viernes, 26 de junio de 2020

PERO, ¿A QUÉ TENGO QUE RENUNCIAR?

En estos tres meses de confinamiento - el que lo cumplió claro - algo que se nos recordaba mucho, era no salir de casa. Eso evitaba la propagación del virus en el caso de tenerlo. Pero claro, había otro problema, y ahora, ¿qué hago?. Hay que renunciar a cosas que se hacían y ahora no se puede. Al principio todo muy bien: para muchos eran vacaciones, otros se dedicaban a ordenar aquello que tenían pendiente; otros aprovechaban para hacer alguna chapuza que tenía pendiente dentro de la casa... pero claro: todo cansa: cansa no hacer nada, cansa ordenar, cansa la chapuza... pero hay que renunciar a lo que hacíamos antes, no quedaba otra.

Claro, eso eran los que tenían un trabajo determinado, porque otros, - como los sanitarios, por ejemplo - no pudieron renunciar a lo que estaban haciendo desde hacía tiempo, que era mejorar la calidad de vida de aquellos que, sin conocerlos, eran seres humanos y merecía la pena echarles una mano. Sin embargo ellos también renunciaron: a lo personal (familia, hijos...), a las amistades de toda la vida a las que no podían dedicarle tiempo, a el quehacer diario de lectura, de televisión, de ocio, etc....

Es curioso que este fin de semana, Jesús nos propone también la renuncia. Y la renuncia que nos propone no es fácil, porque propone renunciar a aquello que normalmente queremos como son nuestros padres, nuestras amistades, lo que más apreciamos..... Ños, si eso es así, no sé si muchos podremos renunciar: ¡ cómo vamos a renunciar a los padres!

Lógicamente entendemos que el propio Jesús no pide que abandonemos aquello que es esencial en nuestra vida como es la familia; no puede consentir, ni consiente, que abandonemos a nuestros padres, hermanos, seres de lo más cercano posibles... pero sí pide que nuestra opción por su persona y su mensaje no sea titubeante, ni tengamos que ver con que las autoridades civiles - como en el caso del covid - nos digan cómo tenemos que hacerlo.

Pero sí tenemos o tenemos que tener claro los cristianos, es que nuestra decisión no tiene ni puede ser titubeante: a veces las disculpas son mayúsculas para el seguimiento a quien decimos que queremos con locura y que es lo más importante en nuestra vida, lo declinamos porque hay que abandonar a nuestros padres y a nuestras madres.

Lo que en un principio parece inasequible nos hace quedar ciegos al final del párrafo que dice que el que dé de beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca.... Jesús nos está ofertando la base desde la que debemos partir para ser discípulos suyos. Cuando hacemos algo, aunque sea por Dios, eso no queda sin recompensa, por pequeño que sea (en este caso un vaso de agua)

Muchas personas tienen la creencia de que ser cristianos es algo difícil y complicado: un cúmulo de normas, mandamientos, preceptos... que se viven como una carga a menudo bastante pesada. Quizás porque los propios cristianos hemos transmitido esa imagen con un mal testimonio. Para seguir a Jesús hay que renunciar a muchas cosas y no hay que renunciar a lo fundamental. Pone como ejemplo a nuestros padres, pero probablemente somos de los que ponemos infinidad de excusas para no seguirle, para no tener tiempo para compartir su fe, de callarnos ante injusticias de las que estamos seguros que podemos hacerlas.

Pero, ¿a qué tenemos que renunciar?. Esta es la pregunta. Cada uno, para seguir a Jesús tendrá que preguntarse de qué tiene que vaciarse para que él ocupe un lugar, el lugar que le corresponde.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 19 de junio de 2020

EL CORAZÓN ES SÍSTOLE Y DIÁSTOLE

Este mes, en general, pero el viernes pasado, hemos celebrado el Sagrado Corazón de Jesús. Fiesta en muchos lugares y de gran devoción en otros tantos. Hablar de corazón es hablar del centro de operaciones del ser humano. Es poner encima de la mesa los problemas coronarios y de cardiología que podamos tener. Es traer diariamente a la presencia de todos y cada uno de nosotros los sentimientos que marcan nuestro actuar diario y nuestro devenir en la historia. De hecho, sabemos que al " atardecer de la vida, al final de nuestros días, nos va a examinar un cardiólogo especialista en amar". Se supone a lo largo de nuestra vida hemos ido a clase y nos han enseñado a amar, para que al final nos examinen. ¿aprobaremos?, ¿necesitaremos mejorar?, ¿tendremos que ir a clase de refuerzo?, ¿nos dejarán para Septiembre?, uff, cuantas preguntas en poco tiempo. Nuestro corazón es un sístole y diástole, da y recibe, bombea y expulsa... en cada uno de nosotros está el saber lo que tenemos más de qué.

¡Qué bonito es amar!, ¡Qué bonito es cuando, desde el amor, uno se entrega a una causa justa y por los justos!. ¡Qué bonito es manifestar el amor de Dios en los demás, incluso en aquellos que no conocemos, y qué bonito es amar a los que los demás desprecian!.

El evangelio de este fin de semana nos habla de no tener miedo. Creo que somos una generación demasiado temblorosa a la hora de manifestar aquello que creemos que es verdadero y que sobre todo no lo hacemos por el miedo al que dirán y no hay peor cosa que dejarse vencer por el miedo. Miedo a perder prestigio, miedo a nuestra posición social, miedo a no ser reconocidos en el ámbito en el que nos movemos.... el que realmente ama de verdad y no tiene miedo, no quiere que salga publicado en los periódicos.

Con frecuencia vivimos preocupados solo en quedar bien. Nos da miedo hacer el ridículo, confesar nuestras verdaderas convicciones, dar testimonio de nuestra fe en un mundo que lo más probable no sople a nuestro favor. Tememos las críticas, los comentarios y el rechazo de los demás, incluidos los más cercanos. No queremos ser clasificados. Otras veces nos invade el temor al futuro. No vemos claro nuestro porvenir. No tenemos seguridad en nada. Quizás no confiamos en nadie. Nos da miedo enfrentarnos al mañana.

Siempre ha sido tentador para los creyentes buscar en la religión un refugio seguro que nos libere de nuestros miedos, incertidumbres y temores. Pero sería un error ver en la fe el agarradero fácil de los pusilánimes, los cobardes y los asustadizos.

La fe y el amor no crea hombres cobardes, por eso Jesús dice que "lo que les digo de noche, díganlo a pleno día". La fe y el amor no encierra a los creyentes en sí mismos, sino que nos abre más a la vida problemática y conflictiva de cada día. No seamos profetas de calamidades, pero no nos quedemos callados. Muchos por hablar, recibieron una bala como respuesta

(Ellacuría, Romero, etc...).No lo envuelve en la pereza y la comodidad, sino que los anima para el compromiso.

Eso lo entendieron bien todos los voluntarios y profesionales del covid19 que por amor entregaron su vida en favor de otros anónimos o quizás conocidos, por eso si uno se pone de mi parte, yo lo pondré de mi parte delante de Dios. Lo entiende la madre a diario con su familia, el profesional de la educación, etc... El corazón, nuestra máquina más importante, que no solamente bombea el líquido que nos hace vivir (sístole y diástole), sino que genera nuestros sentimientos más profundos, cuidémoslo, venerémoslo, amémoslo... y seguro que cuando llegue el examen final, no tendremos problemas en superarlo.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 12 de junio de 2020

MI ALFOMBRA ES DE TIERRA, VIENTO Y CON BASTANTES PLANTAS SECAS

MI ALFOMBRA ES DE TIERRA, VIENTO Y CON BASTANTES PLANTAS SECAS

Este fin de semana celebramos la fiesta del Corpus, que traducido literalmente significa cuerpo. Es también costumbre (es curioso como nos acordamos de cosas que "siempre hemos hecho así", y casi se convierten en norma de obligado cumplimiento) que se hagan alfombras (de sal, de serrín, de pétalos, de pinocha...), e incluso son de visita y de interés cultural. He de decir que hay verdaderos artistas a lo largo y ancho del mundo que configuran verdaderas obras de arte, y en nuestra isla también.

También es costumbre que se haga una procesión en la que el sacerdote, con la custodia, pise dichas alfombras como señal y reconocimiento que nuestro amigo Jesús, está por encima de todo y además los que hacen las alfombras se sienten orgullosos que el propio Jesús desbarate lo que con tanto trabajo ha costado construir, con muchas horas de dedicación.

Pero a mí me gustaría que la alfombra por la que pasa Jesús, sea de tierra, polvo y viento y plantas secas. No porque tenga que ser así, sino porque es - en mi pueblo - como son las calles, o al menos hasta no hace mucho tiempo. Unas calles por las que transitan un montón de personas que desgraciadamente son anónimas para mí, pero que probablemente no lo sea para el propio Jesús. Personas con su problemática familiar, social, de trabajo, de relación....


El Cuerpo y la Sangre de Jesús son el alimento para todas esas personas que necesitan del aliento, de la escucha, del ánimo, del apoyo... en ese camino rudo y duro diario con el que se encuentran día a día. El cuerpo de Jesús que se parte y reparte tiene que ser el alimento de tantos sudores, de tantas lágrimas, de tantos desencantos, de tantas colas de pobreza para llevar algo a sus seres queridos.

En esto tenemos mucho que ver aquellos que decimos que creemos en un tal Jesús de Nazaret. Muchos decimos que creemos, pero a lo mejor es de boquilla, y nuestro corazón es duro como una piedra. Cada vez estoy más convencido que creer en Jesús no es solamente celebrar la Eucaristía dominical. Eso, en el fondo, es tranquilizar una conciencia normativa y me vuelvo a casa igual o peor de lo que salí. No somos mejores ni peores cristianos por ir o no a misa un domingo. Creer en Jesús de Nazaret es demostrar mi generosidad en tiempos de pandemia; es anunciar a los cuatro vientos que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida a pesar del gobierno de turno que procura callarnos la boca; creer en Jesús es apuntar a mi hijo a clase de religión, es creer que la primera comunión no es una meta en mi proceso de fe, sino una etapa en ese proceso.

El Cuerpo y la Sangre de Jesús es una invitación a una comida en la que todos cabemos, nadie queda fuera del pan partido y compartido. No hay o no debe haber puertas cerradas par que los diferentes nos reunamos en torno a la

mesa que nos hace uno, en la que no hay razas, ni lenguas, ni fronteras. Está bien hacer la genuflexión por Floyd, el hombre de color muerto a manos de la policía de USA, pero no nos olvidemos de hacer la genuflexión por todos los ancianitos que han muerto en la soledad víctimas de covid 19. Muchas flores y plantas secas en balcones que hasta hace muy poco estaban siendo regados con cariño, con amor, con delicadeza, con sutileza... no seamos cristianos de medios de comunicación que solamente buscan el éxito de un día .

Celebremos la alfombra desnuda, pero compartida. Celebremos la alfombra de lo que somos y tenemos con los que quieren y no pueden o no saben. Celebremos la alfombra que comparte y reparte un calor y una comida que dura para toda la vida. Solo así seremos capaces de tener un buen Corpus.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 5 de junio de 2020

TRES EN UNO. EL DESATASCADOR




Cuando uno trabajaba presencialmente (parece que hace.....uff.... ni se sabe), recuerdo que alguien me preguntaba, "¿por qué a los desatascadores se les llama tres en uno?. Pues me quedé en blanco y estoy por asegurar que si a ustedes les hacen la misma pregunta, pues por ahí andará la cosa. Es más, todavía tengo mis dudas de donde procede dicha expresión. Pero sí tengo claro cual es su finalidad. En los tiempos de mi infancia, había como una especie de solideo con un palo, que al hacer presión sobre un desagüe, salía toda la porquería, pero era la solución y aquel fregadero era una maravilla. Hoy, los tiempos han cambiado, pero todavía veo alguno de esos por alguna de las casas, con lo que los desatascadores no son nuevos.


Hoy, la Iglesia, también nos presenta un desatascador. Este fin de semana, la Iglesia celebra la fiesta de la Santísima Trinidad. Hoy, en el mundo de hoy también necesitamos un desatascador. Vemos a nuestros políticos perder los papeles en el marco donde se debate que la democracia es el gobierno donde estamos todos representados y oralmente nos lo profanan. Vemos, con motivo de la pandemia, la inmoralidad de jugar con el número de fallecidos que ya no sabemos por cuantos van; vemos como lo que llaman las colas de la pobreza o del hambre, cada vez son más largas; vemos como en USA, por la muerte injusta de una persona de color, la violencia, el odio, la rabia contenida... se desata de una manera brutal; vemos como en África el covid 19, sigue haciendo estragos, como en muchos países de sudamérica; vemos como en África el cólera, el hambre... sigue campando a sus anchas y todos nos quedamos callados, ¡Cómo no vamos a necesitar un desatascador!. Un desatascador que ponga un poco de cordura en todo esto, por favor.

Claro, pero existe otro problema: ¡como explicar la Trinidad!. ¡cómo explicar que tres personas reales, realmente son una sola!. Pues la cosa está complicada. Tenía un profesor que nos decía: Imagínense que su padre, en sus ratos libres, juega al fútbol en el equipo de veteranos de su zona; pero también cuando puede le lleva la contabilidad a un pequeño negocio que tiene su hermano, nuestro tío. La pregunta es: ¿tienen un padre y un futbolista y un contable?, o ¿esa persona hace las tres cosas?. Claro, la respuesta era y es que no. Tenemos una sola persona que hace tres cosas.

El misterio de la Trinidad es algo parecido, pero no deja de ser un misterio de amor. Si de alguna manera pudiéramos pesar, tocar, valorar... la cantidad de amor que cada uno de nosotros podemos dar, eso hasta el infinito sería la Trinidad. Por eso Pablo, cuando le escribe a la comunidad de Corinto, empieza con lo mismo que nosotros en la Eucaristía: la gracia de Ntro. Sr. Jesucristo, el amor del Padre y la comunión de ambos en el Espíritu. ¡Qué hermosa lección para poder desatascar todos aquellos problemas que nos achuchan en la vida.

Hoy vivimos en una sociedad en la que cada vez más se notan - por las circunstancias que estamos viviendo - gestos de amor: en los sanitarios, en las personas de las residencias, en los que atienden las colas de los necesitados... pues imaginémonos a Dios que entrega a su propio Hijo para que no nos peleáramos más, pero nosotros nada de nada, y eso que vino no a condenar al mundo, sino que éste se salve por él. Pues aún así, Dios nos sigue amando y queriendo.

Amigos. Solamente un último apunte. Empiezan las matrículas en colegios e institutos. No nos olvidemos de dar testimonio de lo que decimos que creemos: marquemos religión como una de las optativas. No nos arrepentiremos.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 29 de mayo de 2020

" UN POCO DE ESPÍRITU, POR FAVOR"

No hace mucho, viendo un programa de televisión (de bastante audiencia, por cierto), el presentador comenzaba diciendo que iba a hablar de la edad. Y resulta que él tiene cuarenta y ocho años reales, por almanaque, pero que genéticamente tiene unos cuarenta y dos años. Claro los compañeros de programa que estaban con él, empiezan a preguntarse que cómo se puede hacer una distinción de edad de esa manera y él dice que ha pasado unas pruebas: estudios genéticos, fuerza en las manos, etc... y concluye que es más joven - o al menos se siente así - que lo que le pone el carnet de identidad. Claro, una cosa es la edad y otra, el espíritu de esa edad.
Traigo esto a colación, porque este fin de semana es Pentecostés. Dicho de otra manera: el nacimiento de la Iglesia de una manera oficial. Claro si le hacemos a nuestra querida Iglesia la prueba del presentador de televisión, de cuántos años puede tener, pues a lo mejor nos llevamos una sorpresa o por el contrario creemos que estamos dentro de unos parámetros que podrían ser mejores o de otra manera. Podemos tener dos mil años y ser joven o dos mil y...
Nuestro "amigo covid 19", probablemente sea el termómetro de muchas cosas a partir de ahora. Cosas que nos parecían intocables y que en un intervalo muy cortito de tiempo nos ha llevado a plantearnos la vida de otra manera y de otra forma. En dos meses hemos pasado de la poltrona y de estar bien y que no nos muevan, de iglesias abiertas y que entre el que quiera, a una situación que en algunos casos se me antoja hasta dramática. Se ha producido un cambio, que incluso intuyo que hasta no puede ser malo.
Claro, a nivel eclesial, probablemente ahora estamos viendo la medida de nuestro compromiso evangélico. A partir de ahora vemos como es nuestro testimonio pascual de un Jesús resucitado ante la sociedad que nos rodea: si ahora que están abriéndose los templos y a los que por el momento no debe ser factible para las personas mayores, por ser potencialmente de riesgo y la asistencia no es mucha, luego lo que teníamos era un cierto espejismo de una generación que gracias ella mantenía las puertas abiertas.
Ahora que celebramos Pentecostés, es cuestión de pedir un poco de Espíritu y si puede ser con educación: por favor. Seguro que cada vez hay más los que dicen que creen en Dios, pero no en la Iglesia ni en los curas. Sin duda no les falta razón y tiene que ser así: Dios primero y antes que nada, pero también hay que plantearnos por qué la segunda parte no acaba de encajar.
Nuestra querida Iglesia, aquella que surgió con un montón de dudas en Pentecostés, que incluso tenían las puertas cerradas por miedo, da la casualidad que hoy también tiene un montón de dudas, también tiene un montón de puertas cerradas, tiene miedo a abrirse... y es que es maravilloso que esa Iglesia no es algo abstracto, sino que está formada por un montón de gente bautizada y que formamos eso que precisamente llamamos Iglesia.
Gente que somos caminantes de los tiempos y de diferentes lugares; caminantes de la historia de la que formamos parte con aciertos, pero también con un montón de errores y que gracias a que los reconocemos somos capaces de levantarnos y de continuar adelante. Pero eso no se podría hacer, si nuestro Espíritu no nos impulsara a ello.
Dice el evangelio de este fin de semana que "a quienes les perdonen los pecados...". El covid 19 nos quitó la venda de cosas que podemos hacer sin por qué marcarnos una fecha. Muchos se lamentan de no poder despedirse de sus seres porque no esperaban esto. Aprovechemos Pentecostés para la escucha, el diálogo, la sonrisa, el silencio... dejemos que Dios hable por medio de los acontecimientos y escuchemos lo que nos dice: "La paz esté con ustedes".
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 22 de mayo de 2020

TODOS LOS VIAJES TIENEN ALGUNA INCERTIDUMBRE


¡A quien no le gusta viajar!. Creo que si hacemos una encuesta son pocos, muy pocos los que renieguen de la posibilidad de hacer algún viajito, no solo a lo largo de su vida, sino con cierta frecuencia: si puede ser todos los años, mejor que cada dos o tres años. Pero claro no todos los viajes son de la misma índole.
Todos los pueblos tienen su propia sensibilidad: hay pueblos que les cuesta más salir de su casa; hay pueblos a los que no le importa salir con más frecuencia; hay pueblos que tienen que salir por obligación, .. pero todos los viajes tienen su pequeña o gran incertidumbre. Y si no que se lo pregunten a tantos y tantos familiares nuestros que en algún tiempo han tenido que viajar al extranjero, eso que se llamaba y se llama emigrantes, que se iban como común mente se dice "con una mano delante y otra atrás", es decir ,con lo puesto; con esa cara de asustados por no saber lo que se iban a encontrar... muchos, por desgracia, no volvieron y otros volvieron y con el sudor y las lágrimas del destierro fueron capaces aquí de sacar a su familia adelante.
Pero también ha habido quienes han tenido que salir de su casa, viajar para estudiar, formarse, labrarse un futuro... y ¡ quien no recuerda esas lágrimas de una madre cuando ve partir a su hijo o hija hacia lo desconocido, aunque este sea o esté cercano!, ¡quién no recuerda el anuncio de "vuelve a casa por Navidad" que a tantos ha enternecido!. ¡Cuantos viajes tiene la vida, e incluso con finales distintos!
Cuento todo esto, porque la liturgia de este fin de semana, habla de un viaje. Jesús se va. Vuelve a sus orígenes, va al lugar del que ha salido y que en más de una ocasión nos dice y recuerda que allí nos espera. Casi como un padre emigrante que le dice a su hijo, "si no puedes ahí, vente que yo aquí te consigo algo". Celebramos la Ascensión, uno de aquellos jueves reconvertidos a domingo que se nos enseñaba que había tres jueves en el año que relumbraban más que el sol. jueves santo, corpus y la ascensión.
Pero claro, la Ascensión tiene letra pequeña, aquella que nadie o casi nadie lee, precisamente por eso, por ser pequeña. La letra pequeña de este domingo es la respuesta de los ángeles a los Apóstoles: "¿qué hacen mirando al cielo, varones sin alegría?". La vida continúa, tiene que continuar. Nunca debemos de bajar la guardia, lo que ahora nos toca es poner en práctica lo que hemos o lo que hemos dicho que habíamos aprendido.
El hijo, cuando se va a estudiar, intenta poner en práctica todo lo que su madre le había enseñado, aunque se equivoque: la cama, la lavadora, pasar el cepillo o la fregona.... Nosotros a nivel evangélico, ¿qué aprendimos o estamos aprendiendo?. Siempre se dijo que la vida no era fácil y la pandemia nos ha puesto a prueba a todos. Probablemente en esta pandemia lo más fácil es no pararse a leer la letra pequeña porque hay "otras ocupaciones" que en teoría son más importantes.
Alguno le diría a sus familiares: " te lo dije, no tendrías que haberte ido". Quizás muchos se lo dirían a Jesús que no tendría que haberse ido. Pero es la hora de nuestra mayoría de edad. Es la hora de afrontar la realidad de esta maravillosa aventura llamada vida. Es la hora de poner en práctica todo aquello que hemos aprendido y sobre todo que los que nos vean no digan que somos unos amargados de la vida o que somos unos varones sin alegría.
Por que no nos olvidemos que aunque físicamente no le veamos, él estará con nosotros hasta el final de los tiempos
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 15 de mayo de 2020

¿HAY ALGO BUENO, DENTRO DE LO MALO, EN EL CORONAVIRUS?


Volviendo un poco al hilo conductor de la semana pasada en la que les contaba un poco parte de la historia de mi abuela, claro yo le preguntaba que cómo seria el "después" de aquellos desagradables acontecimientos bélicos. Claro, ella me decía que ya la vida no podía plantearse de la misma manera, porque los hechos históricos, aunque no quisieran, obligaban a que fuera la vida de otra manera. Nada sería, ni podía ser, como antes. Aprendieron a valorar aquello que tenían, pero que se les esfumó de una manera nada pensada. Muchos seres queridos se fueron sin un hasta luego o un adiós.
Estos días, cuando pensaba cómo reflexionar estos domingos, me venía a la cabeza - no solamente a mi abuela - sino el cómo será el después. Mejor todavía, ¿aprendimos algo bueno de lo malo?; incluso también podemos preguntarnos si, ¿de lo malo se puede sacar algo bueno?. Pues yo creo que sí. Creo que podemos empezar a tomar recortes de muchas cosas que hasta ahora, como autosuficientes, no hacíamos y que ahora podremos empezar a valorar y a tener en cuenta.
Vivíamos (¿vivimos?) en un mundo que corría o corre demasiado deprisa. Es más, tenemos prisa en la desescalada, queremos, no cumpliendo con los protocolos establecidos, que la vida vuelva a tener la velocidad que tenía tan solo hace dos meses. Sin embargo creo que la señal de stop tiene que ponerse delante de todos y cada uno de nosotros. Ya no puede ser la vida como antes.
Nuestro mundo tenía tanta prisa que no teníamos tiempo para las conversaciones familiares, entre padres e hijos, entre matrimonios. Creo que es bueno que ahora nos planteemos tener como obligación esa conversación. Provocar y buscar ese espacio. Teníamos prisa para acostarnos porque al día siguiente el trabajo era duro y no teníamos tiempo para compartir como nos había ido el día. Apaguemos el tv y dediquemos tiempo a compartir. Teníamos prisa para vestirnos por la mañana, para el desayuno, para llevar los niños al colegio.... y no acabamos disfrutando nada de nada.
Teníamos prisa en nuestra vida, que no demostrábamos nuestros sentimientos. No dábamos besos, no acariciábamos, no abrazábamos, no visitábamos.... a muchos de esos a los que no teníamos tiempo para cumplir con lo anterior, ya están en la casa del Padre y ahora seguro que si volviéramos la vista atrás le daríamos todo lo que no dimos en su momento. Aprovechemos a partir de ahora para compartir sentimientos, para besar, para acariciar, para abrazar... no nos quedemos con la tristeza de no haber cumplido con la obligación que el corazón nos impone.
Este fin de semana, el evangelio nos habla del Espíritu de la verdad y del amor del Padre y del Hijo. El Espíritu no es algo imperativo e impositivo, es un Espíritu de amor que nos lleva a descubrir a los demás como parte de nosotros y a los que tenemos que amar como él nos ha amado.
También hasta ahora teníamos prisa. Esa prisa nos llevaba a no tener tiempo para el Padre, como muchos hijos no tuvieron tiempo para sus padres. Es un tiempo nuevo y así tenemos que verlo, y que tenemos que plantearnos la vida de otra manera. Tiene que morirse la prisa, tenemos que tener tiempo o buscarlo para compartir aquello que es importante. Quien está convencido de lo que realmente vale la pena, les pasa como a los Apóstoles que imponían las manos, y la gente se llenaba de lo que realmente merece la pena.
Ojala, que dentro de lo malo, aprendamos algo bueno

Hasta la próxima
Paco Mira