viernes, 24 de abril de 2020

PERO, ¿NO ME CONOCES?

 carta


Cuando llegan los carnavales, y uno se pone algo encima con la finalidad de divertirse, de que no lo conozcan, de disimular para ser diferente...siempre pregunta, pero , ¿no me conoces?. Si quien se disfraza lo hace con gusto seguro que el otro interlocutor responderá pues no. Incluso hay veces que a quien le preguntamos es alguien muy cercano: padre, madre, ... alguien con quien habitualmente convivimos y nos rozamos. Pero la respuesta es clara: pues no te conozco.

Estos días, que estamos viviendo situaciones complicadas, en los programas de radio o de televisión, la pregunta suele ser siempre la misma: Cuando esto termine, ¿qué vamos hacer?. Las respuestas siempre son de lo más variopintas: recuperar el ritmo perdido de la vida normal, ir a visitar a mi madre o a mi padre que llevo tiempo que no los veo... Lógicamente la preocupación por el trabajo o la situación económica entra también dentro de los parámetros que preocupan. Incluso hay gente que vive todavía con una gran duda sobre el futuro, entre otras cosas porque esta situación le pilló con el paso cambiado y no sabe lo que va a ocurrir ni cuales van a ser sus prioridades a partir de la "normalización".
Cuento esto, porque creo que a nivel de fe, nos puede pasar como aquella pareja que iba camino de la aldea: ¿quién iba a pensar que nos íbamos a quedar sin semana santa presencial, por ejemplo ?. Muchos cristianos han (¿hemos?) tenido que hacer una recomposición mental para adaptarnos a la nueva situación: las nuevas tecnologías nos han permitido ver y participar del servicio, sacrifico y resurrección en la distancia.
Para la gente que iba camino de Emaús, que aquel hombre en el que habían confiado, lo hubieran matado, supuso un antes y un después, supuso una ruptura que nadie se esperaba, supuso que todos los esquemas mentales y personales que se habían creado, se cayeran por tierra. Pero triste es también que aquel hombre preguntara que qué es lo que había pasado para que todo el mundo estuviera triste. Pues debes de ser tú el único que no sabe lo que ha pasado. Dice el texto, que lo reconocieron donde tenían que hacerlo, en la fracción del pan.
Me viene a la mente que ese Pan que se parte y se reparte, es el pan que se está repartiendo y partiendo en infinidad de lugares donde el altruismo es patente y donde sobre todo el convencimiento de tener que dar lo mejor de cada uno en favor de los demás es lo que tiene que prevalecer. Nuestro mundo, por culpa de lo más mínimo, como ha sido un virus, ha provocado un antes y un después en nuestras vidas.
La grandeza de un tal Jesús de Nazaret es la de provocar un antes y un después en nuestras vidas. Unas vidas que tienen que estar marcadas por esa fe que se tiene que compartir, por coger fuerzas gracias a un Pan que se parte y se reparte. Comenzaba estas letras diciendo, pero, ¿no me conoces?. Me quiero acordar de aquellos que a través de su móvil personal hacen posible que muchas familias se encuentren en un hospital a través de la distancia; ¿no me conoces? y me acuerdo de aquellos que se están contagiando pero quieren seguir en la brecha porque la vida de otros es más importante que la propia, donación y entrega total.
¡Que pena que no conozcamos o no queramos conocer al Jesús del siglo XXI. Es un Jesús que camina con nosotros, que baja a la aldea, que viene al Emaús de nuestras vidas, que está en los avatares diarios y que a veces no son los mejores.
Ojalá que podamos decirle siempre: quédate con nosotros, porque la tarde va declinando, pero quédate para siempre.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 17 de abril de 2020

EL SABOR DEL ENCIERRO


No se puede salir a la calle. Aquí no entra aquello de "poder puedo, pero no debo". Es verdad la frase, pero las multas desaconsejan el que lo intentemos y sobre todo por convencimiento personal que hay cosas en la vida que hay que cumplir y que no pasa nada por quedarnos.
Cuántos de nosotros hemos dicho en alguna ocasión: ¡tengo unas ganas locas de quedarme en casa un tiempo! y no solamente quedarnos en casa sino con las puertas y ventanas cerradas. Pero claro al principio todo era maravilloso, sobre todo la primera semana, pero en la medida en que van cayendo los días, esto - a algunos - se les hace interminable: ¿cuando podremos salir a la calle?.
El quedarse en casa puede ser una buena oportunidad para fomentar aquello que normalmente a lo largo del año no practicamos: el dialogo familiar, el interesarnos por problemas del que tenemos al lado, compartir la fe aunque sea por los medios de comunicación social, echar en falta aquello que normalmente tenemos y ahora no podemos tener, habituarnos a ciertas costumbres que en condiciones normales no haríamos, etc...
Pero claro si eso lo hacemos por miedo, pues mala es la cosa. Si lo hacemos por miedo a contagiarnos - por ejemplo - no tiene sentido el punto anterior puesto que lo que hacemos es engañarnos a nosotros mismos. Si solamente fomentamos el diálogo familiar, o la comunicación por miedo, pues no sirve de mucho. Hay que tener cierta valentía para hacerlo a lo largo de todo el año y no solamente en períodos de confinamiento. Hay que saborear los encierros aunque estos sean por causa de un virus.
Algo parecido me da la impresión que les sucedió a aquellos amigos que se habían quedado huérfanos de su gran amigo que les había marcado sus vidas para siempre. Tal les dejó marcada la vida que a raíz de aquel momento ésta cambió por completo. Pero... tenían miedo. Un miedo que les lleva a encerrarse, un miedo que les lleva a recluirse en sí mismos, un miedo que les lleva a no gritar una realidad en la que ellos habían creído: que había resucitado.
Hoy nosotros también tenemos miedo. Muchos tienen miedo. Cerca de veinte mil personas ya se han ido con Padre Dios y no sabemos cuántos más se van a ir dentro de poco. Esta crisis nos ha demostrado lo que el Papa nos ha dicho. ¡qué vulnerabilidad tiene la vida del hombre!. Pensamos que con haber ido a la luna, que con tener el móvil más sofisticado que existe, que podemos hablar con cualquier país del mundo en tiempo real.. y sin embargo la insignificancia de un virus.... nos ha tumbado
Aquellos hombres que nos presenta el libro de los Hechos como de una vida idílica, cosa que yo no me creo tanto, igual que nosotros hoy, en nuestro encierro, también hay quien nos dice "la paz esté con ustedes". Una paz representada en la sonrisa y alegría resucitada de tantos y tantos sanitarios
que aún contagiados del mismo virus siguen dando su vida, cual Jesús de Nazaret, para seguir salvando vidas; Una paz que se convierte en aplauso resucitado cuando cada uno de los enfermos abandonan un hospital y quienes les han atendido se lo agradecen (cuando a lo mejor debería ser al revés); una paz que se convierte en un himno resucitado cuando cantamos resistiremos ante las adversidades de la vida, puesto que la muerte no tiene la última palabra como nos lo ha recordado Jesús de Nazaret.
Sigamos en la lucha. Y si tenemos que ser como Tomás y meter la mano, que no nos tiemble el pulso y hagámoslo porque la resurrección es el santo y seña de nuestra identidad de cristianos. Saboreemos, desde el confinamiento, (del encierro), la resurrección de Jesús en los pequeños detalles.

Hasta la próxima
Paco Mira

jueves, 9 de abril de 2020

CUADERNO DE SEMANA SANTA: SERVICIO, SACRIFICIO Y VIDA DE LOS ANÓNIMOS


No me gustaría seguir hablando de lo mismo o por lo menos de la misma manera. Da la impresión que cuando más se insiste en una cosa o noticia, parece que produce el efecto contrario y se le resta interés o importancia. Es por ello que lo que estamos viviendo, no puede quedar en el anonimato, y menos en el baúl de los recuerdos nefastos. Pero en esta reflexión, de esta semana, en la que incluyo los tres días fundamentales (jueves, viernes y sábado), me quiero acordar de los anónimos.
"Señor, ¿lavarme los pies a mí?: el farruco de Pedro, aquel rudo y probablemente nada educado pescador de cerca del algo de Galilea, quiere poner el tono adecuado, con algo de sutileza, incluso con una cara - me imagino - de extrañeza,... en una cena que se me antoja con ambiente tenso, llena de nerviosismo, con incertidumbre, con incredulidad por lo que estaban oyendo - quizás pocas palabras, pero suculentas: "hagan esto en memoria mía"... y al final sucumbe y se deja lavar los pies.
En estos días, en la deontología de muchas profesiones no hay ninguna asignatura que hable - por desgracia - de educación, sutileza, de saber estar, de mimo, caricias... y quiero dedicarle estas letras a todos los que lo están ejerciendo estos días. Aquellos que
anónimamente lavan muchos pies: personal sanitario, personal de limpieza, miembros, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, transportistas, personal desinteresado de alimentación, de fabricación de material que no teníamos....Todos estos y más, que probablemente se me olviden, también son los Cristos anónimos de hoy que lavan pies con caricias, sonrisas, móviles familiares, aplausos, palabras de aliento, alguna lágrima... y a los que aplaudimos y tendremos que aplaudir en el futuro durante mucho tiempo.
" Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso" El año 2020, que allá por el mes de enero, parecía como muy bonito hasta en el calendario, se ha convertido para muchos en un auténtico calvario. Muchos han recorrido en estos días la vía dolorosa de su vida, cargando con una cruz, que como el Cireneo, no estaba previsto que la llevaran justo en este momento. Tristemente fueron muchos los que partieron a la casa del Padre. Gente que salió curtida de una guerra (hace muchos años) y ahora volvieron a vivir otra. Aquella no la quisieron y esta tampoco. Pero seguro que muchos se preguntaron dónde estaba Jesús en esos momentos. Y Jesús les dijo, como a los que estaban en el calvario con él, hoy estarán, estaremos, todos juntos en el paraíso. Mi, nuestra, solidaridad con
las familias que no han podido decir un hasta luego, o dar un beso en la mejilla de sus seres queridos. Muchos de estos anónimos, también están sufriendo la enfermedad, la separación de sus seres queridos para poder atender a quienes no conocen...
" ¿ A quién buscáis?. No está aquí. Ha resucitado". Seguro que en condiciones normales, nuestras iglesias estarían repicando las campanas en una jornada como esta. Repican anunciando la vida, que la VIDA ha vencido a la muerte, que se hizo realidad lo que días atrás había pasado con Lázaro el amigo de Jesús, pero esta vez es el propio Jesús el que lo lleva a la práctica. Todos estos días son lágrimas. Hay mucho llanto, dolor, rabia contenida... pero seguro que estas lágrimas se convertirán, se tienen que convertir, en risa insaciable de querer continuar para adelante. Seguro que nuestros mayores, los que se han ido, siempre nos han dado el consuelo de que nos portemos, bien, que seamos honrados, que seamos solidarios, que perdonemos... ha resucitado. La vida tiene que vencer y VENCE a la muerte y esto es lo que da vida a los cristianos y por ello creemos en un tal Jesús de Nazaret.
Gracias a todos los anónimos que he nombrado y los que no he podido por falta de espacio, por servir, sufrir y hacer vivir.

Felices Pascuas a todos
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 3 de abril de 2020

CUADERNO DE SEMANA SANTA: TENER Y NO PODER CELEBRARLO

CUADERNO DE SEMANA SANTA: TENER Y NO PODER CELEBRARLO

Me sigo solidarizando con todas aquellas víctimas de este maldito virus, con todos aquellos a los que se les ha ido un familiar (cercano o lejano). Pero seguro que con el paso del tiempo alguno verá el lado positivo de esta tragedia: "si el grano de trigo no muere...". Pero por el momento lo vamos a dejar en tragedia, que es lo que es.
Los canarios somos muy dados a tener ciertas fechas para poder disfrutar de aquello de lo que vivimos. Siempre la semana santa ha sido el pistoletazo de salida para poder empezar a disfrutar de la playa, si bien es cierto que muchos la disfrutan durante todo el año. Pero en principio, parece que este año nos vamos a quedar con las ganas.
Pero dentro de lo malo, dentro de los recortes, dentro de lo complicado de la situación, puede ser una gran oportunidad para valorar aquello que tenemos, que siempre vamos a tener, pero que este año no podemos celebrarlo. Sería una buena oportunidad para darnos cuenta si de verdad apreciamos, queremos, sentimos... la fiesta más importante para un cristiano.
Muchos, en condiciones normales, ya anteponían la playa, el apartamento, el viaje... a los actos litúrgicos y religiosos. Pero me estaba resultando curioso como en los últimos tiempos nuestros templos se estaban llenando cada vez más de gente que compartía y en la mayoría de los casos, vivía la fe.
Comenzamos nuestro recorrido con una celebración. Con una fiesta. Mi abuela, siempre me contaba que cuando ella era pequeña y a la ciudad llegaba uno de los grandes mandatarios mundiales, la ciudad se paralizaba y todo el mundo salía a la calle. Para el mandatario nacional, era un orgullo el ofrecer al que venía de fuera, que la gente - aunque fuera mentira - le apreciaba, le aclamaba, le aplaudía....
Algo parecido y contradictorio debió sucederle a Jesús: una ciudad entera se agolpa en las calles para dar la bienvenida a alguien montado en un burro. Alguien al que la gente tenía sus dudas sobre su identidad, puesto que muchos se preguntaban ¿éste no es el hijo de José el carpintero?. ¡Ojalá todos los carpinteros del mundo (carpinteros, electricistas, sastres, costureros, camareros/as de piso....) fueran aclamados por una muchedumbre que en condiciones normales necesitarían de ellos para poder disfrutar de sus vacaciones.
Pero somos contradictorios. Los mismos que lo aclaman el domingo, lo asesinan el viernes. Precisamente este domingo se leerá un relato breve (en algunos lugares) de ese terrible suceso que con mayor amplitud se leerá el viernes santo. El ser humano, pasa a veces de la racionalidad más absoluta a la irracionalidad más desesperante.
Esta semana santa nos toca disfrutar de la soledad. Podremos apreciar lo que tenemos pero no podemos compartir. Pero también es un momento para compartirlo con los más allegados, eso sí: en casa. Con la familia, con la pareja, con los hijos. Escalofriante fue ver la imagen del Papa en aquella tremenda plaza de San Pedro solo, solamente con Marini y rogándole al Padre, casi exigiéndole, que nos ayude a salir de esta tempestad.
Amigos. Celebremos y compartamos en familia aquello que en circunstancias normales, lo haríamos con todos los demás

Feliz Semana Santa
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 27 de marzo de 2020

CUADERNO DE CUARESMA: YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA


¡ Uff, pues está la cosa complicada!. La Palabra de Dios, siempre está con los acontecimientos, y el evangelio de esta semana está con la realidad que nos ocupa. Las hermanas de Lázaro seguro que le preguntaron a Jesús, “ tan amigo que eras de mi hermano, ¿dónde estabas?. Ahora que es cuando más te necesitamos, resulta que no estabas. Si estuvieras aquí tu amigo, nuestro hermano no hubiese muerto. No entendemos cómo dejas que sucedan cosas como estas”
¡Qué complicado tuvo que ser para Jesús!: me lo imagino cogiendo aire antes de responder; me lo imagino poniéndose colorado antes de mirar a los ojos a las hermanas de su mejor amigo; me lo imagino mirando al cielo, siendo empático con su Padre Dios, antes de hacer lo que hizo.
Lo que estamos viviendo estos dias, no tiene nombre o si lo tiene ninguno queremos llamarlo como tal, dando a entender que lo queremos lo más lejos posible. Ninguno queremos entrar en la lista de esos más tres mil que desgraciadamente se van solos, sin familiares que les acompañen, sin nadie que les de el último beso en el momento del adiós, que serán depositados en una pista de hielo, depositados en el frío más intenso de la soledad más absoluta: “si hubieses estado aquí, no se hubiese muerto!.
Probablemente sea el grito más desgarrador que muchas gargantas, creyentes o no, lanzan estos días. Muchos que creen no tener la respuesta que quieren tener, porque su problema no se soluciona, argumentan – una vez más equivocadamente – que ese Dios clemente y compasivo no existe y que los que decimos que creemos en él, lo estamos haciendo de una manera que no tiene explicación.
Pero creo que en estos casos, los cristianos tenemos que dar testimonio de nuestra fe, sabiendo que no es nada fácil y que nuestros sentimientos y realidades son también de este mundo. Jesús no es el mago de la tribu; Jesús no es el mago que saca el conejo de la chistera y dando un grito hizo que su amigo Lázaro saliera de una tumba. Lázaro quedó donde estaba y Jesús lloró la muerte de su amigo. Seguro que no habría quien le diera consuelo, como a cualquiera de nosotros.
Jesús estaba con Marta y María. Jesús estaba con la vida, porque él es la Vida que da vida. No se trata tanto de acusar con el dedo: ¿dónde estabas, si estuvieras aquí….? está con el que vive – con las hermanas -, seguro que recordando los buenos momentos vividos con Lázaro, lo que aprendieron de Lázaro, la enseñanza que dejó Lázaro, etc… en definitiva que Lázaro sigue vivo en el recuerdo y en la memoria de todos aquellos que le apreciaron y le quisieron empezando por los más cercanos (hermanas) y acabando por su gran amigo del alma que era Jesús.
En estos días nuestro desagradable amigo covid 19, está regando nuestro país de Lázaros de la vida y todos nos preguntamos: ¿dónde estás?’ ¿por qué a mí? y Jesús sigue – como en el evangelio de este fin de semana – al lado de la vida. Al lado del que lucha por continuar aunque la vida nos de palos por todos los lados; Jesús sigue estando en la fuerza de tantos sanitarios que sacando fuerzas de flaqueza, nos insuflan un aliento de esperanza en unos pulmones que, a veces , se secan por falta de ánimo. Un Jesús que sigue estando al lado de todos aquellos que de una manera desinteresada ofrecen sus manos, tiempo, ganas, ilusión… en aquello que hace falta, desde una mascarilla artesana a un café calentito a camioneros que llevan lo más básico para que no nos falte de nada.
Solo entendiendo así a Jesús, es cuando él nos recuerda que Yo soy la resurrección y la vida, ¿crees esto?. Sí Señor, yo creo.
Fuerza para todos. Resistiremos para seguir viviendo y confiando en que Jesús es la resurrección y la vida.

Feliz Cuaresma
Hasta la próxima
Paco Mira

sábado, 21 de marzo de 2020

CUADERNO DE CUARESMA: RESISTIRÉ, PARA SEGUIR VIVIENDO




Cuando hace unos años, tuvimos la crisis de la economía y muchos nos han dicho que las cosas no iban a ser lo mismo, creo que no se cumplió nada de eso, entre otras cosas porque la vida de todos y cada uno de nosotros ha seguido como la teníamos: la gente consumía igual, los bares y tiendas estaban llenos, todos decíamos que no llegábamos a fin de mes... y al cabo de diez años, aquí seguimos quejándonos de lo que pudo haber sido y no fue.
Ahora, que nos dicen que las cosas no van ser como antes, hemos cogido miedo. En aquel momento, muchos no lo cogieron, ahora sí: tenemos miedo a la salud, miedo a perder el trabajo, no podemos salir de casa, nunca habíamos dejado de hacerlo, ¡no hay futbol!. ¡Qué tragedia!,
hay que guardar medidas de seguridad, hay que ser más higiénicos , si cabe, de lo que éramos... y todo por culpa de un virus. Lo pequeño se hace grande y nos hace pensar en lo que pudimos hacer y no hicimos.
Pero creo que ahora sí: todos tenemos claro que la vida ya no va a ser lo mismo. Nos va a cambiar de una forma radical, por el miedo o no, pero nos va a cambiar. Seguro que ahora le echamos la culpa a un gobierno que se le fue de las manos lo que no se tenía que haber escapado, sin embargo todos estamos metidos ahora en el mismo barco y todos tenemos que remar en la misma dirección y de nada vale lamentarse del pasado que no nos va a ayudar.
Por eso, y como cantaba el dúo Dinámico, resistiré, para seguir viviendo, para seguir viviendo en una situación nada fácil. Resistirán y tienen que hacerlo todos aquellos que en la actualidad están viviendo en la calle, en medio de cartones, sin nadie que tengan o quieran hacerse cargo de ellos; resistirán y tienen que hacerlo tantos y tantos ancianos que al no poder recibir visitas están solos en residencias u hospitales, resistirán y tienen que hacerlo tantos y tantos que les costaba llegar a fin de mes y que ahora las perspectivas de trabajo si eran chungas, ahora lo son el doble, resistirán y tienen que hacerlo todos aquellos que estaban acudiendo a caritas o a comedores sociales, porque tienen que saber que nunca, pero ahora menos, estarán solos.
El ciego de la parábola de este fin de semana, resistió para seguir viviendo y viendo. Seguro que se había acostumbrado a vivir sin ver, porque no pensaba, que otra forma de vida, era diferente. Solo cuando uno se encuentra con la verdad, con lo que verdaderamente da la vida, recobra la vista.
Quiero creer, y creo, que vamos, dentro de lo malo por el momento, por el buen camino; vamos camino de ver la luz.
Seguro que los problemas que ahora nos están acuciando no se verán de la misma manera dentro de un tiempo. Le daremos otra visión totalmente diferente a lo que estamos viendo, porque lo que ahora estamos pasando seguro que nos sirve de aprendizaje.
Los aplausos a los medios sanitarios; los aplausos a los supermercados; los aplausos a todos los que nos están sacando de este pozo, son sin duda los grandes beneficiados de recobrar una vista que nos tiene que guiar en el futuro para no volver a tropezar en la misma piedra. La verdad que esta cuaresma nos está llamando a la conversión. Mucho tenemos que cambiar en nuestro corazón para que lo malo se vuelva bueno y lo oscuro en luz.
Seamos optimistas y seguro que salimos adelante, porque resistiremos para seguir viviendo

Feliz Cuaresma
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 13 de marzo de 2020

CUADERNO DE CUARESMA: UN ENCUENTRO DE SEDIENTOS



Quien sabe más que un servidor, que es la mayoría, dice que podemos pasar más de un mes seguido, sin injerir alimentos, pero da la casualidad que no puede pasar una semana sin que injiera líquido, especialmente agua. Y todo esto debido a que mayoritariamente nuestro cuerpo está formado por agua, algo que necesitamos para sobrevivir; por eso la sed insatisfecha puede llegar a torturar a quien la padece. Pero claro, también está la sed no física, sino humana, que estando insatisfecha, puede también llegar a torturar.
Jesús llega a Sicar y también tiene sed. Le dice a aquella mujer "Dame de beber". Es curioso como los samaritanos y los judíos no se llevan y coinciden en lo vital de la vida: el agua. La samaritana no entiende que lo que está pidiendo Jesús es el agua de la reconciliación, el agua del perdón, el agua que cura ciertas heridas que están abiertas pero que no se ven a simple vista. Es más nos cuesta dar el primer paso para pedir perdón. El pueblo judío (en la primera lectura) se lo echa en cara a Moisés.
Pero claro, también la samaritana sale al encuentro del agua, va al pozo y se encuentra con la sorpresa. A veces lo vital de la vida es sorpresivo, no lo esperamos, pero lo mismo que ella sabía donde tenía que ir con el cubo a buscar el agua, malo es si nosotros no tenemos claro a donde tenemos que ir para saciar la sed que nos inunda.
Jesús aboga por saciar una sed, con un agua de reconciliación entre Dios y el hombre (representado en los dos pueblos); aboga por saciar la sed del diálogo perdido muchas veces no solamente entre los hombres sino también entre el hombre y Dios (representado en el diálogo con la samaritana). Un diálogo también de acogida. La samaritana podría haber echado a Jesús de aquel lugar, sin embargo accedió al diálogo, a la escucha, a la paciencia, a no tener prisa... a disfrutar de un vaso de agua.
La sed de la samaritana queda saciada cuando se da cuenta de quien es el interlocutor que tiene enfrente. Cuando ella se da cuenta de sus limitaciones, cuando ella se da cuenta que viviendo en el rencor y el odio, cuando ella se da cuenta que viviendo en el silencio de quien no quiere dialogar y hablar... es cuando puede vivir en transparencia y honestidad con ella misma, cosa que hasta la fecha no había podido conseguir.
Decía antes que lo crucial de la vida a veces se da en lo sencillo y cotidiano. Es curioso como desde que nos levantamos hasta que nos acostamos infinidad de veces Dios se sienta con nosotros en el diálogo, en la escucha, en la paciencia... y nosotros seguro que no nos damos cuenta o quizás no queramos darnos cuenta. ¡Cuántos Jesús pasan a nuestro lado que nos dicen dame de beber! y nosotros sin querer o queriendo cruzamos la calle, nos damos media vuelta, miramos para otro lado....
No cerremos la puerta a todo aquello que nos sirva para encontrarnos, como si es un vaso de agua. A veces ponemos infinidad de excusas para no acudir al pozo que nos sacia. Este domingo es el domingo del encuentro de sedientos: Jesús tiene sed de ti, pero tú, yo...¿tenemos sed de él?

Feliz Cuaresma
Hasta la próxima
Paco Mira