¡QUE PENA: SU MAGNIFICAT NO
ES EL NUESTRO!
¡ Y es que los personajes bíblicos, no
por ello menos reales, nos dan palos por todos los lados!. Y es que encima no
aprendemos. Hoy le toca a María, a nuestra madre, que precisamente como buena
madre, no hace falta que diga mucho, sino que lo que hace, lo hace con la
garantía suficiente como para dar lecciones aunque sea desde la sombra!.
Y es que su magnificat no es el
nuestro. Y no es el nuestro porque cada vez más a los de mi especie a mí mismo resulta
que me conozco menos. Déjenme que me haga, y comparta con ustedes, una
pregunta: ¿cómo es posible que sea debate no sólo nacional, sino mundial, que
Cecil haya sido abatido a tiros?. En mi casa, por un motivo u otro, siempre ha
habido una mascota: cuando no era un perrillo, era un pajarito.... siempre
hemos procurado educar en el respeto a los animales. Pero, por supuesto,
teniendo claro que nosotros somos seres humanos y ellos animales. ¿Cómo es
posible que sin mirar el nivel económico, social, cultural de un país... el
problema sea un león?. ¿Cómo es posible que el problema de un país sea un león
cuando anualmente desaparecen - por un motivo o por otro - cerca de 40.000
niños al año?. Me gustaría que todas las organizaciones que apoyan a Cecil,
apoyasen económicamente, con políticas sociales, culturales, de desarrollo,
etc... a Zimbawe. Está claro que su magníficat no es el nuestro.
Tampoco es nuestro magníficat, por
desgracia, el mar Mediterráneo. Cintas y cintas; minutos y minutos de los
telediarios rellenan nuestras horas de almuerzo para recordarnos que seres
humanos como nosotros buscan lo que nosotros tenemos y el que Papa Francisco ha
recordado: que la tierra es de todos y hay que compartirla. Pero me da la
impresión que seguimos poniendo tapones cual nadador para que no le entre agua
en los oídos, no vaya a ser que tenga que darme cuenta que quien me está
golpeando cuando tranquilamente almuerzo es un hermano mío, aunque no hable mi
misma lengua o no tenga el mismo color de piel.
¡Qué grande es María!. Qué grande son
las mujeres que conscientes de lo que significa ser madre, luchan por una causa
maravillosa y que los hijos enarbolan como bandera. Qué grande es María que en
el momento de aceptar y asumir que el mensaje de Dios era válido, se pone en
camino, corre... y anuncia que el mensaje merece la pena. ¡Qué pena me da de
nosotros, de mí mismo que como, como si en el Mediterráneo no pasase nada o
como, como si el león de Zimbawe solucionase el problema del mundo!
Seguro, como María en su Asunción, que
quien asimila lo del evangelio del domingo, que dice "yo soy el pan vivo que baja del cielo, el que me coma vivirá para
siempre" (Jn 6, 51), asumiremos que mucho de lo que pasa por ahí
delante, por esos mundos de Dios
también es problema nuestro. ¿Cuándo nosotros seremos capaces de decir: proclama
mi alma la grandeza del Señor?
Hasta la próxima
Paco Mira




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