viernes, 25 de diciembre de 2020

TAMBIÉN HAY RESTRICCIONES EN BELÉN


¡ Y tanto que las hay!. Seguro que no sería por el covid, no el 19, pero a lo mejor por algún virus. Pero seguro que sí las hubo porque todos los que llegaban, no tenían sitio "en la posada", en los hoteles del tiempo, en los lugares más inesperados. Buscando, se encontró un lugar probablemente insolubre: olor a estiércol, moscas por todos los lados, paja húmeda por los orines de los animales, basura acumulada... todo ello propiciaría algún tipo de enfermedad que podría incluso ser contagiada.

            Pero las curiosidades de la vida hace que en el siglo XXI, también hay un virus. Un virus que no nos deja con la tranquilidad de poder celebrar la fiesta que da sentido a nuestras vidas. Seguro que también, hace dos mil años, el nacimiento de Jesús pasó desapercibido. No pasó desapercibido para los más allegados, para María, para Isabel una prima que no esperaba que fuera protagonista de una historia determinante, para José un hombre al que se le viene encima una papeleta que hoy no quisiéramos ninguno... y todo empezó en una casa, a la que acude un ángel y hace que la historia se cuente de otra manera.

            Hemos estado viajando, en este tiempo de adviento,  hasta Belén, hasta la tierra del pan, hasta lo habitual y cotidiano, que es donde este personaje que hoy celebramos se hace presente Y  es curioso que hay muchos pesebres en nuestro avanzado año tecnológico (casi llegamos a Marte, traemos piedras de la luna, etc...) que huelen a porquería y casi diría que están contaminados: pateras que consentimos que sigan llegando; desahucios que se siguen produciendo, Ertes que condicionan la vida de muchas familias, como la de Belén, agobios cuando se está aproximando el final de mes....

            Seguro que cuando suena la campana y me asomo a la ventana- como canta el villancico - veo a un Jesús revolviendo en el contenedor de la basura en busca de algo que llevarse a la boca, o veo a una familia en una de las colas del hambre esperando a un plato de algo caliente que llevarse a la boca gracias a la generosidad de muchos que todavía pueden permitirse el lujo (porque lo es) de ayudar a otros.

            A los pobres todavía se les pide la mascarilla. Piensan que los que nada tienen pueden contagiar a algunos que tienen algo. No veo un belén casero o real con pastores con mascarilla y la PCR realizada para acudir a visitar a una María que todavía no da crédito a lo que ha sucedido en ella. Una María que a pesar de las dificultades, sueña caminos, y que no ha dicho que no en ninguno de los momentos a un Dios del que se fía en todos y cada una de las circunstancias.

            Amigos es Navidad: la VIDA nace en tí y en mí. En todos y cada uno de nosotros y que nazca la vida, supone experimentar la vida para poder regalarla. Dios, como le dijo a María por medio del Ángel, nos dice que no tengamos miedo, que seamos capaces de seguir adelante, que Belén no es el final de ningún tramo, sino que Dios hizo una parada para hacerse hombre, pero que todavía, después de dos mil años, sigue caminando con todos y cada uno de nosotros: "Jesús se hizo hombre y acampó entre nosotros", nos dice Juan, lo creemos, con virus o sin él, con mascarilla o sin ella, con PCR o sin ella, ... Dios nunca nos abandona y por ello celebramos la Navidad. Y por ello la Navidad sigue estando en tantas residencias de nuestros ancianos, en los sanitarios, en la gente de caritas, en los que se desviven por otros...       

            Amigos, FELIZ NAVIDAD. Feliz acogimiento de Dios entre nosotros. Feliz reto para todos y cada uno de nosotros. Más que felicitar la navidad les pido que HAGAMOS NAVIDAD

            Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 18 de diciembre de 2020

NO, POR FAVOR. NO TENGAN MIEDO


 

 El otro día  escuchaba en la radio, (les recomiendo que la escuchen de vez en cuando y dejemos un poco la tv) a un especialista al que el locutor le preguntaba por el miedo: qué era, por qué teníamos miedo, si era o no hereditario, etc... Este hombre respondía que era un sentimiento innato al ser humano, que se suele aprender por asociación y socialización, pero que no era hereditario. Incluso el miedo ayudó al ser humano a poder sobrevivir como especie humana, pues de lo contrario quizás no estaríamos hoy aquí.

Juan Pablo II, cuando fue elegido y en el balcón vaticano, lo primero que dijo fue "no tengan miedo". Daba la impresión que la fe nos hacía estar atemorizados por algo, tener miedo a algo o a alguien.. pero al mismo tiempo nos estaba dando un voto de confianza, como si esta nos hiciera afianzar aquello que tenemos un poco débil.

En este último domingo de adviento, se nos presenta un nuevo personaje que no hace mucho también contemplábamos: María. Un personaje que se me antoja curioso, fuerte, pero al mismo tiempo dubitativo y lleno de incertidumbres en su vida. Seguro que el sí de María, no fue el sí de una noche de verano o de un "farolazo", sino desde la certeza de que Dios estaba con ella. Dios le da una misión, la asocia a su plan de salvación y para ello garantiza su presencia.

Todos, en algún momento de nuestra vida, pasamos por momentos complicados: falta de algún ser querido, situación de erte, paro, abandono... este año el covid19 lo ha sido para todo el mundo. Sin embargo aquellos que nos llamamos seguidores de Jesús, como María, estamos llamados a decir que sí al proyecto de Dios, a estar alegres y llenos de esperanza: no dejemos que nada ni nadie nos robe la alegría o nos secuestre la esperanza: Dios sigue estando presente en la historia y nosotros somos sus testigos.

Hace dos mil años, con el sí de María se abrieron espacios para la humanidad de Dios en la historia. Hoy, con el paso del tiempo, se nos invita a nosotros a que, como María, abramos esos espacios para un nuevo sitio a Dios que se hace hombre en Jesús. Todos y cada uno de nosotros estamos llamados a dar a luz, a parir a Jesús en todas y cada una de las realidades humanas. El evangelio es una buena noticia que nos puede ayudar en esa misión.

La tarea no es fácil. Incluso María pone inconvenientes a su misión, pero el ángel le responde que "para Dios no hay nada imposible". Tenemos muchas heridas que curar y muchos abrazos que quedaron y están pendientes, hay muchas vidas descartadas... tenemos que ponerle a Dios nuestras miserias, que él en ellas pone su confianza para que su plan siga adelante.

No, por favor: no tengamos miedo. No dejemos llevarnos por la incertidumbre, el desánimo, las pocas ganas... Ahora más que nunca la realidad de María tiene que ser nuestra realidad. La realidad de María es la confianza en un proyecto y en un plan que ha de ser asumido desde la humildad de quien se siente humilde. Es un plan que ha de ser asumido y que nos permita decir con ella: aquí esta la servidora del Señor, hágase en mí.

Amigos, María es el prototipo de que lo imposible es posible. Lo más fácil es arrojar la toalla, pero no lo hagamos y luchemos hasta el final, porque la ocasión, el momento y el plan merece la pena.

Hasta la próxima

Paco Mira


viernes, 11 de diciembre de 2020

¿ PREDICAMOS EN EL DESIERTO?



 Ahora que se acaba de aprobar la nueva ley de educación, (la lomloe o la Ley Celaá - por la ministra que la impulsó - ) me viene a la mente si realmente había o no que cambiar de ley, o si la nueva ley nos hace más o menos educados. Pongo mis dudas encima de la mesa, al menos en lo que a eso se refiere (seguro que también pongo mis dudas en otros tantos artículos de la nueva ley). Hace ya muchos años, había una asignatura de obligado cumplimiento y evaluación que se llamaba "urbanidad". Dicha asignatura lo único que pretendía era enseñar cómo había que comportarse ante diversas circunstancias de la vida: en una guagua, en el colegio, en la visita a una casa... Frases como, perdón, ¿nos conocemos?, era una forma de entrar de comunicación y al mismo tiempo era una forma educada de presentación. Claro, hoy podemos presentarnos de diferentes maneras: Chacho, ¿quién eres?.

En la época de Jesús, fueron mucho más claros. Le preguntan a Juan, Tú ¿quién eres? y él responde que es la voz que clama en el desierto. Seguro que muchos de nosotros pensamos casi lo mismo que Juan. Estamos predicando en el desierto, no nos escucha nadie, no merece la pena continuar con esto, las iglesias se están vaciando, ya los niños no van a las eucaristías de los domingos, solo quedan los de siempre,  aquellos de edad avanzada.... parece que estamos predicando en el desierto.

Pero este domingo es el domingo de la alegría. Por muchas desgracias que puedan ocurrir, por muy angustiados que estemos en momentos de incertidumbre como los que estamos viviendo, por no ver el futuro claro ante los acontecimientos... hay que coincidir con el profeta Isaías que " el Espíritu de Dios está en todos y cada uno de nosotros", que nos tiene que llevar a anunciar con alegría la buena nueva a los pobres.

Ahí tenemos el ejemplo de María, como nos lo recuerda el salmo. María acepta un proyecto, María acepta una incertidumbre; María acepta sin saber muy bien lo qué, pero acepta porque se fía. Por ello se va corriendo, llena de alegría a la montaña para compartir su alegría con su prima que le lleva a proclamar que ha mirado la humillación de su esclava, de quien se pone al servicio, de quien ama sin medida.

Está claro que no es fácil, y por ello Pablo cuando le escribe su carta a la comunidad de Tesalónica les dice cuales tienen que ser las características de la educación y del compromiso con el evangelio: la alegría, la oración, la gratitud, ver siempre el lado bueno de las personas y nunca las dobles intenciones de los demás.

Por ello a Juan  le preguntan que qué dice de sí mismo. Quizás a nosotros si nos preguntan lo que decimos de nosotros mismos como cristianos sería curioso ver las respuestas que daríamos. Es más fácil que nos apuntemos al pesimismo, a saber lo que no son las cosas que a saber lo bueno y valioso de lo que tenemos. Tenemos un tesoro en vasijas de barro. Vamos camino de Belén, y cuando vamos de caminata la ilusión del viaje es maravilloso. Nosotros estamos en el fin de semana de la alegría, que se nos note.

Por cierto, este fin de semana es Santa Lucía. Mujer que a pesar de todas las dificultades habidas y por haber ha sido capaz de mantener la alegría en aquel que lo puede todo. Felicidades a todos los que luchan y trabajan con los invidentes y un abrazo para ellos. Seguro que no predicamos en el desierto.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 27 de noviembre de 2020

¿ SE DESVANECE LA ESPERANZA?

No siempre es la desesperación la que destruye en nosotros la esperanza y el deseo de seguir caminando día día llenos de vida. Al contrario, se podría decir que la esperanza se va diluyendo en nosotros casi siempre de manera silenciosa y apenas perceptible. Tal vez, sin darnos cuenta, nuestra vida va perdiendo color e intensidad. Poco a poco parece que todo empieza a ser pesado y aburrido. Vamos haciendo lo que tenemos que hacer, pero la vida no nos "llena".

Un día comprobamos que la verdadera alegría ha ido desapareciendo de nuestro corazón. Ya no somos capaces de saborear lo bueno, lo bello y grande que hay en la existencia. Poco a poco todo se nos ha ido complicando. Quizás ya no esperamos gran cosa de la vida ni de nadie. Ya no creemos ni siquiera en nosotros mismos. Todo nos parece inútil y sin apenas sentido. La amargura y el mal humos se apoderan de nosotros cada vez con más facilidad. Ya no cantamos. De nuestros labios no salen sino sonrisas forzadas. Quizás es que hace tiempo que no acertamos a rezar.

Quizás comprobamos con tristeza que nuestro corazón se ha ido endureciendo y hoy apenas queremos de verdad a nadie. Incapaces de acoger y escuchar a quienes encontramos día a día en nuestro camino, solo sabemos quejarnos, condenar y descalificar.

Poco a poco hemos ido cayendo en el escepticismo, la indiferencia o la pereza total. Cada vez con menos fuerzas para todo lo que exija verdadero esfuerzo y superación. Ya no queremos correr nuevos riesgos. No merece la pena. Preocupados por muchas cosas, que nos parecían importantes, la vida se nos ha ido escapando. Hemos envejecido interiormente y algo está a punto de morir dentro de nosotros, ¿qué podemos hacer?

Lo primero es despertar y abrir los ojos. Todos esos síntomas son indicio claro de que tenemos la vida mal planteada. Ese malestar que sentimos es la llamada de alarma que ha comenzado a sonar dentro de nosotros.

Nada está perdido. No podemos de pronto sentirnos bien con nosotros mismos, pero podemos reaccionar. Hemos de preguntarnos que qué es lo que hemos descuidado hasta ahora, qué es lo que tenemos que cambiar, a qué tenemos que dedicar más atención y más tiempo. Es verdad que los acontecimientos de la vida, lo último que hemos estado viviendo nos han derivado y hasta disipado de nuestro cultivo personal.

Por eso Pablo nos exhorta a que la paz esté con nosotros. Tenemos que tener tranquilidad y paz, de lo contrario no podemos dar de aquello que no tenemos y quizás lo necesitemos más que nadie. Dice Pablo, que en nosotros se ha probado el testimonio del propio Jesús. Y además se lo dice a una comunidad nada fácil como era la de Corinto. Ahora que también vivimos momentos complicados y duros, momentos que nos ponen a prueba y

comprueban nuestra resistencia, Dios nos ha invitado a participar de la propia vida de Jesús.

Por ello el evangelio nos insiste: velen, porque no saben ni el día ni la hora. Seguro que si estamos en vela, en tensión... no caeremos nunca en el desánimo y por ello podemos estar siempre vigilantes a los acontecimientos. Tenemos que ser portadores de esperanza. Esperanza que el nacimiento de Jesús no es un mero nacimiento más, sino el que tiene que dar sentido a nuestro testimonio como nos invita Pablo. Animo

Hasta la próxima

viernes, 20 de noviembre de 2020

DE REY CON CETRO, CREO QUE POQUITO

Se acaba el año. Sí. Este fin de semana tendríamos que desearnos felicidad, prosperidad, los mejores augurios.... porque el año se va. Claro, no es la despedida con las uvas y con el cava, aunque también podríamos añadirle esto último. Se nos acaba el año litúrgico, se nos va el evangelio de Mateo y nos viene el de Marcos. Y se nos acaba el año con un juicio, el juicio final. Uff, ¡peligro!.

Muchos, yo el primero, queremos quizás que no se acabe ya el año, pero sí que se nos vaya esta penuria que estamos pasando. Seguro que es la hora de volver la vista atrás, de cómo hemos funcionado a lo largo de doce meses, de recorrer un camino de lo que pudimos hacer y no hicimos y pedir perdón por lo errores cometidos, entre ellos la propagación - en muchos casos - de un bichito llamado covid19. Ha sido un año en el que nos dejaron infinidad de ancianos, de raíces familiares que han propagado nuestro árbol genealógico, y a los que tanto debemos. Por ellos, sí deberíamos levantar una copa y decirles gracias.

Seguro que también a lo largo de este año alguno nos puede recordar algo similar a " tú no te acordarás, pero hace años que me dijiste una cosa que me hizo mucho daño, y no se me ha olvidado". La verdad que tenemos una memoria prodigiosa para recordara aquello que pudimos haber hecho, pero que no hicimos, aquello que nos dijeron y que no tuvimos la facultad de olvidar y de perdonar. Seguimos recordando con dolor y acritud.

Pero claro, el covid19 también nos ha recordado que hay que tener un hueco para hacer aquellas cosas que normalmente hacemos, pero de otra manera, porque incluso a nivel de fe, ya no vale lo que hacíamos como hasta ahora: ¿dónde quedan aquellas familias que iban con sus hijos a compartir la fe los domingos?, ¿el virus les hizo perder la fe?. No me lo creo. El distanciamiento social se ha convertido en la excusa barata para abandonar lo que no teníamos bien agarrado.

"Vengan, benditos de mi padre", eso es lo que nos dirá en el mañana nuestro Padre Dios. Nos lo dirá a todos, pero nos exige consecuencia en el hoy. No tenemos un Dios juez, un Dios fiscalizador de maldades, de adversidades, .... tenemos un Dios amoroso de corazón enorme que abraza a sus hijos porque les quiere y les ama y el deber de los hijos es la reciprocidad: quererle y amarle.

Vamos a entrar en el adviento. Vamos a cantarle a la esperanza. Esperanza de que las cosas pueden ser mejores e ir a mejor, pero que también depende de todos y cada uno de nosotros en que eso se convierta en realidad. El llanto y el rechinar de dientes es una forma de animar a que las cosas pueden ser mejores de lo que son. Y eso es lo que fomenta el ser cristiano. Nuestro Padre no es un Padre de calamidades, como los profetas malos de antaño, sino un Padre de esperanza que cuenta con sus hijos para que las cosas funcionen mejor de lo que están funcionando.

No hay un Cristo Rey a la usanza de lo que conocemos. Cuando Pilato le pregunta si es Rey, se lo pregunta a un hombre destrozado y humillado y de esos son los que no quiere la prensa del corazón, porque no lleva cetro ni deja dinero en las televisiones que destripan al personal, pero sí queremos nosotros porque nos marca el Camino, porque es la Verdad y para nosotros es la Vida.

Amigos, FELIZ AÑO

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 13 de noviembre de 2020

TU TAMBIÉN ERES POBRE


 
 No sé si lo dije en alguna ocasión, pero se lo digo ahora: me gusta Bergoglio, es decir, nuestro Papa Francisco. Seguramente podría hacer más y en menos tiempo, pero "las cosas de palacio van despacio". Creo que esas cosas son las que le van dando credibilidad, que hasta ahora los anteriores no es que no la tuvieran, pero muchos la echaban en falta. Sus pasos son cortos, quizás más de lo que él pudiera desear, pero le sirven para no tambalearse y hacerse valer.

Un sentimiento muy común ante los graves problemas de todo tipo que aquejan a la humanidad, es el sentimiento de impotencia y más en los tiempos pandémicos que estamos viviendo. Son tantas las necesidades, los dramas, tantas las cosas que no están bien, que nos vemos incapaces de hacer algo, ni siquiera encontrar un cauce de solución, aún queriendo hacerlo bien. Y aún en el caso de intentar hacer algo, es a costa de mucho esfuerzo personal y material, sin que realmente se perciban mejoras. Se tiene la impresión que todos los esfuerzos se estrellan contra un muro inamovible, y ante ese sentimiento de impotencia, la reacción suele ser centrarse uno en sus propios asuntos y no querer plantearse otros temas, a no ser que nos afecten directamente.

Y en medio de todo ello, el Papa va y convoca, por cuarto año consecutivo, la jornada mundial del pobre. Seguro que el Papa no pensaba que los pobres aumentarían, sino que todo lo contrario. Y es que las malas noticias en los medios de comunicación son tan abundantes, que nos llegan a convencer que el mal reina y campa a sus anchas. Lejos de tal afirmación.

"Tiende la mano al pobre", es el lema de este año. Tender la mano, es poner en practica la parábola de este fin de semana, la de los talentos. Tender la mano no es compadecerse con los pobres sino compartir con el pobre aquello que somos y que tenemos. Cada vez son más, por culpa de la pandemia - eso dicen los que dicen que entienden - las colas del hambre, de la miseria, del olvido.... recuerda a las colas de la postguerra con las cartillas del racionamiento. Y cada vez tenemos que ser más los que tendamos la mano hacia aquellos que realmente lo necesitan.

Poner en práctica la parábola de los talentos no es dar lecciones de nada a nadie. Poner los talentos al servicio de los demás no es cobrar por el desplazamiento y la reparación, es dejar nuestro tiempo en favor de otros, porque seguro que otros lo harán con nosotros. Decía alguien que "yo no puedo hacer nada por Dios, pero por sus hijos necesitados, sí".

Es verdad que somos responsables de poner los talentos al servicio de los demás. No obstante cuando equivocadamente los guardamos por temor a un Dios meticuloso que recoge donde no siembra, es que no hemos conocido al Dios de Jesús que nos comparte sus dones para construir un mundo distinto, un mundo a su manera.

Hemos de dar y de darnos sin temor. Hemos de tender la mano y dejar que nos la tiendan. Hemos de ser humildes a ser receptivos, porque de los pequeños, de las prostitutas, de los pobres, de los necesitados... Dios se hace un hueco en medio de ellos.

Estamos acabando el año. Hagámoslo con la delicadeza de quien siente la satisfacción del deber cumplido, y este deber es tender la mano al pobre.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 6 de noviembre de 2020

DIA DE LA IGLESIA DIOCESANA


Estos días atrás, hemos vivido unos hechos que se me antojan que no tienen mucha explicación. Madrid, Logroño, Barcelona, León.... han sido víctimas inexplicables de conductas nada ejemplarizantes por un grupo de jóvenes ( más o menos numerosos) que se dedicaron a destruir, como señal de protesta, todo el mobiliario urbano que se encontraron a su paso. Eso me recuerda que cuando era pequeño y me enfadaba le daba un puñetazo a la pared como si esta tuviera la respuesta a mi enfado o cabreo.

Yo no voy a discutir si estos jóvenes tenían o no razón. Algunos les tacharon de radicales extremistas de diferentes partidos. Igual es verdad, pero no lo que no acabo de entender es la postura de sus progenitores hacia sus hijos. Seguro que en sus casas, como en la mía, se comentó la actitud incívica de estos muchachos y me gustaría saber cuál es la postura de sus padres en esos comentarios. Si se alienta o alimenta ese tipo de actitud, no se está siendo responsable con uno mismo y con el prójimo.

De responsabilidad nos habla el evangelio de este fin de semana. Nos habla de estar atentos a los acontecimientos de la vida que nos han de marcar el devenir de nuestra forma de actuar. Las vírgenes que quemaron el aceite antes que llegara el esposo, no tuvieron la responsabilidad de estar atentas a los acontecimientos que la vida les iba deparando.

Este fin de semana celebramos el día de la Iglesia Diocesana. Quiero creer que mi Iglesia, esa que tiene tantos defectos, pero a la que quiero con locura, también es responsable o por lo menos lucha por ello. Lucha por no dar mal ejemplo a aquellos que están esperando la mínima - cual coyote con la presa débil - para echarse encima. Quiero a mi Iglesia con defectos, pero que es capaz de levantarse ante las adversidades, que reconoce que se equivoca y vuelve a recuperar el rumbo.

Seguro que estamos en una etapa maravillosa para replantearnos muchas cosas. Para dar carpetazo a viejas teorías que no nos dejan avanzar por el camino y por la senda establecida, pero una etapa que nos ofrece infinidad de posibilidades nuevas capaces de alentarnos en tiempos duros.

Quiero a mi Iglesia Diocesana siempre con la vela encendida de la igualdad entre hombres y mujeres. Igualdad de oportunidades en la administración de la misma. Quiero a mi Iglesia Diocesana que cuenta con laicos comprometidos con el evangelio de Jesús de Nazaret y que son capaces de evangelizar en aras a un proyecto maravilloso que llamamos evangelio. Quiero a mi Iglesia Diocesana que se confiesa santa y pecadora, que reconoce errores, que es capaz de rectificar y sobre todo que tiene los oídos atentos a la voz de la súplica de los pobres y desvalidos que son muchos.

Quiero a mi Iglesia diocesana que camina, junto con nuestro Obispo, descalza por los caminos polvorientos de un siglo que se me antoja complicado, desesperado y que gime por y con aquellos que menos tienen. Quiero a mi Iglesia Diocesana que enarbola la bandera de caritas, porque es el ejemplo vivo de la voz de los que no la tienen sin que le importen la raza, la religión o el lugar de nacimiento..

Ojala que no nos durmamos como a las vírgenes. Estemos siempre con las lámparas encendidas. Demos signos de esperanza y de vida. Seamos generosos porque eso es signo de que lo que hemos recibido gratis, lo damos gratis.

Quiero esa Iglesia Diocesana. Si hasta ahora no lo hemos hecho, estamos a tiempo

Hasta la próxima

Paco Mira