viernes, 16 de octubre de 2020

CAROTAS HAY Y HA HABIDO MUCHOS

 

Hace algún tiempo se puso de moda algo que en un principio dio bastante buen resultado a los amigos de la cara, de la poca vergüenza, de no pensar en el trabajo y en las familias de quien se lo curran con honradez... y la moda era simple: comer en un lugar - de mayor o menor lujo -, pedir lo que en la carta se ofrecía y luego.... marchar sin pagar. Incluso hubo quien les dio nombre, era los "simpa", pero no de simpáticos precisamente. Claro, gracias a Dios eso se fue erradicando puesto que los que se ganaban el sudor honradamente, se pusieron las pilas, manos a la obra, y denuncia al canto. A los primeros les salió bien, pero a otros...

Ahora, con el coronavirus y sin afán de entrar en política, también hay gente con cara, con poca vergüenza: No hay más que ver las acciones irresponsables, de mucha cara y poca vergüenza de algunos estudiantes de Salamanca, de Granada o de Valencia (no todos por supuesto), que con sus fiestas están dando rienda suelta a aquello que queremos controlar y que no queremos que se expanda. Pero también es de poca vergüenza, el manejo político que se está dando a toda esta situación. Creo que lo que está pasando en Madrid no es como para ir de fiesta. Los ciudadanos, ellos y nosotros, no nos merecemos unos políticos que están más preocupados en los réditos electorales y control político que en buscar una solución para la comunidad.

Esto genera división entre muchos y casi es lo mismo que pretendían hacer con Jesús, según narra el evangelio de este fin de semana. Más que la encerrona que pretenden hacer, Jesús propone fomentar la cultura del respeto y del diálogo. Nuestros fariseos de hoy en día, parece que a los ciudadanos nos quieren embaucar una cultura de la división, falta de diálogo y de respeto. Pero creo que es tiempo propicio para deponer los odios y las luchas fraticidas y bajar todos al tajo de la construcción de una nueva sociedad y de la búsqueda del bien común, aceptando y valorando las aportaciones de los otros, aunque nuestras ideas difieran. Las víctimas y la cantidad de gente que sufre demandan a quienes dirigen los pueblos la altura de miras que detierre la mezquindad de lo mío para alumbrar un nosotros inclusivo y generador de vida.

Jesús podría haber discutido que era mejor "Dios que el César", pero no. Lejos de alimentar la carroña farisaica, salió del paso, como en muchos de otros fragmentos del Evangelio, que a cada uno hay que darle lo que le corresponde. No se trata de divisiones, sino de complementariedad. A veces nosotros alimentamos ese tipo de división innecesaria.

Ahora que estamos en una época de vacas flacas, muchos de nuestros detractores, están al acecho para provocar divisiones entre nosotros. Lejos debe quedar esa postura entre los que nos consideramos seguidores de Jesús de Nazaret. Debemos buscar juntos la verdad en el diálogo, en la conversación reposada o incluso en una discusión apasionada, siempre que florezca la

verdad. Es un camino perseverante que está lleno de silencios y de sufrimientos.

Démosle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, pero no le quitemos a cada uno, en nombre del otro, lo que le corresponde. No seamos "simpas" de la fe, paguémosle a Dios lo que le corresponde por convencimiento personal, por bautismo responsable y por confirmación agradecida; no intentemos engañar a un Dios que es un Padre que ama con locura a los hijos a los que mima, escucha y atiende.

Hasta la próxima

Paco Mira

jueves, 8 de octubre de 2020

¿ A QUIEN LE AMARGA UN DULCE O UNA BODA?

Llevamos ya ocho meses afectados por la pandemia ( y parece que a peor la mejoría) del coronavirus y, dejando a parte a los irresponsables, al resto nos está costando llevar o sobrellevar esta situación y más en concreto a quienes más directamente la han sufrido o la están sufriendo por haber enfermado, o haber perdido a un ser querido, o haberse quedado sin trabajo. Pero también se hace pesado a quienes, no viéndose gravemente afectados, son responsables para llevar la mascarilla, se ponen gel hidroalcohólico, guardan la distancia de seguridad, respetan los protocolos establecidos, soportan colas interminables en los comercios o en los centros de alimentación... Aunque se procura llevar esta situación lo mejor posible, el ánimo suele estar bajo y en más de una ocasión nos dan ganas de arrojar la toalla, protestamos, manifestamos cansancio y tenemos ganas de volver ya a la normalidad.

Pero en más de una ocasión he dicho que dentro de lo malo del covid19, siempre se puede sacar algo bueno y es que este bichito lo que hizo fue zarandearnos hasta casi dejarnos desencajados para que nos replanteemos infinidad de cuestiones que hasta ahora creíamos que hacíamos bien, pero que ahora ya no encaja. Socialmente dependemos mucho más de las máquinas (ordenadores y teletrabajo o teleasistencia), de los teléfonos, de la lejanía y falta de contacto, de ver las cosas con otra perspectiva aunque muchas veces no logremos entenderla.

Y a nivel de fe, creo que pasa lo mismo. Nuestra pastoral tiene que cambiar o al menos adaptarnos por el momento a los nuevos tiempos. Puede ser un signo de los tiempos (eso que el Vaticano II nos decía que había que estar atentos) que tengamos nuevo Obispo y que coincida con el replanteamiento de muchas cosas. Pues a lo mejor es como la película de Garci, " volver a empezar", pero sin miedo a romper papeles y estructuras, a quemar viejos estilos y costumbres ancestrales, etc... Ánimo D. José.

Pero ¿a quién no le gusta una boda?. ¿A quién no le gusta, desde la sinceridad de los contrayentes, participar de la alegría de la fiesta bien entendida. ?. Es el ejemplo que Jesús nos pone este fin de semana y es el ejemplo que a nosotros nos tiene que valer en nuestra vida de fe. Varias veces hemos escuchado que esta pandemia, con toda su dureza, es una ocasión para ofrecer un testimonio de fe. Un testimonio no solo de palabras, sino también de contenidos de fe, un testimonio práctico. La fe se nos tiene que notar, sino no estamos cumpliendo con lo que decimos que creemos.

La fiesta de una boda no tiene que ser más que el testimonio público de lo que he realizado con anterioridad, por eso me alegro y lo comparto, por eso soy feliz y quiero que los demás sean testigos de de esa felicidad. Y nuestra fe debe ser el reflejo de la felicidad que decimos que tenemos por creer en un tal Jesús de Nazaret.

Pablo en la carta que le manda a sus amigos de Filipos, les dice que "está entrenado para vivir en la pobreza y en la abundancia", como en las bodas: en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad... y Pablo sigue diciendo "Todo lo puedo en Aquel que me conforta".

¿Quién nos conforta a nosotros?. Muchos, ante los momentos de dificultad hemos puesto en entredicho hasta al propio Jesús, pero Pablo, en lo bueno y en lo malo, Dios siempre está con nosotros.

Hasta la próxima

Paco Mira


viernes, 2 de octubre de 2020

NO ES LO MISMO PASTOR, QUE pastor

Bueno, pues ha llegado el día. LLegó el momento en que se produce el relevo en nuestra Diócesis. Lo que oficialmente se anunció en el verano y que era un secreto a voces, ahora se convierte en realidad. Digo que era un secreto a voces, puesto que a pesar del secreto pontificio alguno se ha encargado de descubrir lo que tarde o temprano se iba a saber. A veces uno no entiende esos secretos, pero parece que se le quiere dar más emoción, si cabe, a la sorpresa.

Ese secreto despejó muchas dudas en algunos: ¿sería un canario, sería algún auxiliar de los que ya están consagrados, sería uno de nueva creación no canario...?. Pues es de Osuna y además es médico. No sé si para los tiempos que corremos, el que haya un médico en el Obispado pues a lo mejor no es mala idea. Siempre es bueno prevenir que curar.

No sé tampoco, si conoce mucho de nuestras islas. Algún viaje privado hizo. Sé que se le han enviado cartas poniéndolo al día. Algunas con bastantes folios, quizás haya tomado nota, o por el contrario quiere empezar de cero, porque a lo mejor le queda tiempo por delante para ponerse al día. Sí va a encontrarse con un clero escaso y entrado en años, pero también con un montón de seglares (hombres y mujeres) muy comprometidos con y por el evangelio de Jesús, que quieren seguir trabajando o empezar a hacerlo, y esperan oportunidades.

Creo que es muy bueno, abrir ventanas y puertas y generar corriente de aire para respirar siempre aire fresco; es bueno sacudir alfombras y limpiar zapatos para poder caminar no solo con holgura, sino con comodidad.

No es lo mismo el pastor, que cuida del rebaño, de quien no piensa y siempre obedece, de quien siempre va donde lo hacen otros siguiendo la marca del guía y - a veces - a base de palos, que el Pastor que anima, alienta, escucha, ilusiona, se emociona..... Sabrá que aquí somos muy dados a los asaderos y cuando se está acabando la brasa cogemos un cartón y avivamos la llama. Quiero que mi Obispo sea el cartón de anime, empuje, ilusione, escuche, comparta momentos, patee la Diócesis, ... para que no se acabe nunca la llama viva que en su momento prendió Jesús de Nazaret.

Vivimos momentos muy duros, laboralmente hablando. Aquí vivimos de lo que nos dejan otros cuando disfrutan de lo que nosotros tenemos. Me gustaría, desde la humildad, recordarle a D. José las palabras que el cardenal Hummes le dijo a Jorge Bergoglio cuando fue elegido Papa: "no te olvides de los pobres", justo en el fin de semana en que celebramos la memoria de Francisco de Asis, "pobre entre los pobres de Dios". Que nuestra Iglesia sea también ejemplo vivo de esa pobreza que da testimonio creíble.

El evangelio de este fin de semana, nos manda de nuevo a la viña. Nos manda al trabajo, nos manda a no parar de trabajar por el Reino de Dios y su

justicia; no siempre y no todos, acudimos a esa maravillosa llamada de Jesús de Nazaret.

A D. José Mazuelos Pérez le queda mucho; ojalá que seamos capaces de abrirle las puertas de nuestro corazón. No se las cerremos de antemano sin conocerle; apoyémosle porque lo va a necesitar, seamos los enfermeros con manos siempre dispuestas a ayudar a su médico; tengamos la capacidad de escuchar lo que nos tiene que decir, que seguro que es mucho. Y sobre todo animarle, porque el dueño de la viña sigue llamando y puede que arriende su viña a otros.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 25 de septiembre de 2020

PRIMERAS COMUNIONES EN OCTUBRE: ¿RESPONSABILIDAD O IRRESPONSABILIDAD?

Una de las consecuencias del covid, fue el poner patas arriba todas las agendas. Los que tenemos que utilizarlas porque probablemente ya la mente no tiene la lucidez necesaria para recordar todas y cada una de las fechas, resulta que un virus trastoca todos los planes y lo que se había apuntado hay que reubicarlo en otro lado o sencillamente borrarlo porque ya no tiene cabida, ¡cuántos planes ha trastocado!.

Ha trastocado y sigue trastocando, y si no que se lo digan a tantas y tantas ciudades y pueblos de España que creyendo que estaba todo arreglado, resulta que hay que dar marcha atrás porque las cosas no se estaban haciendo bien. Leía, días atrás, que en Suecia, el gobierno simplemente había recordado a la población lo que no podía hacer si querían erradicar en mayor medida el virus. No hicieron falta medidas sancionadoras, no hizo falta confinar nada... sencillamente el pueblo sueco se sintió responsable y actuó en consecuencia.

Pero he ido al diccionario a buscar la palabra responsabilidad. Esa palabra que tanto está en boca de muchos de nuestros dirigentes, que tanto se nos recuerda, que se nos dice que cumplamos y actuemos como tal... y el diccionario me responde que responsable es aquella persona (entre otras definiciones) que es digna de crédito. Es decir: fiable.

En nuestra vida de fe y con las primeras comuniones, me viene a la mente nuestra credibilidad, es decir nuestra responsabilidad. Es verdad que el virus nos ha impuesto una distancia social, pero no una lejanía absoluta y total de aquello que decimos que creemos y amamos, y llamamos Jesús de Nazaret. Hemos pasado de la primavera eclesial al otoño eclesial. Hemos pasado de la alegría de la primavera, sol, calorcito, bullicio de niños en plazas y jardines.... a la caída de la hoja, tiempo fresco, colegio que impone tareas y los niños ya no están en plazas y jardines.

Me ha decepcionado que en todo este tiempo en el que hemos podido compartir la fe - con aforo limitado - que todos esos padres no se apuntaran a la responsabilidad de acercarse con sus hijos a compartir la fe indicándoles a ellos cual ha de ser el camino de un verdadero seguidor de Jesús. Era curioso como en nuestras celebraciones, solamente había niños que iban con sus abuelos, probablemente porque no tenían con quien quedar: ¡qué grandes los abuelos!.

Sigo apelando a la responsabilidad y a la credibilidad para que demos a nuestros hijos aquello que creemos que es importante, no le demos algo en lo que nosotros no creemos o peor todavía, que no damos ejemplo de ello. Seguro que puede ser como el evangelio de este fin de semana en el que el dueño manda a trabajar en su viña, le dice que no, pero luego se arrepiente. Los padres, con los hijos, ahora han vuelto, porque la fecha se aproxima.

Muchas veces decimos que no a infinidad de cosas, incluida la fe, pero los avatares de la vida nos llevan a arrepentirnos y hacemos aquello que creemos que tenemos que hacer. Tenemos un Dios que siempre es el de las segundas oportunidades. Tenemos un Dios que nos sigue invitando a su viña, aunque le digamos que no mil veces. Siempre estamos a tiempo de ir.

Ojala que las primeras comuniones de nuestros hijos no se queden en el tiempo del otoño, sino que, a pesar del mes del calendario, sea siempre primavera, alegría, jovialidad... y vayamos a la viña, aunque en alguna ocasión le digamos que no.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 18 de septiembre de 2020

TAMBIÉN PARA LOS SINDICATOS: ES DE JUSTICIA. Y UN RECUERDO PARA CARMELO PÉREZ

A la mayoría nos fastidia y mucho que nos cambien los planes. Quien más quien menos tiene su agenda, sus proyectos a corto, medio y largo plazo (Tengo un amigo que cuando quiero quedar con él me dice: de memoria no te puedo decir nada, tengo que mirar la agenda y no la tengo aquí), hemos organizado cosas, cómo, cuando y dónde... y de repente algo o alguien interfiere y echa por tierra todo lo que habíamos planificado, y nos cuesta volver a reajustar todos nuestros planes. Esto lo hemos sufrido a nivel mundial con la pandemia del coronavirus, que ha supuesto un vuelco completo a todos los planes y proyectos que las naciones y sus habitantes tenían previstos y que ha afectado desde lo más cotidiano hasta toda la organización económica, social, laboral, política, sanitaria, educativa....

Dios, con nosotros, tiene esa gran habilidad: la de cambiarnos lo planes de tal manera que siempre nos tiene con la mosca detrás de la oreja y no sabemos como podemos reaccionar. Ya el profeta Isaías, dice que mis planes no son sus planes. Y con esta contrariedad tenemos que entender el evangelio de esta semana. Si los sindicatos fueran a celebrar la eucaristía este fin de semana (que por otra parte no vendría mal ya que defienden con justicia los intereses de los trabajadores), probablemente denunciarían al capataz del relato por pagar lo mismo a quien trabaja todo el día como al que trabaja media jordana: ¡pues anda que en nuestra bendita tierra no se dan este tipo de situaciones!.: seguro que proclamaríamos que es injusto y es un atropello.

Pero en la "empresa" de Jesús, la noción de justicia va más allá de lo que nosotros entendemos por la misma y de dar a cada uno lo que le corresponde, que también. Pero la justicia que propugna nuestro Padre, optar por la justicia del Reino es optar por un nuevo modelo de relaciones entre las personas y los pueblos, en el que el interés propio cede ante el bien común. El afán de lucro cede ante la búsqueda de condiciones más humanas para los millones de personas que, precisamente una economía sin corazón ha dejado tirados a la vera del camino y donde las personas más allá de ser objetos y clientes de la economía del mercado y del consumo, recobran su valor intrínseco. Precisamente el covid ha puesto al descubierto una economía con escaso valor humano: residencias de ancianos que dejan de ser personas para convertirse en objetos de lucro; colas interminables ante los centros de acogida para poder llenar estómagos vacíos; migrantes que llegan por una situación complicada en su origen y nosotros les damos la espalda porque nos vienen a ocupar un terreno que no les corresponde; gente que no puede pagar a fin de mes una vivienda digna (que es un derecho fundamental) y se ven abocados a vivir a la intemperie.... y así podríamos seguir narrando.

Optar por la justicia del Reino, es ser capaces de dejar entrar en nuestros corazones a los preferidos de Dios: los pobres. Ellos necesitan la desmesura del amor y no quisiéramos ser nosotros los que, dejándonos llevar

por la envidia, le pusiéramos freno, o que en algún momento nos viéramos en esa tesitura y nos trataran de la misma manera.

No quisiera terminar sin tener un recuerdo cariñoso para mi amigo Carmelo Pérez. Un hombre bueno y justo. Un hombre al que todo el mundo quería. Un hombre que supo llevar el amor de Dios y su justicia a las aulas en las que estuvo dando clase a lo largo de muchos años. Carmelo, tú escribías la historia de tu pueblo, ahora los demás escribimos la tuya. Gracias por dejarnos tu legado, tu amistar y tu cercanía.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 11 de septiembre de 2020

SOLO, ¿490 VECES?

Los que peinamos algunas canas, nos acordamos - por desgracia - de una época que ojala que no se repita nunca más en nuestro país, aunque todavía anda de moda en muchos otros: en la década de los 80 tuvo su auge la banda terrorista ETA. Una banda donde la sinrazón tenía su palabra y sus argumentos eran exclusivamente las balas. Todo un fundamento.

Uno de los atentados fue el de un teniente coronel de infantería en Bilbao. A los veinte días, un periodista de una conocida emisora de radio, entrevistaba a uno de sus hijos. El periodista preguntaba, " si tuvieras delante a los asesinos de tu padre, ¿qué les dirías?. Se hizo el silencio por unos momentos en la radio y después de un suspiro, el hijo dijo: les perdonaría. Porque odiándoles toda la vida no solucionaría el problema, y yo viviría amargado. La verdad es que aquella afirmación, en aquel tiempo y creo que ahora también, dejó a todos con la boca abierta.

Y es que cuando abrimos el libro de la historia de la humanidad constatamos, no sin dolor, que ha sido necesario dedicar un enorme número de sus páginas a narrar la guerra: peleamos y nos dividimos por el poder político, económico, racial y hasta religioso. En un escenario mundial, atravesado por conflictos de todos los órdenes se oye con más fuerza la llamada a tender puentes de reconciliación que ayuden a frenar la espiral de violencia que tanto dolor y orfandad siembra en personas, comunidades y pueblos enteros. En la propuesta de Jesús, la reconciliación hunde sus raíces en la capacidad de perdonar al injusto agresor para reiniciar el camino y abrir espacios a la esperanza.

El testimonio del hijo del militar me dejó y me deja sin palabras y con unas cuantas preguntas que hace que el corazón se acelere más de la cuenta: ¿cómo se puede perdonar al causante de tanto dolor, del que dejó huérfanos y viuda?; ¿cuánto valor se ha de tener para, yendo más allá del perdón, sanar las heridas de quienes nos han infligido tanto daño?.

El evangelio de este fin de semana es como una ecuación matemática. 490 es el resultado de multiplicar 70 por siete, a la pregunta de ¿cuántas veces he de perdonar?. Pero claro, seguro que en nuestra vida se presentan más de 490 ocasiones en las que tenemos que poner a prueba la pregunta que se le hace a Jesús. Situaciones diarias que no son nada fáciles: en las relaciones familiares, con los hijos, con la pareja, en el trabajo, con la situación política, con los vecinos.... incluso con el propio Jesús: ¿Cómo, con la que está cayendo, no soluciona estos problemas?. Pues me cabreo, me enfado y no te perdono. No es extraño ver a la gente enfadada con los santos a los que incluso a algunos los ponen contra la pared en el congelador de la nevera de casa.

No será la primera vez que oímos, que perdonamos pero no olvidamos, o que olvidamos pero no perdonamos. Sea cual fuere el resultado de la ecuación, el perdón está lejos de la intención de quien lo hace.

Por eso no es fácil el evangelio: tomar la cruz y seguir, reprender al hermano o a la comunidad evangélicamente hablando y ahora perdonar incluso al enemigo. Por eso muchos se bajan de este maravilloso proyecto o muchos sencillamente no se suben al mismo porque el compromiso es tan exigente que no está hecho para todos, aunque todos están llamados a ello.

Amigos, perdonemos y olvidemos. No nos olvidemos que la vida sin perdón es una vida amargada. Se que no es fácil, pero sí merece la pena intentarlo.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 4 de septiembre de 2020

FELICIDADES, MADRE

Esta semana me voy a saltar la norma. Saben que suelo adaptar la palabra de Dios del fin de semana, a alguna realidad concreta que estemos viviendo. Y esta semana, me quiero fijar en el cumpleaños de mi madre. Porque el día 8 celebramos la natividad de María, el cumpleaños de María. De una madre se puede decir de todo, y siempre bueno. De una madre podemos aprender de todo, y siempre bueno. De una madre podemos seguir el ejemplo, y siempre bueno.... si es que ¡madre solo hay una!.

Este año, María, la del Pino, la de Teror, está un poco extrañada porque le va a faltar la algarabía y el bullicio de este fin de semana. Ese ruido a comentario, ese olor a sudor y camino de pies con callos por promesas que esperan ser cumplidas o esas colas interminables con advertencias que casi quedan en afonía para mantener el silencio en la basílica.... ya no se van a dar. María, seguro que lo echa en falta. Como cualquier madre que no entiende que cuando sus hijos están en casa, estén callados cual convento de clausura.

Pero este año, María, la del Pino, ha bajado a ras de suelo. No saldrá en procesión, no recorrerá las calles del pueblo y por extensión las calles de toda la isla, pero junto al altar mayor, pisando el suelo igual que muchos peregrinos, recoge el anhelo, la angustia, la ilusión, la esperanza... de todos los que con sinceridad de corazón se acerquen a compartirlo con ella. Ella, como madre, siempre escucha, aunque pensemos que no nos oye.

Y es que este año ha sido raro, atípico. Un pequeño, pero matón, virus ha condicionado la vida de todo un planeta. No se ha salvado nadie. Muchos han acudido a la madre, a su madre. Le han llevado sus penas y alegrías, su enfermedad, su dolor, sus lágrimas desconsoladas por la pérdida de un ser querido... y María seguro que no se ha mantenido en silencio, "lo ha guardado todo en el fondo de su corazón", pero también ha intercedido para que su hijo Jesús conforte en el dolor a quien pone en él su confianza.

Este año también subirá Francisco Cases, Don Francisco, nuestro Obispo. Todos los años, y ya van 15, sube todos los 8 de septiembre para dos cosas fundamentales: agradecer el año pastoral que termina y presentar el nuevo año. Pero resulta que este año será especial para él, porque se va a despedir de todos los canarios y también de su madre en la fe. No la abandona, cambia de residencia. Seguro que será una despedida sentida, entrañable, de recuerdos inolvidables, de grandes momentos en su pontificado, de celebraciones dignas de ser mencionadas (la bajada de la virgen a la capital o el recorrido por los lugares del incendio, por ejemplo), de acompañamiento a compañeros sacerdotes que ya están en la casa del Padre.... también de momentos tristes, dolorosos... todo, seguro que todo lo va a poner en manos de María.

Y es curioso como la liturgia de este día 8, el evangelio, es la genealogía de Jesucristo. Es decir, los hijos de una madre a la que no se le olvida el nombre de ninguno de ellos. En esa genealogía no hay distinción de razas, de creencias, de colores, de profesiones.... en ella estamos todos y cada uno de nosotros y nuestros nombres también están escritos en su genealogía.

Felicidades mami. Felicidades María por ser como eres y por tener ese corazón en el que cabemos todos y cada uno de nosotros. No dejes nunca de atender nuestra humilde plegaria. Sigue guiando al pueblo canario, ahora castigado por un virus, hacia la senda del amor y de la solidaridad con los pobres y con los más necesitados.

Amigos, porque María está de cumpleaños, nosotros estamos de fiesta. María nos enseña que lo importante no es cumplir años en la vida, sino ponerle vida a los años. Recordémosla, querámosla y no solamente por momentos puntuales, sino para siempre como madre nuestra que es. Vivamos la fiesta, pero seamos responsables.

Hasta la próxima

Paco Mira