, etc.

Este Evangelio, es el Evangelio de lo que el Concilio llamaba los signos de los tiempos. Eso que siempre echamos en cara a la religión o al propio Jesús. No oímos, como en el aeropuerto, las llamadas por la megafonía de la vida, nos hemos echo inmunes a las voces que nos llaman y reclaman sinceridad, autenticidad y ejemplo para muchos que nos tienen como seguidores de Jesús de Nazaret.

Mi felicitación a todos los que empiezan las vacaciones y los de Pamplona por los san fermines.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 26 de junio de 2020

PERO, ¿A QUÉ TENGO QUE RENUNCIAR?

En estos tres meses de confinamiento - el que lo cumplió claro - algo que se nos recordaba mucho, era no salir de casa. Eso evitaba la propagación del virus en el caso de tenerlo. Pero claro, había otro problema, y ahora, ¿qué hago?. Hay que renunciar a cosas que se hacían y ahora no se puede. Al principio todo muy bien: para muchos eran vacaciones, otros se dedicaban a ordenar aquello que tenían pendiente; otros aprovechaban para hacer alguna chapuza que tenía pendiente dentro de la casa... pero claro: todo cansa: cansa no hacer nada, cansa ordenar, cansa la chapuza... pero hay que renunciar a lo que hacíamos antes, no quedaba otra.

Claro, eso eran los que tenían un trabajo determinado, porque otros, - como los sanitarios, por ejemplo - no pudieron renunciar a lo que estaban haciendo desde hacía tiempo, que era mejorar la calidad de vida de aquellos que, sin conocerlos, eran seres humanos y merecía la pena echarles una mano. Sin embargo ellos también renunciaron: a lo personal (familia, hijos...), a las amistades de toda la vida a las que no podían dedicarle tiempo, a el quehacer diario de lectura, de televisión, de ocio, etc....

Es curioso que este fin de semana, Jesús nos propone también la renuncia. Y la renuncia que nos propone no es fácil, porque propone renunciar a aquello que normalmente queremos como son nuestros padres, nuestras amistades, lo que más apreciamos..... Ños, si eso es así, no sé si muchos podremos renunciar: ¡ cómo vamos a renunciar a los padres!

Lógicamente entendemos que el propio Jesús no pide que abandonemos aquello que es esencial en nuestra vida como es la familia; no puede consentir, ni consiente, que abandonemos a nuestros padres, hermanos, seres de lo más cercano posibles... pero sí pide que nuestra opción por su persona y su mensaje no sea titubeante, ni tengamos que ver con que las autoridades civiles - como en el caso del covid - nos digan cómo tenemos que hacerlo.

Pero sí tenemos o tenemos que tener claro los cristianos, es que nuestra decisión no tiene ni puede ser titubeante: a veces las disculpas son mayúsculas para el seguimiento a quien decimos que queremos con locura y que es lo más importante en nuestra vida, lo declinamos porque hay que abandonar a nuestros padres y a nuestras madres.

Lo que en un principio parece inasequible nos hace quedar ciegos al final del párrafo que dice que el que dé de beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca.... Jesús nos está ofertando la base desde la que debemos partir para ser discípulos suyos. Cuando hacemos algo, aunque sea por Dios, eso no queda sin recompensa, por pequeño que sea (en este caso un vaso de agua)

Muchas personas tienen la creencia de que ser cristianos es algo difícil y complicado: un cúmulo de normas, mandamientos, preceptos... que se viven como una carga a menudo bastante pesada. Quizás porque los propios cristianos hemos transmitido esa imagen con un mal testimonio. Para seguir a Jesús hay que renunciar a muchas cosas y no hay que renunciar a lo fundamental. Pone como ejemplo a nuestros padres, pero probablemente somos de los que ponemos infinidad de excusas para no seguirle, para no tener tiempo para compartir su fe, de callarnos ante injusticias de las que estamos seguros que podemos hacerlas.

Pero, ¿a qué tenemos que renunciar?. Esta es la pregunta. Cada uno, para seguir a Jesús tendrá que preguntarse de qué tiene que vaciarse para que él ocupe un lugar, el lugar que le corresponde.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 19 de junio de 2020

EL CORAZÓN ES SÍSTOLE Y DIÁSTOLE

Este mes, en general, pero el viernes pasado, hemos celebrado el Sagrado Corazón de Jesús. Fiesta en muchos lugares y de gran devoción en otros tantos. Hablar de corazón es hablar del centro de operaciones del ser humano. Es poner encima de la mesa los problemas coronarios y de cardiología que podamos tener. Es traer diariamente a la presencia de todos y cada uno de nosotros los sentimientos que marcan nuestro actuar diario y nuestro devenir en la historia. De hecho, sabemos que al " atardecer de la vida, al final de nuestros días, nos va a examinar un cardiólogo especialista en amar". Se supone a lo largo de nuestra vida hemos ido a clase y nos han enseñado a amar, para que al final nos examinen. ¿aprobaremos?, ¿necesitaremos mejorar?, ¿tendremos que ir a clase de refuerzo?, ¿nos dejarán para Septiembre?, uff, cuantas preguntas en poco tiempo. Nuestro corazón es un sístole y diástole, da y recibe, bombea y expulsa... en cada uno de nosotros está el saber lo que tenemos más de qué.

¡Qué bonito es amar!, ¡Qué bonito es cuando, desde el amor, uno se entrega a una causa justa y por los justos!. ¡Qué bonito es manifestar el amor de Dios en los demás, incluso en aquellos que no conocemos, y qué bonito es amar a los que los demás desprecian!.

El evangelio de este fin de semana nos habla de no tener miedo. Creo que somos una generación demasiado temblorosa a la hora de manifestar aquello que creemos que es verdadero y que sobre todo no lo hacemos por el miedo al que dirán y no hay peor cosa que dejarse vencer por el miedo. Miedo a perder prestigio, miedo a nuestra posición social, miedo a no ser reconocidos en el ámbito en el que nos movemos.... el que realmente ama de verdad y no tiene miedo, no quiere que salga publicado en los periódicos.

Con frecuencia vivimos preocupados solo en quedar bien. Nos da miedo hacer el ridículo, confesar nuestras verdaderas convicciones, dar testimonio de nuestra fe en un mundo que lo más probable no sople a nuestro favor. Tememos las críticas, los comentarios y el rechazo de los demás, incluidos los más cercanos. No queremos ser clasificados. Otras veces nos invade el temor al futuro. No vemos claro nuestro porvenir. No tenemos seguridad en nada. Quizás no confiamos en nadie. Nos da miedo enfrentarnos al mañana.

Siempre ha sido tentador para los creyentes buscar en la religión un refugio seguro que nos libere de nuestros miedos, incertidumbres y temores. Pero sería un error ver en la fe el agarradero fácil de los pusilánimes, los cobardes y los asustadizos.

La fe y el amor no crea hombres cobardes, por eso Jesús dice que "lo que les digo de noche, díganlo a pleno día". La fe y el amor no encierra a los creyentes en sí mismos, sino que nos abre más a la vida problemática y conflictiva de cada día. No seamos profetas de calamidades, pero no nos quedemos callados. Muchos por hablar, recibieron una bala como respuesta

(Ellacuría, Romero, etc...).No lo envuelve en la pereza y la comodidad, sino que los anima para el compromiso.

Eso lo entendieron bien todos los voluntarios y profesionales del covid19 que por amor entregaron su vida en favor de otros anónimos o quizás conocidos, por eso si uno se pone de mi parte, yo lo pondré de mi parte delante de Dios. Lo entiende la madre a diario con su familia, el profesional de la educación, etc... El corazón, nuestra máquina más importante, que no solamente bombea el líquido que nos hace vivir (sístole y diástole), sino que genera nuestros sentimientos más profundos, cuidémoslo, venerémoslo, amémoslo... y seguro que cuando llegue el examen final, no tendremos problemas en superarlo.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 12 de junio de 2020

MI ALFOMBRA ES DE TIERRA, VIENTO Y CON BASTANTES PLANTAS SECAS

MI ALFOMBRA ES DE TIERRA, VIENTO Y CON BASTANTES PLANTAS SECAS

Este fin de semana celebramos la fiesta del Corpus, que traducido literalmente significa cuerpo. Es también costumbre (es curioso como nos acordamos de cosas que "siempre hemos hecho así", y casi se convierten en norma de obligado cumplimiento) que se hagan alfombras (de sal, de serrín, de pétalos, de pinocha...), e incluso son de visita y de interés cultural. He de decir que hay verdaderos artistas a lo largo y ancho del mundo que configuran verdaderas obras de arte, y en nuestra isla también.

También es costumbre que se haga una procesión en la que el sacerdote, con la custodia, pise dichas alfombras como señal y reconocimiento que nuestro amigo Jesús, está por encima de todo y además los que hacen las alfombras se sienten orgullosos que el propio Jesús desbarate lo que con tanto trabajo ha costado construir, con muchas horas de dedicación.

Pero a mí me gustaría que la alfombra por la que pasa Jesús, sea de tierra, polvo y viento y plantas secas. No porque tenga que ser así, sino porque es - en mi pueblo - como son las calles, o al menos hasta no hace mucho tiempo. Unas calles por las que transitan un montón de personas que desgraciadamente son anónimas para mí, pero que probablemente no lo sea para el propio Jesús. Personas con su problemática familiar, social, de trabajo, de relación....


El Cuerpo y la Sangre de Jesús son el alimento para todas esas personas que necesitan del aliento, de la escucha, del ánimo, del apoyo... en ese camino rudo y duro diario con el que se encuentran día a día. El cuerpo de Jesús que se parte y reparte tiene que ser el alimento de tantos sudores, de tantas lágrimas, de tantos desencantos, de tantas colas de pobreza para llevar algo a sus seres queridos.

En esto tenemos mucho que ver aquellos que decimos que creemos en un tal Jesús de Nazaret. Muchos decimos que creemos, pero a lo mejor es de boquilla, y nuestro corazón es duro como una piedra. Cada vez estoy más convencido que creer en Jesús no es solamente celebrar la Eucaristía dominical. Eso, en el fondo, es tranquilizar una conciencia normativa y me vuelvo a casa igual o peor de lo que salí. No somos mejores ni peores cristianos por ir o no a misa un domingo. Creer en Jesús de Nazaret es demostrar mi generosidad en tiempos de pandemia; es anunciar a los cuatro vientos que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida a pesar del gobierno de turno que procura callarnos la boca; creer en Jesús es apuntar a mi hijo a clase de religión, es creer que la primera comunión no es una meta en mi proceso de fe, sino una etapa en ese proceso.

El Cuerpo y la Sangre de Jesús es una invitación a una comida en la que todos cabemos, nadie queda fuera del pan partido y compartido. No hay o no debe haber puertas cerradas par que los diferentes nos reunamos en torno a la

mesa que nos hace uno, en la que no hay razas, ni lenguas, ni fronteras. Está bien hacer la genuflexión por Floyd, el hombre de color muerto a manos de la policía de USA, pero no nos olvidemos de hacer la genuflexión por todos los ancianitos que han muerto en la soledad víctimas de covid 19. Muchas flores y plantas secas en balcones que hasta hace muy poco estaban siendo regados con cariño, con amor, con delicadeza, con sutileza... no seamos cristianos de medios de comunicación que solamente buscan el éxito de un día .

Celebremos la alfombra desnuda, pero compartida. Celebremos la alfombra de lo que somos y tenemos con los que quieren y no pueden o no saben. Celebremos la alfombra que comparte y reparte un calor y una comida que dura para toda la vida. Solo así seremos capaces de tener un buen Corpus.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 5 de junio de 2020

TRES EN UNO. EL DESATASCADOR




Cuando uno trabajaba presencialmente (parece que hace.....uff.... ni se sabe), recuerdo que alguien me preguntaba, "¿por qué a los desatascadores se les llama tres en uno?. Pues me quedé en blanco y estoy por asegurar que si a ustedes les hacen la misma pregunta, pues por ahí andará la cosa. Es más, todavía tengo mis dudas de donde procede dicha expresión. Pero sí tengo claro cual es su finalidad. En los tiempos de mi infancia, había como una especie de solideo con un palo, que al hacer presión sobre un desagüe, salía toda la porquería, pero era la solución y aquel fregadero era una maravilla. Hoy, los tiempos han cambiado, pero todavía veo alguno de esos por alguna de las casas, con lo que los desatascadores no son nuevos.


Hoy, la Iglesia, también nos presenta un desatascador. Este fin de semana, la Iglesia celebra la fiesta de la Santísima Trinidad. Hoy, en el mundo de hoy también necesitamos un desatascador. Vemos a nuestros políticos perder los papeles en el marco donde se debate que la democracia es el gobierno donde estamos todos representados y oralmente nos lo profanan. Vemos, con motivo de la pandemia, la inmoralidad de jugar con el número de fallecidos que ya no sabemos por cuantos van; vemos como lo que llaman las colas de la pobreza o del hambre, cada vez son más largas; vemos como en USA, por la muerte injusta de una persona de color, la violencia, el odio, la rabia contenida... se desata de una manera brutal; vemos como en África el covid 19, sigue haciendo estragos, como en muchos países de sudamérica; vemos como en África el cólera, el hambre... sigue campando a sus anchas y todos nos quedamos callados, ¡Cómo no vamos a necesitar un desatascador!. Un desatascador que ponga un poco de cordura en todo esto, por favor.

Claro, pero existe otro problema: ¡como explicar la Trinidad!. ¡cómo explicar que tres personas reales, realmente son una sola!. Pues la cosa está complicada. Tenía un profesor que nos decía: Imagínense que su padre, en sus ratos libres, juega al fútbol en el equipo de veteranos de su zona; pero también cuando puede le lleva la contabilidad a un pequeño negocio que tiene su hermano, nuestro tío. La pregunta es: ¿tienen un padre y un futbolista y un contable?, o ¿esa persona hace las tres cosas?. Claro, la respuesta era y es que no. Tenemos una sola persona que hace tres cosas.

El misterio de la Trinidad es algo parecido, pero no deja de ser un misterio de amor. Si de alguna manera pudiéramos pesar, tocar, valorar... la cantidad de amor que cada uno de nosotros podemos dar, eso hasta el infinito sería la Trinidad. Por eso Pablo, cuando le escribe a la comunidad de Corinto, empieza con lo mismo que nosotros en la Eucaristía: la gracia de Ntro. Sr. Jesucristo, el amor del Padre y la comunión de ambos en el Espíritu. ¡Qué hermosa lección para poder desatascar todos aquellos problemas que nos achuchan en la vida.

Hoy vivimos en una sociedad en la que cada vez más se notan - por las circunstancias que estamos viviendo - gestos de amor: en los sanitarios, en las personas de las residencias, en los que atienden las colas de los necesitados... pues imaginémonos a Dios que entrega a su propio Hijo para que no nos peleáramos más, pero nosotros nada de nada, y eso que vino no a condenar al mundo, sino que éste se salve por él. Pues aún así, Dios nos sigue amando y queriendo.

Amigos. Solamente un último apunte. Empiezan las matrículas en colegios e institutos. No nos olvidemos de dar testimonio de lo que decimos que creemos: marquemos religión como una de las optativas. No nos arrepentiremos.

Hasta la próxima

Paco Mira