viernes, 28 de octubre de 2016

CON UN PROGRAMA TAN BUENO Y TODAVÍA SIN GOBIERNO

Creo que es un fin de semana intenso. Intenso por muchas razones: políticas, sociales por lo anterior, religiosas, de recuerdo, de felicitación a todos nosotros.... No se si con tanta celebración podremos ser lo suficientemente claros como para poder bajarnos de alguna de las higueras a las que podemos estar subidos.


¡No ha dado vueltas ni nada el estar sin gobierno!. En parte es verdad. Un país no puede estar a expensas de lo que los responsables políticos decidan en un momento determinado. Todos nosotros tenemos la necesidad de estabilizar nuestra vida, de estabilizar lo que todos creemos que tiene que ser justo, de bajarnos de la higuera de las especulaciones y empezar a trabajar en el terreno y no en lo especulativo.
Me gusta la actitud de Zaqueo. Me gusta la actitud de quien ante las dificultades busca soluciones. Me gusta la actitud de quien lo que la naturaleza no le ha dado siempre hay una posibilidad de ser mejor. Zaqueo sería bajo, Zaqueo se sube a una higuera, Zaqueo soluciona su problema. Pero es más: a los que buscan soluciones son a los que Jesús busca, llama, invita a bajarse de las higueras de la vida y a alojarse en su casa. ¡ Qué bonito!. ¡Cuántos de nosotros necesitamos bajarnos de la higuera porque Jesús nos está llamando para alojarnos en nuestra casa!

Eso se lo diría yo mis paisanos españoles, me lo digo a mí mismo: bajémonos de la higuera, seamos realistas, cedamos y busquemos soluciones, busquemos el bien común que es el bien de todos especialmente de los más pobres. Los políticos están buscando un consenso en el programa de su partido para que los españoles sean capaces de confiar en ellos. ¡qué maravilloso el programa de principios de la semana que viene!: dichos los pobres, los humildes, los sencillos, los que lloran, ....
Estoy por asegurar que si en un programa político hubiera alguno de los muchos artículos en beneficio de los más pobres, no solo ganarían por mayoría sino que la gente no quisiera que se fueran del gobierno. Ojala que los que salgan, no piensen solo en ellos; que piensen en quien representan, en quienes como Zaqueo, están expectantes, esperando una solución y la encuentran. Si eso es así es que estamos ante un Dios vivo, que camina con nosotros y que está con nosotros.

Es verdad que a principios de la semana que viene recordamos a los seres que se nos han ido. Me da la impresión que a veces somos más de flores, de lágrimas, de recuerdos, de un Dios de difuntos... más que de un Dios de vivos, de un Dios que camina con todos y cada uno de nosotros; de un Dios que acompaña a la viuda y al viudo, al padre y al hijo; de un Dios que está en lo cotidiano de la vida y que a veces lo ocultamos en la penumbra de una tumba.
Me gustaría que nosotros fuésemos cuña de quien nos pide un ejemplo a nivel cristiano. Zaqueo no creía, al contrario, era crítico con quienes lo hacían. Viendo fue capaz de creer y Jesús estuvo con él y en él. Ojala que quien nos vea a nosotros sean capaces de ver a un Zaqueo, que nos bajemos de la higuera, que seamos capaces de dar testimonio de un Dios de vivos y no de un Dios de tristeza y de muerte.
Vayamos a los cementerios, pero para decir que Dios camina con nosotros como con los discípulos de Emaús y que no lo dejemos escondido para que nadie lo vea.
Hasta la próxima
Paco Mira

NADIE PERECE. TODOS VIVEN

En la carrera tenía un profesor de sociología que siempre que teníamos clase, comenzaba la misma con la frase con la que comienzo estas líneas. Siempre la dejaba caer, como coletilla, con la sana intención de pensar de que algún día nos la aprenderíamos de memoria. Y lo consiguió.
No es fácil abstraerse del significado de la misma. Nacemos para vivir, no como algunos piensan que nacemos para morir, aunque esto sea una consecuencia de la vida misma. Solo muere lo que está vivo. Pero en esa vida, larga o corta, debemos y tenemos la obligación de convivir. Es decir que en la medida en que yo me relaciono con otros, crezco como persona y los demás crecen conmigo. Vivir y convivir suponen dos piezas claves de esta maravillosa realidad llamada vida.

Y precisamente a esa vida es a lo que nos invita el evangelio y las lecturas de este domingo. La vida ha de estar por encima de las leyes, de las normas… aunque estas nos ayuden a vivir. Los fariseos, nuestros fariseos de hoy en día; los doctores de la ley, nuestros doctores eclesiásticos y no eclesiásticos de hoy en día, temen que las normas no se cumplan, que los sacramentos no se lleven a la práctica con la necesaria ritualidad… y en el fondo lo que estamos haciendo es apagando la propia esencia de la vida, del evangelio y quizás pretendamos poner contra las cuerdas al propio Jesús de Nazaret.
Pero claro, los primeros que tenemos que creernos lo de la vida somos nosotros mismos. Ahora que vivimos momentos chungos, momentos apremiantes, momentos de escasez en muchos sentidos… quizás también vivamos momentos de desesperanza, momentos de angustia, momentos de desánimo. La vida nos tiene que invitar a la esperanza; la vida nos tiene que invitar a la ilusión, la vida nos tiene que invitar a tener ganas.

Quizás vivamos un momento en que a la fe la metemos en el trastero de nuestra vida, que la arrinconemos en la despensa del olvido y sin embargo Pablo en la carta que le dirige a la comunidad de Tesalónica les dice que el Señor les dará fuerza para anunciar su buena nueva. Tesalónica y el propio Pablo se lo creyeron. Lo malo es que nosotros tengamos duda de que nuestro Dios no es un Dios de vivos sino de muertos.
Nuestro Dios es un Dios que nos quiere como somos, con nuestras alegrías y nuestras penas, con nuestras vida saludable y nuestro dolor… porque en él se supone que superamos aquello que nos aflige. No caigamos en la tentación del ritualismo, pero tampoco caigamos en la tentación de la intransigencia. No abusemos del poder, sea cual fuere este, porque seguro que en ninguna de estas cosas hay vida, sino que hay muerte. E insisto que el nuestro es un Dios de vivos y no de muertos.
Da la impresión, por otra lado lógico, que cómo será el más allá, que qué habrá después de dar el paso que hay que dar; un paso que nadie quiere dar al
que muchos le tienen miedo, otros respeto.... Pero preocupémonos de solucionar la vida que nos ha tocado. Preocupémonos de responder a los buenos deseos, a las caricias, a los abrazos, a los besos.... que son los que hacen que la vida, sea VIDA, por eso todos vivimos más allá de la muerte ya que esta no tiene la última palabra.
Al mal tiempo buena cara. A tiempo de dificultad, de crisis, de soledad, de desgana… que se nos note que el mensaje nos ha llegado, nos ha calado, que somos capaces de discernir en tiempos de mucha broza, el verdadero grano que se siembra en tierra buena, el grano que da fruto, el grano que da vida, porque somos testigos de un Dios de vivos y no de muertos.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 21 de octubre de 2016

LA HUCHA DEL NEGRITO Y OTRAS COSAS DEL QUERER



Bien podría ser el título de una canción y además conocida, pero no. Es el querer de una realidad a la que todos estamos llamados y pocos o casi nadie proporcionalmente hablando cumplimos.

Cuando era más joven que ahora, recuerdo que en el instituto nos ofertaban unas huchas con la cara de un negrito y la hucha ponía, "colecta para el domund". Para nosotros, los chiquillos de aquella época, era un atractivo especial para quedar con los amigos y darse un paseo por la tarde poniendo la hucha delante de la gente y otro colocando en la solapa una pegatina. Esta última, servía para que no te pusieran la hucha dos veces. Nosotros, ninguno entendíamos la palabra Domund, pero pedíamos y no sabíamos por qué.
Creo, gracias a Dios, que hemos cambiado la mentalidad. Ahora el Domund, ya no es la propagación solo de la fe, sino la actitud de los que tenemos que ayudar hacia los que teniendo oportunidades no tienen con qué desarrollarlas. Los negritos no son los seres inferiores a los que contentamos con un euro, o dos, o.... no sé cuantos. Al negrito se le contenta con el ejemplo de quien dice estar convencido de su fe, la pone en practica y además da testimonio de ello.

El lema de este año es " sal de tu tierra", sal de ti mismo, sal de tu entorno y mira a tu alrededor porque en esa periferia tuya hay gente que te necesita, gente que te tiende la mano, gente que busca y quiere encontrar. Salir de la tierra de uno es lo que hacen miles y miles de emigrantes, miles y miles de refugiados que no por placer, sino por necesidad huyen en busca de quien no solo anuncia la verdad, sino que les da acogida, como lo anunció Jesús al final de sus días.
Este fin de semana Jesús nos invita a ver a dos personas rezando: un fariseo y un publicano. Los dos rezaban bien, los dos miraban al cielo, pero lo que les diferenciaba era la sinceridad del corazón. Eso es lo que también nos tiene que diferenciar a los que nos consideramos misioneros, a los que nos consideramos anunciadores de una buena noticia, que no solo pasa por una hucha, pasa por una actitud, por una forma de ser, por una manera de actuar. Salir de la tierra es mirar al cielo y decirle a nuestro Padre que nos acompañe, independientemente del color de cada uno.
La primera lectura de este fin de semana dice que no podemos ser parciales con los pobres, que el grito del pobre alcanza las nubes... y nosotros, en muchas ocasiones no es que estemos sordos, nos hacemos los sordos. No es evangélico que el sufrimiento del hermano no sea el mío. Con razón no creemos tanto en las clases dirigentes pues lo más probable es que su dolor no sea el del pobre y el oprimido.
Pero al mismo tiempo, en las cosas esas del querer, está el querer celebrar una fiesta, el querer vestirnos con los mejores trajes, el querer juntarnos y compartir aquello que sentimos y apreciamos. Juntos hacemos camino y el camino se hace al andar, porque no nos olvidemos que caminante no hay camino en solitario.

Este fin de semana empiezan las fiestas en nuestro pueblo. La fiesta es el sentir apreciar la unión, la elegancia de poder disfrutar en armonía lo que nos une y acompaña. Rafael, medicina de Dios. Rafael aquel que en el camino de la vida se encuentra con todos y cada uno de nosotros para acompañarnos en el devenir de cada día. Los hombres necesitamos del encuentro, de la amistad de las ganas y sin duda la fiesta es una oportunidad para poder conseguirlo.
Que vivamos la fiesta con sinceridad. Que la fiesta, el pueblo sea el punto de encuentro. Que la fiesta sea el lugar donde pongamos delante de Rafael nuestros anhelos y deseos, nuestra pequeñez y nuestra miseria humana. Sin duda si así lo hacemos saldremos curados.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 14 de octubre de 2016

DIOS NO SE CANSA DEL CARBONERO


Este fin de semana, la Palabra de Dios, Jesús, nos invita a algo que en nuestro mundo no se estila mucho: a la paciencia. Y digo que no se estila mucho, porque la vertiginosidad de nuestra sociedad nos lleva a lo inmediato, a lo rápido, a lo que se pueda ver y tocar en un solo momento. Es curioso que hasta el "abre fácil" me parece complicado y nos cabreamos porque no nos abre en el tiempo y forma. Los cafés, aunque algunos los sigan pidiendo hirviendo, otros llegan al camarero con el que tienen confianza y le dicen " no me lo calientes mucho, que me voy ya".

¡Qué poco nos gusta saborear lo bueno: esos paisajes que la naturaleza (Dios) nos ofrece; esos ratos sin prisas de compañías agradables; esas conversaciones con personas solas, sin nadie que les escuche y que no tengamos prisas...! Me gustaría que cada uno dejara de leer la carta un momento y piense en uno de esos ratitos. Dicho y hecho, ¡qué pena que no los tengamos!.
En la vida y en las de las parroquias también, en más de una ocasión exclamamos: ¡"ya está bien, me he cansado y tiro la toalla!". En definitiva que ante ciertas situaciones no tenemos la paciencia suficiente y no aguantamos más, tiramos la toalla, damos - a veces - un espantón o una mala contestación y hasta la próxima y que venga otro porque esto yo no lo aguanto.
Por eso el evangelio de este fin de semana nos invita a la paciencia. Es curioso como Pablo, cuando le escribe a su amito Timoteo, un amigo que también lo está pasando mal, un amigo que predica en un lugar donde se da de todo menos la fe, le dice: ten paciencia, insiste a tiempo y a destiempo, si hace falta también reprocha....¡ay nosotros si nos reprenden!. Nuestra sociedad está a la que salta y quizás no esté para ciertos consejos.
Hoy que queremos dar solución para muchas cosas; hoy que queremos ser maestros de mucho y no dejar que nos den un consejo... estamos perdiendo - los cristianos al menos - la posibilidad de centrarnos en hablar con nuestro Padre Dios. Estamos perdiendo no la posibilidad de masticar oraciones, sino de ponernos cara a cara con nuestro Padre, para que él nos diga lo que tenemos que hacer en cada momento.
Nuestros mayores, quizás no sabían mucho de pedagogía, de teología, de... grandes conocimientos... pero sí tenían eso que llamamos la fe del carbonero: esa fe humilde, sencilla, sincera, honrada... que se equivoca, pero que tiene la capacidad de rectificar, pedir perdón y salir adelante. Esa fe no rebuscada, pero una fe que se hereda y no se olvida. Una fe de rezo por la noche, (quizás contando las esquinas de mi cama) de presignarse al salir de casa, de agradecer el alimento que al almuerzo nos ha tocado, de oración ante un difunto, de respeto en una procesión, ....
Por eso hoy el evangelio (Lucas 18,1), nos pregunta si cuando venga el Hijo del Hombre, encontrará fe en la tierra. Como diría el Quijote a su fiel escudero Sancho, "cual largo me lo fiáis, amigo Sancho". A veces nuestras
comunidades son islas en medio de un océano y me ha gustado que en el libro del Exodo a Moisés le ponen piedras debajo del brazo, le ayudan a que no decaiga en su labor.
No perdamos la paciencia. Seamos capaces de, como mínimo, tener la fe del carbonero. Seamos alegres en el devenir de nuestra fe, que seamos contagiosos. Este fin de semana recordábamos a la gran Teresa de Jesús, maestra de espiritualidad y maestra de oración. Una mujer que no lo tuvo nada fácil, pero que a base de tesón y constancia, fue capaz de salir adelante. Quizá con paciencia, con entusiasmo y con energía, fue capaz de salir adelante.
¿Como andamos de paciencia?
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 7 de octubre de 2016

ENTRE, BUSQUE, COMPARE Y.... SI ENCUENTRA ALGO MEJOR,.... ¡CÓMPRELO!

Creo que a nadie se le escapa que las grandes empresas le deben su éxito a los equipos de marketing. Es decir aquellas personas que con su campaña, su difusión, logran aumentar las ventas en una determinada empresa. Y les aseguro que muchas - sobre todo grandes almacenes - lo consiguen y me imagino que el sueldo de esos equipos han de ser suculento.



Casi siempre son frases, textos cortos, situaciones de la vida comunes.... en los que nos vemos reflejados y con ello las grandes empresas lanzan su campaña. Son frases cuyo impacto es tan grande que luego en cualquier momento de nuestro quehacer diario hasta lo repetimos. Es lo que se pretende.

Se preguntarán a qué viene esto y me trae el recuerdo el evangelio de esta semana en el que Jesús se encuentra con diez leprosos, no uno, diez. Leprosos que buscan que Jesús les de lo que otros - quizás los médicos de entonces - no son capaces de darles. Buscan curación y saben que Jesús se la va a dar. Pero casualidades de la vida, de los diez, nueve no vuelven para ser agradecidos, para por lo menos y con educación decirle a quien les ha curado: ¡oye, gracias por lo que hiciste con nosotros!. Si es que dice uno de nuestros refranes que " de desagradecidos está el mundo lleno".

Me imagino que Jesús habrá pensado en este refrán y creo que dos mil años más tarde seguimos en la misma tesitura y me preocupa que no hayamos evolucionado nada o quizás muy poquito: ¡cuántos de nuestros matrimonios comparten - una vez casados por la Iglesia - nuestras eucaristías!.
¡cuántos de nuestros padres a los que obligamos a asistir por lo menos cuando sus hijos están en el proceso, se quedan una vez que éstos lo terminan!. ¡cuántos niños que reciben a Jesús por primera vez continúan luego con nosotros!, etc... podríamos seguir y me viene a la mente el pasaje de Lucas 17,11: diez leprosos han conseguido lo que querían y hasta luego, casi como en nuestras comunidades: consiguen lo que quieren y hasta luego.

Sin embargo me quedo con la enseñanza de Jesús. El pregunta por los nueve que se han ido, pero se centra en el que ha quedado. Vivimos en una sociedad complicada, en una sociedad que se me antoja confusa, en una sociedad donde la variedad de ofertas incluso religiosas, cada vez son mayores quizás con la pretensión de dar respuesta a lo que la gente pide; nuestro querido Papa Francisco nos dice que salgamos a las periferias, que olamos a oveja.... pero creo que Jesús, este domingo, nos invita a no descuidar y perder lo que tenemos dentro.

Me da la impresión a veces que nos hemos convertido en supermercados de productos religiosos, en estaciones de servicio de 24 horas para aquellos que cuando se les antoje, puedan ser atendidos... y nos estamos olvidando que dentro queda gente que hay que intentar que no se vaya. Creo

también que muchos de los que se han ido han vuelto a tocar en la puerta y nosotros muy seguros de nosotros mismos les hemos dado la espalda, porque como al leproso del evangelio nuestra fe no nos ha salvado, sino ha servido para que otros no puedan fijarse en nosotros.

Quiero creer que nuestra fe es la mejor que tenemos, pero que a veces nos cierra el corazón y los ojos hacia realidades de limpieza, de quitarnos la lepra que llevamos encima, de nuestra carne, pensamientos, actitudes corrompidas por el egoísmo de sentirnos los únicos.

No se si en nuestra querida Iglesia tendría que haber un equipo de marketing. Quizás el mejor equipo seamos nosotros mismos y si no conseguimos lo que queremos es que estamos fallando.

¿Nos analizamos un poquito?

Hasta la próxima


Paco Mira

viernes, 30 de septiembre de 2016

JESÚS,QUIERO SER INSTRUMENTO DE TU PAZ.¿PUEDO?

Esta semana que entra, se celebra uno de esos santos al que nos tienen que sobrar las palabras, por aquello de "si es necesario, díganlo con palabras", y con él las palabras sobran porque él era el evangelio viviente. Pocos santos hay en la historia a los que se le reconozca que su santidad queda marcada por su propia vida. Déjenme, quizás por reminiscencias personales, que le haga un pequeño homenaje al gran Francisco de Asis.
Todo el mundo, a lo largo del tiempo, ha reconocido la labor, la persona, la grandeza en un menudo cuerpo, de ese santo del siglo XII. A pesar del tiempo, a pesar de las páginas que la historia ha ido pasando, es curioso como se ha mantenido vigente, vivo, porque ha sabido interpretar eso que en nuestra querida Iglesia le damos vueltas cual chicle en la boca, y que se llama evangelio. Nosotros hacemos sínodos, hacemos planes diocesanos de pastoral, hacemos proyectos a largo y corto plazo y él, simplemente decía que "si es necesario díganlo también con palabras".
Yo también quiero ser instrumento de trabajo en ese evangelio de todos los días. Quiero ser pieza que encaje en el engranaje diario que debe ser engrasado por un tal Jesús de Nazaret. Por eso, en primer lugar quiero ser instrumento de paz. Una paz que no solamente tiene que ser en Alepo - por ejemplo -, sino que donde haya odio pueda poner un pizquito de amor. Como mínimo tanto como el odio que se pueda generar. Que donde exista ofensa, pueda poner eso que resulta como imposible, perdón. ¡qué nos cuesta perdonar, dejar de ser orgullosos!
Quiero o me gustaría que donde exista discordia, también pueda poner unión. Algo que a veces la sociedad en la que me muevo no me deja y yo no quiero que me deje. Que donde haya duda, ponga fe. Que no hable tanto por la duda, sino que lo diga con el ejemplo, con lo práctico, con el día a día y no tanto de palabra sin ejemplo y sobre todo donde haya error ponga verdad. Que la busque, que sea capaz de enarbolarla como bandera de la vida. Que en este mundo, donde la desesperanza, el futuro incierto, el mundo negro... pueda llevar una poco de esperanza y creer en ella.
En el mundo en el que vivimos la tristeza y la sombra son como el padre nuestro de cada día. Que sea capaz de llevar alegría a aquellos cuyos ojos están llenos de lágrimas de desesperación y sobre todo que sea capaz de ser luz en un mundo lleno de tinieblas, en un mundo donde la neblina, la "panza de burro", no deje ver la claridad de la hermosura de Dios. Tengo que ser capaz de consolar, de aprender y de amar. ¡ que bonito sería que esto se cumpliera!. Creo que tan difícil no será, pero vuelvo a la pregunta de arriba, y es que Jesús seguro que me echa una mano.
Cada vez tengo más claro que dando se recibe y perdonando se es perdonado. Para recibir hay que dar. Pero claro, para ello tengo que hacercomo el evangelio de este fin de semana que "si tuviera fe como un grano de mostaza", pues lo más probable es que la cosa cambiara; podría decirle a los que me rodean, sin necesidad de demasiadas explicaciones, que la verdad nos tiene que hacer libre. Francisco, en su época, tuvo la valentía y la osadía de tirar por la ventana lo que le sobraba, de vaciar no solamente lo que no le hacía feliz, sino tener la capacidad de vaciarse interiormente para poder acoger el pentagrama que nos haga instrumentos de paz.
Gracias, Francisco por habernos dejado tu huella en la historia. Gracias por servir de ejemplo a muchos y si fuera necesario que lo digamos también con palabras.
Nosotros, ¿aprenderemos algo de Francisco?
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 23 de septiembre de 2016

LÁZARO, JUAN, MARTINA.... TAMBIÉN SON SERES HUMANOS

Sigo diciendo y pensando que la vida es maravillosa. La vida es inigualable, entre otras cosas porque nada más que tenemos una, tenemos que aprovecharla, pero aprovecharla entre todos, para todos y con todos, no aprovecharnos entre unos pocos, con unos pocos y para unos pocos. Una vida, a veces, llena de contrastes, pero seguro que maravillosa.
Este verano, en una de las muchas caminatas que hacía por la playa, miraba al mar y le preguntaba en silencio, que bello y hermoso eres, pero por qué rompes con el ser humano. ¡Qué hermoso es bañarse en una playa, pero cuántas vidas se dejan en las orillas de las playas y en los grandes océanos de este mundo!. La vida es bella y contradictoria al mismo tiempo. Y de esas contradicciones, yo me preguntaba, que cómo me lo planteaba yo y no era capaz de darme una respuesta que me convenciera.
Este fin de semana, se celebra el día de los privados de libertad. A veces les llamamos presos, convictos o reos. Nosotros o ellos, no lo sé, les quitamos lo más preciado: el que yo pueda moverme como quiera y donde quiera para recrearme en lo verdaderamente bello que es la naturaleza que nos rodea. Este fin de semana los ojos tienen que estar puesto en edificios llenos de medidas de seguridad extremas, en rejas que hacen que la claridad se vea casi codificada, en horarios estrictos que hasta para estirar las piernas tiene su horario. Este fin de semana dormiremos, quizás más tranquilos, al saber que en el recuento diario están todos y no hay nadie que pueda perturbarme la paz que me corresponde.
Me pregunto si este fin de semana y otros tantos tenemos la conciencia tranquila al pensar que hay edificios como los que tenemos en nuestra isla y en tantas ciudades de nuestra geografía. Hace ya muchos años, un tal Amós, repartía leña, precisamente en las conciencias de aquellos habitantes, echándoles en cara la farsa, la mentira, la ignominia en la que vivían inmersos.
Curioso como el evangelio de este fin de semana nos habla de un tal Lázaro, un pobre de la vida, lo más probable que desechado de la sociedad de aquella época, un hombre y un nombre que incluso puedan ser irreales, pero que son la fotografía de tantos y tantos que deambulan por nuestras ciudades, con nombres y apellidos.
Hombres y mujeres, que como el evangelio dice (Lc 16,19), hemos arrojado a los infiernos, hemos arrojado a los estercoleros de las ciudades o de la sociedad y que nosotros hemos puesto un nombre precioso y le llamamos centros penitenciarios; centros de reinsercción, centros de rehabilitación; hombres y mujeres que están pagando las llagas que los avatares de la vida le han ocasionado; llagas que muchos perros de nuestra sociedad le han pasado la lengua y nosotros.... tranquilamente aplaudiendo que no nos ensucien los ricos trajes de "púrpura y lino y a lo mejor nos llamamos Epulón": ¡Qué falsos somos!. No nos olvidemos que todos tienen nombre: Lázaro, Juan, Martina....
Los que están en un centro penitenciario, no están de vacaciones, no están por petición propia, están porque los errores de la vida se pagan, porque las equivocaciones tienen que tener su corrección. Pablo cuando le escribe a su amigo Timoteo le dice: "practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza....". Nunca le dice que ojala te pudras y que pagues por los males que hiciste.
Confío y creo que la justicia tiene que hacer su labor y su papel, pero que a quien tiene delante es un ser humano. María, como madre, a quién hace poco la venerábamos como Virgen del Pino, ahora bajo la advocación de nuestra señora de la Merced, seguro que intercede ante el padre por todos, por los que somos libres y por los privados de libertad.
Nosotros, ¿cómo lo vemos?
Hasta la próxima
Paco Mira