jueves, 4 de febrero de 2021

TOCAN EN LA PUERTA, ¿ABRIMOS?

 

 

Creo que somos muy poco dados a los cambios. La frase, "siempre lo hemos hecho así", parece que retumba y resuena en nuestros oídos y hasta nos da consistencia en nuestros argumentos. Cuando el Papa Francisco hace algún cambio de cierto calado, los ríos de tinta teológica, corren por lo barrancos de la vida eclesial de una forma abrumadora. Pero muchos parece como si quedaran atrapados en el tiempo, como que el tiempo no corre más allá de lo que vemos, parece como que el tiempo es el dueño del momento, pero del momento pasado: es que siempre lo hemos hecho así.

Este fin de semana, Jesús vuelve a la vida cotidiana. Sale, sale de la rutina y se va al cambio. Sale de la sinagoga (Cafarnaún), sale de lo establecido, de la ley, de la norma... y se va a casa, se va a lo cotidiano, al evangelio de la calle, a encontrarse con aquellos que realmente lo necesitan y por ello lo buscan.

Jesús va a la casa y en esa casa se va a ir gestando la nueva familia de Jesús. En las comunidades cristianas, en nuestras comunidades hemos de saber que no son un lugar religioso donde se vive de la ley, sino un hogar donde se aprende a vivir de manera nueva en torno a la figura de Jesús de Nazaret. Por ello, cada vez menos, siempre lo hemos hecho así.

Es curioso que Jesús, probablemente haya tocado en la puerta. Hoy no sé si oiríamos el timbre o el golpe con los nudillos. Le dicen que hay una mujer enferma, y se acerca. Es lo primero que hace: acercarse a los que sufren, mirarles a la cara, mirar de cerca su rostro y compartir su sufrimiento. Después la coge de la mano. Jesús acaricia al pobre, toca al que sufre, comparte con él su propia historia por mucho que los demás le digan que no lo hagan o por mucho que la "norma" le diga que no pueda hacerlo. La levantó - dice el texto -, la pone de pie y le devuelve la dignidad.

Así está siempre Jesús en medio de los suyos: como una mano tendida que nos levanta, como un amigo cercano que nos infunde vida. Jesús no sabe otra cosa que servir y no ser servido. Por eso la mujer curada por él se pone a servir a todos. Lo ha aprendido del propio Maestro: no hay amor más grande que el que da incluso la vida por otros. Por ello sus seguidores han de servir acogiéndose y cuidándose unos a otros.

Pero la comunidad cristiana no piensa solamente en sí misa y que vive de espaldas al sufrimiento de los demás. El relato dice que al ponerse el sol, cuando ha terminado el sábado le llevan toda clase de enfermos y poseídos por algún mal. Al llegar la oscuridad de la noche, cuando el día parece que ya no tiene continuidad los enfermos se agolpan en la puerta, llaman a la puerta. Los ojos y las esperanzas de los que sufren buscan la puerta de esa casa donde está Jesús.

La Iglesia solo atrae de verdad, cuando la gente que sufre puede descubrir dentro de ella a Jesús, curando la vida y aliviando el sufrimiento. A la puerta de nuestras comunidades hay mucha gente sufriendo, gente que toca en la puerta, gente que incluso grita ante el dolor que le produce el desgarro de la falta de trabajo, de no llegar a fin de mes, de la soledad en un geriátrico, o el abandono hospitalario por parte de muchas familias. Los golpes en la puerta son continuos y constantes, y a veces decimos, desde la comodidad de que siempre se hizo así, que no oímos. 

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 29 de enero de 2021

AUTORIDAD NO ES LO MISMO QUE PODER

 

Los que peinamos ya algunas canas, recordamos aquellos tiempos pretéritos en los que el poder se ejercía con autoridad. Ambos, poder y autoridad, eran inseparables: en la política, en la escuela, en la familia, etc... en cualquiera de los estamentos sociales. Uno complementaba al otro y uno no se daba sin el otro. Es más, socialmente se consideraba incluso que tenía que ser así. También en la Iglesia. Muchas veces, a lo largo de la historia, la Iglesia, nuestra querida Iglesia, ha evangelizado con autoridad y con poder. Claro, muchas veces, de aquellas tempestades, estos lodos.

También es verdad que hay hoy en día quien reivindica una sociedad de más autoridad, que se nos está yendo de las manos, que a los jóvenes les hace falta un poco de mano dura, que una bofetada a tiempo vendría de maravilla.... autoridad y poder.

Curiosamente, la liturgia de este fin de semana nos habla de un Jesús que habla con autoridad. Pero no como los letrados, los entendidos de la ley de aquella época, sino que sus palabras liberaban a las personas de "espíritus malignos".

Es verdad, por otra parte, que estamos viviendo una crisis de autoridad, la confianza que teníamos en las instituciones parece que se nos está desvaneciendo, ya no es lo que era o lo que nosotros creemos que tendría que ser. Incluso dentro de la propia Iglesia, parece que estamos viviendo un tiempo de marejada en esa barca de Pedro, en la que no sabemos hacia donde vamos ni como vamos.

Pero la autoridad de Jesús, es una autoridad para fuertes y valientes. Es la autoridad que se acerca al pobre y oprimido por el mal y le dice con energía que se calle y salga de ese hombre. Manda callar a esas voces que no dejan que los hombres puedan encontrar se con Dios y consigo mismo, poder recuperar el silencio en lo más profundo del ser humano.

No pocos de nosotros vivimos en nuestro interior con imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Viven con un Dios que extiende una sombra que amenaza y que controla un Dios opresor.

Me pregunto si , en este tiempo también de gran incertidumbre y quizás hasta de miedo, no es el momento de volvernos hacia Jesús y empezar a enseñar como lo hacía él. La palabra de nuestra querida Iglesia, nuestra palabra como discípulos que por el bautismo nos hemos comprometido en esta maravillosa aventura, ha de ser y de nacer del amor real a las personas, sean del color que sean y de la confesión religiosa que sea. Ha de ser una palabra que hemos de decir después de una atenta escucha del sufrimiento que hay en el mundo, no antes de escuchar al mundo. Ha de ser una palabra capaz de acompañar la vida doliente del ser humano.

Necesitamos una palabra más liberada de la seducción del poder y más cercana al Espíritu de Jesús. Una enseñanza que nazca del respeto y de la estima positiva de las personas, que genere esperanza y que cure heridas que hay muchas. No me gusta quedarme con la idea de una Iglesia en la que solamente se escuche la palabra de los letrados y no la palabra amable y cariñosa de quien acoge, escucha y ama.

Precisamente María, es el prototipo de acogedora, que escucha y que ama, que bajo la advocación de la Candelaria cubre con su manto no solamente al pueblo de Ingenio, ( y a todos los pueblos que la tienen como patrona) sino a todos sus hijos.

Amigos, hablemos con autoridad coronaria (del corazón) y no con la de la ley, que esta mata.


Hasta la próxima

Paco Mira

jueves, 21 de enero de 2021

FUERA LOS FALSOS OPERADORES


Me resulta curioso comprobar, como en los momentos de gran dificultad, todo el mundo tiene soluciones. Las redes sociales echan humo intentando dar respuesta a problemas en los que parece que la solución - según ellos - es lo más sencilla; todo el mundo escribe, con mayor o menor rigor, diciendo lo que tenemos que hacer y sobre todo cómo lo tenemos que hacer. Pero el problema sigue estando, sin solución y seguro que aumentado de forma escandalosa.

No hace mucho llamó a mi casa un operador de telefonía, haciéndome ver que lo que yo tenía instalado no era lo más conveniente. Al contrario si me cambiaba de compañía la lentitud, los megas, la velocidad... iba a aumentar considerablemente. Cuando el hombre aquel, haciendo su trabajo, acabó de ofertarme todo lo que tenía en su agenda, guardé un poco de silencio, y le respondí que todo lo que me estaba ofertando por qué no me lo hizo antes de que dejara de funcionar correctamente. Curiosamente la conversación se cortó sin saber por parte de quien.

Esto viene a cuento, porque estamos en una situación vital en la que abundan los grandes operadores de la vida. Aquellos que nos llaman, nos escriben, nos invitan a apuntarse a soluciones que ni ellos mismos han probado, pero que su empresa les exige que nos la oferten. Operadores que dan la cara por causas en las que ellos muchas veces no están ni seguros que sea cierto, pero.... hay que comer todos los días. La nieve, la pandemia, ha hecho florecer infinidad de falsos predicadores que ofertan lo que ellos mismos no se creen.

Este fin de semana se quitan de en medio a Juan el Bautista. Lo llevan a la fortaleza de Maqueronte y sabemos lo que Herodes Antipas resolvió con él: su cabeza en una bandeja. Y es curioso como el propio Jesús toma el testigo y continúa con la labor que el propio Juan había iniciado. Juan predicaba en el desierto, donde nadie parecía escucharle, y solamente recomendaba conversión.

Con una audacia desconocida, Jesús sorprende a todos anunciando algo que ningún profeta se había atrevido a declarar: ya está aquí Dios, con la fuerza de su justicia, tratando de reinar entre nosotros. Jesús experimenta a Dios como una presencia buena y amistosa que está buscando abrirse camino entre nosotros para humanizar nuestra vida.

Por eso toda la vida de Jesús es una llamada a la esperanza, en un mundo desolado, abatido y triste por la situación de enfermedad y de economía. Hay otra alternativa a los falsos operadores o a los profetas de calamidades. No es verdad que la historia tenga que transcurrir por los caminos de injusticia que le trazan los poderosos de la tierra. Es posible un mundo más justo y más fraterno. No hemos de vivir como si nada estuviera sucediendo.

Jesús nos invita a la conversión, nos pide cambiar la manera de pensar y de actuar. Nos invita a tomar la vida en serio, a despertar de la indiferencia, a movilizar nuestras energías, a creer que es posible humanizar el mundo. Nos invita a creer en la fuerza liberadora del evangelio y a introducir en el mundo la confianza.

El que así actúa se convierte en pescador de hombres, lo único que tenemos que hacer es estar atentos a cuando oigamos nuestro nombre. Ojo con los falsos operadores que por unas monedas te ofrecen lo que no se creen ni ellos.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 15 de enero de 2021

PROTAGONISTAS USTEDES

SE ACABARON LOS DESAHUCIOS


Parece que una de las medidas que una parte del gobierno quiere implantar es precisamente la de que no existan los desahucios. Es decir, que no haya una ligereza por parte del dueño de una casa que si un inquilino no paga lo ponga de patitas en la calle. Claro, no a todo el mundo le sienta bien esa idea, puesto que el que alquila una casa, es un dinerillo que le entra y si no le pagan los impuestos le comen.

Este fin de semana la liturgia nos invita a buscar alojamiento. Más que alojamiento casi digo que nos invita a buscar, sobre todo a raíz de la pregunta que Jesús le hace a sus amigos, ¿qué buscan?. Claro que si en pleno 2021 le hacemos a la gente la misma pregunta que Jesús, la respuesta no se hace esperar: salud, salir del erte, encontrar trabajo, etc...

Para muchos, la vida es un gran supermercado y lo único que interesa es adquirir objetos con los que poder consolar un poco su existencia, o escapar de la enfermedad, de la soledad, de la tristeza, del miedo. Otros, quizás, ya no pueden más, lo que quieren es que se les deje solos, olvidar a los demás y ser olvidados por todos. No preocuparse de nadie y que nadie se preocupe por ellos.

Muchos buscamos cubrir nuestras necesidades diarias y seguir luchando para ver cumplirse nuestros pequeños deseos, pero nunca el gran deseo. Se dice que los hombres y mujeres de hoy, han olvidado a Dios, pero la verdad es que si nos interrogamos con un poco de honradez, no es fácil borrar del corazón la nostalgia de Dios.

Los amigos de Jesús, le preguntaron ¿dónde vives?. Buena pregunta para el que busca. ¿Dónde está su casa para poder compartirla, si realmente lo sigo buscando?. Jesús les invita a conocerla y debe ser que les gustó que se quedaron aquel día con él en la casa.

Estos días en los que realmente se ha vuelto a poner de manifiesto nuestra vulnerabilidad (hace menos de un año nos sacudió un bichito y todavía estamos temblando porque no estamos preparados; ahora nos sacudió una nevada y seguimos temblando porque tampoco estamos preparados) han aparecido infinidad de casas donde habita Jesús y que nos ha invitado a entrar: cuantos amigos desconocidos han ofrecido sus coches para trasladar enfermos a hospitales o a sus residencias; cuántos han ofrecido su tiempo para prestar una manta o un buchito de café; cuántos han sido generosos en la paciencia, en no molestar más de la cuenta para que las autoridades pudieran actuar. Cuánta solidaridad, escondida o no, se ha manifestado en estos días.

¡Cuántos pisos tiene Jesús, el de Nazaret, para poder quedarse!. Cuantos lugares de músculo cardiaco llamado corazón alberga que hace muy poco se hizo humilde y nació al amparo de un pesebre con un buey y una mula como testigos.

Jesús sigue invitando: vengan y vean donde vivo. Por eso si lo buscamos con un corazón sincero, probablemente lo encontremos y además él nos llamará a cada uno por nuestro nombre, como hizo con Pedro. Que bueno es tener una confianza con el dueño de la casa, donde uno pueda expresarse libremente. Ojalá que Jesús no sufra el desahucio en nuestro corazón. El siempre cumple con el compromiso hacia nosotros, pero ¿nosotros?

Amigos, estamos en el camino del 2021. Ojalá que nos depare un montón de alegrías y de ningún desahucio.

Hasta la próxima

Paco Mira


viernes, 8 de enero de 2021

LOS COMPROMISOS, COMO LOS CONTRATOS:¡ A CUMPLIRLOS!


 Cuando uno tiene la gran suerte de tener trabajo, y este seguro (cosa rara en los tiempos que corremos), tendemos a la relajación. Tendemos a que todo vale, a que nos da igual lo que hacemos - bien o mal -, a que el gasto público (por aquello - equivocadamente - que yo no lo pago) me da lo mismo, incluso el trato con las personas que en parte puedan depender de mí no es, a veces, el más adecuado. Todo porque me siento seguro en el trabajo que tengo.

Y es que los trabajos no son más que el compromiso, a cambio de una remuneración, con la sociedad en la que me ha tocado vivir. Gracias a la implicación de los ciudadanos, gracias al esfuerzo y el valor de muchos de ellos, el país que nos ha tocado vivir camina y va hacia adelante. En la medida en que yo no me implique, el país irá ralentizándose, la convivencia con los demás se irá deteriorando y no lograré aquello que con anhelo ando buscando.

Este fin de semana, después que Dios se manifestara (Epifanía) al mundo por medio de su Hijo, y que el mundo lo reconociera por medio de unos Magos, celebramos el bautismo del Señor, y por ende el bautismo de todos y cada uno de nosotros. Me viene a la mente que el valor que le damos a los sacramentos a veces no es el que se merecen o por lo menos lo que significan y lo que significan para nosotros. 

Está más que de sobra recordar que nuestra fe, quizás, sea mejor que la de tiempos pretéritos. No es una fe de número (Iglesias de abarrote), sino una fe a lo mejor de compromiso. Una fe de realmente querer vivirla y compartirla (Iglesias con poca gente). En los tiempos que nos ha tocado vivir, tiempos duros de pandemia que arrastra al paro, al Erte, a la enfermedad, a la desolación, a la muerte y abandono en muchos casos, nos preguntamos , ¿dónde está Dios?, ¿de qué me sirve creer si no me soluciona el problema?.

El Bautismo no es más que el ticket del compromiso cristiano. El Bautismo no es más que la credencial de la sinceridad de quien se apunta a una misión en un proyecto que se me antoja complicado y hasta difícil. Por eso muchos de bajan del carro. Por eso muchos, ahora, se han dado cuenta que seguir a Jesús cuando las cosas no van bien, es una tarea casi de valientes e intrépidos locos por una buena noticia llamada Evangelio.

Muchos reclaman que fueron bautizados sin consultarles. Claro, tampoco les preguntaron si había que comer con las manos o con la cubertería, o tampoco preguntaron si querían ducharse, o....El bautismo es la herencia de quien ha vivido y mamado la alegría del anuncio de un mensaje.

Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús. No nos hemos de engañar. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza. Hemos de dar la razón de nuestra esperanza y de nuestra fe al mundo que nos rodea. Hemos de ser consecuentes con nuestro bautismo y sino, no solicitemos aquello de lo que no estamos convencidos, pues de lo contrario estaremos dando al mundo una imagen distorsionada y falsa de la Verdad que se llama Jesús de Nazaret.

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 1 de enero de 2021

AÑORO, A VECES, VIEJOS CHRISTMAS

 

 Hay gente a la que no le gusta la Navidad y todo lo que esta conlleva. También es verdad que hay quien la vive de una manera excepcional y está todo el año deseando que llegue, porque es su fiesta preferida. Los que  peinamos ciertas canas, quizás hayamos vivido una navidad nostálgica, no sé si idílica, pero una Navidad sentida, querida, disfrutada. Recuerdo que cuando era pequeño, mi abuelo tenía varios rituales en estas fechas: las participaciones de lotería (1 pta, 5 pts..seguro que muchos de hoy en día saben de lo que hablo y otros preguntarán lo que digo) que iba encontrando en diferentes comercios o cafés que tomaba. Me gustaba el colorido de aquellas participaciones, olían no a papel, sino a Navidad.

Pero también, y era otro ritual, era el de los Christmas. Con antelación suficiente compraba unos cuantos y a lo largo de toda una mañana se dedicaba, con esmero y cuidado, a escribir todos y cada uno de ellos. No era lo mismo enviar un christma a un familiar, que a un amigo especial, o que a alguien con quien había tenido una relación laboral, o incluso a un amigo de toda la vida. Se cuidaba la letra, eran escritas a mano, se procuraba no equivocarse. Cada uno que escribía, seguro que le recordaba su cara, alguna anécdota, algún gesto que le llevaba a escribir lo que escribía. Para mi abuelo, y para muchas de las generaciones como las de mi abuelo y alguna posterior, era todo un ritual.

¡Cómo han cambiado los tiempos!. Yo creo que las ONG  que en algún tiempo fomentaban los christmas, ya tienen que buscar otra forma de ingreso. Los wass, la frialdad de los wass, han suplido a los rituales cariñosos, cuidadosos, con esmero... de antaño. Creo que ya nadie acude con ilusión - casi infantil, casi corriendo - a los buzones de correos caseros a comprobar si ha habido alguien que se ha acordado de felicitarnos. Ahora los wass son el reenvío de alguno al que también se lo reenviaron y ya no nos molestamos en cuidar a quien se lo enviamos. Quizás hemos perdido hasta la cortesía.

Me gustaría, ahora que comenzamos el nuevo año, que recuperemos lo válido y valioso de nuestras relaciones, al ejemplo de antaño o no. Me gustaría que aunque tengamos mascarilla se nos note que seguimos esbozando una sonrisa que el que nos ve lo nota. Me gustaría que fuéramos capaces de dar abrazos con la mirada, porque no podemos acercarnos todavía. Ojalá que seamos capaces de dar millones de besos volados e incluso alguno robado que demuestren que sigue siendo, también todo un ritual y un bello gesto de cercanía y de amor.

Hemos celebrado la jornada mundial de la paz, y van 54. Ojalá que con una hubiese bastado, pero nos tienen que recordar que matarnos entre nosotros no tiene ningún sentido. Y este domingo se nos vuelve a recordar que al principio existía la Palabra y que sigue existiendo. La Palabra no era wass, es hecho persona, humano, es la presencia plena de Dios en su hijo. Es la escritura (como el christma de mi abuelo) hecha realidad en un mundo cada vez más necesitado de esa Palabra. En un mundo donde la distancia social se ha convertido en una disculpa para distanciarnos más entre nosotros, para no tener las relaciones sociales y familiares que tan necesarias son.

Amigos. Corramos, como cuando llegaba un christma al buzón de la casa de mi abuelo, para que nadie nos diga que vino la Palabra y no la hemos acogido. Brindemos por un año nuevo, distinto, diferente... donde las personas también hemos de ser nuevas.

FELIZ AÑO

Hasta la próxima

Paco Mira