viernes, 7 de marzo de 2014

TELELMARATONES Y CUARESMA

TELEMARATONES Y CUARESMA
   
         No hace muchos días, la televisión pública de este nuestro querido país, tenía un telemaratón para ayudar a combatir enfermedades raras. En ese telemaratón, los mejores presentadores, las caras más famosas, los rostros más conocidos de la pequeña pantalla se prestaron para ayudar a combatir una gran lacra social. Creo que al final del día, después de no sé cuantas horas, lograron lo que se pretendía: sensibilizar y colaborar económicamente. Me quito el sombrero, animo, apoyo y, cómo no,  me solidarizo.
            Se preguntarán que qué tiene que ver esto con la cuaresma. Sencillamente que cuando queremos que una cosa funcione; que cuando queremos que la sociedad se entere que es bueno estar unidos para y por causas que merecen la pena; que cuando los que nos decimos seguidores de Jesús de Nazaret damos la cara por él, es que estamos en el camino correcto. No creo que sea cuestión de hacer un telemaratón cuaresmal, pero sí es cuestión de sensibilizarnos que un año más está en nuestras manos:
           
El miércoles pasado, la ceniza derramada en nuestra cabeza era el símbolo y el signo de la humildad y sencillez que tiene que marcar nuestro quehacer diario. Y que esa humildad y esa sencillez viene marcada por la conversión y la vuelta al evangelio: signos ineludibles del seguimiento del nazareno.
            Estos cuarenta días que nos han de llevar a la liberación; estos cuarenta días que nos han de llevar a la esencia de nuestra confesión religiosa que es la resurrección han de pasar indefectiblemente por tres estadios: la limosna, el ayuno y la oración. Limosna, que no se trata de repartir para tranquilizar conciencias. El Papa Francisco se lo decía a los obispos, “no sean meros administradores económicos”. Limosna que tiene que traducirse en compartir con los que no tienen: tiempo, ganas, ilusiones, abrazos, sonrisas, lágrimas… ¡cuántas limosnas podríamos compartir!. Nunca echemos la mano al  bolsillo y sin mirar a la cara depositemos en una mano una moneda. A veces no necesitan eso.
          
  La limosna, el compartir, tiene que ir unido al ayuno. Ayunar no es privarse por privarse; es dejar sitio, hueco… para que el otro tenga cabida en mí y yo en él. Eso supone que tenemos un corazón enorme y cabemos, en el mismo, más de uno. El ayuno no es, solo no comer carne (que quizás también) es compartir lo mío contigo y entre ambos aumentar ese músculo llamado corazón.
            Por último, ambas cosas tienen que tener una gran compenetración. Hablar desde la sinceridad de quien se siente pobre, humilde y sencillo no es fácil; comunicarnos con quien sabe entendernos pero desde la perspectiva de quien normalmente se equivoca no es sencillo. Eso lo llamamos oración. Orar no es rezar, es comunicarnos con Papá Dios, desde la sinceridad propia.
            Claro. Yo lo pongo muy fácil, pero para eso está la cuaresma. El evangelio de este fin de semana nos muestra a un Jesús como nosotros, lleno de tentaciones, de posibilidades de tener sin esfuerzo ni sacrificio… pero al final tiene clara su postura “aléjate de mí, Satanás”.
            No quisiera acabar estas líneas sin tener un recuerdo para lo que este fin de semana celebramos: día de la mujer trabajadora. Un Oscar para todas las mujeres, para las currantes anónimas de la vida; para las madres que nos han parido; para las que desde el silencio sacan – a veces casi de la nada – familias enteras adelante. Currantes fuera y dentro de la Iglesia y a veces se les valora más fuera que dentro. Ojalá que dentro tengan el reconocimiento, el valor y el lugar que les corresponda.
Hasta la próxima

            Paco Mira

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