viernes, 6 de noviembre de 2015

SABER MIRAR A LA CARA

SABER MIRAR A LA CARA
         ¡Cómo pasa el tiempo: ya estamos en Noviembre!. El tiempo, como la vida, es implacable: no vuelve atrás ni para coger impulso. Quizás también sea bueno, de vez en cuando mirar de reojo, no vaya a ser que se nos hubiese caído algo y hay que recogerlo. A lo mejor hay que recoger aquello que nosotros mismos hemos tirado, queriendo o sin querer.
         Hoy el evangelio - como siempre - nos vuelve a dar una bofetada. Jesús es una persona implacable en sus afirmaciones, en sus gestos y sobre todo en su vida diaria. Hoy Jesús calla, observa, mira y lo más probable es que no juzgue, sino que sean los propios protagonistas de la historia los que nos juzguen desde el silencio  a nosotros.
         La vida, a veces, aún siendo hermosa y bella, es implacable. A lo largo de la historia quizás no haya sigo justa con algunos: en la antigüedad el ser viuda era estar condenada al fracaso. En una sociedad machista, el quedarse sin marido, era símbolo de ser expulsada de una comunidad con todo lo que conllevaba eso: perdida de dignidad, de derechos, de autonomía.... ser expulsada era dejar atrás ilusiones, anhelos, alegrías, esperanzas.... y ser expulsada era estar dispuesta a insultos, bochornos, malas miradas, desprecios... triste pero cierto
         ¡qué raro que nosotros, ciudadanos del siglo XXI critiquemos dentro y fuera de nuestros templos!. A veces da la impresión que los que estamos dentro somos los mejores, los intocables, los únicos, los verdaderos, somos... los escribas, somos los que iban al templo con los mejores trajes para que la gente los viera y somos los que echamos en los cepillos y colectas para que la gente vea que cumplimos con la obra de misericordia, ayudar a la Iglesia en sus necesidades. Claro, quizás nos estemos olvidando que puede que la Iglesia se atienda sola y que nosotros nos olvidamos que el que tenemos al lado tiene nombre y apellido y quiere que le miremos a la cara..
         La viuda que se acerca al templo nos da una lección. Una lección de humildad. Hace una semana leíamos las bienaventuranzas, ahora la humildad se hace carne en el ejemplo de una viuda. ¡cuántos hoy se acercan, desposeídos, andrajosos, quizás mal olientes....a nuestros templos y cambiamos de banco o mal juzgamos las intenciones de sus limosnas!. Quizás no sea mucho lo que echan, pero lo hacen de lo que a nosotros quizás nos falte, desde el corazón. Tenemos que mirar más hacia el interior y no quedarnos con lo externo. Es curioso como el texto de Marcos (Mc 12,38) dice que Jesús, sentado, observaba a la gente. Tenemos que mirar más a los hermanos. Sin duda, saber mirar es también saber amar. Quien no mira desde el interior hacia el interior no ama interiormente.
      
   Pero saber mirar y amar es saber valorar. Jesús valora el coraje de aquella pobre viuda que quizás tenía denegado el acceso al templo, precisamente por ser viuda. ¡ Cuántas ordenes damos nosotros!. Cuantas ordenes damos los que estamos dentro y no justificamos las mismas. Cada uno de nosotros tiene su propia manera de generar vida en la vida. Nosotros no somos quienes para decirles que se equivocan.
         Y quizás unas de las características más importantes es que la viuda da de lo que tiene, comparte lo es. No comparte de lo que le sobra, comparte su propio ser, puesto que no está el horno para muchas florituras. ¡Cuántas disculpas baratas nos da la crisis!. Es verdad que la crisis no da para mucho juego, pero tampoco  es una disculpa para lavarnos las manos. La viuda es un ejemplo a seguir, los desahuciados también nos dan lecciones, nosotros qué hacemos?

         Hasta la próxima
         Paco Mira


jueves, 29 de octubre de 2015

LOS SANTOS TAMBIÉN VIVEN Y CORREN


         Casi sin tiempo, pasamos del miedo, de las brujas, de los aquelarres, de los conjuros...a los cementerios, a las flores, a los recuerdos nostálgicos de tiempos que quizás fueron mejores y de personas que nos marcaron la vida de una manera inmejorable. Creo que no aprendemos nunca: nos recreamos más en las miserias propias y ajenas que en los beneficios, beneplácitos y bienaventuranzas de todos y cada uno de los presentes.
         Me da la impresión, y en eso en la Iglesia quizás hayamos tenido mucha culpa muchos de nosotros, nos hemos recreado en un Dios de difuntos, de muertos, de flores, de coronas que nos recuerdan personas, de pésames, de
funerales.... más que en un Dios que camina y acompaña a los que estamos en este mundo, de un Dios que ama y quiere que todos y cada uno de sus hijos se salven, de un Dios que tiene un guión programático que más quisiéramos para el 20 de Diciembre. De un Dios que abraza y quiere, de un Dios revelado y no oculto y tenebroso.
         Un programa que a le interesa: felices  los pobres; felices los que promueven la justicia; felices nadie los que son limpios de corazón (¿en política hay muchos?), felices los que tienen hambre y sed de ser justos con los demás, etc... un maravilloso programa de un Dios que no es un brujo, de un Dios que no es justiciero, de un Dios que no se recrea en la muerte de nadie. Incluso creo que es un programa que podría ir en la agenda de cualquier partido político.
        
Los santos no son solamente aquellos que son de escayola o de madera; los santos no son los de una imaginería importante de una escuela de escultores de alta alcurnia; los santos no son los que solamente tienen un hueco en el calendario.... los santos son aquellos hombres y mujeres que dejando huella en la historia nos invitan a caminar por ellas. Los santos son los que desde el anonimato personal nos invitan al programa de las bienaventuranzas y son los primeros que las cumplen. Los santos son aquellos que con su labor diaria y callada son capaces de contagiar la alegría de una buena noticia llamada Evangelio.
  Por eso no necesitan estar muertos. El muerto no mueve ni promueve. El muerto no es capaz de motivar y reavivar el entusiasmo. El vivo es el que es capaz de oír la voz del que dice tuve hambre y me diste de comer, estuve enfermo y me visitaste, estuve triste y agobiado y me has escuchado y animado; necesitaba una compañía silenciosa y allí estabas tú.... ¡cuántos santos hay en la vida a los que no conocemos y que no tienen un día en el calendario!.
  ¡Qué mejor santidad que la que empieza en casa!. Lo más probable es que siempre nos acordemos de las riñas, de las broncas ... de los más cercanos, quizás de mamá y de papá... pero no nos acordamos de las noches en vela, de las angustias para que no nos enteremos de las penurias para llegar a fin de mes, de las llamadas a los médicos y el acompañamiento a los mismos.... ¡cuánta santidad escondida en mi casa y yo sin enterarme!
  ¡Cuántos santos están cayendo en las fronteras que se cierran porque nos hemos pasado en el cupo que nos corresponde olvidándonos que no tienen peana, pero que son ejemplo de búsqueda de vida y de felicidad como bienaventurados que son!.
  ¡Cuántos santos se están quedando en las vallas, cada vez más enormes y con púas y cuchillas porque simplemente quieren compartir con nosotros la felicidad que decimos que tenemos y que se la pasamos por delante de las narices!
  ¡Cuántos santos que no quieren conocer el paro, pero que lo viven, y sin embargo acuden a ese Dios como padre que les abraza y les acoge en la felicidad del amor.!
  Amigos, ¿podemos calcular el número de santos?. Tú y yo todavía nos queda.

  Hasta la próxima
  Paco Mira


jueves, 22 de octubre de 2015

RAFA: LA MEDICACIÓN SIN AMBULATORIO

RAFA: LA MEDICACIÓN SIN AMBULATORIO

         Siempre se ha dicho que los acontecimientos suceden porque existe un motivo para ello. Unos acontecimientos son provocados y otros vienen, como comunmente se dice, dados. Hay acontecimientos que merecen la pena vivirlos e intentar repetirlos aunque no salgan igual y otros, quizás, mejor que no sucedieran.
       
  Las fiestas son acontecimientos que lógicamente merece la pena vivirlos e incluso provocarlos. Además es un acontecimiento que nos viene dado. Este fin de semana, un pueblo, todo un pueblo está de fiesta. Un pueblo que vive y comparte la alegría de muchas cosas vividas a lo largo del año y que en un momento determinado decide manifestarlo de una manera pública. La fiesta es la manifestación de la alegría en medio . quizás y a veces - de muchas dificultades, pero que incuso y a pesar de estas, merece la pena celebrarlo.
         Decía que ha pasado un año desde la misma fecha hasta hoy. Ha pasado un año en San Rafael de Vecindario. Es quizás la hora de mirar hacia atrás y ver lo que se nos ha quedado en el camino; es la hora quizás de ver lo que pudimos haber hecho y no hicimos; es la hora, por qué no, de retomar lo que hemos dejado a medias: el abrazo hacia alguien, recuperar el diálogo perdido, la visita pendiente que nunca hago, el beso que siempre he querido dar y nunca lo realizo.... Si soy capaz de ello no me llamaré Paco, me llamaré Rafa, mejor, Rafael.
      
   El pueblo tiene que celebrar lo que vive y vivir lo que celebra, y a eso se le llama fiesta, alegría, diversión, humanidad....Por eso el joven Tobías un día, como cualquier otro de nuestra vida, esperaba que un hombre bueno le acompañara. ¡cuantas soledades tenemos en nuestra vida!, a veces buscadas, a veces provocadas y a veces dadas. No solo nosotros necesitamos que un hombre bueno nos acompañe, nosotros podemos ser esos hombres y mujeres buenos que podemos acompañar.
      
   Salió, Tobías, al camino. En nuestra vida de creyentes tenemos que salir a los caminos de la vida, a las veredas que se nos ofrecen. La fe no es un cofre encerrado del que yo solamente puedo disfrutar. La fe se tiene que vivir y notar. En el camino de nuestro pueblo hay muchas situaciones, personas, amigos, familiares que necesitan que nosotros les veamos. Dice que Tobías salió y encontró al que es guía y camino. ¿Cuántos de los que salen en los caminos nos encuentran como personas buenas que estamos dispuestos a acompañarles?.
        
El evangelio de este fin de semana nos habla de un hombre del camino, de un ciego, de Bartimeo. De un hombre apartado de la sociedad porque tiene una enfermedad. Es curioso que Bartimeo grita para que Jesús le escuche, y los discípulos le dicen que se calle, que no moleste: ¡cuántos gritos callamos nosotros o nosotros nos tapamos los oídos y que normalmente decimos que es para que no molesten porque estamos ocupados en otros menesteres!
         El mundo en que nos ha tocado vivir nos está continuamente mandando señales que nos tienen que hacer gritar, ¡ten compasión de nosotros!. Cada vez hay más voces que nos callan, voces que lo más probable  que no nos dejen decir aquello que queremos que se oiga. Quizás se nos impide ver las luces de los signos de los tiempos.  y no sabemos encajar la fe en este mundo tan convulso, por eso tenemos que esperar a que nos digan : ¡"anda tu fe te ha salvado!" y es que al atardecer, cuando las luces se vayan apagando, nos examinarán del amor, solo de amor.
         Celebremos la alegría y la fiesta de la fe en nuestro pueblo. Seamos medicina de Dios para los ciegos de fe. Seamos capaces de actuar como Rafael con los ciegos de nuestro camino.
         ¿Saben?. Antonio María Claret, lo ha conseguido.
        

         Hasta la próxima
         Paco Mira


jueves, 15 de octubre de 2015

PROPAGAR LA FE SIN VELOCIDAD


PROPAGAR LA FE SIN VELOCIDAD
              Cuando uno era más chico que ahora, en el colegio,  recuerdo con cierta nostalgia la llegada del día del Domund. Recuerdo que nos ofertaban unas huchas, algunas con fotos de niños de otro color, y a lo largo del fin de semana quedábamos un par de compañeros para intentar llenar aquella hucha que, por otra parte, parecía no tener fondo. Era curioso que tenía como un sello de plomo para que no hubiera tentación para los amigos de lo ajeno. Pero creo que estos no se atrevían, por la situación política de la época,  con tan buena y maravillosa causa.
            Al mismo tiempo, el Domund,  era una disculpa para que tus padres, en un sistema austero de educación, te dejaran salir a la calle para una tan buena y noble causa. Claro ahora, ya no se ven huchas; da la impresión que hay que pedir de otra manera: quizás una cuenta bancaria, quizás un programa de no se qué solidario, quizás un donativo personal.... pero todo aquello que huela a fomento de solidaridad religiosa, de entrega, de generosidad, ... no tiene que ser muy abierto.
            Es curioso como hoy, siglo XXI, en que la velocidad de los ordenadores es casi ilimitada; hoy que en tu casa te ponen fibra óptica y con no sé cuantos megas de velocidad; hoy que mandas un mensaje y al momento llega a las antípodas de donde estamos, incluso guardamos datos en una nube (¡ay si Heidi levantara la cabeza!).... hablamos de propagar la fe, como el que planta fuego en algún lado y éste se propaga, y como tal fuego hay que apagarlo.
            Es significativo como hay cosas que no van con la modernidad, porque nunca han pasado de moda y no tienen por qué ir a la velocidad supersónica de no se qué aparato: el diálogo familiar no necesita de nuevas tecnologías y de mucha velocidad; el tener tiempo
para compartir no necesita de muchos megas, más bien de cierta dosis de tranquilidad; el tener paciencia con los mayores, no necesita de grandes fibras ópticas; el que visita a los enfermos no necesita de muchas cuñas para poder hacerlo.... y en el fondo estamos hablando de domund, de propagar la fe sin velocidad.
            Claro, propagar la fe requiere dosis de ternura, de cariño, de comprensión... en el fondo de misericordia. Propagar la fe no es algo que tiene que salir en tirada como los periódicos que cuando acaban de leerse su destino más cercano probablemente sea la cesta de los papeles. Propagar la fe es tomarse en serio una revolución pacífica que puede acabar, a veces y por desgracia, en tragedia. Propagar la fe es anunciar un mensaje, que no necesita cuñas ni padrinos, sino que el ejemplo propio de vida, es lo más serio.
            Eso no lo entendió la madre de los Zebedeos, que quería cuña para sus hijos. Jesús lo deja claro, ser misionero es dar la vida en rescate de muchos y ponerse a la mesa a servir y no a ser servido. Hoy la misión quizás ya no esté en la fotografía de las huchas que me daban a mí de pequeño. Hoy la misión no solamente estará en la puerta de al lado de mi casa, sino en mi casa: en mi hija, en mi familia, en mí mismo.
            Hoy el misionero ya no es el que enarbola una gran cruz y habla en nombre de no se quien y el que no entre por el aro lo más probable es que acabe en la hoguera del convento más cercano o en las mazmorras más oscuras que nos podamos imaginar. Hoy el misionero es el que enarbola la bandera de su vida convicente y tiene como estandarte al propio Jesús de Nazaret,  como compañero de fatigas y de viaje. Hoy el misionero es el que con misericordia es capaz de provocar una revolución y que todos sean capaces de seguirlo porque les convence.
            Misioneros somos todos y todos estamos llamados a ello. Quizás nos meta miedo, quizás no estemos convencidos del todo, pero es que el propio Jesús tampoco convenció a todos. Hoy nosotros somos la imagen de la hucha.
            ¿Somos misioneros?

        Hasta la próxima
            Paco Mira


viernes, 9 de octubre de 2015

SINODO: AL ATARDECER ESTABAN TODOS REUNIDOS Y...MARÍA EN MEDIO DE ELLOS


SINODO: AL ATARDECER ESTABAN TODOS REUNIDOS Y...MARÍA EN MEDIO DE ELLOS
Partiendo de la base que el Evangelio, como todas las noticias buenas, tiene que ser filtrado en su lectura por aquello de los géneros literarios, me quiero imaginar la escena: un grupo de seguidores de un crucificado, quizás decepcionados al pensar que su lucha había quedado en la nada, reunidos en una sala preguntándose qué hay que hacer o qué habría que hacer a partir de ahora; quizás las ganas de arrojar la toalla imperaban más que las de continuar en una batalla que, entre otras cosas por cuestiones de ideología, de política, de miedo podría ser que no tuviera futuro... en definitiva la escena de lo que hoy podríamos decir decepcionante.
Sin embargo, y he aquí la gran paradoja, aquella gente - lejos de arrojar la toalla - se ha mantenido en que lo que para otros puede parecer una contradicción y es simbología de ánimo y de seguir adelante a pesar de todas las dificultades a sabiendas que los caminos por los que ahora van a deambular y a recorrer no van a ser nada fáciles. Las mujeres, como y con María a la cabeza, van a ser determinantes en muchas de las decisiones que a partir de ahora, aquella comunidad insignificante ha generado lo que ahora tenemos.
Fíjense las curiosidades de la vida. La semana pasada comienza en Roma un Sínodo (reunión de representantes de un colectivo para un fin determinado), en el que se va a tratar, a debatir ... lo fundamental del ser humano. Se va a debatir la esencia del núcleo en donde hemos nacido, crecido, alimentado y que nos marcará para el resto de nuestros días: la familia.
Los tiempos han cambiado, pero quizás muchas de las connotaciones que hace dos mil años se dieron, se pueden reproducir hoy también. En aquellos tiempos estaban encerrados por miedo. A mí me gustaría que mi Iglesia, en los tiempos actuales, no se encierre ni tenga miedo. Que sea una Iglesia abierta y valiente porque también es verdad que como diría Santa Teresa, "corren tiempos recios", tiempos difíciles y complicados en los que la sociedad, los propios cristianos, le exigen, le piden a la Iglesia, a su Iglesia, que vaya con ella y con ellos en los tiempos en los que nos movemos.
Me gustaría que mi Iglesia, a través del sínodo, no fuese como el joven del evangelio de este fin de semana que le cuesta desprenderse de lo que no le es necesario. Quiero que mi Iglesia se humilde, sencilla, amable, cariñosa, no apegada a los que no pueden entrar por el ojo de una aguja, porque eso significa que cada vez más está en la línea del crucificado y más cerca de aquellos primeros que también se reunían, entre otras cosas, para rezar..
Y me alegra que rezando tengamos una iglesia que en las palabras del Papa Francisco sea accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad". Por eso los primeros cristianos lo entendieron muy bien y no siguieron encerrados en sus propios criterios, sino que entendieron que lo que le sigue al crucificado es anunciar su mensaje.
Me alegra que en el Sínodo de la familia, la mujer esté presente. Quien nos da la vida, pueda seguir anunciando la Vida, incluso dentro de la responsabilidad de la propia Iglesia. María, es ejemplo de ello. Ella es Pilar por lo consistente y por su firmeza en su convicción. María nos dio la Vida y sigue apoyando la vida.
Apoyemos el sínodo. Ojalá que nos sirva a todos y que como dice el salmo de este fin de semana, sácianos de tu misericordia, y nuestra vida será alegría"
Mi recuerdo para Adrián y Nicanor. La Diócesis se alegra por ustedes
Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 2 de octubre de 2015

SI ES NECESARIO.... TAMBIÉN CON PALABRAS


SI ES NECESARIO.... TAMBIÉN CON PALABRAS
¿Saben?. Hoy tengo, como Alejandro Sanz, el corazón partido. Pero no porque no tenga claro a quien hay que seguir primero, sino porque me gustaría que el santo de este domingo tuviera más relevancia en las homilías de turno, pero claro... la liturgia correspondiente no le va a dar respiro. Y tengo el corazón un poco partido, porque el santo que conmemoramos en este domingo, no tiene parangón o quizás no tiene un doble, aunque él lo intentó como doble del grande de Nazaret.
Estamos, curiosamente, en una época en el que el pensar no tiene mucha vitalidad, el reflexionar como que no se lleva mucho, y prueba de ello es que en los sistemas educativos la asignatura de filosofía, o historia del pensamiento humano, cada vez va teniendo menos caché, en favor de tecnologías o asignaturas de económicas. E incluso me atrevería a pensar que en los colegios, el rincón del pensamiento está llamado a la desaparición.

Y esto viene a cuento porque "un ejemplo vale más que mil palabras". Es más: en la enseñanza cuando se quiere que un alumno entienda algo recurrimos a algún ejemplo que por similitud se pueda entender aquello que queremos expresar. El santo de este fin de semana es ejemplo viviente de cómo se tiene que llevar a la práctica el evangelio, de cómo se pone en marcha el mecanismo iniciado por un tal Jesús de Nazaret; es el ejemplo viviente de como teniendo todo lo que una persona puede tener renuncia a ello, incluso a su propia familia, para ser consecuente con un mensaje que en un principio entiende mal "ve y repara mi Iglesia que amenaza ruina".
Es curioso como el Papa Francisco, hoy en día, en el siglo XXI, está intentando levantar lo que hasta ahora parecía abocado a algo parecido sino a una ruina, a algo que igual se iba carcomiendo, está buscando una Iglesia que dentro de sus defectos y pecados sea cercana, limpia y transparente acorde a los tiempos que corremos y acorde al mensaje de Jesús de Nazaret. No es porque todo el mundo lo pida, sino porque es lo que tiene que ser. A veces no lo entendemos.

Eso es lo que hizo el gran Francisco de Asís, el santo de nuestro fin de semana. Un hombre de corta estatura pero de gran corazón, que no le hizo falta hablar mucho, ni escribir grandes discursos, sino que su vida fue la mejor palabra, igual que el de Nazaret, que la Palabra se hizo carne. Es que es lo que tiene que ser: carne con la carne, para entender el mundo en el que vivimos. El Papa nos lo recuerda, si es necesario, también con palabras.
Es por ello que no solo a nivel individual hay que vivir al santo, se puede hacer en familia y el evangelio de este fin de semana nos lo recuerda: todos somos iguales ante los ojos de Dios, no tiene por qué haber distinciones entre los hombres y las mujeres; ambos tienen que tener igualdad de derechos y de deberes, incluso creo que es una buena oportunidad para que dentro de la Iglesia se de el caso "si es necesario también con palabras", y estas a quien le
corresponda. Que bonito que todos, creados a imagen u semejanza de Dios, no tengamos distinciones.
Amigos, hagamos el propósito, todas las mañas de poder cantar: alabado seas, mi Señor, por las criaturas, por los árboles, por las flores, por los pájaros, por los peces, por mis hermanos, por el sol... e incluso por la hermana muerte corporal. Francisco fue capaz de contemplar a los demás como la realidad viviente del padrenuestro, como hermanos, especialmente los leprosos, especialmente los más necesitados de nuestra sociedad.
Me aplico el cuento, de hablar menos y hacer más, de poder ser ejemplo más que mil palabras, de mirarme un poquito más al espejo de Francisco, el pobres de Asís.
Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 25 de septiembre de 2015

UFF: TOCA ELECCIONES PERO.... ¿HAY QUE ENTRAR COMPLETOS EN EL REINO DE LOS CIELOS?


UFF: TOCA ELECCIONES PERO.... ¿HAY QUE ENTRAR COMPLETOS EN EL REINO DE LOS CIELOS?
¿Saben?. Se me antoja otro fin de semana complicado. Complicado porque lo más probable es que nosotros lo queramos así: hoy se pueden sentar algunas bases para que cierto pueblo, amparándose en una votación que algunos consideran ilegal, pueda decidir su futuro alejado la unidad de los demás. Encima, este fin de semana el evangelio nos va a recordar con qué cosas no podemos entrar en el Reino de los Cielos. No se si los recortes también afectan al cielo, o por el contrario hay que entrar ligeros de equipaje.
Recuerdo que conocí a una señora, que ya murió la pobre, que siempre tenía una obsesión y era que cuando le llegara su hora de partir de este mundo a la casa del Padre, que no la enterraran desnuda: ¡cómo se iba a presentar a Padre Dios de esa guisa, sin vestir!. Bueno entiendo que el respetito es muy bonito y más en el cielo. Lo más probable es que esta señora nunca entendió que el cielo no es un lugar geográfico a donde tenemos que ir. Que da igual, en un principio, de la forma en que lleguemos, lo importante, como en el deporte es llegar.
Pero claro, leyendo el evangelio de este fin de semana, no se si se podrá entrar entero en el Reino de los cielos, o si por lo menos habrá alguien que lo consiga, porque no es fácil.
Quiero creer que sí. Y lo quiero creer porque todavía hay gente que cree en que el Reino de los Cielos es posible. Si tuviéramos que definir el Reino de los Cielos con una palabra, creo que la que mejor le sirve es la de "vida". El Reino es Vida, pero esta con mayúscula. Creo que a pesar de las dificultades por las que estamos viviendo, sigue habiendo gente que desde el convencimiento del evangelio, que desde el convencimiento del mensaje de Jesús de Nazaret, sigue impartiendo alegría, jovialidad, entusiasmo.... en definitiva vida.
Es por ello que entiendo que el evangelio de este fin de semana no hay que tomarlo al pie de la letra puesto que entonces no entraría nadie. Normalmente, es curioso, que aquellos que suelen tener algún defecto físico, suelen ser , a veces, los más cercanos, los más amables, los más entusiastas... los que normalmente dan de aquello que carecen y que nosotros, precisamente por tenerlo, igual no le damos importancia. Pero sí es verdad que para poder conseguir la felicidad no hay que llevar la maleta demasiado llena. Para conseguir la Verdad o el Reino de los cielos no es necesario una facturación y pagar exceso de equipaje.
Sin duda hay que liberarnos de aquello que nos aleja de la verdad. Hay que liberarnos de aquello que no deja que cuidemos del que tenemos al lado; hay que liberarnos de aquello que hace que no nos pongamos en la piel del que necesita que le echemos una mano y a veces nos volvemos locos discutiendo como tenemos que discutir para poder darles una solución.
Dios no quiere ni mancos, ni cojos, ni ciegos.... quiere seres que con el
corazón limpio han pasado por el examen del amor. Seres que han gastado y desgastado su vida en favor de todos aquellos que lo han necesitado. Por eso es más fácil entrar por el ojo de una aguja que a quien no se desprende de lo que no necesita en el reino de los cielos.
Amigos, amigos políticos y los que no lo son. Procuremos que las elecciones sean para unir a la gente; que las elecciones sean para favorecer el bien común y en especial el de los más necesitados y todos juntos podremos entrar en el reino de los cielos, pero completitos.
Hasta la próxima
Paco Mira