viernes, 26 de noviembre de 2021

VIVIR CON ESPERANZA NO ES VIVIR DESESPERADO

Cada vez más hay profetas de calamidades. Y si es con el volcán de La Palma, pues vale más echarse a correr. Surgen agoreros, echadores de cartas y lectores de lo más insospechado, que son capaces, de lo mínimo, meternos el suficiente miedo en el cuerpo que somos capaces de desvalijar supermercados porque esto no hay quien lo arregle. Parece que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. Los wass corren como la pólvora y nos tiemblan las entrañas, porque somos incapaces de dar con la solución.

 

Comenzamos un nuevo año (litúrgico, claro) y comenzamos el año con Lucas. Pero claro el evangelio de este primer domingo no puede ser más catastrofista: "las naciones estarán angustiadas, los hombres muertos de terror y de ansiedad por lo que se le echa al mundo encima". Pues más actual no puede ser: que estamos nerviosos, seguro; que no vemos el futuro claro, también; que los acontecimientos no son los más favorables, pues seguro... Pero no por ello es cuestión de echarse a correr. Todo lo contrario.

 

El evangelio de este fin de semana, no nos llama a la desesperanza, nos llama a levantar la cabeza, a mirar hacia el frente y porque todo está como está, se nos ofrece el tiempo de adviento, de esperanza y confianza en que Jesús no nos va a abandonar a la suerte que no nos corresponde. El ha entregado su vida por nosotros y a nosotros no nos queda otra que preparar el camino para su venida.

 

La Iglesia actual, esa que quiere caminar en comunión sinodal, camina a veces como una anciana encorvada. Encorvada por el peso de los siglos, de las luchas y trabajos del pasado. Camina con la cabeza baja, consciente de sus errores y de sus pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria de otros tiempos.

 

Por eso hay que levantarse, animarnos los unos a los otros. No mirar al futuro haciendo nuestros propios cálculos, ya que un día ya no viviremos encorvados, ni con el desaliento como bandera. Pero hemos de tener cuidado que no se nos embote la mente, parece que hemos de vivir con un corazón insensible y endurecido, que vive de espaldas a Dios y a los hermanos.

 

Hemos de estar despiertos. Despertando la fe de nuestras comunidades, atentos a la palabra del evangelio. Cuidando mejor la presencia de Jesús en medio de ellas, ya que a veces da la impresión de vivir en comunidades dormidas por la apatía, el desaliento y la desidia.

 

A veces vivimos solamente alimentados por la crítica y que todo está mal. Somos los profetas de calamidades andantes. Vivir despiertos no significa estar alejados del mundo, sino todo lo contrario, dentro del mundo para poder saber distinguir quien es nuestro camino de fe y realidad. La esperanza no es algo pasivo, es algo que nos invita a la acción. Quien vive en la esperanza es quien se esfuerza por hacer de la realidad algo mejor cada día.

 

Seamos sembradores de esperanza. Que se nos note el nerviosismo ante la llegada de quien da sentido a nuestra vida, de quien nos dice que no andemos con la cabeza baja. Todo lo contrario. Que quien nos vea en la calle, se pregunte, ¿a quien esperan tan alegres?. No nos dejemos invadir por millones de luces (que están bien), que no nos dejan ver la claridad de quien va a nacer desde la humildad y la sencillez.

 

Que los cantos y regalos no sean el envoltorio que nos tapa la mirada de los inmigrantes, de las colas del hambre, de las fronteras de cierran el paso a la humanidad que no tiene frontera.

 

Hasta la próxima

 

Paco Mira

viernes, 19 de noviembre de 2021

NO ES UN EXTRATERRESTRE

NO ES UN EXTRATERRESTRE

Tengo un amigo, Daniel, que es astrofísico. Me encanta hablar con él de temas que van más allá de lo que vemos porque además lo vive y le encanta. Es un gran astrofísico, tiene publicaciones, y un blog del que yo, a veces, alimento mi mente ignorante en estos temas. Cuando trabajamos juntos, me encantaba hablar con él sobre la trascendencia, cada uno en su ámbito, porque me daba la impresión que los dos hablábamos de lo mismo: él me exponía un montón de fórmulas físicas y yo no le ponía ninguna fórmula, pero sí llegaba a donde a él la razón no le daba. Era un diálogo enriquecedor.

Siempre me decía y comentaba que los extraterrestres no existían ni existieron nunca y yo le creía. Pero me hablaba de una realidad espacial con tal convicción como si él estuviera de vacaciones en aquello que no vemos, pero que intuimos que existe y además nos lo creemos. Yo le decía, cuando hablaba de Jesús, que su Reino no es de este mundo.

Es más, llegué a decirle que me daba la impresión que en medio de nosotros había extraterrestres. El se echaba a reír y me preguntaba por qué. Le comentaba que nuestro mundo, nuestras relaciones sociales, se habían vuelto de lo más locas: el respeto, la buena educación, las normas cívicas de comportamiento... se habían perdido, incluso en aquellos espacios en los que normalmente creemos que tienen que existir como por ejemplo un centro educativo. Por eso, cuando veo a una persona educada, que pide las cosas por favor, que te da las gracias, etc... creo que hay un extraterrestre.

Por eso el Reino de Jesús, ese Reino al que todos aspiramos no es un Reino de este mundo. Es un Reino de verdad, de justicia, de paz, de amor, de cercanía, de solidaridad, de amistad... palabras que casi se han convertido en extraterrestres, más que en una realidad. Jesús se lo dice a Pilato, que es el que emplea la violencia para dar a conocer la verdad (según él), el que emplea la fuerza que para él es sinónimo de justicia... ¡qué diferencia tan grande!

Acabamos el año litúrgico. No sé si deberíamos de tomar las uvas y desearnos un feliz año. Pero sí deberíamos de mirar hacia atrás aunque sea de refilón y aprender de los errores, que probablemente son muchos, para no volver a caer en la misma o peor de las tentaciones.

Mi amigo Daniel, me decía que en la Nasa se aprendían de los errores, nosotros dudo que hagamos - en muchos casos - lo mismo. Volvemos a caer y a tropezar en la misma piedra y si se puede cada vez más grande. Pero seguimos insistiendo que "mi reino no es de este mundo" o incluso seguimos cantando "anunciaremos tu reino, Señor, tu reino".

Jesús nos recuerda que el que es testigo de la verdad, escucha su voz. Me da la impresión que a veces, o muchas veces, estamos sordos, no oímos la voz del que nos habla desde la sinceridad del corazón. A veces nos interesa estar alejados de la realidad para no inmiscuirnos en los problemas, para que no nos generen más problemas a nosotros.

Probablemente hoy estamos invitados a ser extraterrestres en un mundo demasiado terrenal: que camina deprisa, que está súper tecnificado, que es capaz de generar hombres y mujeres a imagen y semejanza de las máquinas que no tienen corazón. Por eso Jesús, vuelve a insistir que su Reino no es de este mundo. Nos invita a ser ejemplo de la verdad que nos hace libres. Nos invita a que seamos la sal que genera sabor a la vida que nos rodea y sobre todo a seguir el ejemplo del que es Camino, Verdad y Vida.

Feliz fin de año

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 12 de noviembre de 2021

NO ME DESAGRADA EL MES DE NOVIEMBRE

 

 


Dentro del otoño, quizás el mes de noviembre sea el menos querido. Da la impresión de ser un mes triste, un mes que no quisiéramos compartir en muchos de los casos.... sin embargo, a mí, no me desagrada. Fíjense que empieza recordando a los que nos han precedido, a esas grandes personas que han dejado huella en la historia de nuestra vida... y suele terminar con una llamada a la esperanza, cuando comienza el adviento. 

Pero es que en medio de esto, y ya van para cinco años, el Papa, nuestro gran Francisco, ha querido que tengamos presente a los que nos van a preceder en el reino de los cielos: a los pobres, los de las orillas de los caminos, los que no cuentan en esta sociedad más tecnificada y sofisticada, los que fueron en algún momento y ahora no lo son tanto y a los que a lo mejor nosotros hemos apartado de nuestro camino porque no son de nuestra condición.

A eso añadimos una ciudad mágica: Asís. Esa ciudad que todavía conserva el ambiente del siglo XIII; esa ciudad que todavía respira compromiso evangélico; esa ciudad en la que correteaban los ricos que al contacto con los pobres han sido evangelizados por estos, y que se llamaba Francisco, como el Papa. Si es que, nunca mejor dicho, los caminos del Señor son inescrutables, irrefutables y , a veces, difíciles de seguir.

El Papa vuelve a Asís este fin de semana. Vuelve a hablar, aplaudir, y a reivindicar el papel de los pobres en este mundo: Dichosos los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos. ¡Y nosotros preocupados por el desabastecimiento que algunos vaticinan para los tiempos que estamos viviendo, como si fuera el fin del mundo!. Está claro que el Reino de un tal Jesús, no es de este mundo.

Dice el lema de Asís de este año, que "los pobres los tienen con ustedes todos los días" y ¡cuánta verdad!. El pobre, el que nada tiene, el que no tiene nada que perder, el que no está apegado a los bienes de esta tierra, es el que más comparte, discute y defiende la verdad. Porque tiene claro que la verdad nos hace libres.

El cielo, la tierra, los enseres... pasarán, pero como dice el evangelio de este fin de semana, mis palabras no pasarán. Por desgracia sigue habiendo pobres; por desgracia sigue habiendo unos pocos que siguen apoderándose de aquello que le pertenece a otros y que entre todos podeos formar una gran familia. Por desgracia el mundo sigue estando mal repartido, pero porque nosotros no queremos que se reparta de una forma mejor. Jesús sigue gritando a los cuatro vientos, que dichosos son los pobres, los humildes, los sencillos, los agradecidos, los que no tienen el corazón ocupado de banalidades de la vida.

Por ello decía que no me desagradaba el mes de noviembre. Empezar el mes de noviembre es oler a pobre, a sencillez, a no acaparar más de lo que realmente tenemos que tener. Noviembre no es el mes solamente de los difuntos y de olor a flores de cementerio. Es, también, el mes de la esperanza. Es el mes de que las cosas pueden ir a mejor. Es el mes del camino que comenzamos de comunión, participación y misión. Es el mes de salir a los caminos, (como lo de la parábola que los invitados no fueron y el duelo invitó a los que nadie contaba con ellos) y ofertar esa Iglesia que sea más fiel al evangelio que Jesús quiere. Y esa Iglesia empieza por la pobreza, por el testimonio y por la entrega.

Amigos: hagamos de nuestro lugar de residencia un pequeño Asís, un lugar donde nos acordemos de los que no tienen nada, que nos acordemos de aquellos que aún no teniendo, son capaces de compartir lo que son: su persona. ¡Qué maravilla!

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 5 de noviembre de 2021

ME GUSTA ESTA IGLESIA QUE FALLA Y PIDE PERDÓN




 

Este fin de semana celebramos el día de la Iglesia Diocesana. Si en cada Diócesis se celebra lo mismo, luego es como celebrar el día de la Iglesia, el día de todas las Iglesias del mundo en una sola. Mucho se ha escrito, se sigue escribiendo sobre la Iglesia. Muchos son los enlaces que hay sobre ella y con matices y carismas muy diversos: según creamos en alguno de ellos, diremos que tienen razón. Pero también es verdad que pensamos que la Iglesia tiene tinte exclusivo de mitra, anillo, palacio arzobispal, báculo, bonete, nombramiento de y en  cónclave, soplo del Espíritu, etc... 

Y yo, que soy Iglesia, resulta que no he tenido nada de ello. Simplemente he tenido unos padres que por propia convicción me han llevado un día a una pila bautismal y a partir de ese momento formo parte de ese maravilloso mundo que llamamos Iglesia. Una Iglesia, la mía y la de muchos que son como yo, que se equivoca (bendita equivocación), que falla, que no sacamos cartas pastorales ni escribimos encíclicas; una iglesia, la mía, que atiende a las colas del hambre independientemente de cómo los que están en la cola le llamen al Dios en el que todos creemos; una iglesia, la mía, que saluda, conversa, anima y llora con los que se acercan todos los fines de semana a celebrar una fe, que algunos llaman la fe del carbonero, que es la que está - en muchos casos - manteniendo las puertas abiertas de nuestros templos.

Mi Iglesia es la que quiero que se identifique con la pobre viuda del evangelio de este fin de semana que no echa en el cepillo de lo que le sobra, sino que echa lo que tiene para compartir con los que no tienen. Mi Iglesia es la que quiero que se identifique con la humildad de quien nació pobre y humilde en un lugar cualquiera llamado Casa del Pan, o Belén. Mi Iglesia es la que se debe identificar con aquellos que buscan lo mejor para los suyos y huyen de sus lugares de origen por no ser seguros. Muchos quedan en el intento y su ahogamiento sirve de fuerza a los que vienen atrás.

Mi Iglesia es la que está compuesta por personas que cometen errores y fallos. Es la compuesta por aquellos que equivocan su vocación de servicio, con la tiranía y el abuso hacia los débiles e indefensos; Mi iglesia es la que cuando anunció  la buena noticia a quienes no la conocían, se equivocó imponiendo la cruz que es servicio, con la espada que mata.

Pero mi Iglesia es la que también pide perdón. Reconocer el pecado, el error y pedir perdón por ello, es signo de sinceridad, honradez, y buen hacer. Esa es la grandeza de mi Iglesia, de nuestra Iglesia y cuya fiesta queremos reconocer este fin de semana. No es mi Iglesia, es nuestra Iglesia a la que el Papa Francisco invita a caminar juntos. Nos invita a un Sínodo. 

Cuando los seguidores de un equipo de fútbol inglés (del Liverpool) le cantan a su equipo "nunca caminarás solo", me acuerdo de nuestra Iglesia. Nunca, a pesar de las imperfecciones, fallos y pecados , caminaremos solos. Siempre tendremos al Maestro que nos ayude.

Por eso en nuestra Iglesia tienen que tener cabida todos los que actúan de buena fe: los de mitra y los de sin ella, hombres y mujeres que tienen que tener la responsabilidad y valía que le atesora su propia fe y conocimiento. Me gustaría que nuestra Iglesia sea una Iglesia abierta, acogedora, casi de calor maternal que acaricia y abraza como una madre a un hijo, pero también que corrige y reprocha cuando hacemos las cosas mal.

Nunca la juzguemos sin conocer. Te quiero Iglesia y quiero caminar contigo. Camina con los signos de los tiempos. Abre los brazos como el padre de la parábola a tantos hijos e hijas que no han comido otra cosa que algarrobas. Quiere a los que tienen el amor como bandera, sea cual sea su signo y color, porque no nos olvidemos que Dios es amor.

Felicidades Iglesia, entre otras cosas, por pedir perdón

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 29 de octubre de 2021

QUE NO NOS PILLE DURMIENDO



Ni tampoco con el pie cambiado. Este fin de semana cambiamos la hora. Siempre que ser produce un cambio como este, hay infinidad de disculpas o no, para no llegar a tiempo a aquello que es importante: el trabajo, atender el colegio de los niños, las actividades propias de una casa, compartir la fe... seguro que a un asadero, a la fiesta del pueblo o del vecino de al lado... siempre llegamos a la hora, porque la hora la ponemos nosotros, o el vecino. 

Tenemos claro que la pandemia nos ha puesto en nuestro sitio. No había nada atado y bien atado. No había nada que durara para toda la vida. Nuestra fe estaba - y está - en pañales, gateando, balbuceando en los primeros pasos. Muchos han aprovechado estos tiempos para fabricar su propia religión y se han construido su propia moral, una moral a su medida, una moral en la que la norma la pone cada uno y casi siempre no tiene tope. Nunca han buscado otra cosa que situarse con cierta comodidad en la vida, evitando interrogarnos con preguntas que cuestionen seriamente nuestra existencia.

Algunos no sabrían decir si creen en Dios o no. En realidad no entienden para qué pueda servir tal cosa. Viven tan ocupados en trabajar y disfrutar y tan distraídos por los problemas de cada día, los programas televisivos y las revistas del corazón del fin de semana que Dios no tiene sitio en sus vidas. Incluso el volcán de La Palma, fue, pero ya no lo es tanto, noticia de portada en el corazón de muchos de nosotros.

El evangelio de este fin de semana nos habla de amor. De un amor que no está en el mismo plano que otros deberes. No es una norma más, perdida entre otras normas más o menos importantes. Amar es la única forma sana de vivir ante Dios y ante las personas. Si en la política o en la religión, en la vida y comportamiento social o individual, hay algo que no se deduce del amor o va contra él, no sirve para construir una vida humana. Sin amor no hay progreso.

Se puede vaciar de Dios la política y decir que basta pensar en el prójimo. Se puede vaciar del prójimo la religión y decir que lo decisivo es servir a Dios. Para Jesús Dios y prójimo son inseparables. No es posible amar a Dios y desentenderse del hermano. No nos olvidemos que al final de nuestros días, lo único que nos van a pedir es el cuánto hemos amado.

Al comienzo de la semana, es también el día de los santos y de los difuntos. Santos hay muchos y sin peana; caminan con nosotros y probablemente no los conocemos o no queremos rozarnos con ellos, pero nos van marcando el camino y dejan huella. Nosotros hemos de aprender de ellos. Pero son muchos los que nos han dejado, y el recuerdo hacia ellos tiene que ser de agradecimiento y veneración. Es el sentido de una flor en ese día. Pero lo más importante no es tanto la flor, sino el recuerdo de la vida que nos ha marcado y por ello la resurrección tiene sentido. Mientras les recordemos con memoria agradecida, seguro que han resucitado.

Por ello, decía al principio de este escrito, que no nos pille durmiendo. Que no nos pille sin amar, pero amar de verdad, con el corazón, amar a los demás como a nosotros mismos. Por ello el Reino de Dios no está lejos de nuestro corazón. Muchos son los que están en las colas del hambre; muchos son los que dejan sus vidas en el océano porque han decidido llegar a una vida mejor a la que todos tenemos derecho; y nosotros.... no hemos cambiado la hora. Nos ha pillado todavía durmiendo, pensando que llegamos a tiempo y lo hacemos tarde.

Amigos, empezamos un nuevo mes. Empezamos recordando a los que nos han precedido y han dejado y nos dejan sus huellas. No nos durmamos, porque el amor no tiene cambio de hora. Siempre es tiempo de amar.

 

 

Hasta la próxima

Paco Mira

jueves, 21 de octubre de 2021

LAS FIESTAS MÁS SINODALES




Si me lo permiten, este fin de semana me gustaría recordar al patrón de mi pueblo, que sin ser exclusivo del mismo, celebra este finde, las fiestas en su honor: San Rafael de Vecindario. Unas fiestas, que quieren volver a arrancar después de tiempos difíciles y complicados y seguro que estando deseosos de ellas, nos resultarán un poco extrañas. 

Estamos convocados a la fiesta, y fiesta significa diversión, alegría, compartir...Necesitamos, en medio de las dificultades que estamos viviendo, manifestar y compartir la alegría. La alegría que nos une; la alegría que supone compartir nuestra vida; la alegría que nos lleva a la unión entre todos y cada uno de los que vivimos en nuestro pueblo, pero abiertos a aquellos que, desde fuera,  quieren sumarse a la maravillosa aventura de la fiesta.

Un año más también nos convoca San Rafael. Una año en el que las secuelas de la Covid19, en su quinta ola, han dejado su huella. La medicina de Dios, quiere hacerse presente en medio de todos y cada uno de nosotros. No ha sido un año fácil: ha habido ausencias inesperadas; ha habido situaciones de precariedad laboral; un año en que parece que los problemas no tienen solución... pero no debemos perder la esperanza.

Esperanza es lo que no perdió el joven Tobías que un día esperaba que un hombre bueno le acompañara, (como reza el himno al patrón). Nuestro pueblo está lleno de hombres y mujeres buenos que están deseando acompañar a infinidad de Tobías que se han despistado a la hora de encontrar el camino deseado. La alegría de la fiesta, puede ser un momento bueno para el encuentro.

Este mes, el Papa Francisco nos ha invitado a la sinodalidad, a caminar juntos (eso es lo que significa). Y ¡que buena ocasión, es que en esta fiesta lo hagamos!. Seamos sinodales (caminemos juntos) para acompañar a los que no pueden llegar a fin de mes; Seamos sinodales para acompañar a los que están viviendo la soledad de la enfermedad y de la tristeza de la vida; seamos sinodales para abrazar y acariciar a tantos y tantos ancianos que no tienen quien les arrope; Seamos sinodales para ser generosos con quienes el ERTE está haciendo estragos; Seamos sinodales para echar una mano en la tragedia del volcán de nuestros hermanos de La Palma; Seamos sinodales con la cantidad de hombres, mujeres y niños que desesperados de la vida llegan a nuestras costas en pateras (no hace mucho, en 56 horas llegaron mil) y parece que nadie se acuerda de ellos. Seamos sinodales con la cantidad de misioneros y misioneras (este fin de semana también es el Domund) que llevan por el mundo el maravilloso mensaje de Jesús de Nazaret.

San Rafael nos pide unidad en la adversidad. Nos pide mirar al futuro con optimismo. Nos pide que la derrota no sea la bandera de un pueblo que siempre se ha caracterizado y ha demostrado su alegría.

Amigos, estamos de fiesta. San Rafael nos llama a ello. San Rafael nos invita a que nos acerquemos con corazón sincero a visitarle y que, tal y como somos, bebamos de su medicina para coger fuerzas cuando las cosas no nos vayan bien del todo, pero que también bebamos cuando los vientos de nuestro pueblo (que no son pocos) nos sean favorables.

Tenemos un gran reto por delante. Reto al que estamos invitados todos. Rafael nos invita a mirar el futuro desde el presente y eso es lo que nos tiene que animar a que lo hagamos lo mejor posible.

Felices fiestas

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 15 de octubre de 2021

¡ HABLA PUEBLO HABLA!

Allá por finales de la década de los 70, un grupo musical llamado vino tinto (curioso el nombre, pero significativo por lo que supone en ciertos sectores de la población el tomarse un vasito de este preciado elixir de la vida), sacaba a la luz una canción que tuvo un éxito rotundo. Entre otras cosas la letra decía: "este es el momento, no escuches a quien diga que guardes silencio. Habla pueblo, habla. No dejes que nadie decida por ti. Habla pueblo, habla". Claro, el contexto era político, el contexto era ante unas elecciones generales que estaban próximas.

Yo, que viví aquellas elecciones, estaba también ilusionado. Quizás con el paso del tiempo, las futuras elecciones ya no me ilusionaron tanto. Pero ahora vuelvo a estar ilusionado, porque se hace latente y patente lo que habla pueblo, habla. Este es el momento y no escuches a quien te dice que guardes silencio. Este fin de semana, nuestro Obispo nos convoca a que hablemos, a que propongamos, a que tengamos capacidad de discernimiento, a que lo hagamos juntos, a que nadie decida por nosotros, a que tengamos.... sinodalidad. Inauguramos el Sínodo en nuestra Diócesis ( y en todas).

Muchas veces nos quejamos que tenemos una Iglesia que no es la que queremos. Nos quejamos de una Iglesia en la que parece que los dueños tienen mitra y anillo; nos quejamos de una Iglesia que hace y deshace más de lo que uno piensa... pues ahora puedo hablar. Hablar con y desde la libertad de bautizado y creyente, hablar desde el compromiso que el evangelio me avala.

No se trata de una Iglesia a medida, como los trajes. Eso es imposible porque mi Iglesia, nuestra querida Iglesia comete fallos y pide perdón - aunque a muchos les pese - por ello. Pero sí podemos diseñar aquella Iglesia que mejor se adapte a los tiempos que estamos viviendo. A los que otros dijeron, los signos de los tiempos.

El evangelio de este fin de semana nos narra algo que probablemente se le pasa por la cabeza a muchos, sentarnos a la derecha o a la izquierda. Pero en nuestra Iglesia no ha de haber jerarquía de poder. La parroquia no es del párroco, el pueblo no es de los teólogos, no hay amos ni dueños: el que quiera ser grande, que se ponga a servir a todos.

Necesitamos una iglesia de gente comprometida a gastar su vida por el proyecto de Jesús y no por otros proyectos o intereses. Creyentes sin ambiciones personales, que trabajen de manera callada por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica. Seguidores de Jesús que "impongan" por la calidad de su vida en servicio. ¡Que bueno sería que hubiese un control de calidad evangélica o una Itv con frecuencia!. Eso nos permitiría revisar si nuestro compromiso es auténtico.

Quiero una Iglesia donde haya hombres y mujeres en igualdad de condiciones, donde se puedan ocupar cargos de responsabilidad, donde se puedan llevar comunidades adelante porque donde hay dos o tres reunidos en

su nombre, allí está él en medio. Creo que todos tenemos que hacer una cura de humildad, asumir y aceptar al que está capacitado para ello, porque en el fondo es de lo que se trata.

Padres que se desviven por su hijos en materia de educativa y de crecimiento, hombres y mujeres que dan de su tiempo para otros más necesitados, son los mejores de nuestra Iglesia y los más grandes a los ojos de Jesús.

Este fin de semana empiezan las fiestas en nuestro pueblo, Vecindario. Bebamos de la medicina de Dios, que no es otro que san Rafael.

Hasta la próxima

Paco Mira