viernes, 30 de julio de 2021
EN VERANO, TAMBIÉN LA MASCARILLA
Pues se ha convertido en un complemento más de nuestra vestimenta. Aquello que puede ser muy polémico, se ha convertido en artículo de primera necesidad y del que no podemos prescindir, incluso por imperativo legal. Tanto es que se ha convertido en un complemento a la vestimenta, que lo comprobamos en la cantidad de mascarillas que con un motivo u otro sale al mercado: diferentes colores para que me peguen con la ropa, con alguna alusión a la empresa en la que trabajo, con alusión al año santo jacobeo, en recuerdo de algún acontecimiento importante, con algún dibujo alusivo a algún motivo, o sin motivo alguno, etc... La mascarilla es obligatoria.
Pero incluso nos hemos rendido a la evidencia de tener que ocultar nuestra sonrisa, de que no se nos entienda cuando hablamos, de que nos tengan que corregir con frecuencia porque no la tenemos bien puesta, de que nos cierren la puerta o no nos dejen entrar en algún establecimiento por no llevarla, e incluso se puede convertir en un peligro porque nos pueden agredir cuando le llamamos la atención a alguien que no hace un correcto uso de la misma, como le pasó a un enfermero en el metro.
Nos vamos de vacaciones, los que las tengan claro. Porque esa es otra. Ha sido un año duro y complicado y en muchos casos con economía escasa, precaria y con ayudas que decimos que no nos llega, pero ¡nos vamos de vacaciones!. Suerte la de muchos que sus números en vez de restar, suman.
Y en la maleta, en la mochila, no podemos olvidarnos de las mascarillas. Da igual el logo de las mismas. Algunas sacaran con motivos veraniegos. Pero además creo que debemos tenerlas presentes. La mascarilla nos evita ciertos riesgos y uno de ellos es que en este verano pensemos que Dios también coge vacaciones, que tiene un cartel en el hotel del cielo que pone: a la vuelta nos vemos o llámeme a la vuelta.
Ojo: esas vacaciones también las pensamos los que estamos metidos dentro de la pastoral. El otro día comentaba con un amigo que a veces la buena voluntad no es la mejor de las compañías, puesto que en vez de favorecer la expansión de buena noticia, enredamos la misma y creamos más confusión de la que ya existe. Por ejemplo: ¡ cuántos catequistas nos preguntan: cuando sean las preces, me avisas para salir!. Es decir que no sabemos en qué momento de la celebración son las preces; ¡ cuando sea el salmo, no te olvides de darme un toque!. Por eso digo que la buena voluntad no es, a veces, buena compañera.
Quiero también la mascarilla para evitar el riesgo de no tener un ratito de oración veraniega. Aquí en Canarias, como en otros lugares, las puestas de sol o los amaneceres son propicios para dar gracias al Creador. Para poder compartir la belleza de locreado; Quiero también tener la mascarilla para evitar el riesgo de convertirme en egoísta y no compartir un ratito de mi tiempo con el que está solo, con quien no tiene compañía, con quien no tiene con quien charlar.
Quiero también la mascarilla para evitar el riesgo de no tener una sonrisa invisible, de una sonrisa con los ojos, que se me note, de no tener un silencio oportuno, una mano amiga, un abrazo inesperado... con aquellos que seguro que van a la playa conmigo y que están deseando un gesto de mi parte.
El evangelio de este fin de semana, nos viene a recordar que el gran mensaje del Padre, es que creamos que el trabajo y la Buena Noticia tienen un nombre que no debemos olvidar: Jesús de Nazaret. Ojala que la mascarilla me evite el riesgo de mirar solamente al cielo y esperar a que me llegue el maná, sin currar aquí en la tierra.
Como tampoco debemos olvidarnos de la mascarilla, para evitar los riesgos que antes he mencionado y otros que podamos descubrir, cada uno los suyos. Por cierto Feliz Verano
Hasta la próxima
Paco Mira
jueves, 22 de julio de 2021
GRACIAS A DIOS, NI SE APELLIDA, NI ES MATAMOROS
GRACIAS A DIOS, NI SE APELLIDA, NI ES MATAMOROS
Después de once años (que se dice bien pronto), volvemos a tener un año Jacobeo o xacobeo. Es decir, la fiesta del testimonio y de la entrega, la celebramos en domingo (bien es cierto que lo podemos celebrar cualquier día de la semana). Santiago, el Apóstol, este año cae en domingo.
También hay que valorar que después de todo lo que hemos pasado con la pandemia de marras, de que todavía no estamos recuperados del todo de los catorce meses anteriores, que parece que estamos inmersos en una nueva ola (y van cinco y seguro que no sabemos las que nos quedan), que los casos están repuntando de nuevo ante la irresponsabilidad de quienes se creen en posesión de una verdad que es cuantificable y no se puede dejar a la buena de Dios, que subimos de nivel como los precios... pues resulta que nuestro querido Papa no nos concede un año jacobeo, sino dos. Ha empezado el 1 de enero del 2021 y terminará el 31 de diciembre del 2022, aunque aquí el 25 caiga en un lunes.
En el fondo me gusta. Así nadie tendrá la disculpa de que no se ha enterado; nadie tendrá la disculpa que no ha podido acercarse al testigo de la fe que quiere tomar como ejemplo; nadie tendrá la disculpa que no ha tenido tiempo: tenemos dos años, ni más ni menos.
Es verdad que a nuestro protagonista le han apellidado con algo que no es verdad (matamoros). Ni siquiera sabemos a ciencia cierta (más improbable que probable) si sus restos reposan en la mismísima catedral de Santiago de Compostela (Campo de estrellas). Lo que sí tenemos claro es que alguien convencido de su fe y que a su vez da testimonio de la misma, es capaz de mover montañas y atraer hacia sí a millones de personas. Nosotros nos damos con la cabeza contra las piedras par intentar ver lo que podemos hacer para recuperar lo que la pandemia nos ha quitado y que ha llevado a que se vacíen nuestros templos.
Santiago ha sido y es un ejemplo de fe. Como tantos que todavía caminan con nosotros desde el anonimato, que seguro que viven a nuestro lado, que nos enseñan todos los días lo que tenemos que hacer y sobre todo cómo tenemos que hacerlo, y no tienen una imagen en alguno de nuestros templos, pero ¿qué mejor templo que su propia vida?.
Todos ellos marcan un camino, como el camino de Santiago, de María, de Juan, de Suso, de Pino...un camino que no es otro que el encuentro, que la solidaridad, el silencio, la sonrisa, a veces el sufrimiento de los rigores del propio camino, pero que nos lleva a no querer dejarlo y a seguir adelante porque hay una fuerza que seguro que no sabemos explicar, pero que nos lleva a no querer dejarlo. Nuestra vida está llena de señales que nos indican el camino, y en más de una ocasión nos perdemos.
LLegar a Santiago es pasar por la puerta que nos conduce al abrazo con el testigo. ¡Qué nos cuesta abrazar a quien no concuerda con nosotros o que sencillamente no ha hecho el mismo camino!. Todos los testigos de la fe, con nombre y apellidos, abrazan a los anónimos, a los sin nombre o sin techo, o sin comida, o que no llegan a fin de mes, o a los que están solos, o a los que mueren en la cama de un hospital sin nadie al lado, o a los que están en las colas del hambre. Estoy convencido que hay muchos santiagos de la vida que no tienen hueco en ninguna catedral.
Le han etiquetado de matamoros. Espero que quien lleva ese apellido no se sienta orgulloso de lo que todos entendemos por ello. Un testigo de la fe nunca persigue personas, persigue la verdad y nunca dejará de hacerlo hasta que le haga libre.
Felicidades a los gallegos, a la gente de Gáldar, a los de Tunte... felicidades a todos los que enarbolan la bandera de la buena noticia y que sirven de testigos para los demás.
Hasta la próxima
Paco Mira
sábado, 17 de julio de 2021
UNA MADRE QUE NUNCA ABANDONA A SU HIJO MARINERO
Tengo un conocido que estuvo más de veinte años embarcado en un barco que hacía la ruta de la Península hacia Holanda y los países nórdicos. Comentando con él, su trabajo, sus anhelos, su "vida novelesca en algunos casos de que en cada puerto tienen un amor", su vida a bordo.... él me comentaba que lejos de lo rosa que nos puedan pintar la vida de un marinero, es una vida que apasiona, que sensibiliza ausencias, que hace valorar aquello que no tenemos cerca, que hace madurar a los que con edad temprana comienzan la aventura del trabajo.
Pero hubo algo que me dejó grabado en la infinidad de conversaciones que teníamos siempre que nos veíamos: el profundo sentido religioso del marinero. Quizás no sea tanto de profesar una religiosidad práctica, cuanto de un sentimiento profundo que a su Virgen del Carmen no hay quien se la toque; una Virgen a la que acuden en los momentos de fragilidad y de debilidad; una Virgen a la que acuden en los momentos de soledad (que son muchos) y de tristeza; una Virgen a la que llevan siempre en su corazón y que se desviven por ella y a la que le cantan, Salve , Estrella de los Mares.
Y es que María, como cualquier madre, está donde y cuando tiene que estar. Acompaña en el silencio, en el anonimato y en segundo plano a sus hijos para que se den cuenta que la vida es de ellos y que tenemos que aprender a caminar solos en un mundo que se me antoja que no es nada fácil. Pero una madre no deja de velar para que a sus hijos no les pase nada y que en el caso de que así sea, que sepan que siempre estará ella para reconfortarnos en los momentos de mayor dificultad.
Ser marinero no es fácil. Quizás como cualquier otra profesión, pero es que esta lleva añadido la soledad, la distancia, el alejamiento,... y es cuando más se echa en falta aquello que quieres y necesitas. Es como los polluelos que cuando la gallina extiende sus alas, ellos se meten debajo al amparo y protección de su madre.
El evangelio de este fin de semana nos va a hablar de la mirada de Jesús. Hemos de aprender, nosotros, en la Iglesia, en nuestra querida Iglesia, a mirar a la gente como la miraba Jesús, sean o no marineros. Mirarlos y captar el sufrimiento, la soledad, el desconcierto, el abandono... La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta, lo mismo que hizo María, cuando miramos atentamente a los que sufren. Y el marinero, a veces, es uno de ellos.
Un día tendremos que revisar ante Jesús, cómo miramos y tratamos a esas muchedumbres que se nos están marchando poco a poco de nuestras Iglesias, porque quizás ya no le digan nada nuestros discursos, comunicados y declaraciones. Personas sencillas a las que estamos decepcionando porque ya no ven en nosotros la compasión de Jesús. María, desde su silencio, nunca abandona a sus hijos. Nosotros, a veces, abandonamos aquello que más apreciamos y queremos.
Ojala que la Virgen del Carmen, nos ayude a todos.
Hasta la próxima
Paco Mira
viernes, 18 de junio de 2021
PUES ES VERDAD;poca fe
PUES ES VERDAD: POCA FE
Pues creo que a lo largo de la historia hemos querido templos llenos a rebosar. Incluso siempre que hemos ido a una reunión, la pregunta siempre ha sido la misma: ¿había mucha gente?. Daba, o da la impresión, que el nivel de creencia es matemático: a mayor número de gente, más creencia entre los asistentes. Y creo que no. Que nos equivocamos en la apreciación, que la cantidad no mejora la calidad: ¡ojala fuera así, que la cantidad fuera síntoma de la calidad!
El relato del evangelio de este fin de semana, podría ser el relato de nuestra situación de fe en los tiempos actuales. Marcos nos habla de una escena, parece, dantesca: temporales, lluvia, viento.... y aparece el miedo. ¿nos suena?. Si nos damos cuenta, seguro que nosotros hoy, después de la pandemia, que fue la tempestad, la lluvia, el viento... las consecuencias han sido las mismas: agarrarnos a donde podemos, echar la culpa a quien sea porque esto que creíamos intocable, resulta que ya no funciona. Viendo el resultado del relato evangélico, parece que no hay solución. Hoy en día, parece que tampoco hay solución, por más que ahora, de prisa y corriendo, intentemos dar soluciones, buscar alternativas.... pero claro, seguro que llegamos tarde.
Jesús propone una salida: ir a la otra orilla. Creo que a nosotros es lo que nos falta, dar el paso para ir al otro lado, cruzar de acera, pasar a otro lugar que nos de la seguridad de que lo que hacemos es lo que tenemos que hacer. Salir de lo rutinario para que el evangelio llegue a su destinatario con savia fresca, con otro fragor y con otra fragancia. Creo que nos estamos negando a reconocer que es el mismo Dios el que está conduciendo a su Iglesia hacia un puerto más seguro y fiel a Jesús y a su evangelio.
No estamos escuchando el grito de Jesús que nos está llamando cobardes por no ir a la otra orilla. Seguimos buscando la seguridad en el pasado, en lo que probablemente ya no nos sirve; seguimos intentando dar respuesta a un mundo increyente, falto de motivación de fe, falto de testimonio de los que estamos dentro, en modelos del pasado, pero en un mundo necesitado más que nunca de esperanza.
A veces en nuestra querida Iglesia seguimos cultivando el miedo. Seguimos cultivando la normativa, la legalidad... pero dejamos de cultivar el evangelio del amor, de la caridad...de la confianza que le hace gritar a Jesús, que por qué tenemos miedo y que vayamos al otro lado.
Ahora que hemos pasado la figura de Juan, el Bautista, la figura del que fue ajusticiado por no tener miedo, por ser fiel a su convencimiento y por proclamar y anunciar a los cuatro vientos que Jesús de Nazaret es aquel a quien no merecemos desatarle la correa de las sandalias: ¡ cuantas sandalias que van dejando huella en el camino de la vida por no ser cobardes, por cruzar a la otra orilla y por tener aunque sea un poquito de fe!.
A nadie se nos pide tener un montón de fe, se nos pide como un grano de mostaza, como una semilla pequeña que con el tiempo ya dará fruto. Aprovechemos los tiempos que corren para dar testimonio de nuestra fe; aprovechemos los tiempos que corren para poder dejar miedos a un lado y con valentía y honestidad anunciar que la buena nueva, merece la pena.
Hasta la próxima
viernes, 11 de junio de 2021
SI BUSCAS MILAGROS, MIRA
Pues fíjense que sí que creo que todavía existen no uno, sino muchos milagros. Es verdad que pensamos que los milagros tienen que ser como los truenos: escandalosos, temerosos para que su efecto sea mayor, que hay que escondernos en un bunker para "mayor gloria de Dios". Pero yo no creo mucho en esos, sino en los que, como dice la canción, "en el silencio te encontré". Los milagros son aquellos que en la cotidianeidad se van dando, sin escándalos, sin ruidos, al son que nos marca el calendario de la vida y que la propia vida se encarga de colocar a cada uno en su sitio. El evangelio de este fin de semana, nos hablará de las pequeñas cosas, de semillas, de lo que prácticamente no se ve, pero su efecto ha de ser demoledor.
Es como los santos. Pensamos que son aquellos que como Atila, donde pisaban no crecía la hierba. Pensamos que son todos aquellos que tienen que tener una imagen en alguno de nuestros templos, a los que les encendemos una velita para alcanzar los grandes favores en nuestra vida. Y yo creo que son más los que no están que los que están. Son más los santos que circulan y caminan con nosotros que los que están en una peana en cualquiera de nuestros templo.
¡Cuánta gente santa nos cruzamos en la calle y en nuestra vida!. Seguro que muchos de nosotros conocemos a muchos santos: familiares, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, voluntarios, gente en tierra de misión o en el barrio obrero, gente echando una mano en los servicios sociales municipales o en las colas del hambre.... que desde el compromiso evangélico, sin necesidad de rasgarse vestiduras, sin que nadie les tire piedras a propósito, son capaces de ser como la semilla del evangelio: hacerse pequeños, para anunciar - con el ejemplo - lo más grande.
Si buscas milagros, mira: muerte y error desterrados, miseria y demonios huidos, leprosos y enfermos sanos. Sí. Es el responso a San Antonio, al nacido en Portugal y fallecido en Padua. Este fin de semana, le dedicamos unas letras a uno de los grandes santos de nuestra historia. Le dedicamos unas letras a quienes tienen por nombre al que les puede servir de guía y de camino en este arduo peregrinar por este mundo.
Es curioso como vivimos en un mundo de inmediatez, de rapidez, de nuevas tecnologías, de subida de la luz en detrimento de los más débiles y pobres, de ofertas de velocidad en servidores informáticos.... y el evangelio de este fin de semana nos invita a la paciencia, a la sin-prisa, a la calma, a dejar que la semilla tenga su proceso de crecimiento. Por eso Antonio el de Padua, en su responso nos habla de que si buscamos milagros, le demos tiempo al tiempo, que la muerte y error no tienen cabida en un mundo esperanzado, creyente y con la vitalidad más grande.
Los santos nunca tuvieron prisa. Los santos tuvieron la paciencia del dejarse hacer por el que lo puede todo, y nosotros pensamos que los santos son como los médicos que con la receta del medicamento oportuno nos curan la dolencia y hasta la siguiente.
Felicidades a los santos. Felicidades a todos nosotros que estamos llamados a ello y a veces nos resistimos a querer serlos. Felicidades a quienes ya han iniciado ese camino y que como nos recuerda el profeta Ezequiel, para Dios no hay nada imposible, de donde no lo pensamos plantará una rama nueva y jovial. Que todos estamos llamados a ser santos, no descartemos ni señalemos con el dedo a quien creemos que no va a ser, ¿qué sabemos nosotros?. A los que tienen como modelo a Antonio, Felicidades.
Hasta la próxima
Paco Mira
viernes, 4 de junio de 2021
ELLOS, SÍ MERECEN UNA ALFOMBRA
Los refranes son frases cortas, con una gran carga de de sabiduría y en España, no solo somos famosos en ello, sino que los utilizamos con frecuencia. Uno de ellos dice que "hay tres jueves que brillan más que el sol: jueves santo, corpus christi y la ascensión". Casualidades de la vida, menos el jueves santo, ya ninguno se celebra cuando corresponde, sino que se han trasladado al domingo. (Me resulta curioso que se quitaron de los jueves para no coger muchos días festivos y resulta que el día de Canarias no se pasa de domingo a lunes, por exceso de días festivos y no religiosos precisamente).
La pandemia también ha influido en estos jueves: no puede haber manifestaciones en la calle, precisamente por temor a los contagios; no puede haber procesiones de ningún tipo... visto así hasta lo veo lógico porque todo lo que hemos pasado no ha sido como para echar las campanas al vuelo para organizar una fiesta. Y fiesta era la que se celebraba en la elaboración de las alfombras del Corpus, algunas de gran artesanía y belleza, que también han quedado suspendidas.
Pero si me lo permiten, me gustaría - como en los oscar - extender una alfombra (de lo que ustedes quieran ) para que pasen y reverenciar a algunos de nuestros colaboradores, que siempre - como en una gran producción - están en la sombra, en el anonimato, detrás del escenario, para que los grandes actores puedan triunfar.
Me quiero acordar de tantos y tantos voluntarios de caritas, que sin cobrar un euro, le roban el tiempo a su "tiempo libre" para poder atender las necesidades imperiosas de otros; me quiero quedar con ellos porque le roban el tiempo a su familia para poder compartir el tiempo con la familia de la necesidad, con la familia de las colas del hambre, con la familia de los que no tienen ya lágrimas que derramar y que estos voluntarios sirven como hombro de apoyo. ¡Qué honor y orgullo es que ellos pasen por la alfombra compartida desde la generosidad y entrega!. En todas las parroquias, ellos tenían el hueco de una alfombra.
Me quiero acordar , ahora que estamos en época de primeras comuniones (para muchos serán las últimas), de tantos y tantos catequistas que en tiempos de pandemia se las han tenido que ingeniar para que muchos niños pudieran llegar a conocer a ese personaje que llamamos Jesús y que también camina a nuestro lado. Muchos catequistas que han tenido que hacer malabares con sus familias para dedicar tiempo en la parroquia. Muchos catequistas que sin medios o sin ni siquiera manejar muchos medios, han logrado que los niños pudieran llegar al proceso que se les planteaba: escritos de wass, correos de última hora, etc...
Que alegría más grande el poder contar todavía en estos tiempos con gente a la que se les sigue preguntando, como los discípulos a Jesús, "¿dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?".Seguro que en el migrante, en el que toca en la puerta desesperado, al que han desahuciado, el que está en el Erte, el que no llega a fin de mes, en el que busca desesperadamente un trabajo, el que sufre la soledad de una residencia sin ninguna visita, en el enfermo que no ve salida a sus dolencias, en el que acompaña a un niño, a un joven, a un adulto en su proceso de fe.
Este fin de semana, las alfombras han de tener nombre y apellidos; este fin de semana, las alfombras han de ser pisadas de la mano de Jesús por todos aquellos que desde el anonimato, dedican su vida a seguir propagando la fe a pesar de todas las dificultades.
Este fin de semana, aunque no sea jueves, el sábado y el domingo deslumbrarán más que el sol.
FELIZ DÍA DEL CORPUS
Hasta la próxima
Paco Mira






