viernes, 17 de diciembre de 2021

QUIERO DECIR QUE SÍ, COMO TÚ, MARÍA



Creo que todos entendemos que las nuevas tecnologías son indispensables. Les confieso que siento una envidia sana por aquellos que le han dedicado, en su momento, horas y horas a las nuevas tecnologías (ordenadores y programas, tablets, etc...) porque ahora es tiempo que han ganado y se defienden cual pez en el agua.

Sin embargo en lo que ya no estoy de acuerdo es que las nuevas tecnologías ahoguen el contacto físico y humano de las personas, y sobre todo cuando la justificación es por el ahorro de costes en detrimento de los usuarios: cuando en una entidad bancaria todo se hace "on line" y ya no queda tiempo para la cita previa, para que el anciano o el joven no avezado en las nuevas tecnologías, pueda solucionar sus problemas, pues complicado veo la cosa; y si encima ya damos por hecho (desde la entidad bancaria, por ejemplo) que tiene que ser así los modales o las formas hacia quien no lo comprende o no lo entiende, no suelen ser las mejores; en algunos ayuntamientos, por aquello de la cita previa, las colas al sol de justicia del sur de nuestra isla maquilladas con una carpa, suelen ser la imagen de lo que muchas veces criticamos y llamamos tercer mundo; no digamos nada cuando le tenemos que decir al médico por teléfono que nos duele la garganta o que tenemos un dolor en no sé donde y que el galeno tiene que imaginarse y nosotros nos enfadamos porque no nos entiende.

Les confieso que estoy a favor de las nuevas tecnologías, pero que estas no ahoguen al ser humano.

¿Por qué reflexiono con ustedes esto?. Porque el personaje que este fin de semana nos presenta la liturgia es María. Ella podría - en el caso de haberlas - haber utilizado las nuevas tecnologías o los correos de la época para decirle a su prima la gran noticia de su embarazo y sin embargo decidió no perder el tiempo en escribir ni en utilizar los correos de la época y "salir deprisa a la montaña" para visitarla y, además, de viva voz darle la Buena Nueva. Seguro que tardó un tiempo, en su estado y por los medios de transporte de entonces, en llegar, pero mereció la pena.

Hoy, creo, nos está faltando ese contacto. Las nuevas tecnologías nos están alejando del contacto necesario que favorecen las relaciones humanas, sociales y crean vínculos propios del ser humano. María, la mujer del sí de y a Dios. Hoy, que seguro que necesitamos más que nunca ese contacto, prescindimos él. María, a pesar de todas las dificultades de la vida, se fió, creyó y dijo que sí a un proyecto desconocido, desconcertante y a una aventura que no se sabia el resultado.

Dios se fijó y se fija en la humildad de la gente como María, por ello nacerá en un pesebre, que incluso nos llevará a pensar que quienes somos nosotros para merecer tal premio.

Muchas veces me he preguntado si, como receptores de la Buena Noticia, somos capaces de salir corriendo como María a anunciar esa gran noticia; El encuentro de María e Isabel puede ser el encuentro de Dios con los hombres y en más de una ocasión me he preguntado si me he dejado encontrar con y por Dios; me he preguntado y he escuchado la voz de Dios como para anunciar a los cuatro vientos que el mensaje de Jesús merece la pena.

La Navidad está a la vuelta de la esquina y María se nos pone delante como modelo a seguir, a vivir la felicidad, a anunciar la buena nueva, después de un encuentro con el mismísimo Dios.

Amigos, no es fácil la tarea, pero no imposible.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 10 de diciembre de 2021

LA ALEGRÍA DEL Y EN EL ADVIENTO

 LA ALEGRÍA DEL Y EN EL ADVIENTO

Es que este finde es el fin de semana de "gaudete". Solo hay dos en el año: uno en adviento y otro en cuaresma y coincide - en ambos casos - con el tercero. Es el fin de semana de la alegría, a pesar de la espera o de la penitencia (adviento o cuaresma), en ambos casos hay que tomarnos lo que nos viene con alegría, porque merece la pena.

Este fin de semana, insisto que es el de la alegría, el protagonista vuelve a ser Juan. Es curioso como el fin de semana pasado aparecían nombres de hombres que hoy no se lo pondríamos a nuestros hijos, e incluso aparecían cargos que nadie sabe qué significan (tetrarca, etc...), volvemos a hablar de nombres y de hombres conocidos: Juan. Sí, el hijo de Zacarías, vuelve a ser el protagonista porque aún predicando en el desierto, hay quien le escucha y quien tiene duda de lo que hay que hacer.

A Juan se le pregunta, ¿qué hacemos?. Es probablemente la pregunta de muchos de nosotros que no entendemos que aún intentando hacer las cosas de la mejor forma posible, no nos sale como quisiéramos. Juan da una respuesta que cada vez nos cuesta más: el que tenga dos túnicas, que reparta; el que tenga comida que haga lo mismo, etc.... Son los signos y los frutos de la conversión. Muchos de los que trabajan en las caritas de nuestras parroquias han sentido la necesidad de la conversión en la ayuda a los más necesitados.

Pero una segunda pregunta le hacen a Juan, quizás porque igual ya estaban haciendo lo que correspondía, pero no veían la luz al final del túnel y Juan responde, "no exijan más de lo que les corresponde". A veces pensamos - en alguna ocasión lo he comentado - que Jesús no es el mago de la chistera, que no podemos exigirle aquello que nosotros no damos. Exigimos como si echáramos una moneda en un aparcamiento y eso nos da derecho a estar un cierto tiempo en ese lugar. No. Jesús fue el primero que ciñéndose una toalla, se pudo se rodillas y comenzó a lavarse los pies. Nosotros tenemos que cundir con el ejemplo y a veces éste queda muy lejos de la realidad.

A Juan, se le sigue insistiendo en la pregunta y por último, la autoridad, los militares, también preguntan. Y también hay respuesta para ellos: por lo menos, no entorpezcan la labor de los demás; no se aprovechen de otros, tengan en cuenta a los más débiles... con eso estamos dando respuesta a lo que tenemos que hacer.

Juan es claro en su labor. Nosotros tenemos que ser claros en los tiempos en los que nos toca vivir y en especial en la Navidad en que queremos ser solidarios pero las cartas a sus majestades aumentan más las desigualdades en tiempos en que más que nunca tenemos que ser iguales. Los bienes materiales son necesarios pero hay que saber darles el lugar que les corresponde y ubicarlos en el momento y destino adecuados.

Por ello, en este domingo de gaudete, en este domingo de la alegría, resuena con mayor insistencia las palabras de Juan, "alégrense, se lo repito, estén alegres". Tenemos, en la medida en que va pasando el adviento, que ir

demostrando que nuestra vida va cambiando, que nuestra vida le va haciendo caso al Bautista, cuando llama a la conversión.

Todos los años nos da la oportunidad de poder hacerlo y siempre tenemos la ocasión de empezar de nuevo. Ojala que la llegada a Belén la hagamos llenos de alegría por ser personas nuevas que hemos sido convertidas gracias, entre otros, a Juan, el Bautista

Feliz Gaudete en el Adviento

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 3 de diciembre de 2021

NOSOTROS, ¿TAMBIÉN PREDICAMOS EN EL DESIERTO?


Hay que tener valor para vivir en el desierto. Hace poco se murió el único superviviente de la matanza de Argelia, de los anacoretas que vivían en el desierto, hace algunos años. En alguna ocasión él decía que era el lugar donde mejor se vivía, donde mejor se podía encontrar con uno mismo, donde mejor se podía encontrar con Dios, donde mejor se podía encontrar - cuando fue posible y antes de la matanza - con los hermanos. La verdad es hay que echarle valor a sus palabras, porque probablemente el desierto invita a todo, menos a lo bueno.

Sin embargo creo que todos necesitamos algo de desierto. En un "mar de asfalto excesivamente comercializado", creo que necesitamos - al menos los cristianos - un poco de silencio, de calma, de tranquilidad, de encontrarnos con nosotros mismos. La aridez del desierto es el que nos tiene que poner a todos en el lugar que nos corresponde y ello nos viene bien ahora que entramos en ese tiempo maravilloso llamado Adviento.

Creo que Juan, el Bautista, lo entendió a la primera. Un hombre que no le tenía miedo a las consecuencias de su predicación y que no todo el mundo acabó de entenderlo. Juan supo poner de manifiesto que el que venía detrás de él, era más importante que su propia persona, y aunque supiera que su persona corría peligro, no le importó poner la verdad por encima de todo.

A veces, nosotros por vergüenza, no predicamos ni siquiera en el desierto. Y a veces, nuestro mensaje se queda en el polvo de la arena del desierto. Deberíamos de revisar nuestro mensaje. Deberíamos de revisar lo que anunciamos y decimos que creemos, ¿predicamos en el desierto?, ¿nuestra predicación llega a alguien?, ¿la covid19, puso de manifiesto nuestra miseria religiosa y ya nadie nos escucha o nos sigue?. Les confieso que si eso es verdad, Juan el Bautista fue un héroe.

Gracias a Francisco, nuestro Papa, que se dio cuenta del hecho, nos ha convocado a caminar en sinodalidad. A caminar juntos, a lo que Juan anunciaba como Preparar el camino al Señor. No se trata de hacer una Iglesia nueva, sino que aprovechando lo que tenemos, seamos capaces de hacer una Iglesia del tercer milenio.

Hace poco nos metieron (o nos siguen metiendo) el miedo en el cuerpo conque se van a acabar las cosas y por ello tenemos que llenar nuestras despensas, porque vamos a estar desabastecidos. No sé si en todo ello hemos procurado dejar un hueco en nuestro corazón para "preparar el camino al Señor", preparar un lugar para que Jesús, de verdad nazca en nuestro corazón.

Juan, aún viviendo en el desierto, aún viviendo en las dificultades de la vida, aún sabiendo que los que le escuchaban no le iban a hacer mucho caso, grito en el desierto de de la vida, preparen, anímense, alégrense, ... porque entre todos podemos hacer realidad el nacimiento de la Vida.

Ojala que seamos la voz de la Palabra. Ojala que seamos capaces de allanar los senderos. Ojala que seamos capaces de recordarnos cada domingo, con nuestra corona de adviento correspondiente que preparar el camino al Señor es algo que requiere tiempo, sin prisa, cuidar cada momento y cada espacio.

Amigos, vamos camino del segundo domingo. Queda menos, pero en nuestras manos está en no predicar solamente en el desierto y aunque lo hagamos, que gritemos Preparar el camino al Señor.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 26 de noviembre de 2021

VIVIR CON ESPERANZA NO ES VIVIR DESESPERADO

Cada vez más hay profetas de calamidades. Y si es con el volcán de La Palma, pues vale más echarse a correr. Surgen agoreros, echadores de cartas y lectores de lo más insospechado, que son capaces, de lo mínimo, meternos el suficiente miedo en el cuerpo que somos capaces de desvalijar supermercados porque esto no hay quien lo arregle. Parece que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. Los wass corren como la pólvora y nos tiemblan las entrañas, porque somos incapaces de dar con la solución.

 

Comenzamos un nuevo año (litúrgico, claro) y comenzamos el año con Lucas. Pero claro el evangelio de este primer domingo no puede ser más catastrofista: "las naciones estarán angustiadas, los hombres muertos de terror y de ansiedad por lo que se le echa al mundo encima". Pues más actual no puede ser: que estamos nerviosos, seguro; que no vemos el futuro claro, también; que los acontecimientos no son los más favorables, pues seguro... Pero no por ello es cuestión de echarse a correr. Todo lo contrario.

 

El evangelio de este fin de semana, no nos llama a la desesperanza, nos llama a levantar la cabeza, a mirar hacia el frente y porque todo está como está, se nos ofrece el tiempo de adviento, de esperanza y confianza en que Jesús no nos va a abandonar a la suerte que no nos corresponde. El ha entregado su vida por nosotros y a nosotros no nos queda otra que preparar el camino para su venida.

 

La Iglesia actual, esa que quiere caminar en comunión sinodal, camina a veces como una anciana encorvada. Encorvada por el peso de los siglos, de las luchas y trabajos del pasado. Camina con la cabeza baja, consciente de sus errores y de sus pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria de otros tiempos.

 

Por eso hay que levantarse, animarnos los unos a los otros. No mirar al futuro haciendo nuestros propios cálculos, ya que un día ya no viviremos encorvados, ni con el desaliento como bandera. Pero hemos de tener cuidado que no se nos embote la mente, parece que hemos de vivir con un corazón insensible y endurecido, que vive de espaldas a Dios y a los hermanos.

 

Hemos de estar despiertos. Despertando la fe de nuestras comunidades, atentos a la palabra del evangelio. Cuidando mejor la presencia de Jesús en medio de ellas, ya que a veces da la impresión de vivir en comunidades dormidas por la apatía, el desaliento y la desidia.

 

A veces vivimos solamente alimentados por la crítica y que todo está mal. Somos los profetas de calamidades andantes. Vivir despiertos no significa estar alejados del mundo, sino todo lo contrario, dentro del mundo para poder saber distinguir quien es nuestro camino de fe y realidad. La esperanza no es algo pasivo, es algo que nos invita a la acción. Quien vive en la esperanza es quien se esfuerza por hacer de la realidad algo mejor cada día.

 

Seamos sembradores de esperanza. Que se nos note el nerviosismo ante la llegada de quien da sentido a nuestra vida, de quien nos dice que no andemos con la cabeza baja. Todo lo contrario. Que quien nos vea en la calle, se pregunte, ¿a quien esperan tan alegres?. No nos dejemos invadir por millones de luces (que están bien), que no nos dejan ver la claridad de quien va a nacer desde la humildad y la sencillez.

 

Que los cantos y regalos no sean el envoltorio que nos tapa la mirada de los inmigrantes, de las colas del hambre, de las fronteras de cierran el paso a la humanidad que no tiene frontera.

 

Hasta la próxima

 

Paco Mira

viernes, 19 de noviembre de 2021

NO ES UN EXTRATERRESTRE

NO ES UN EXTRATERRESTRE

Tengo un amigo, Daniel, que es astrofísico. Me encanta hablar con él de temas que van más allá de lo que vemos porque además lo vive y le encanta. Es un gran astrofísico, tiene publicaciones, y un blog del que yo, a veces, alimento mi mente ignorante en estos temas. Cuando trabajamos juntos, me encantaba hablar con él sobre la trascendencia, cada uno en su ámbito, porque me daba la impresión que los dos hablábamos de lo mismo: él me exponía un montón de fórmulas físicas y yo no le ponía ninguna fórmula, pero sí llegaba a donde a él la razón no le daba. Era un diálogo enriquecedor.

Siempre me decía y comentaba que los extraterrestres no existían ni existieron nunca y yo le creía. Pero me hablaba de una realidad espacial con tal convicción como si él estuviera de vacaciones en aquello que no vemos, pero que intuimos que existe y además nos lo creemos. Yo le decía, cuando hablaba de Jesús, que su Reino no es de este mundo.

Es más, llegué a decirle que me daba la impresión que en medio de nosotros había extraterrestres. El se echaba a reír y me preguntaba por qué. Le comentaba que nuestro mundo, nuestras relaciones sociales, se habían vuelto de lo más locas: el respeto, la buena educación, las normas cívicas de comportamiento... se habían perdido, incluso en aquellos espacios en los que normalmente creemos que tienen que existir como por ejemplo un centro educativo. Por eso, cuando veo a una persona educada, que pide las cosas por favor, que te da las gracias, etc... creo que hay un extraterrestre.

Por eso el Reino de Jesús, ese Reino al que todos aspiramos no es un Reino de este mundo. Es un Reino de verdad, de justicia, de paz, de amor, de cercanía, de solidaridad, de amistad... palabras que casi se han convertido en extraterrestres, más que en una realidad. Jesús se lo dice a Pilato, que es el que emplea la violencia para dar a conocer la verdad (según él), el que emplea la fuerza que para él es sinónimo de justicia... ¡qué diferencia tan grande!

Acabamos el año litúrgico. No sé si deberíamos de tomar las uvas y desearnos un feliz año. Pero sí deberíamos de mirar hacia atrás aunque sea de refilón y aprender de los errores, que probablemente son muchos, para no volver a caer en la misma o peor de las tentaciones.

Mi amigo Daniel, me decía que en la Nasa se aprendían de los errores, nosotros dudo que hagamos - en muchos casos - lo mismo. Volvemos a caer y a tropezar en la misma piedra y si se puede cada vez más grande. Pero seguimos insistiendo que "mi reino no es de este mundo" o incluso seguimos cantando "anunciaremos tu reino, Señor, tu reino".

Jesús nos recuerda que el que es testigo de la verdad, escucha su voz. Me da la impresión que a veces, o muchas veces, estamos sordos, no oímos la voz del que nos habla desde la sinceridad del corazón. A veces nos interesa estar alejados de la realidad para no inmiscuirnos en los problemas, para que no nos generen más problemas a nosotros.

Probablemente hoy estamos invitados a ser extraterrestres en un mundo demasiado terrenal: que camina deprisa, que está súper tecnificado, que es capaz de generar hombres y mujeres a imagen y semejanza de las máquinas que no tienen corazón. Por eso Jesús, vuelve a insistir que su Reino no es de este mundo. Nos invita a ser ejemplo de la verdad que nos hace libres. Nos invita a que seamos la sal que genera sabor a la vida que nos rodea y sobre todo a seguir el ejemplo del que es Camino, Verdad y Vida.

Feliz fin de año

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 12 de noviembre de 2021

NO ME DESAGRADA EL MES DE NOVIEMBRE

 

 


Dentro del otoño, quizás el mes de noviembre sea el menos querido. Da la impresión de ser un mes triste, un mes que no quisiéramos compartir en muchos de los casos.... sin embargo, a mí, no me desagrada. Fíjense que empieza recordando a los que nos han precedido, a esas grandes personas que han dejado huella en la historia de nuestra vida... y suele terminar con una llamada a la esperanza, cuando comienza el adviento. 

Pero es que en medio de esto, y ya van para cinco años, el Papa, nuestro gran Francisco, ha querido que tengamos presente a los que nos van a preceder en el reino de los cielos: a los pobres, los de las orillas de los caminos, los que no cuentan en esta sociedad más tecnificada y sofisticada, los que fueron en algún momento y ahora no lo son tanto y a los que a lo mejor nosotros hemos apartado de nuestro camino porque no son de nuestra condición.

A eso añadimos una ciudad mágica: Asís. Esa ciudad que todavía conserva el ambiente del siglo XIII; esa ciudad que todavía respira compromiso evangélico; esa ciudad en la que correteaban los ricos que al contacto con los pobres han sido evangelizados por estos, y que se llamaba Francisco, como el Papa. Si es que, nunca mejor dicho, los caminos del Señor son inescrutables, irrefutables y , a veces, difíciles de seguir.

El Papa vuelve a Asís este fin de semana. Vuelve a hablar, aplaudir, y a reivindicar el papel de los pobres en este mundo: Dichosos los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos. ¡Y nosotros preocupados por el desabastecimiento que algunos vaticinan para los tiempos que estamos viviendo, como si fuera el fin del mundo!. Está claro que el Reino de un tal Jesús, no es de este mundo.

Dice el lema de Asís de este año, que "los pobres los tienen con ustedes todos los días" y ¡cuánta verdad!. El pobre, el que nada tiene, el que no tiene nada que perder, el que no está apegado a los bienes de esta tierra, es el que más comparte, discute y defiende la verdad. Porque tiene claro que la verdad nos hace libres.

El cielo, la tierra, los enseres... pasarán, pero como dice el evangelio de este fin de semana, mis palabras no pasarán. Por desgracia sigue habiendo pobres; por desgracia sigue habiendo unos pocos que siguen apoderándose de aquello que le pertenece a otros y que entre todos podeos formar una gran familia. Por desgracia el mundo sigue estando mal repartido, pero porque nosotros no queremos que se reparta de una forma mejor. Jesús sigue gritando a los cuatro vientos, que dichosos son los pobres, los humildes, los sencillos, los agradecidos, los que no tienen el corazón ocupado de banalidades de la vida.

Por ello decía que no me desagradaba el mes de noviembre. Empezar el mes de noviembre es oler a pobre, a sencillez, a no acaparar más de lo que realmente tenemos que tener. Noviembre no es el mes solamente de los difuntos y de olor a flores de cementerio. Es, también, el mes de la esperanza. Es el mes de que las cosas pueden ir a mejor. Es el mes del camino que comenzamos de comunión, participación y misión. Es el mes de salir a los caminos, (como lo de la parábola que los invitados no fueron y el duelo invitó a los que nadie contaba con ellos) y ofertar esa Iglesia que sea más fiel al evangelio que Jesús quiere. Y esa Iglesia empieza por la pobreza, por el testimonio y por la entrega.

Amigos: hagamos de nuestro lugar de residencia un pequeño Asís, un lugar donde nos acordemos de los que no tienen nada, que nos acordemos de aquellos que aún no teniendo, son capaces de compartir lo que son: su persona. ¡Qué maravilla!

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 5 de noviembre de 2021

ME GUSTA ESTA IGLESIA QUE FALLA Y PIDE PERDÓN




 

Este fin de semana celebramos el día de la Iglesia Diocesana. Si en cada Diócesis se celebra lo mismo, luego es como celebrar el día de la Iglesia, el día de todas las Iglesias del mundo en una sola. Mucho se ha escrito, se sigue escribiendo sobre la Iglesia. Muchos son los enlaces que hay sobre ella y con matices y carismas muy diversos: según creamos en alguno de ellos, diremos que tienen razón. Pero también es verdad que pensamos que la Iglesia tiene tinte exclusivo de mitra, anillo, palacio arzobispal, báculo, bonete, nombramiento de y en  cónclave, soplo del Espíritu, etc... 

Y yo, que soy Iglesia, resulta que no he tenido nada de ello. Simplemente he tenido unos padres que por propia convicción me han llevado un día a una pila bautismal y a partir de ese momento formo parte de ese maravilloso mundo que llamamos Iglesia. Una Iglesia, la mía y la de muchos que son como yo, que se equivoca (bendita equivocación), que falla, que no sacamos cartas pastorales ni escribimos encíclicas; una iglesia, la mía, que atiende a las colas del hambre independientemente de cómo los que están en la cola le llamen al Dios en el que todos creemos; una iglesia, la mía, que saluda, conversa, anima y llora con los que se acercan todos los fines de semana a celebrar una fe, que algunos llaman la fe del carbonero, que es la que está - en muchos casos - manteniendo las puertas abiertas de nuestros templos.

Mi Iglesia es la que quiero que se identifique con la pobre viuda del evangelio de este fin de semana que no echa en el cepillo de lo que le sobra, sino que echa lo que tiene para compartir con los que no tienen. Mi Iglesia es la que quiero que se identifique con la humildad de quien nació pobre y humilde en un lugar cualquiera llamado Casa del Pan, o Belén. Mi Iglesia es la que se debe identificar con aquellos que buscan lo mejor para los suyos y huyen de sus lugares de origen por no ser seguros. Muchos quedan en el intento y su ahogamiento sirve de fuerza a los que vienen atrás.

Mi Iglesia es la que está compuesta por personas que cometen errores y fallos. Es la compuesta por aquellos que equivocan su vocación de servicio, con la tiranía y el abuso hacia los débiles e indefensos; Mi iglesia es la que cuando anunció  la buena noticia a quienes no la conocían, se equivocó imponiendo la cruz que es servicio, con la espada que mata.

Pero mi Iglesia es la que también pide perdón. Reconocer el pecado, el error y pedir perdón por ello, es signo de sinceridad, honradez, y buen hacer. Esa es la grandeza de mi Iglesia, de nuestra Iglesia y cuya fiesta queremos reconocer este fin de semana. No es mi Iglesia, es nuestra Iglesia a la que el Papa Francisco invita a caminar juntos. Nos invita a un Sínodo. 

Cuando los seguidores de un equipo de fútbol inglés (del Liverpool) le cantan a su equipo "nunca caminarás solo", me acuerdo de nuestra Iglesia. Nunca, a pesar de las imperfecciones, fallos y pecados , caminaremos solos. Siempre tendremos al Maestro que nos ayude.

Por eso en nuestra Iglesia tienen que tener cabida todos los que actúan de buena fe: los de mitra y los de sin ella, hombres y mujeres que tienen que tener la responsabilidad y valía que le atesora su propia fe y conocimiento. Me gustaría que nuestra Iglesia sea una Iglesia abierta, acogedora, casi de calor maternal que acaricia y abraza como una madre a un hijo, pero también que corrige y reprocha cuando hacemos las cosas mal.

Nunca la juzguemos sin conocer. Te quiero Iglesia y quiero caminar contigo. Camina con los signos de los tiempos. Abre los brazos como el padre de la parábola a tantos hijos e hijas que no han comido otra cosa que algarrobas. Quiere a los que tienen el amor como bandera, sea cual sea su signo y color, porque no nos olvidemos que Dios es amor.

Felicidades Iglesia, entre otras cosas, por pedir perdón

 

Hasta la próxima

Paco Mira