viernes, 26 de enero de 2018

EL RESPETO ES UNA FORMA DE AUTORIDAD

EL RESPETO ES UNA FORMA DE AUTORIDAD
En los pueblos había un "tridente" que era temido por los más ancianos del lugar. La autoridad la tenían el médico, el cura y el maestro: la medicina, la moral y la enseñanza. Si nos paramos a pensar casi son los pilares sobre los que se sustenta la existencia de la vida humana. Pero claro el que estos tres estamentos fuesen considerados como la máxima autoridad en cualquiera de los pueblos de nuestra geografía se llegó a convertir no en una autoridad, sino en un autoritarismo que a veces se extralimitaba en sus funciones.
Con el paso del tiempo, esa autoridad se fue perdiendo para pena de muchos, puesto que las formas y las maneras no eran las adecuadas para enseñar a nuestros infantes. Se pasó al coleguismo, a la amistad mal entendida y que algunos probablemente achaquen hasta falta de respeto que también se da en la medicina, en la Iglesia y en los colegios e institutos... y justamente aquello que hemos perdido, probablemente ahora lo queramos restituir como mejor forma de enseñanza para las generaciones que nos siguen, cambiando quizás la metodología e incluso la pedagogía a utilizar.
Este fin de semana, el evangelio nos habla de que Jesús nos habla con autoridad, una autoridad que por su apariencia no le da cierta credibilidad: "¿no es este el hijo del carpintero?". Los más cercanos no tienen claro que él pueda hablar de la manera que lo hace. Pero a pesar de esta oposición y rechazo, Jesús no renuncia a ejercer su autoridad porque tiene claro que su misión es anunciar el evangelio y el mensaje de salvación que contiene.
Es curioso que este fin de semana se celebra la jornada de la infancia misionera. Siempre he dicho y lo mantengo que cuando celebramos una jornada es porque hay algo que no funciona. Todos seguimos bautizando a los más pequeños. Todos queremos que los más pequeños, una vez que han crecido un poco, hagan la pequeña comunión. Ahí paramos el proceso (confirmación ya nada, probablemente no tenemos conciencia de hacer cosas mal y no necesitamos el perdón de un Padre porque somos autosuficientes) y esperamos a que los más pequeños tomen decisiones por su cuenta.
Sin embargo no enseñamos a nuestros hijos a ser anunciadores de un gran tesoro que escondido en nuestra fragilidad (vasijas de barro), tiene que dar mucho que decir y hablar. No enseñamos a nuestros hijos a ser misioneros y probablemente nosotros que decimos que creemos en Jesús de Nazaret estamos convencidos que el mensaje de salvación hay que anunciarlo.
Me da la impresión que estamos viviendo una época en que lo religioso no tiene cabida en una sociedad super sofisticada tecnológicamente pero poco dada a la reflexión y al diálogo. Nuestros hijos no sabrán infinidad de cosas básicas de convivencia, pero sí de juegos - llámese play 4 - de móviles, de ordenadores.... pero quizás lo que se llama respeto, ayuda, silencio, escucha... ni en casa, ni en la escuela, ni en la Iglesia....¿Dónde está nuestra misión?.
Creo que aquí esta la clave de nuestra autoridad. La misma que la proclamación de la buena noticia le dio a Jesús y la misma que nos da a nosotros en el 2018 la creencia en la misma noticia. Debemos mantener nuestro respeto; debemos mantener nuestra escucha a los signos de los tiempos que nos marcan los lugares, tiempos y formas de evangelizar.
Nuestros hijos pueden y deben ser misioneros si nosotros estamos convencidos que ser misionero merece la pena. Nuestro cristianismo no debe claudicar ante los avatares de la sociedad en la que vivimos; nuestro cristianismo no debe agachar la cabeza ante una sociedad que dice que no tiene cabida para un tal Jesús de Nazaret aunque muchos sigan cumpliendo con cierta fidelidad con compromisos religiosos que han convertido en sociales más que de testimonio.
¡ Qué grande es la autoridad, cuando respeta y se deja respetar!. Es la autoridad que Pilato tuvo que reconocer que venía de lo alto. Debemos, como cristianos, de ganarnos el respeto de la sociedad en la que vivimos para que no sea rechazado y sobre todo porque nuestro testimonio convence a los que nos ven, nos oyen y probablemente nos quieran imitar.
Podríamos intentarlo

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 19 de enero de 2018

PERO... ¿ QUÉ ESTÁS HACIENDO?... PESCANDO


Hay ciertas expresiones en el lenguaje cotidiano que nos pueden llevar a malinterpretar lo que queremos decir, porque probablemente "no estamos en la onda". Pero es más: hay expresiones que
parecen tener más sentido cuando lo dice un determinado grupo de gente que en función de la edad es la que nos da la pauta de lo que decimos y de cómo tenemos que decirlo. Últimamente parece que se ha puesto de moda el verbo pescar. No es un verbo nuevo, pero la gente joven normalmente cuando uno está distraído, o mirando para otra parte, o está a lo suyo.... "está pescando". Incluso el estar pescando parece que puede ser hasta despreciativo.
Pero pescar no es nuevo, aunque la gente joven no se lo crea: ¡quien no pescó un resfriado!; ¡qué policía no ha pescado a un chorizo!; ¡qué joven no pescado novio/a!... ya ven que hay expresiones no nuevas que a veces las renovamos para creer que son innovadoras.
Este fin de semana el evangelio nos habla de pesca. Los pescadores son aquellos hombres rudos que lo son, porque el medio en el que se desenvuelven así quieren que sea: frío, viento, soledad, lejanía de seres queridos, sueldos que a veces no se corresponden con el trabajo realizado... y Jesús habla de hacer "pescadores de hombres". Siempre me ha llamado la atención esta frase: echar el anzuelo y esperar que piquen.
Si en la gente joven pescar es "andar en su mundo", creo que el reto de este fin de semana es precisamente lanzar el anzuelo en el mundo en el que vivimos; lanzar el anzuelo en un mundo donde la fuerza y el ruido del oleaje cotidiano contrasta con la paciencia y tranquilidad de quien aguanta la caña para poder salir airoso de lo que busca.
Pero claro podemos preguntarnos, ¿dónde tenemos que pescar?, ¿dónde está ese muelle, esas piedras adecuadas a lo que queremos para poder sacar lo mejor de ese mar que nos alimenta. Dios elige en medio de la cotidianidad, en el entorno de la vida ordinaria. Así lo hizo con Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Lo extraordinario para Jesús es hacer lo ordinario de manera extraordinaria, es decir, inundando todo lo que somos y hacemos con la sabiduría del Reino y con el espíritu de las bienaventuranzas. Si hay algún lugar teológico especial para discernir la llamada de Dios a ser compañeros o compañeras es la vida que se entrega día a día en el servicio silencioso, pobre y humilde a las personas con quienes construimos la historia y en el compromiso con las causas justas que son las que hacen posible que, aún en medio de la noche, brille el lucero del alba. El anzuelo no es engañar a nadie, sino que el anzuelo es el propio evangelio que anuncia el Reino de conversión y de creencia.
Pero el texto sigue siendo muy claro. Tan claro que nos aporta cómo tiene que ser nuestra respuesta.
Dice el Evangelio que los primeros discípulos, al recibir la invitación de Jesús, lo dejaron todo y le siguieron sin dilación. Es cierto que los discípulos de la primera hora no tenían muchas cosas y desprenderse de poco cuesta menos. Nosotros vamos llenando nuestras mochilas de tantas cosas que hacen pesado nuestro sí y lenta nuestra disponibilidad. El desafío de la misión a la que Jesús nos llama requiere de hombres y mujeres de sí generoso y oportuno. Son muchos los lugares que requieren, aquí y ahora, artesanos de vida, de paz y compasión y, sin duda, muchos de nosotros podemos ser uno de ellos si nos decidimos a dar el primer
paso, a salir de nuestros lugares de confort, a asumir el riesgo de ser portavoces de un proyecto contracultural y, sobre todo, a dejar moldear nuestro corazón por el Señor para recobrar, junto a Él, la armonía de la canción.
Creo que entre las lecturas de la semana pasada y las de este podemos sacar conclusiones muy claras: en la semana pasada Samuel acabó escuchando la voz de Dios. En esta semana, una vez escuchado, dejaron todo y le siguieron. Dios sigue llamando en nuestra pesca, en nuestro mundo, en nuestras situaciones concretas, No es el mago que saca el conejo de la chistera, es el que toca la fibra sensible de quien está dispuesto a dejarse interpelar.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 12 de enero de 2018

PERO REALMENTE, ¿TE IMPORTA DÓNDE VIVO?

PERO REALMENTE, ¿TE IMPORTA DÓNDE VIVO?

Cuando era pequeño, recuerdo que mis padres, a los amigos, les decían, vivo en la calle tal y en el número x. No era más que una invitación a compartir el mismo espacio, porque probablemente compartían ciertas inquietudes comunes o incluso ciertas gustos también comunes. Pero también, y todo tiene un pero, podría incluso servir para quedar bien a sabiendas que a quien se lo decían no iban a decir que iban de visita con frecuencia.
El otro día, alguien en el pueblo, con una estampa nada recomendable fisicamente e incluso con un olor un poco desagradable, me dice: "Oiga, amigo. ¿A mí?. Si, si, a usted, ¿dónde vive el cura que le voy a decir cuatro cosas?". Uff, complicado me lo puso, porque no fui capaz de decirle donde vivía, entre otras cosas porque podría pensar que qué le importaba donde vivía el cura de mi pueblo, aunque después también pensaba que, si no se lo decía, quedaba un poco fuera de contexto y el cura no cumplía con la misión que le habían encomendado de "atender a todo el mundo".
Pero este fin de semana le preguntan al Maestro que donde vive y él se lo dice: ¡ qué mal quedaste Paco, con aquel que te ha preguntado!.
Maestro, ¿dónde vives? Esta pregunta, que no surge de la nada o de una curiosidad infantil, sino del movimiento interior de búsqueda de lo profundo suscitado por la afirmación que el Bautista hace de aquél hombre sencillo, pobre y humilde: “Este es el Cordero de Dios”, no se responde con la indicación de un lugar geográfico o de una dirección en la ciudad. La respuesta que buscan los discípulos tiene que ver con su misión, sus apuestas, su experiencia de relación con el Padre, su estilo de vida, etc. Como he señalado arriba, me atrevo a desarrollar el “Venid y lo veréis” de la respuesta de Jesús.
Jesús vive en todas las personas que están tiradas a la vera del camino como resultado de la mala gestión de algunas de las estructuras de la convivencia humana y del fracaso del contrato social que insisten en firmar personas e instituciones que ponen por encima de la dignidad de la persona los resultados de la economía, el poder que les genera un ejercicio de la política que se olvidó del bien común y los alcances tecnológicos y científicos, entre otros. Jesús vive y habita en todas las personas que reclaman, anhelan y trabajan por la reconstrucción de su proyecto de vida con dignidad.
Jesús vive en todas las personas que se esfuerzan y se dejan la piel por hacer que la vida de los demás, especialmente la de los últimos, sea una experiencia gozosa por el reconocimiento de la dignidad negada y por la creación de las condiciones de posibilidad para que las personas puedan disfrutar de todo aquello que hace que la vida se pueda llamar, en sentido estricto, humana. Jesús acompaña y fortalece a todos los que son capaces de salir de su propio amor, querer e interés para ir en búsqueda de los rostros y las historias de los nuevos crucificados. Vive entre los maestros que, yendo más allá de la transmisión de conocimientos, se esfuerzan por formar personas compasivas, competentes, comprometidas, conscientes y coherentes. Vive en los trabajadores sociales que, día a día, acompañan los procesos de reconstrucción del proyecto vital de los empobrecidos. Vive en miles de profesionales de la medicina, del derecho y de la ciencia que ejercen su oficio con criterios de solidaridad y justicia, tendiendo puentes con aquellos que, en el otro lado del puente, están marginados. Vive en los artistas, en los soñadores y
en los que modelan utopías para que no dejen de recordarnos que nuestra vida trasciende y nuestros nombres están tatuados en el corazón de Dios.
Jesús vive en las comunidades de puertas abiertas porque entienden que el proyecto de Jesús no se puede vivir en la soledad sino en la experiencia de la comunión. Comunidades que entienden que su vivencia de la fe no se puede separar de su compromiso con la justicia. Comunidades que entienden que la liturgia, más allá de un conjunto de ritos, es un encuentro para celebrar la vida y el paso de Dios. Comunidades que entienden que la Palabra del Señor es la fuente que llena de sentido su ser y su quehacer.
Jesús vive en la creación, en la casa común de todas y todos, con la que manifiesta de diversas maneras su amor, su ternura y su preocupación por nuestra vida. Una creación que no le pertenece a unos cuantos sino que tiene un destino y una vocación de universalidad.
Para otra vez entenderé que Jesús también vivía dentro del que me ha preguntado.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 5 de enero de 2018

UNA MANIFESTACIÓN SIN SINDICATOS, PERO COMPROMETIDA

Los que peinamos ciertas canas, no nos las pintamos, y tenemos ciertos años, recordamos - no se si con cierta nostalgia o no - tiempos pretéritos en los que estrenábamos democracia y además todo lo que ello conllevaba: libertad de expresión (oral y escrita), libertad de reunión (pública y privada), libertad de manifestación. Pero como hasta la fecha no habíamos tenido esa oportunidad, no se sabía cómo había que hacerlo y para ello surgen los sindicatos, para ayudarnos - según ellos - a reivindicar lo que nos corresponde o por lo menos a lo que tenemos derecho.
Pero claro: quizás todo tenga un pero: lo que nace como una novedad maravillosa, como una oportunidad de ser lo que no éramos, se convierte en una rutina que mata la idea original: nos manifestamos por todo, hasta por toser. Y todo lo que se generaliza - como los medicamentos - acaba perdiendo su efecto. Solo basta ver las manifestaciones de hace diez años con las de ahora. No tienen nada que ver y como el día de la manifestación esté soleado, probablemente haya más gente en la playa que aguantando una pancarta.
Se preguntarán a qué viene lo que estoy contando. Y es que este fin de semana hay una manifestación. Una manifestación sin pancarta escrita, porque la sola presencia del protagonista es ya la pancarta. Una manifestación en la que no hacen falta sindicatos que nos convoquen a ella, puesto que la convocatoria ya viene impresa en el rostro del manifestante. Este fin de semana celebramos una epifanía: Dios en Jesús, por si no lo teníamos claro, se da a conocer a todo el mundo. En todas las manifestaciones hay un manifiesto final, aquí no hace falta escribir nada, no hace falta micrófono... hace falta ver y contemplar un pesebre, una indigencia en un portal, para darnos cuenta que el mensaje tiene que ser asumido e interiorizado.
Es curioso como tres eminencias, tres representaciones de todo el mundo, se arrodillan (no es al revés) ante la evidencia. Se arrodillan ante la reivindicación de los derechos de los pobres, de los humildes, de los sencillos, de los inmigrantes, de los que son desahuciados, de los que se quedan en el paro, de los que son asesinados sin causa o simplemente por hacer como los magos de arrodillarse ante el niño hecho carne, de las/los que son víctimas de la violencia de género..... Y probablemente muchos de nosotros, hoy, nos arrodillamos ante el móvil de última generación que ha salido al mercado.
Pero el fin de semana también es una llamada al compromiso. Si los sindicatos - en su momento - tenían que estar comprometidos con la causa, nosotros también tenemos que estar comprometidos con la causa de Jesús de Nazaret y eso lo hacemos a través del Bautismo. El agua que han derramado en nuestras cabezas, no es más que el carnet que nos obliga a continuar con la causa que les llevó a los Magos a recorrer unos cuantos kilómetros y que nos sigue obligando a nosotros a continuar con esa labor. Estamos en época de crisis "e afiliación", pero los que todavía estamos dentro, somos los que tenemos que convencer, con el ejemplo y el testimonio, a los demás que esto merece la pena.
La Epifanía y el bautismo de Jesús, es una manifestación sin sindicatos, pero comprometida con nosotros y con los que nos rodean. Pero la epifanía es también el momento de la ilusión compartida. Especialmente los niños, pero
también los mayores, nos ilusionamos no solo esta noche sino que tenemos que ilusionarnos cada día que amanece. Vivimos a veces sumidos en la tristeza. Les confieso que yo también tengo ilusiones y deseos. Me ilusiono y deseo que la vida me/nos sonría como el niño de Belén en gesto de agradecimiento; me ilusiona y deseo que los gestos, las caricias, los abrazos, los silencios, las compañías - a veces inesperadas - marquen las pautas a seguir en los siguientes trescientos cincuenta y ocho días que quedan para el próximo recuerdo de la manifestación de Dios.
Para terminar, mi felicitación a un grupo de padres que este fin de semana ratifican su fe en Jesús a través del sacramento de la confirmación. En gestos así, sigue habiendo Epifanía.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 29 de diciembre de 2017

DE UNA FORMA O DE OTRA, LAMPEDUSA Y FIN DE AÑO, HUELEN

Dicen los grandes chefs de la cocina que los sabores no se deben mezclar, entre otras cosas para que
los platos no pierdan su propia identidad. También es cierto que esos grandes chefs, con sus pruebas, sus experimentos, sus innovaciones, etc... son los que van marcando la pauta degustativa de tantos y tantos platos que incluso por su precio a veces son inaccesibles.
No se si con los olores pasa lo mismo: si nos pasamos en un perfume no hay quien aguante a nuestro lado por aquello de que hemos gastado el tarro en todo el cuerpo; pero si no nos lo echamos pues probablemente menos limpio, nos pueden decir de todo. A veces los olores se confunden y desgraciadamente nos confunden. Esa mezcla nos puede llevar a no gustarnos como olemos o como huelen los demás.
Este fin de semana también huele. Huele lo viejo, lo rancio, lo que ha pasado... el año se termina y quizás echemos la mirada hacia atrás y queremos volver a inhalar aquellos olores que nos han marcado en un momento determinado; quizás queremos volver a sentir la fragancia de tantos acontecimientos que nos han marcado en el 2017. Pero este fin de semana también huele a nuevo, a lo que viene, a lo que estrenamos. Huele a uva con deseos de tantas y tantas cosas que probablemente a finales del mes que viene ya nos hemos olvidado de lo que habíamos deseado.
Pero claro, este fin de semana también tiene que oler a salado, a salitre que significa libertad, a salitre que supone sueño y esperanza. Huele a esa mirada perdida en el horizonte de cualquier orilla que me hace imaginar lo que no se si soy capaz de alcanzar algún día.
Lampedusa, ya no solo es un lugar geográfico. Lampedusa es el símbolo de la libertad arrebatada y al mismo tiempo soñada. Por Lampedusa han pasado infinidad de situaciones, de expresiones, de anhelos, de ganas, de rabia contenida, de ilusiones, lágrimas.... pero siempre será el símbolo de lo que puede ser y que tengo que forjarme.
La cruz de Lampedusa es el símbolo de la libertad, de la lucha, de la entega. Cruz, en este caso, es igual a patera, a ojos temerosos y llorosos; a ojos abiertos al máximo para poder tener la referencia de lo que queremos, ojos que sin hablar, te/nos están diciendo: soy tu hermano, ¿no me conoces? Esa referencia ha nacido - hace escasamente una semana - en un pesebre y es lo que nos tiene que llenar de esperanza para el 2018.
Este fin de semana se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Un lugar donde se forjan también muchas ilusiones y donde también notamos muchas carencias. Tenemos que enseñar a nuestros hijos ese olor a patera salitrosa como posibilidad de compartir y ayudar. Tenemos que enseñar a nuestros hijos aquellos valores nacidos en el seno de un pesebre y que nosotros decimos que tenemos por válidos. La cruz de Lampedusa se llama Aylan y tantos y tantos que han de dejado sus vidas en las orillas de las costas, incluidas las nuestras; La cruz como símbolo de libertad.
Cuantas veces en nuestras familias nos lavamos las manos cuando tenemos que testificar delante de los demás de que somos cristianos: si quieres que nos llevemos bien, no hablemos ni de política ni de religión", ¿por qué?, ¿dónde está el error?. ¿Dónde está nuestra sabiduría familiar que ya ni
nos hablamos porque las nuevas tecnologías han reemplazado nuestras conversaciones, aunque a veces discutiéramos por y con ellas?
La catequesis la llevan los abuelos, la clase de religión a veces nos apuntamos pero la seguimos considerando como maría.... y después preguntamos, ¿dónde están los jóvenes en nuestras celebraciones?.¡ Parece que olvidamos que la educación es de la familia, especialmente de los padres!
Probablemente estarán en las fiestas del domingo, claro que eso es bueno, pero no nos olvidemos a la hora de levantar una uva, una copa de champang, de pedir aquello que nos conviene, de lo que tenemos claro. No nos quedemos con el olor a rancio, sino que perfumémonos con los nuevos olores que nos da un nuevo año en familia. No nos olvidemos que comenzamos el año pidiendo por la paz, ¿será posible?
Lo dicho, Feliz año
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 22 de diciembre de 2017

GRACIAS MARÍA POR PARIR LA VIDA

Los que somos padres, entendemos el proceso de gestación de un hijo. Nuca mejor dicho que “cuando seas padre, comerás huevos”. Ilusión, incertidumbre, miedo, ganas, sonrisa, dolor, preparativos…. Todos son ingredientes de una maravillosa aventura cocinada con grandes dosis de amor y felicidad, aunque los avatares del futuro nos dejen la crianza en una cierta incertidumbre.
Pero claro, cuando sin querer, sin espera, y en parte con miedo, eres parte integrante de un proyecto que no has escogido, da la impresión que las opciones de futuro no son las mejores. Creo que es lo que le pasó – en parte – a María. Es el prototipo de un no pero si. María es el sí pero no, y al final el no pero si. Es la duda de quien tiene que aceptar un proyecto que no conoce, pero que se fía de quien le oferta las mejores garantías. Es más, el ángel le dice no temas, ¿a qué tenemos miedo nosotros en relación a Dios?. Déjenme, con permiso de María, recrearme en esa escena:
Alégrate, el Señor está contigo. Los evangelistas no dudan en llamar a María “predilecta” por ser la elegida para llevar a cabo el don más maravilloso del amor de Dios por la humanidad: la encarnación. El sí de esta mujer sencilla no fue motivado por el fervor del momento, su sí fue motivado por la certeza de que Dios estaba presente en ella. Dios le da una misión, la asocia a su plan de salvación y para ello le garantiza su presencia.
Alegrémonos, el Señor está con nosotros. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pasado momentos difíciles. No obstante, los discípulos de Jesús no nos podemos resignar ante las dificultades y, mucho menos, quedarnos quietos cantando lamentos. Como María, estamos llamados a decir nuevamente sí al proyecto de Dios, a estar alegres y llenos de esperanza porque Dios está con nosotros. ¡No dejemos que nos roben la alegría ni secuestren nuestra esperanza! Dios sigue presente en la historia y nosotros, su pueblo, con nuestros aciertos y errores somos sus testigos. Tenemos un gran potencial para ayudar a hacer de este mundo un lugar de vida, verdad y paz.
Concebirás y darás a luz un hijo. María, hace 2000 años, con su sí, abrió los espacios de la humanidad para la presencia de Dios en la historia. Hoy, 2017 años después, el Señor nos invita a nosotros a crear las condiciones de posibilidad para que la humanidad abra de nuevo un lugar al Dios que se hace hombre en Jesús. Nuestra forma particular de “concebir y dar a luz” se concreta en nuestros esfuerzos por hacer presente a Jesús y el Evangelio en todas las realidades humanas. Los discípulos de Jesús creemos que los valores del Evangelio son una buena noticia y una palabra pertinente que puede ayudar a dar a luz una nueva humanidad. En esta tarea cómo nos gustaría contar con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sin distingo de razas, lenguas o religiones, tendiendo puentes de reconciliación por donde pueda transitar la vida.
Soy virgen… para Dios no hay nada imposible. María, ante el encargo de Dios, expresó su limitación: no conozco varón. La respuesta no se hizo esperar: para Dios no hay nada imposible, fíate. La misión que tenemos por delante en esta hora de la humanidad, aunque es ilusionante, no es fácil… hay muchas heridas por curar, muchas relaciones rotas por restaurar, muchas vidas “descartadas” por acoger, mucha paz por construir, etc. Como María, le decimos a Dios que somos limitados y que la misión nos supera. Sin embargo, ante el grito de nuestra limitación, aparece la confianza de Dios en el hombre pues Él, como fino artesano, puede sacar lo mejor de cada uno de nosotros y ponerlo al servicio del Reino. Nada es imposible para Dios, nuestra fragilidad se vuelve fortaleza cuando abrimos espacios y dejamos que sea Él nuestra fuerza.
¡Hágase! El sí de María es un acto total de confianza, entrega y abandono en las manos del Padre. Hoy nosotros podemos… Hoy nosotros queremos decir sí a Dios. Le pedimos que irrumpa en nuestras vidas para que, con ilusión, esperanza activa, creatividad, valor y entusiasmo podamos hacer presente una vez más a Aquél que desde el portal de Belén nos enriqueció con su pobreza y es la luz que ilumina el nuevo amanecer de la humanidad.
Ante el nacimiento del Niño Dios en Belén pidamos a Dios que inunde de sí nuestras mentes y nuestros corazones para que, hoy como ayer, podamos decir ¡Feliz Navidad!

Lo dicho, FELICIDADES
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 15 de diciembre de 2017

CINCUENTA DE AÑOS DE GAUDETE


Nos guste o no, creo que cumplir años no es malo. Nunca he entendido el por qué nos quitamos años, o cuando nos preguntan por ellos siempre nos quitamos alguno. Es como si estuviéramos de rebajas todo el año. Es verdad que a algunos, cuando los vemos, no aparentan los años que tienen y otros tienen y quizás más de los que el calendario les va marcando. Pero creo que la procesión va por dentro y cada uno sabe como se encuentra. Por ello - siempre se dice - que lo importante no es lo que se ve. Bueno y otros dirán que la cara es el reflejo del alma, ¿en qué quedamos?.
Este fin de semana, la Iglesia cambia el morado por el color carne. Hemos dejado a un lado la austeridad que parece caracterizar el
tiempo de adviento, para tomar un poco de respiro y pasarnos al color carne. Casi diría al color de cada uno. Y lo digo porque algunos en el color que ven este fin de semana no ven el color carne, otros sí queremos verlo. También es verdad que muchos seguirán con el morado de turno.
Este fin de semana, el evangelio nos propone, de nuevo a Juan el Bautista. Los más allegados le preguntan qué deben decir de él si llega el caso. Y él responde, "una voz grita en el desierto: preparen el camino al Señor, allanen sus senderos, porque detrás de mí viene alguien a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias".
Pero este fin de semana: Manuel Hernández, Gonzálo F. Parrilla, Antonio F. Parrilla, Santiago, Antonio Perera, y alguno que ya está en manos de Padre Dios (como los dos Pedros, Monzón y Suárez), quizás sean también la voz que clama en el desierto, la voz que llevan cincuenta años diciendo que ellos no son, pero que hablan en nombre de quien no merecen desatarle la correa de las sandalias. Si, como decía al principio, cumplir años es una virtud y un gran acontecimiento por estar con vida y ver lo que nos depara esta, el llevar cincuenta años de cura no es para menos.
Quizás ser médico, contratista, marino mercante o licenciado en la play cuatro tiene como reconocimiento un título que nos enmarcamos y colocamos en la pared más visible de la casa para que todo aquel que llega pueda contemplar lo grandioso que somos. Pero quizás ser cura, convivir y compartir con los más pobres; administrar sacramentos que inician, ratifican y despiden a los hermanos de una comunidad; acompañar a los más jóvenes en el discernimiento de sus vidas y decidirse por aquello que más le conviene... no tiene un título que poner en la pared de no se sabe qué casa porque no la tienen como propia y no siempre es la misma. Es por ello que a veces es una voz que clama en el desierto.
Una voz, que el en domingo de Gaudete, de la alegría, del color carne de cada uno nos invitan a allanar los senderos, a mirar y preparar lo que nos tiene que acoger para celebrar la llegada del gran Jesús de Nazaret. No son o no fueron los Mesías, pero sí fueron y son los profetas que desde su tiempo han intentado hacer lo mejor posible su tarea encomendada hace cincuenta años.
A algunos los he tratado más que a otros. Con algunos he tenido más confianza que con otros, pero sí he de reconocer que la humildad ha sido la bandera que siempre han ondeado en todos y cada uno de los quehaceres. Su saber estar ha sido y es el motor que impulsa sus vidas en todos y cada uno de sus actos.
No hace mucho, hablando con un seminarista, le preguntaba que qué le parecía que un cura cumpliese cincuenta años de eso, de cura. Me respondía, Paco es todo un reto. Y es verdad. Los retos, a veces, no son imposibles de cumplir, pero son metas a las que hay que alcanzar y que se pueden llegar en todos y cada unos de sus momentos.
Por ello, en el domingo de la alegría, creo que es un motivo para toda la Diócesis de alegrarnos por los cincuenta años de estos hermanos que lo único que hicieron es ser fieles a un compromiso que iniciaron hace cincuenta años.
Lo dicho, FELICIDADES
Hasta la próxima
Paco Mira