viernes, 26 de agosto de 2016

UFF. OJO CON LAS FALTAS DE ORTOGRAFÍA: HUMILDAD SE ESCRIBE CON " H "

UFF. OJO CON LAS FALTAS DE ORTOGRAFÍA: HUMILDAD SE ESCRIBE CON " H "

Si nos damos cuenta, la vida es como un libro. " Es como ", no. Es un libro, en el que vamos escribiendo cada día que nos levantamos y nos acostamos. Cada uno va escribiendo su propio libro, hecho por él, animado por los que le rodean, condicionado por lo que le va sucediendo en la vida de cada día, con sus alegrías y sus penas, con sus lágrimas y sus sonrisas, con sus achaques y sus largas caminatas que nos hacen contemplar puestas de sol y amaneceres maravillosos. Aunque nos cueste, ¡que bello es ese libro!.

Pero vivimos en una sociedad y como tal, el libro no es individual, aunque aparezca nuestro nombre, sino que es un libro en el que compartimos un montón de cosas. Un libro que desde pequeñitos nos enseñan a leer y a escribir y a escribir procurando no tener faltas de ortografía. Cada falta de ortografía no deja de ser un borrón en la escritura y lo más probable que algún daño haga.

Este fin de semana, Jesús nos enseña una palabra y nos enseña cómo se escribe (Lc , 14,1), y además es una palabra que la solemos emplear con mucha frecuencia: Humildad. Una palabra que hay que aplicarla al libro de nuestra vida diaria. Aplicarla en nuestras comunidades parroquiales: en los grupos de catequistas: ¡cuántos hay que no dejan hueco a las nuevas generaciones!, ¡cuántos hay que siempre escogen a los niños, procurando que sean los mejores!. Aplicarla a los grupos de liturgia: hay gente que siempre quiere leer, gente que siempre tiene que llevar las ofrendas.... y se olvidan que "cuando te inviten a una boda, no te sientes en el asiento principal". Aplicarla a nuestros pastores, que sepan reconocer los errores, que sepan admitir que se equivocan y sobre todo que el ser cura no es síntoma de verdad absoluta. Aplicarla a nuestros dirigentes religiosos, Obispos, cardenales.... que la sencillez de palabra y de obra, que los gestos diarios, son símbolos de una buena escritura de la palabra humildad. Creo que el Papa Francisco la aprendió y la está enseñando.

Me gustaría que la palabra también la escribieran nuestros políticos con h, con corrección. Cuando hace dos años Aylan era recogido de una playa sin vida; cuando el otro día un niño con la cara ensangrentada esperaba en una ambulancia...; cuando la gente sigue saltando la valla en Melilla; cuando sigue habiendo colas en los comedores sociales; cuando caritas cada día atiende a más personas, cuando hay gente que no está llegando a fin de mes.... me he dado cuenta que no estamos escribiendo bien, que cometemos un montón de faltas de ortografía y entre ellas, la palabra humildad.

Estoy por asegurar que si siguiéramos los consejos que Jesús propone en el evangelio de este domingo, estaríamos escribiendo en condiciones la

escritura de la vida. A veces pensamos que el cristianismo es una religión de super-héroes y es todo lo contrario: es una religión de gente sencilla, que tiene que procurar no sentarse en los primeros bancos, que tiene que cuando se hace algo por convencimiento no hay que llamar a la prensa para que lo publique.

Si nos damos cuenta, ¡ qué dificil es ser sencillos, mansos y humildes de corazón!. ¡Qué difícil es renunciar a los premios que nos dan en favor de otros!. Esta semana estaba en La Palma y en un sorteo uno de los que iba con nosotros le tocaron - casualidades - dos premios en dos números diferentes. Palabras del amigo: "que vuelvan a sortear para que le toque a otro porque yo ya tengo un premio".

¿Cómo escribimos nosotros la palabra humildad?

Hasta la próxima


Paco Mira

viernes, 19 de agosto de 2016

ES HORA DE CAMBIO, INCLUSO PARA LOS CURAS

ES HORA DE CAMBIO, INCLUSO PARA LOS CURAS
Es curioso como en ciertas momentos de la vida, procuramos cambiar, cambiar hasta de imagen: ¡quien no va a una boda y se compra ropa!, ¡quién no va de viaje y se compra ropa!, ¡ quien no va de vacaciones... e incluso la ropa de las vacaciones del año pasado, ya no sirven!. Da la impresión como que necesitamos cambiar algo en nosotros que nos haga diferentes, que nos identifique con la nueva situación que vamos a vivir y sin embargo, nosotros somos los mismos. Curioso
Pero me da la impresión que esto nos sucede, porque vivimos en el primer mundo. El que no tiene opción de plantearse las preguntas del viaje, de la boda, de las vacaciones.... las tiendas las mira de pasada, quizás con una cierta envidia sana, quizás pensando en que podría estar dentro de la tienda... pero continúa de largo, siendo él mismo y pensando lo que puede comer mañana pero no la ropa que se pondrá para la comida.
El evangelio de esta semana, es curioso que nos invita a ciertas estrecheces. Incluso nos invita a apretarnos el cinturón un poco más. Y si nos miramos en el espejo, lo más probable es que a muchos nos haga falta para que nos cierren los pantalones. Jesús (Lc 13,22), nos invita a estrecharnos, "procuren pasar por la puerta estrecha" . En la vida no es lo más apetecible. Muchos pensarán que el gobierno bastante nos aprieta para que encima el evangelio nos apure un poquito más.
Sin embargo no podemos quedarnos quietos ante las situaciones que la vida nos ofrece, de una manera o de otra. Creo que vivimos, a nivel de fe, en una situación de demasiada comodidad; en una situación en la que la vida del que tengo al lado me importa lo justo y necesario como para decir, no es mi problema, bastante tengo con lo mío. Dice el propio Jesús que cuando toquemos en la puerta, el dueño de la casa dirá que no nos conoce. Pondremos una cara como diciendo, pero bueno si lo conozco de toda la vida.
Lo más probable es que nosotros vamos a misa y cumplimos con el precepto; lo más probable es que recemos el rosario con mucha frecuencia; lo más probable es que muchos recen el oficio divino, la liturgia de la Iglesia y... creemos que lo tenemos todo conseguido... vivimos en la seguridad del deber cumplido.
En este mes en que muchos de nuestros curas cambian de destino parroquial, es bueno vivir en la inestabilidad. En estar siempre atentos a las circunstancias de los pueblos y comunidades que nos toca pastorear. Es bueno no vivir siempre en la comunidad en la que llevo toda la vida. Es bueno que se oxigenen ellos y las comunidades. Me gustaría felicitar a todos los que se quedan porque llevan poco tiempo, a los que se van porque llevan mucho tiempo, a  todos porque quieren vivir  en la inestabilidad que nos da la incertidumbre de las estrecheces de la vida.
Me gustaría que todas las comunidades se alegraran de los cambios, que se queden con las ganas de más de quien les ha dado todo por el evangelio y que acojan al que llegue para que no se sienta solo y desvalido. Es una forma de que el dueño de la casa nos abra la puerta y no nos diga que no nos conoce.
El cristiano tiene que tener un punto de diferencia en relación a los demás; el cristiano tiene que tener un punto por el que se le distinga en su vida y en sus relaciones diarias.  Sin duda el pasar por al puerta estrecha no es pasar penalidades, sino tener ese toque que nos diferencia, nos distingue y nos identifica. Cada uno sabrá cual es el que le corresponde. Jesús sabía el suyo, pero nosotros, ¿lo sabemos?
Hasta la próxima 
Paco Mira



viernes, 12 de agosto de 2016

MARÍA: MUJER AL SERVICIO (DIACONÍA), NO MUJER DE SERVICIO (ESCLAVITUD)



El otro día, haciendo eso que llaman zaping, en la tele, había una gala para la elección de una mis. Una de las preguntas que le hicieron fue, ¿por qué personaje histórico femenino sientes admiración?. La candidata, sin dudarlo un instante, dijo: por mi madre. Me gustó la respuesta porque lo más probable es todos hicieran un recorrido por la imaginación de cada uno con la intención de encontrar a alguna mujer que nos marcara por algún lado.

Este fin de semana, el mensaje de Jesús da para mucho. Empieza diciendo que traerá fuego a la tierra y que ojala que estuviera ya ardiendo (Lucas 12,45). Sin hacer un chiste fácil, lejos de mi intención, no quiero pensar cómo caerá este evangelio en la isla bonita, en La Palma. Claro: entiendo y creo que no podemos aplicar la literalidad del texto. El fuego se refiere a la buena noticia, a eso que llamamos Evangelio.

¡Cuántas veces en una familia decimos: "si quieres que nos llevemos bien, prohibido hablar de política y de religión"!. Me resulta curioso que el fuego que Jesús trae, sigue estando vigente veinte siglos más tarde. Sigue siendo piedra de toque, de discordia, de enemistad por desgracia en muchos de los casos y encima caemos en la trampa de no comentar o dialogar para no discutir.

Sin embargo, vuelvo al concurso de mis, del principio, y el lunes vuelvo a sentir admiración por mi madre en la fe, por María. Ahora que el Papa ha convocado una comisión para estudiar la posibilidad de que las mujeres puedan ser diaconisas, me da la impresión que estamos poniendo el acento en esto último, pero no en el significado de la palabra y que muchas mujeres y hombres llevan haciendo sin la necesidad de que ningún Papa convoque a ninguna comisión para estudiar nada.

Eso que el evangelio del domingo denomina como fuego, a lo largo de la historia, ha habido infinidad de mujeres y hombres que han entendido que el mensaje de Jesús es un mensaje de servicio, de diaconía, de humildad, de entrega, de generosidad... y creo que María cumple con todos esos requisitos.

Otra cosa es que el servicio lo hayamos entendido como una esclavitud, como una imposición, como una diferencia de clases y en eso... es verdad que la sociedad no ha entendido en su justa medida el papel del hombre y de la mujer. Y cuando hablo de sociedad incluyo a mi querida Iglesia. Muchas veces por ignorancia y otras por diferencia clasista a la mujer, en nuestra Iglesia, no se le ha dado el papel que le corresponde.

El otro día hablando con una chica comprometida eclesialmente, me decía, Paco, lo que menos me importa es que me den una imposición de manos, sino que valoren el esfuerzo, el trabajo, el tesón que pongo en cada uno de los actos y gestos que hago.


Es verdad. Me pongo a pensar en asilos, en residencias, en atenciones a dependientes, en hospitales, catequistas... la cantidad de mujeres que en nombre del evangelio, de ese fuego que quema y abrasa, que trabajan y me quito - si lo llevase - el sombrero. Cuando veo que desde la teología hay mujeres que tienen ya su sitio ganado, en el ámbito musical, en el ámbito de la oración... me vuelvo a quitar el sombrero. ¡cuánto y qué maravilloso servicio de diaconía no ordenada existe en mi Iglesia!. Ojo esa Iglesia que es santa y que también comete pecados, pero ojo... no podemos estar siempre mirando hacia atrás, porque podemos tropezar con la piedra de adelante.

Solo se puede servir desde la humildad, desde la sencillez. No nos olvidemos que Jesús lavó los pies, seguro, de rodillas. No como gesto de humillación, sino de servicio y este con alegría. Por eso María es una mujer al servicio ( diaconisa) de la buena noticia, no una mujer de servicio que por un dinero hace una labor

No hay mejor diaconía - masculina o femenina - que la que parte de la sencillez y de la humildad y María es el mejor ejemplo.

Hasta la próxima


Paco Mira

viernes, 5 de agosto de 2016

SEGURO QUE SON MÁS DE MILLÓN Y MEDIO Y TIENEN LAS VELAS ENCENDIDAS

SEGURO QUE SON MÁS DE MILLÓN Y MEDIO Y TIENEN LAS VELAS ENCENDIDAS

Con motivo de la JMJ, alguien me comentaba, "Paco, más de un millón y medio de jóvenes, en Polonia, pero en nuestras parroquias, ¿dónde están?". Es verdad. Me he quedado con
la pregunta y la traslado a todos aquellos que crean que tienen la respuesta. Es verdad que no sólo eran jóvenes los que allí estaban pero seguro que todos tenían un espíritu que les hacía retroceder en años y que han vuelto con las pilas del corazón, del entusiasmo, de las ganas, de la ilusión... no solamente cargadas, sino con ganas de comerse el mundo.

Personalmente creo que este Papa se lo curra. Creo que este Papa, no siendo un gran músico como Benedicto, sabe tocar la nota adecuada, en el pentagrama oportuno, en el auditorio conveniente y ante un aforo que espera escuchar la melodía perfecta. Bergoglio, sabe que la esperanza no está en él (no se si estaré en Panamá, pero sí estará Pedro), sino que la esperanza está en los que vienen empujando, en los jóvenes, en aquellos a los que se les brinda un futuro incierto, pero un futuro que está en sus manos para poder cambiarlo.

Un futuro que pasa por no estar metidos en la droga del sofá, ni en buscar pokemons por las calles de nuestras ciudades. Un futuro que no pasa por no luchar por un mundo más justo, por decir lo que se piensa con sensatez de la política, por depositar un voto que valga un futuro, que dentro de lo posible, nos pueda parecer lo más justo posible. Un futuro que tiene un nombre: fraternidad. Francisco lo sabe y por eso lo proclama.

Un futuro que lo más probable que esté relacionado con el evangelio de este fin de semana: estén con las velas encendidas y con la cintura ceñida (Lc 12, 35). Y esto es lo más complicado de la labor juvenil. Concientizar de lo que realmente vale la pena, que el sofá nos da la comodidad suficiente como para convertirnos en generaciones de ninis, es decir, de gente que con un futuro maravilloso por delante no son capaces de decirle al mundo que tienen ganas de comérselo.

Dios está en la calle, el evangelio está en las orillas de los caminos. Dios camina con los jóvenes que se ilusionan con su proyecto, con su estilo de vida, con su forma de ver el mundo. Seguro que en Polonia han cargado pilas; seguro que en Polonia habría cerca de dos millones de jóvenes, pero también no es menos cierto que ellos ahora son los que tienen que estar atentos y alerta, porque cuando menos lo esperemos llega el novio y nos invita al banquete.

Quiero creer que muchos pensarán que hacen todo lo que pueden, sin embargo creo que se puede hacer más. De nosotros los mayores solo nos queda apoyarles, animarles, decirles que contamos con ellos, decirles que nosotros, en su momento, también hemos iniciado el mismo camino que ellos. Quizás no fuimos a Méjico, ni a Santiago, ni a Madrid, ni a Polonia, pero aquí estamos y muchos continuamos.

Me ha maravillado las ganas con las que muchos se han ido. Me ha maravillado la tristeza con la que muchos han vuelto. Seguro que ha habido amigos en distinta lengua; el corazón, en muchos, habrá latido de forma especial y ha hablado el mismo idioma; los correos, los wass,... han llenado las agendas de muchos, pero no nos olvidemos que no sabemos el día ni la hora y por ello merece la pena seguir en alerta.

No nos olvidemos que la fe es seguridad de lo que se espera, dirá la Carta a los Hebreos, luego ¿cuáles son mis razones para creer en Dios?. ¿Qué razones les doy a los demás?

Animo, no solo a los que pasan del millón y medio, sino a todos incluidos los veteranos.

Hasta la próxima


Paco Mira

viernes, 29 de julio de 2016

EL MARTIRIO TIENE QUE, COMO MÍNIMO, MANTENER LA FE, ANTES Y DESPUÉS DE POLONIA

EL MARTIRIO TIENE QUE, COMO MÍNIMO, MANTENER LA FE, ANTES Y DESPUÉS DE POLONIA

La grandeza de la vida, es que es lo suficientemente grande como para descolocarte y trastocar los planes que tenías previstos para un momento determinado. Aquello de que el hombre propone y Dios dispone, cada vez resulta más evidente. Esta semana mi idea de compartir la reflexión quería que fuera por unos derroteros, sin embargo, los acontecimientos, la historia, la propia vida me conduce a compartir otros. Bien es cierto que no han de diferir mucho de lo que tenía pensado.

La semana pasada hablábamos de un mártir, Santiago. Hace quince días de ochenta y cuatro en Niza, no hace mucho, de nueve en Munich... Hoy quiero hacer mención de otro, en Normandía. Quiero rendir mi pequeño, gran, homenaje a Jacques Hamel. Y se lo quiero rendir por varias razones: por llevar el evangelio consigo y compartirlo; por llevar el compromiso de su fe echando una mano en una parroquia que lo necesitaba; porque a sus
ochenta y cuatro años, todavía tenía la necesidad de anunciar que Jesús, el mártir por excelencia, sigue vivo y él, cuando en francés dijo que en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu para comenzar la eucaristía, no sabía que él iba a inscribir su nombre en el Reino de los elegidos.


Me huele que, por desgracia, no va a ser el último mártir. Esta semana el Papa, nuestro Papa, está en Polonia. Les confieso que a mí las multitudes no me atraen en exceso, y en materia de fe, tampoco mucho. Y no me atraen mucho porque parece que son voladores para una fiesta que cuando se les va el ruido nos quedamos como estamos. Dice él que estamos en guerra, pero no de religión.

No nos olvidemos que antes de la JMJ de Polonia, había fe y mucha; no nos olvidemos que antes de la JMJ de Polonia había muchos jóvenes que compartían y afirmaban su fe en Jesús de Nazaret; no nos olvidemos que antes de la JMJ de Polonia el evangelio tenía su vigencia. Pero tampoco nos olvidemos que después de la JMJ de Polonia tiene que seguir habiendo el mismo entusiasmo, con o sin el Papa, seguir anunciando el evangelio con o sin el Papa; compartir la fe con otros, con o sin el Papa. Me da la impresión que a veces el encuentro con el Papa hace subir la adrenalina y cuando se cierra el telón nos quedamos los que estábamos.

Este fin de semana el Papa, también estará de fiesta. Ignacio de Loyola su santo, su patrón jesuita, marca la fecha en el calendario. Ojala que el ejemplo de muchos que nos preceden en la fe, sean el estímulo para continuar adelante, sin necesidad (a veces) de tener que hacer un encuentro para insuflar aire a las "gomas de la fe" que estaban desinfladas.

Pero para ello hay que partir de la humildad. Todo lo que no tenga que ver con lo esencial no será más que "vanidad de vanidades". ¡Cuántas veces ponemos nuestra confianza en lo que no tiene fundamento!. Por ello el evangelio de esta semana nos recordará que no hay que atesorar más riquezas que las necesarias, porque en el fondo todo es efímero, todo es pasajero. Quizás lo que tenemos normalmente no nos deja ver lo esencial.

Ojala que la sangre de los mártires sea la que el mundo necesita, no por obligación sino por testimonio y ejemplo y acabar con las injusticias. Ojala que el ejemplo de Jacques y de otros tantos como él, sea el ejemplo de muchos que en la vida entregan lo más esencial en el testimonio y en la verdad. Ojala que el encuentro de Polonia, sea el revulsivo de muchos jóvenes, pero que no sea el final de la meta de muchos jóvenes. Ojala que no haya que volver a hablar de mártires.

Hasta la próxima


Paco Mira

viernes, 22 de julio de 2016

SANTIAGO ENTRE UNA CERVECITA Y EL TE MORUNO

SANTIAGO ENTRE UNA CERVECITA Y EL TE MORUNO
Si llego a comenzar estas letras hablando de matamoros, lo más probable que cometiera dos errores (creo que subsanado al menos uno de ellos): hablar de un personaje - quizás un tanto siniestro - que entretiene las tardes de unos cuantos españoles aburridos, hastiados, sin saber que hacer, sin ganas de dormir la siesta, que se dedica a despotricar de otros, de sus interioridades... y encima cobra por ello, o bien podría aplicar a Santiago, el de hace dos mil años, como el "matamoros" de turno. Este es el aspecto que creo que ya está subsanado, porque entiendo que es una imagen que no se corresponde con la realidad.
Sin embargo esta reflexión parece que me quiere llevar al "eterno problema" de los hermanos islámicos. Y digo que parece que me quiere llevar por que uno no puede eximirse de los últimos acontecimientos que hemos vivido y de los que estamos viviendo desde hace un tiempo: Niza, Alemania, Bélgica, Francia... y tantos y tantos que día a día y sin salir en los medios de comunicación social, suceden en los países que precisamente se declaran islámicos.
Comenzaba diciendo que Santiago estaría hoy entre una cervecita y un te moruno; estaría en una mesa de diálogo entre quienes la religión parece ser un obstáculo y quienes quieren vivir al margen de infinidad de prejuicios; estaría en una terracita con el vaso en la mano en un diálogo amable, afectuoso... o entrando en una mezquita para rendir cuentas a una hora del día de aquello que hizo y quiere compartir.
Santiago no es matamoros. Santiago es un testigo de la fe, sin etiquetas, que nos invita a testimoniar aquello que creemos. Santiago no es una imagen de escayola a la que le encendemos una vela para tranquilizar conciencias en un momento dado. Santiago es el testigo que quema su vida como ejemplo de lo que merece la pena, nunca para ponerse por encima enarbolando una bandera que no le corresponde y haciéndose acreedor de la vida de otros.
Santiago es el que marca el camino, quizás desde varias direcciones, pero que todas las sendas llegan a la misma meta. Santiago es el que en un momento dado deja todo lo que tiene, se olvida de sí mismo como pescador y se pone a echar las redes para lo que realmente merece la pena. No es el que impone el criterio a seguir por encima de aquello que no tiene que ser.
Santiago es el que desde el convencimiento a lo que ha conocido y que merece la pena, es capaz de proclamar "padre nuestro", sea del país que sea y en el idioma que sea. Simplemente reconoce en público al autor del que da sentido a su vida, llámese Dios o Alá. Sencillamente, padre nuestro.
¡cuántas veces vamos a un lugar a pedir algo y decimos, pide que el no ya lo tienes!. Santiago siempre tuvo la certeza que el no, no entraba en el vocabulario de quien se lo tenía que conceder. Supo pedir, y por ello se le ha
concedido. Quizás nosotros no sabemos pedir, a veces exigimos y la exigencia no es una buena consejera. La humildad quizás sea la tecla que nos falta a muchos, incluidos los que tienen en su mano la posibilidad de hacer realidad aquello que solicitamos.
"No nos dejes caer en la tentación" del odio, de la venganza. Sí es verdad que la realidad no nos deja pensar en frío, pero seguro que el ojo por ojo y el diente por diente, pertenece al Antiguo Testamento y , amigos, ya Jesús ha venido y estamos en el Nuevo Testamento, " Maestro, ¿cuántas veces tengo que perdonar?". Ufff, en Niza, Bélgica.... la tira.
Ojala que podamos acompañar a Santiago en una terracita con una cervecita o un te moruno.
Hasta la próxima
Paco Mira

jueves, 14 de julio de 2016

SÍ, SÍ.: EN CADA PUERTO UN AMOR

SÍ, SÍ.: EN CADA PUERTO UN AMOR

Bueno, creo que todos los marineros suelen tener una "cierta mala fama",no se si de mujeriegos, o que en cada puerto donde atraca un barco suelen tener una aventura. Puede haber algo de cierto, pero también hay mucha leyenda urbana, en este caso diría que marítima. Creo y afirmo que hay marineros a los que no se les puede tildar o achacar de lo
que anteriormente he mencionado.

Este fin de semana me quiero acordar de María. De María como Madre, como esa madre y esa mujer que con la mirada fija en el horizonte, no perdida, sino inquieta de quien está preocupada, sabe mimar y tratar con ternura a todos y cada uno de los que viven de la inmensidad del océano. María es como el agua de ese mar: incontable, no medible, abarcable a todo y a todos... nunca falla, siempre está ahí, nunca se seca.

Por eso puedo afirmar que María en cada puerto tiene no un amor, un montón de amores. Un montón de hijos que cada vez que embarcan seguro que le dan un beso al escapulario, a la imagen, a la estampa, ... de una madre que le dice: " ten cuidado, yo estaré contigo, pero no te fíes". Que bonito que una madre le diga eso a sus hijos".

María es esa madre que enseña. Esa madre de la que los hijos aprendemos el comportamiento, lo que hay que saber, la nobleza, la cercanía, la amistad... no lo hace como quien erigiéndose en portavoz desgraciado de una consejería de educación en Valencia, lo único que dice son burradas que en la forma y en el contenido dejan mucho que desear.

María, siguiendo el ejemplo de su hijo Jesús, un fin de semana más, nos invita a parar, a descansar a sentarnos. Jesús va a casa de unos amigos (Lucas 10) y dos hermanas tienen una actitud distinta ante la visita. Pero las dos son receptivas, las dos quieren estar con lo importante de la vida las dos quieren estar con Jesús. El sentarse significa tener una actitud de escucha, María nos invita a escuchar en la vida, lo esencial.

Pero también María nos invita a elegir en la vida: ¡cuántas mujeres y hombres, a través de la vida religiosa, tienen a María como protectora!. ¡Cuántos carmelitas y cuantas carmelitas!. Que bueno que María suscite, invite a seguirle en ese camino. El mundo de hoy necesita espacios de vida interior, necesita mirarnos a nosotros mismos en un año de misericordia.

Me gustaría recordar también que María acoge, ayuda, consuela y fortalece a todos y cada uno de los familiares de esos hombres y mujeres que dejan su fuerza y su empeño en los mares de nuestro mundo. ¡Cuántas madres también se quedan mirando al horizonte siguiendo la estela de su hijo que ha partido!. ¡cuántas esposas se quedan en las orillas de los puertos en la espera de que su amor con el que ha decidido compartir su vida no tarde!.¡ Cuántos hijos que van creciendo en la vida sin el calor, la compañía, los besos de un

padre que para ganarse el sustento diario tiene que estar un montón de tiempo fuera de casa.

Me gustaría, hacer como María en el evangelio de este fin de semana: tener tiempo para escuchar al Padre, al que tenemos al lado, al ancianito que tenemos en casa y que por su edad nos repite las cosas ochenta millones de veces; Me gustaría no hacer como Marta que el ajetreo de la vida le lleva a no ver lo esencial de ella. Estamos demasiado saturados de noticias, de precariedad de cosas que no son importantes... y no oímos de tanto ruido lo esencial de la vida.

Marta y María son dos hermanas que podemos ser cada uno de nosotros. Felicidades a los Carmelos y a las que se llamen Carmen. Felicidades a los hombres del mar y a sus familias. No nos olvidemos de nuestra madre y digamos como ellos: Salve, Estrella de los mares

Hasta la próxima


Paco Mira