viernes, 30 de abril de 2021

¡ PUES NO HABRÁ MANIFESTACIONES!, O ¿SÍ?

Pues llevamos unos días que están bastante calentitos. Manifestaciones de unos, pérdida de formas en los otros, lanzamiento de objetos - algunos de cierta consistencia y contundencia - por no querer que algunos hablen en mi barrio o en mi zona como si la calle (como decía un cierto político de tiempos pretéritos) tuviera una propiedad privada o un vado de reserva. Esto es la salsa - dicen algunos - de la política. Pues les digo la verdad que me está empezando a cansar un poco esta salsa. Creo que es un poco agria.

Además, si no tuviéramos la pandemia, nuestras calles se llenarían de gente porque este fin de semana es el día del trabajo. Como si el resto del año no tuviéramos que rendir a quien nos sustenta para poder comer todos los días. Si no tuviéramos pandemia, las pancartas serían las que nos indiquen lo que los sindicatos dicen que prometen, pero que a veces dudo que se cumplan sus expectativas, pero seguro que todo quedará en forma telemática. No habrá manifestaciones multitudinarias, de esas en que las delegaciones del gobierno y los convocantes nunca se ponen de acuerdo en el número de participantes.

Sin embargo, este fin de semana un gran líder, lanza la consigna para sus seguidores: permanezcan en mí, no nos demos de baja en su proyecto que encima, no como los sindicatos, es gratuito y nos llena de buenos y grandes momentos. Seguro que los grandes líderes pronunciaran grandes discursos que seguro que no se lo creen ni ellos, pero Jesús nos dirá que sus palabras han de permanecer en todos y cada uno de nosotros. En alguna ocasión llegó a decir que sus palabras eran espíritu y vida.

En el fondo, el evangelio de este fin de semana, nos pone de manifiesto cómo nos estamos dejando empapar en esta época de pandemia. El discípulo de hoy es el que tiene que tener una savia verde, unos sarmientos que rebosen alegría y jovialidad porque el sarmiento siempre está presto para su labor. Muchos de nosotros vivimos una religiosidad fuera de Jesús, fuera del sarmiento principal y cada vez más aferrados a ciertas prácticas que no tienen nada que ver con lo esencial (esa agua bendita que llevamos para casa para no sé qué; ese santo que metemos en la nevera porque no nos ha hecho caso, etc...).

Ser cristiano hoy exige una pasión por el proyecto de Jesús. Muchos de los que nos consideramos cristianos ponemos entusiasmo, empeño en discursos a las masas en días como el de este fin de semana, pero no ponemos ganas ni entusiasmo en lo principal e importante de nuestra vida. Todos tenemos que ser sarmientos, tenemos que estar pegados al tronco que hace que nos sintamos vida y con vida.

El gran ejemplo también lo tenemos en nuestras madres. Dicen que es el día de la madre, cuando eso es durante todo el año. Pero ¡cuántas madres han sido también sarmiento de fe en nuestras vidas! Madres muchas de ellas que no tenían unos conocimientos excesivos pero que nos enseñaron lo básico de

nuestra religiosidad. Tan básico era que no lo hemos vuelto a olvidar en la vida y ¡qué casualidad que ahora lo olvidamos con una facilidad pasmosa!

Jesús sigue diciendo que él es la vid y nosotros los sarmientos, pero sobre todo que permanezcamos en su amor. Permanezcamos también en el amor a nuestra madre, que seamos capaces de recordarlas, valorarlas, quererlas, achucharlas.... lo que no hagamos con ellas en vida, no nos lo echemos en cara en su ausencia.

Ojalá que las manifestaciones de este fin de semana, sean manifestaciones de amor verdadero, sin trampas, sin palabras que no se cree nadie.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 23 de abril de 2021

¿ CUÁNTAS MEDALLAS VAMOS A CONSEGUIR?



 Este verano tenemos cita con el deporte, sobre todo para aquellos que les gusta el mismo. Por una parte está la Eurocopa de futbol y por otra están las olimpiadas. Hay donde escoger. Alguno me comentaba no hace mucho que si lo confinaban, de nuevo, por lo menos le iba a dar uso a la televisión que los Reyes le habían echado este año. Me parece un argumento poco sólido, pero respetable. Seguro que en ambos eventos deportivos lucharemos como nación por conseguir el mayor número de medallas, no solamente representando a nuestro país, sino también, a nivel personal nos dará el mérito que nos corresponde por el esfuerzo realizado. 

Pero muchas veces también recurrimos a colgarnos medallas por méritos que nosotros no hemos realizado. Medallas que nos atribuimos y ni siquiera hemos movido un ápice para que nos llevemos la gloria de algo que ni siquiera hemos sudado. Pero también nos cabreamos cuando otros se cuelgan las medallas de algo que hemos hecho nosotros y que otros ni siquiera han sudado.

Este fin de semana, Pedro da una lección de humildad. Cura un cojo de nacimiento (seguro que el hecho no fue tal y como se narra) y las autoridades le llaman la atención. Pedro podría haberse colgado una medalla delante de todo el mundo y, en especial, delante de las autoridades que le están interrogando. Sin embargo aquel rudo y tosco pescador de la Galilea profunda, da una lección de humildad y sencillez, diciendo que "quede bien claro que lo hice en nombre de nuestro Señor Jesucristo".

Esa humildad de Pedro, le lleva a decirle al cojo que él no tiene nada (ni oro, ni plata, ni dinero....); Pedro reconoce sus limitaciones sobre todo cuando fue capaz de negar a Jesús tres veces y en público (delante de los que estaban en el pretorio); fue capaz de entristecerse cuando Jesús le pregunta por tres veces si lo amaba. Por eso no va a colgarse ahora ninguna medalla que no le corresponde y queda bien claro que lo que hace lo hace en nombre de un tal Jesús de Nazaret.

Este fin de semana se nos recuerda al buen Pastor. El que conoce y cuida a sus ovejas, no el que conoce y cuida a los borregos, a los que no piensan, a los que hacen siempre lo que otros le dicen lo que tienen que hacer. El Buen Pastor, ama, acaricia, protege, mima, se desvela... por su rebaño al que siempre tiene como "un palmito". No es para colgarse ninguna medalla, sino porque es fiel al compromiso adquirido.

Los pastores no son solamente los Obispos o los sacerdotes. Todos estamos llamados a ser pastores, cada uno desde su propia misión. Llamados a mimar, acariciar, cuidar... a todos aquellos que necesitan del cuidado y atención dentro de nuestra comunidad, especialmente en estos momentos duros de escasez, de precariedad y de soledad. Nosotros tenemos que ser como Pedro: lo que hacemos no lo hacemos en nombre propio, lo hacemos en nombre del único Pastor, Jesús de Nazaret.

A su vez, también celebramos la jornada de vocaciones nativas. Aquellos a los que va llegando el mensaje del sepulcro vacío, aquellos a los que se les anuncia que camino de Emaús va también un tal Jesús de Nazaret y que al atardecer se le conocerá no solamente por la capacidad que hemos tenido de amar, sino en la fracción comunitaria del pan.

No nos colguemos medallas, pero luchemos para que no cesemos en nuestras olimpiadas en el anuncio de la buena noticia, y en favor de los más necesitados.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 16 de abril de 2021

PERO, ¡ NO TE VEO!

Si hay cosa complicada en la fe, es poder dar a entender la resurrección. Mi abuela, que en paz descanse, decía que cuando ella muriese la cambiaran de ropa y le pusieran una ropa, si no nueva, al menos limpia: ¡ no iba a presentarse ante el " jefe " de cualquier manera!. Y la forma de pensar de mi abuela no era excesivamente descabellada en relación a lo que actualmente podemos seguir pensando. Seguro que entendemos cualquier otro pasaje del evangelio, lo explicamos con razonamientos lógicos, buscamos las fuentes y les damos la vuelta, pero lo que es la resurrección, como que nos cuesta.

¡ Qué más quisiéramos que ser como Tomás!. El domingo pasado se llevó el premio, porque tocó y creyó; con miedo porque tenían las puertas cerradas, pero al final tuvo lo que esperaba, tuvo recompensa a la insistencia. Para él la resurrección fue como para muchos de nosotros que si no vemos o no tocamos no creemos. Pero claro, ¿hoy, a dónde tenemos que ir que estén con las puertas cerradas, con miedo, que nos digan que lo vieron, que uno sea capaz de discrepar y no creer?.

Creo que lo primero que tenemos que pensar es que Jesús sigue apareciéndose y sigue diciéndonos, "paz a ustedes". Lo primero que tenemos que hacer para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros y hacer circular en nuestros grupos, en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo. Nosotros tenemos que ser los primeros en creer que nuestro amigo Jesús no es un fantasma que vio Tomás. No es un figurante de ópera - como quizás en algún tiempo dimos a entender -, sino que se una persona viva que nos acompaña de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.

A veces pensamos que es como el mago que saca el conejo de la chistera. Creer y tener fe es proceso largo, a veces tedioso, a veces con ganas de arrojar la toalla, a veces con ganas de bajarse de esta maravillosa aventura... pero que en la insistencia está el premio y no hay mayor alegría que el reconocer en nuestra vida, al que , por amor, entrega su vida para que nosotros la tengamos.

Hoy Jesús sigue poniéndose en medio de nosotros como lo hizo con los discípulos. Hoy Jesús nos sigue diciendo que la paz estén con todos y cada uno de nosotros. Hoy Jesús también, como a Tomás, nos pide que toquemos sus heridas. Heridas de hombres que viven la tristeza de la soledad; Heridas de hombres y mujeres que viven la desesperación de la inmigración con la casi certeza de que nosotros no les abrimos las puertas porque tenemos miedo; Heridas de hombres y mujeres que son maltratados por las mafias explotadoras que sin escrúpulos se aprovechan de tiempos inciertos; Heridas de hombres y mujeres que no pueden llegar a fin de mes por la mala gestión económica de unos pocos; Heridas de hombres y mujeres que en la soledad de la habitación de un hospital o de una residencia o de su casa... no tienen con quién compartir la alegría de la Pascua.

Hoy, probablemente, seguimos preguntándonos que no le vemos, que dónde está el resucitado, que dónde queda la alegría de un sábado en el que hemos cantado aleluya. Y él nos sigue diciendo, Paz a ustedes y lo hace en medio de nosotros. Pero ¿por qué estamos tan ciegos?, No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Amigos, estamos en la Pascua, en la alegría de la Pascua, de Jesús resucitado. Abramos los ojos y seguro que no tendremos que preocuparnos de cómo será, sino que ya es y está en medio de nosotros.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 9 de abril de 2021

PERO, ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

PERO, ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Alguien dijo que el miedo era libre. Y el miedo es algo que no se puede medir, como el dolor. " ¡No tienes que tener miedo!, ¿por qué no?". Se lo decimos a nuestros hijos, a los mayores, y sobre todo cuando nosotros no tenemos que pasar por ningún trance que suponga una prueba de valentía. Ahora que está tan de moda las vacunas, somos los primeros que decimos que no hay que tener miedo, pero ¿quién dijo miedo?. Muchos de los que dicen esto, no se vacunan. También hubo quien dijo que los cementerios estaban llenos de valientes.

Pero el miedo no es algo nuevo. Es algo tan antiguo como el hombre mismo. Probablemente el tener miedo nos ha hecho que sigamos como especie en la tierra, pues de no tenerlo igual nos hubiéramos o nos hubiesen extinguido. Por lo tanto el miedo es un mecanismo de defensa que nos puede salir bien.

A nivel religioso, ¿ de qué tenemos miedo?. Nos quejamos un montón de que las cosas no funcionan y las que lo hacen lo hacen mal; nos quejamos que en la Iglesia en vez de ir para adelante, vamos para atrás; nos quejamos que los jóvenes ya no están con nosotros en las celebraciones, etc... nos estamos quejando siempre y , a veces, de lo mismo.

Pero es curioso que las mujeres (siempre las benditas mujeres las primeras) al llegar al sepulcro, alguien les dice "no tengan miedo", las mismas palabras que el Papa Juan Pablo II dijo el día de su proclamación, "no tengan miedo". El del sepulcro invita a la confianza; la seguridad de sus palabras llevan a no asustarse, a abrirnos a lo nuevo, aunque sea desconocido. Incluso a esto, no hay que tenerle miedo.

Pero nada más salir del sepulcro, los discípulos están con las puertas cerradas por miedo. No son capaces de aliviar la pena de la pérdida con la certeza de la Vida, con la certeza del impulso de seguir adelante a pesar de las dificultades. Hoy en día creo que nos pasa lo mismo. Cerramos y nos cerramos pensando que lo tenemos todo "atado y bien atado" y cualquiera que llegue nos lo desata en un abrir y cerrar de ojos.

Hoy el mundo, nuestro mundo, necesita más que nada de nuestro testimonio. Hoy el mundo necesita más que nunca de abrir las puertas, primero de nuestro corazón para que - como decía el Concilio - seamos capaces de abrirnos a nuevas realidades, sin miedo, con valentía, sin necesidad de cortarnos ante nadie ni ante nada. Hoy el mundo, necesita abrir las puertas de nuestra Iglesia (no de nuestros templos, que igual también), como institución y sacudir alfombras con polvo ancestro que lo único que hace es provocar reacciones alérgicas de muchos de los que están fuera y también de los que están dentro.

El abrir puertas puede ser la respuesta a tantas interrogantes de tanta gente que se pregunta el por qué de muchas cosas. Nuestro Papa Francisco nos invita constantemente a la ventilación de nuestra fe, de nosotros como portadores de la misma y de la Iglesia como custodia de esa fe.

Los Apóstoles tenían miedo, pero Jesús les dijo que la paz esté con ustedes. Muchos necesitan tocar para creer. Muchos necesitan testimonios diarios para poder decirle al mundo que lo que acabamos de celebrar no es un cuento, sino una realidad.

"Dichosos los que crean sin haber visto", y les añado "Muéstrame tu fe sin obras, que yo por las mías te diré que Jesús de Nazaret está vivo". ¡Qué fácil en el papel, pero qué difícil en la vida!, pero ¿quién dijo miedo?.

Amigos, no tengamos miedo. Gritemos a los cuatro vientos que Jesús de Nazaret merece la pena, que está vivo y que camina con nosotros.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

jueves, 1 de abril de 2021

PEDRO, SIMÓN Y MARÍA MAGDALENA

¡Fuerte lío el de la pandemia!. , eso les decía el domingo pasado. La semana santa, no ha podido arreglar el desaguisado económico, las pérdidas - quien vive de la economía lo sabe bien - son cuantiosas y eso hace que muchas economías familiares estén resentidas. No podemos inaugurar la temporada playera que tan de costumbre es en Canarias, pero ¿qué hacemos?. No quiero que nos agarremos a un clavo ardiendo, no quiero que nos acordemos solamente cuando truena de santa Bárbara, no quiero que miremos, en esta semana, al cielo y el resto del año como si aquí no hubiera pasado nada.

Quiero agarrarme a la fe, humilde, sencilla, bruta y tosca en algunos casos, a la fe del que no entiende, de tres personajes que aparecen en este único acto que dividimos en tres partes.

Quiero fijarme en Pedro. Pedro es la imagen típica del farruco, del bravucón, del que lo sabe todo, pero que mete la pata en infinidad de ocasiones. Es la fe de muchos de nosotros. Es la fe de los que nos damos golpes en el pecho y que criticamos infinidad de cosas que hacemos en nuestra bendita iglesia y en nuestras comunidades parroquiales. Es la fe de los que decimos que ya está bien y no queremos hacer más, pero que siempre acabamos arrimando el hombro. Pedro es que no quiere que le laven los pies, el que dice que no negará nunca y un gallo se le adelanta por tres veces, es el que no se queda nunca dormido y no es capaz de mantenerse despierto, al que no quiere que le laven los pies y termina siendo besado por quien es el autor de la vida.... ojalá tuviéramos muchos un pizco de fe como la de Pedro.

Quiero fijarme en Simón, el de Cirene. Es el anónimo de la Pasión. Es el que aparece casualmente porque viene del campo, pero que se convierte en el alivio de un reo ajusticiado a morir en el propio peso que lleva. Me gustaría tener un poco de silencio y de entrega como la de Simón: ¡ cuantas cruces hoy en día necesitan de nuestra ayuda!. ¡cuántos son los que son golpeados cuál látigo en la vida y nosotros cruzamos de acera y miramos para otro lado!. ¡Cuántos reos en nuestras cárceles!, ¡ cuántas familias que no llegan a fin de mes!, ¡cuántas colas del hambre en las puertas de nuestras caritas!, ¡cuántos desahucios injustos!, ¡cuántas soledades en nuestros hospitales!... cuántas cruces tenemos que ayudar a llevar y no llevamos ninguna.

Quiero fijarme en María, la de Magdala. La mujer que corre más que nadie. La mujer que sospecha que algo ha pasado, pero que no es capaz de atisbar lo qué. La mujer que espera encontrar la muerte, un cadáver y se encuentra con la Vida, con la vida que va a dar sentido a la suya. La mujer que ha sido retada a que le tiraran piedras los que no tuvieran pecado, y ni una le cayó. Una mujer de la vida, que se encontró con la Vida. Una mujer que fue duramente criticada por las autoridades de la época, pero que supo hacer frente a las criticas y salir adelante.

Ya vemos que es una semana santa diferente en muchos aspectos, pero igual que otros años a nivel de compromiso y actitudes en la vida. Creo que el confinamiento nos viene bien a todos, porque puede ser el termómetro de muchas cosas: del servicio, de la ayuda en los momentos complicados, del testimonio en momentos de duda e incertidumbre. Nuestra semana es la más importante. No nos quedemos solamente con esta semana, es el principio de mucho y nunca el fin de nada.

FELIZ PASCUA

Hasta la próxima

Paco Mira

 

viernes, 26 de marzo de 2021

HAY QUE SALVAR LA SEMANA SANTA


 

¡Fuerte lío el de la pandemia!. Este terremoto contagioso ha logrado que todas las perspectivas que uno tenía de futuro, se conviertan en perspectivas de presente y siempre con la incertidumbre de si se pueden cumplir o no. Depende del nivel de alerta que el gobierno nos marque. Miramos al cielo, rezamos los que sabemos y a veces mal, y el que no sabe, balbucea lo que puede. 

En nuestra bendita tierra, también miramos al cielo. Lo hacemos desde el punto de vista económico, y casi desde febrero hemos oído, " hay que salvar la semana santa". Son muchos, en nuestra isla, que viven del turismo y las necesarias medidas restrictiva para evitar contagios hacen peligrar sus puestos de trabajo, pero seguimos soñando con "salvar la semana santa".

Yo, desde hace mucho, llevo reivindicando tambiénel salvar la semana santa. Ahora, como nos han zarandeado, volvemos a clamar, cual voz que grita en el desierto, que hay que volver a la esencia, hay que volver a cantar hosanna al Hijo de David, hay que volver a llenar, con aforo reducido, nuestros templos, porque es semana santa.

Seguro que si no estuviéramos en pandemia, no gritaríamos eso de salvar la semana santa. Volveríamos a llenar nuestros hoteles, las playas estarían a rebosar, el aeropuerto no tendría ya más capacidad, hablaríamos en términos económicos y diríamos que nuestra campaña habría sido de las mejores. Nadie, seguro que nadie, quizás se acordó que en nuestras iglesias sigue habiendo sitio, para entonar hosanna al Hijo de David.

Pero salvar la semana santa, no es acudir a los templos como meros espectadores. Quiero creer que no somos insensibles al sufrimiento de un hombre. No quiero creer que no nos produce escalofrío el oír los golpes de unos látigos en la espalda de un inocente; quiero creer que no nos lavamos las manos ante tantas injusticias en el mundo de hoy y seguimos cantando hosanna al Hijo de David.

Aunque este año no haya procesiones, aunque muchos actos litúrgicos se suspendan, tendremos lo esencial, que además es lo único importante: acompañar desde la llegada a Jerusalén (hemos tardado cuarenta días en llegar) hasta pasar por el servicio, la crueldad de una pasión y la resurrección, pero sobre todo dejándonos cuestionar por todos y cada uno de los acontecimientos que vivimos.

Probablemente tendremos que preguntarnos si somos de los que nos asomamos a la vereda del camino para levantar el olivo y cantar bendito el que viene en nombre del Señor cuando las cosas nos van bien, o por el contrario cuando los vientos no nos son favorables somos de los que gritamos con gran fuerza, crucifícalo. 

Quizás tengamos que preguntarnos si somos capaces de velar con Jesús o dormirnos en los laureles o, en este caso, en los olivos como los amigos de Jesús. No podemos encerrarnos en nuestra sociedad del bienestar, ignorando a esa otra sociedad del malestar en la que millones de seres humanos nacen para extinguirse a los pocos añosde una vida que solo ha sido sufrimiento. No es humano ni cristiano instalarnos en la seguridad,olvidando a quienes solo conocen una vida insegura y amenazada.

Cuando los cristianos levantamos nuestros ojos hasta el rostro del crucificado, contemplamos el amor insondable de Dios, entregado hasta la muerte por nuestra salvación. Si lo miramos más detenidamente pronto descubrimos en ese rostro el de tantos otros crucificados que, lejos o cerca de nosotros, están reclamando nuestro amor solidario y compasivo. Seguro que al lado de nuestra casa y caminando con nosotros, hay uno.

Lo dicho: Hay que Salvar la Semana Santa

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 19 de marzo de 2021

MÁS BIBLICOS, IMPOSIBLES: DAVID Y SAMUEL

 

En medio del esfuerzo de la subida a Jerusalén, nos detenemos porque estamos debemos estar de fiesta. El mundo en el que estamos, de miedo, de confinamiento, de incertidumbre, de retiradas de vacunas por fallos después de haber sido puestas, de renuncias en un gobierno que se antojaba intocable, de restricciones, de cierre perimetral en semana santa, ... pues va y resulta que los cristianos en Gran Canaria, estamos de fiesta. 

Y es que no es para menos: David y Samuel, ante las dificultades, se crecen. Dicen, con su vida, que en tiempos de dificultad es posible la entrega, el ánimo, la ilusión, la alegría, la esperanza... Si nos vamos a la Biblia, David fue uno de los grandes reyes de Israel. Supo mirar por el pueblo, con el pueblo y para el pueblo. El pueblo se lo agradeció y le fue fiel. Ojalá que nuestro David, el de Fuerteventura, el hijo de emigrantes, de origen humilde, sencillo, pero sincero, aquel que empezó haciendo callos en los pies de los trabajos en la hostelería... sea capaz de llegar al pueblo, de caminar con el pueblo y entregarse en cuerpo y alma al pueblo.

A Samuel, según la Biblia, lo tuvieron que llamar tres veces. Se insistió porque no fue capaz de reconocer al Dios de la vida y es que este Dios insiste hasta la saciedad, consigue siempre lo que quiere, hasta que no le queda otra que decirle, "aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad". Nuestro Samuel, salió de Arbejales, de un pueblo del centro de la isla, frío... para hacer - en varias etapas - la voluntad de Dios. La vida le puso a prueba con aquello que más quería, con quien le dio la vida que ahora entrega al Dios que se la ofreció, pero que le hizo ser más fuerte. 

Ya ven por qué tenemos que estar de fiesta. Este fin de semana tendremos un nuevo presbítero y un nuevo diácono. Nuestro Obispo se va a estrenar, ojalá que sea el primero de muchos estrenos. Ojalá que al Espíritu no le tiemble el pulso para posarse en la cabeza de muchos hombres (¿mujeres?) que se entregan y dicen de forma generosa sí al Señor.

Precisamente el evangelio de este fin de semana nos va a recordar que " el que quiera servirme, me siga y que si el grano de trigo no cae en tierra y muere no da fruto". Vivimos momentos poco dados a la entrega, al servicio, a mirar a los demás con los ojos de Jesús. David, Samuel: gracias por la entrega de ustedes; gracias por romper moldes en un tiempo donde estos moldes ya no se llevan; gracias por remar - a veces - contra corriente, pero a los que lo hicieron, les hicieron pescadores de hombres.

Ojalá que la cuaresma personal de ustedes sea la antesala de una pascua donde todos podamos ver , en ustedes, el rostro del resucitado, donde la pascua sea de verdad el verdadero testimonio de un Jesús que camina con todos y cada uno de nosotros.

Seguro que les llegarán momentos de dificultad, momentos donde el desierto sea la aridez personificada del mundo actual. Piensen en todos aquellos que rezan por ustedes. Fíjense en un tal José, que desde un segundo plano fue capaz de sacar a su familia adelante y ante las adversidades que probablemente nunca entendió, fue capaz de no decir nunca que no.

Samuel y David, David y Samuel. Gracias por compartir en las comunidades que lo hicieron (el Pilar, Tamaraceite, San Nicolás, Vecindario) y por dejar huella en ellas. Seguro que la historia les recordará como hombres de bien, que pasaron haciendo el bien y sufriendo, como Pablo, aprendieron a obedecer a un tal Jesús de Nazaret.

FELICIDADES

 

 Feliz Cuaresma

Hasta la próxima

Paco Mira