El evangelio de esta semana, hace una pregunta que no tiene que dejarnos indiferentes a ninguno de nosotros. Seguro que no está en la lista del fútbol ni de pasapalabra. Jesús le pregunta a Pedro, y tú, ¿quién dices que soy yo?. Les puedo confesar que si esa pregunta me la hacen a mí, probable que quedaría perplejo, como quedaría Pedro, y sobre todo pensativo ante la respuesta.
Es curioso como la pregunta, en esta ocasión, se hace en verano. Una época en la que todos nos relajamos un poco e incluso como si Jesús también se fuera de vacaciones y por ello no tenemos que "cumplir" con requisitos dominicales; una época de mucha confusión, incertidumbre, miedo y de preguntas sin respuestas como es, no solamente el coronavirus, sino el rebrote que parece ser que estamos viviendo; una época en la que hubo gente que ha perdido un ser querido muy próximo, al que estaba muy apegado; una época de Erte, de paro, de escasez económica y de futuro incierto....y ante toda esta situación, Jesús nos sigue haciendo la misma pregunta, y tú, ¿quién dices que soy yo?.
En esta pregunta está el ser mismo de nuestro cristianismo. En esta pregunta está la raíz de nuestra esperanza. Los que no comparten con nosotros esta dicha, seguro que nos restriegan en la cara, como profetas de calamidades, que si fuera real la persona en la que creemos no sucedería lo que está sucediendo.
Sin embargo, yo respondo no de una forma bucólica, sino sincera y real: cuando uno se levanta y ve un amanecer como los que nosotros vemos en estas maravillosas islas, no puede ser obra de nadie más que de un Dios admirable, incluso cuando los avatares de la vida no sean de viento favorable, sino que las lágrimas sean las que dibujen la cara de cada uno de los rostros cansados y fatigados de no poder más. A veces caminamos por caminos oscuros y tortuosos, llenos de piedras que dificultan nuestros pasos, creo que Dios es la luz que ilumina mis pasos y los de muchos como yo.
Cuando uno se mira al espejo y va viendo ya las marcas que la vida le va dejando, incluso los achaques, los tropiezos, la incomprensión, la poca paciencia... se refleja en ese espejo un Dios misericordioso, paciente, lento a la ira, rico en misericordia... Y ese Dios lo hace tanto en invierno, en verano o en cualquier otra estación del año.Espero que seamos capaces de dar respuestas, mejores que las del fútbol.
Yo invito a los que llevamos el carnet de cristianos, a que nos dejemos preguntar como a Pedro, Y para tí, ¿quién dices que soy yo?
Hasta la próxima
Paco Mira

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