DE VINO Y LIBROS
Bueno, pues uno de los grandes placeres de la vida (podemos cerrar los ojos y dejar volar la imaginación) es encontrar un lugar tranquilo, una buena copa de vino, ir degustándolo y saboreándolo, un buen libro, sentarse en una silla en el porche de una casa de campo y dejar que las horas vayan pasando.
Digo esto porque esta semana pasada fue el día del libro. Y cuando uno era joven había un lema que decía que “un libro ayuda a triunfar”, es por ello que me gustaría reivindicar la lectura, pero no la digital, sino la de papel, la que se puede subrayar, la que se pueden poner notas al margen… la que nos ayuda a triunfar. Quiero reivindicar la lectura en los jóvenes como representación de tantos y tantos que quieren triunfar en la vida; quiero reivindicar que por medio de la cultura y de la lectura el mundo puede ser, no sólo de otra forma, sino incluso hasta mejor de lo que es.
Con el vino, casi sucede lo mismo, casi como la vid y los sarmientos. La vida de la comunidad y la de las personas que la conforman han de estar absolutamente unidas al proyecto de Jesús de Nazaret. Cuando apostamos, entre otras cosas, por un mundo donde la vida sea respetada, la justicia sea una realidad para todos, la paz un derecho inalienable y la reconciliación una forma de estar entre personas y pueblos, lo hacemos desde los valores que el Maestro nos dejó.
También, no solo hay que cortar, hay que podar. Hay que podar la rama de la presencia de la Iglesia en las fronteras y periferias existenciales donde se tienden puentes de inclusión y dignidad para todos y todas. Me gusta ver la Iglesia en los campos de refugiados acompañando a las víctimas; defendiendo la dignidad de los pueblos indígenas; tendiendo puentes en pueblos sumidos en guerras fraticidas; abrazando a las víctimas del terror.
Podar la rama de la presencia de la Iglesia en el mundo de la educación. Sin educación el mundo pierde su norte, un pueblo analfabeto, es un pueblo subdesarrollado. Los libros nos ayudan a pensar y el pensamiento nos hace libres.
Podar la rama de la misericordia, de la ternura y de la compasión que hace de la Iglesia una comunidad samaritana o, tomando en palabras del papa Francisco una iglesia “hospital de campaña” que cuida, atiende y sana a quienes sufren el rigor del rescate.
Ya ven. Un libro y un buen vino.




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