TELEMARATONES Y CUARESMA
Se preguntarán que qué tiene que ver
esto con la cuaresma. Sencillamente que cuando queremos que una cosa funcione;
que cuando queremos que la sociedad se entere que es bueno estar unidos para y
por causas que merecen la pena; que cuando los que nos decimos seguidores de
Jesús de Nazaret damos la cara por él, es que estamos en el camino correcto. No
creo que sea cuestión de hacer un telemaratón cuaresmal, pero sí es cuestión de
sensibilizarnos que un año más está en nuestras manos:
Estos cuarenta días que nos han de
llevar a la liberación; estos cuarenta días que nos han de llevar a la esencia
de nuestra confesión religiosa que es la resurrección han de pasar
indefectiblemente por tres estadios: la limosna, el ayuno y la oración.
Limosna, que no se trata de repartir para tranquilizar conciencias. El Papa
Francisco se lo decía a los obispos, “no
sean meros administradores económicos”.
Limosna que tiene que traducirse en compartir con los que no tienen: tiempo,
ganas, ilusiones, abrazos, sonrisas, lágrimas… ¡cuántas limosnas podríamos
compartir!. Nunca echemos la mano al
bolsillo y sin mirar a la cara depositemos en una mano una moneda. A
veces no necesitan eso.
Por último, ambas cosas tienen que
tener una gran compenetración. Hablar desde la sinceridad de quien se siente
pobre, humilde y sencillo no es fácil; comunicarnos con quien sabe entendernos
pero desde la perspectiva de quien normalmente se equivoca no es sencillo. Eso
lo llamamos oración. Orar no es rezar, es comunicarnos con Papá Dios, desde la
sinceridad propia.
Claro. Yo lo pongo muy fácil, pero
para eso está la cuaresma. El evangelio de este fin de semana nos muestra a un
Jesús como nosotros, lleno de tentaciones, de posibilidades de tener sin
esfuerzo ni sacrificio… pero al final tiene clara su postura “aléjate de mí, Satanás”.
No quisiera acabar estas líneas sin
tener un recuerdo para lo que este fin de semana celebramos: día de la mujer
trabajadora. Un Oscar para todas las mujeres, para las currantes anónimas de la
vida; para las madres que nos han parido; para las que desde el silencio sacan
– a veces casi de la nada – familias enteras adelante. Currantes fuera y dentro
de la Iglesia y a veces se les valora más fuera que dentro. Ojalá que dentro
tengan el reconocimiento, el valor y el lugar que les corresponda.
Hasta la
próxima
Paco Mira



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