viernes, 18 de diciembre de 2015

ELECCIONES Y LA ÚLTIMA DE ADVIENTO: ¿CASUALIDAD?


Yo creo que el Sr. Rajoy, cuando convocó las elecciones generales no cayó en la cuenta que el día 20 era el último domingo de adviento. No cayó en la cuenta y lo más probable es que tampoco tenía por qué hacerlo. Pero no sé si será curioso el saber que la esperanza se acaba porque la realidad se acerca. El adviento se acaba, porque la realidad de la Navidad la tenemos a la vuelta de la esquina. Es la hora de pensar si lo que prometí es lo que voy a cumplir, no solo quien convoca las elecciones, sino todos los que concurren a las mismas. A veces pensamos más en criticar al que está que en dar soluciones para hacerlo mejor, si se puede.

En medio de todo esto, un personaje del adviento. Un personaje de esperanza que ha luchado contra toda esperanza porque no daba crédito a lo que el ángel le había dicho: María. María que va a visitar a su prima. Dos mujeres que dan a luz y que en el fondo no entienden lo que se les avecina, ni por qué a ellas, pero que asumen, aceptan, acatan... un mensaje que no todo el mundo es capaz de entender.
¿Por qué preguntar, si lo que se nos ofrece merece la pena?. A veces en la vida damos vueltas y vueltas, cual rumiante con la comida en vez de saborear los manjares de la vida. En nuestra vida de Iglesia a veces damos vueltas y vueltas antes de actuar cuando la decisión tiene que ser inminente. María es que no se lo pensó dos veces, es que no había que pensarlo... la ocasión merece la pena, ánimo, adelante... el proyecto deja de ser esperanza y se convierte en realidad.
Es curioso como las buenas noticias no se callan. Las buenas noticias no quedan en el vientre por los siglos de los siglos. Las buenas noticias se comparten, se paren. se iluminan. Por eso María va de prisa, corriendo a la
montaña. El mensaje de Jesús, ya desde el vientre materno, es un mensaje de encuentro. Nosotros estamos en un mundo en el que este no viene a nosotros, nosotros tenemos que ir al encuentro, como María, de él. Un encuentro de alegría, de gozo, de ilusión, de ganas, de entusiasmo .... Dice el texto que en cuanto supo del saludo, la criatura saltó de gozo.

Quizás es hora de preguntarnos si nuestros encuentros lo son de ganas de ilusión de entusiasmo, o por el contrario en nosotros no salta nada ni nadie porque no irradiamos lo que nos une. Es curioso como Isabel, dice el texto, responde a voz en grito. ¡que pena me da cuando en nuestras celebraciones, en nuestros testimonios nadie salta de alegría porque no insuflamos precisamente alegría!.
Debemos abrir las puertas de nuestra casa. Dejemos que María entre en ella. Dejemos que quien lleva al salvador dentro de sí, también nos visite, nos ayude a desvelar los secretos de su gran fe y amor. No siempre estamos dispuestos a ello y ella es lo que quiere hacer con nosotros. María hizo lo que dice la carta a los Hebreos, aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Preguntemos y tomemos como ejemplo a María para hacer la voluntad de Jesús. Un niño al que le queda muy poquito para nacer, pero que lo hará con ejemplo de humildad, sencillez, alegría, bondad....
Ojalá que nosotros, cuando nos visite la madre de Jesús, también saltemos de gozo y alegría, porque el Señor viene.
Desde aquí mi recuerdo y mi abrazo desde el cariño a Suso Vega
Ufff. Se lo vengo diciendo: cada vez veo más cerca Belén, ¿ustedes?
Hasta la próxima



Paco Mira

viernes, 11 de diciembre de 2015

MISERICORDIA CON LOS CIEGOS DE LA VIDA

MISERICORDIA CON LOS CIEGOS DE LA VIDA
Quiero, antes de nada, expresar mi gratitud a los que me leen. A los que tienen la santa paciencia de hacer un alto en su camino para entretenerse con aquello que me surge a raíz de lo que sucede y a la luz de lo que la palabra de Dios me dice en el domingo que nos toca. La vida da para mucho, pero Dios, a través de su Palabra, da para mucho más. Viene esto a cuento, porque un amigo, Jesús Rodríguez me corrigió la semana pasada. En mi carta decía que "el martes conmemorábamos la celebración de la democracia". Evidentemente fue un lapsus. La democracia la celebrábamos el domingo 6, no el martes 8, día de la Inmaculada. Pero viene bien, puesto que la democracia conlleva implícito la no censura y veo que en este caso no ha habido. Gracias, Jesús.
Metidos en harina y en medio del adviento, el Papa, esta vez sin sorprendernos (porque ya lo había anunciado con tiempo), nos ha inaugurado el año de la misericordia, es decir el año de la posibilidad de volver a empezar de nuevo. El año en el que todos tenemos las mismas posibilidades y que nadie es mejor que nadie. Es curioso como en medio del tiempo de la esperanza; donde la realidad de la navidad cada vez se ve más cerca, la capacidad de poder con otro o de pedir perdón siempre está tocando en la puerta de cada uno de nosotros.
Mucho se ha hablado a raíz de este año que se nos ofrece: que si los divorciados, que si los que han abortado, que..... pero ¿quiénes somos nosotros para juzgar la conciencia de nadie?, y... ¡qué dados somos a hacerlo!.
Este fin de semana que se celebra la fiesta de Santa Lucía, ¡cuántos ciegos de la vida a los que podemos ayudar!. Quizás no sean ciegos de los que por motivos físicos les falte la vista. Ciegos que no son capaces de encontrar su lugar y su puesto en la vida y que una manera desesperada nos piden que les echemos una mano. Ciegos que no encuentran la forma y la manera de poder continuar adelante y quieren que nosotros les podamos conducir por aquella vereda que lleva, en este tiempo, a Belén.
Este fin de semana es el domingo de "gaudete" es el domingo de la alegría esperanzada. Es el domingo en el que alegremente podemos llevar adelante las promesas que podemos adelantar que se pueden cumplir. Este fin de semana hasta tres veces le preguntan a Juan el Bautista lo que hay que hacer. Quizás nosotros este fin de semana también tendremos que preguntarnos que qué tenemos que hacer, y preguntarnos no solo tres veces, sino un montón de veces.
Creo que las respuestas en la vida tienen que ser claras y contundentes: todos hemos nacido de la misma manera; todos hemos optado por el mismo camino que es el mismo para todos, como Lucía, la italiana y a la que el miedo del tormento no le separó de lo esencial de su vida que era seguir a Jesús. Una Lucía que en el tiempo en el que ella ha vivido, las circunstancias de la vida no eran fáciles, sin embargo supo dar testimonio, incluso con su vida, de la convicción del evangelio.
Misericordia. Creo que tenemos todo un año para pensar lo que esta palabra significa. Tenemos todo un año para mirar hacia adentro de nuestro corazón y comprobar si realmente el mensaje del perdón de Jesús se cumple en nuestras vidas. Tenemos todo un año para tomar "resuello" y no juzgar a nadie.
Tenemos un año para perdonar y que nos perdonen. Tenemos un año para ser nosotros mismos como lazarillos de tantos y tantos que tienen cegueras en esta vida y que nosotros podemos salvarles de caer en alguno de los pozos de la vida. Pero para ello tenemos que ser nosotros primero, portadores de lo que predicamos.
Se lo vengo diciendo: cada vez veo más cerca Belén, ¿ustedes?
Hasta la próxima
Paco Mira


viernes, 4 de diciembre de 2015

LA LUZ QUE VA DELANTE ES LA QUE ALUMBRA Y JUAN SABE MUCHO DE ESO

LA LUZ QUE VA DELANTE ES LA QUE ALUMBRA Y JUAN SABE MUCHO DE ESO
A veces pienso (porque lo hago de vez en cuando) que a cierto grupo de personas nos falta valor, coraje, ganas, energía. Me da la impresión que a las generaciones de ahora, los chiquillos entre 12 y 15 años les debe faltar alguna vitamina porque les preguntas algo y parece - con perdón - que les falta fuelle, les falta vitalidad, lo que decía mi abuela, sangre en las venas.
No es muy bueno gritar, pero sí creo que sea bueno que de vez en cuando exista algo que nos despierte, que nos espabile, que nos aligere del letargo en el que estamos metidos. Da la impresión como que hay alguien que lo que pretende es tenernos como los osos en hibernación.
Quiero imaginarme a un tal Juan. Quiero imaginarme una voz que clama en un desiérto. Un desierto como imágen de soledad, de abandono, de no escucharte nadie, de que cada uno va a su "bola" sin importarle la temperatura del desierto, las dificultades por las que se pueda estar pasando, las necesidades particulares y comunitarias que puedan existir... y alguien que esté con el sonsonete en la oreja de allanen los caminos, preparen un camino, que lo escabroso se enderece... me imagino un Juan loco, abatido, de voz ronca, quizás harapiento y sucio, un Juan que habla para unas arenas que juntas forman el desierto pero que por separado las lleva el viento.
Me quiero imaginar a ese mismo Juan, a Paco, a Nieves, a Monse, a Pepe, a María José.... a tantos y tantos que hoy en día, también con la voz ronca, quizás abatidos, quizás no muy bien vestidos, quizás sin trabajo, quizás con alguna enfermedad en casa que dentro de poco puede ser irreversible... diciendo que la esperanza no está perdida, que el desierto se puede convertir en oasis si preparamos un camino a aquel que es la Esperanza y esta con mayúsculas. Quizás hoy en día hay muchos Juanes que gritando o sin hacerlo son el testimonio vivo de una realidad que intentamos predicar todos los días.
Juan, para lograr esto, no necesitaba mucho. No era de grandes comilonas, (saltamontes) ni de grandes vestidos (piel de camello), y nosotros pensamos que las apariencias son las que valen en la vida y que esta nos hacen conseguir aquello que nos proponemos cuando sucede todo lo contrario. Este martes también celebramos que la libertad en nuestro país también es posible. Pero una libertad reglada y asumida por todos. Este martes celebramos que la democracia es la mejor de las maneras para vivir en armonía. Quizás venga a cuento lo que Pablo le dirige a la comunidad de Filipos, cuando les dice: "Que su amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores" (Fil 1,4-6). En el fondo, la convivencia democrática no es más que la armonía entre todos desde el amor. ¡ay cuanto tiempo perdemos, a veces, en cosas que no favorecen la armonía!. Nunca, en nombre de nadie, profanemos los valores que nos hicieron llegar hasta donde estamos.
Amigos ¡qué hermoso es el adviento!.¡ qué bueno la cantidad de cosas que se nos ofertan ante nuestros ojos para poder llevar a cabo los planes de Dios!. Hoy estamos todos llamados a ser Juanes. A ser voces que tienen que clamar en un desierto que paradójicamente está lleno de gente, pero sordos a las realidades más claras de la vida. Estamos llamados a allanar un montón de colinas que no nos dejan vernos con claridad los unos a los otros; estamos llamados a desbrozar los senderos llenos de dificultades que impiden abrazarnos como hermanos.
¿ven como el adviento da un montón de oportunidades?. Parece que a lo lejos, ya veo Belén, ¿ustedes?
Hasta la próxima
Paco Mira


jueves, 26 de noviembre de 2015

SI ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE, POR FAVOR... ¡CUIDÉMOSLA!


SI ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE, POR FAVOR... ¡CUIDÉMOSLA!
        La vida nos sigue ofertando posibilidades. La vida se busca el camino para que el hombre no se quede sin la opción de poder llevar a cabo aquello que anhela dentro de las maneras adecuadas. En este maravilloso marco, la Iglesia, nuestra Iglesia, levanta el telón del adviento, levanta las ganas de insuflar lo último que dicen que se pierde que es la esperanza. ¡Que bonita palabra!. Esperanza, lo que no es pero se anhela, lo que quiero pero todavía no poseo, pero que sin embargo me hace vivir en una tensión constante.
        Quizás es lo que nos falte a los cristianos de a pié: la tensión constante para mantener siempre viva la llama. Vivimos momentos convulsos, de incertidumbre, casi de tiempos apocalípticos no reflejados en la Biblia con la claridad que están ocurriendo, pero a lo mejor anunciados en alguno de los evangelios como el caso de Lucas. Quizás estos tiempos convulsos nos estén llevando a los cristianos a agazaparnos y a no ser capaces de dar razón de nuestra esperanza. Quizás los tiempos que corremos son tiempos de profunda crisis de identidad y que más que nunca tendremos que apelar a la valentía que decimos que nos caracteriza.
        El Papa Francisco viajó estos días a la tierra de la esperanza. Viajo a la tierra de la pobreza. Viajó a encontrarse con el pobre y el desvalido, con quien no tiene nada y por eso todo lo espera, porque sus corazones están atentos a recibir aquello que le llena de vida. El pobre, el humilde, el sencillo es el que es capaz de no tener su corazón ocupado en aquello que no le conviene, por eso es capaz de dar razón de aquello que espera.
        Hemos acabado el año, litúrgico, claro. Quizás es la mejor manera de echar un vistazo, a lo mejor de reojo y ver lo que hemos podido hacer y lo hemos dejado pasar. No se trata de tomar las uvas, porque litúrgicamente no corresponde, pero sí de comprobar que hace exactamente un año pedíamos un montón de deseos, sobre todo mirando a una ciudad como la de Belén, donde se iba a producir un acontecimiento único y casi inexplicable.
        Por eso es el momento de tener la mente fría, corazón caliente, para no quedarnos mirando hacia atrás. Es el momento de no tener, como dice Lucas (Lc 21,25) en su evangelio de este fin de semana, la cabeza embotada, no vaya a ser que se nos eche encima aquel que dijo que estaba cerca. Hoy en día los acontecimientos no nos llevan a tener la mente despejada, pero nuestro mensaje tiene que ser de todo lo contrario.
        En la vida que nos ha tocado vivir no hay caminos maravillosos, sino caminantes inigualables. Gente que nos da la mano y a veces sin pedirla; gente que desde el anonimato quiere vivir la misma experiencia que nosotros y que nos pide que no seamos pesimistas, sino todo lo contrario, que les ayudemos a llevar la esperanza que les da ánimo en la vida.
       
El adviento es un tiempo que no solo nos invita a la esperanza, sino a la búsqueda de la verdad. Es un tiempo maravilloso, es un tiempo en el que Dios quiere salir al encuentro de cada uno de nosotros para, precisamente, caminar con nosotros.  No le demos la espalda, no soltemos la mano del que nos invita a recorrer el mismo camino que nosotros.
        La esperanza es lo último que se pierde. Seamos capaces de cuidarla; seamos capaces de alimentarla; seamos capaces de decirle al mundo que lo que nosotros esperamos tiene sentido y creemos en ello. Vaya mi recuerdo para los que han celebrado esta semana la jornada de sensibilización de personas sin hogar. Con nosotros a su lado, su esperanza puede ser mayor.
        Felicidad en el adviento
       
        Hasta la próxima
        Paco Mira


viernes, 20 de noviembre de 2015

CADA VEZ LO TENGO MÁS CLARO: SU REINO NO ES DE ESTE MUNDO


Lo llevo diciendo desde hace tiempo. Estamos en un mundo que cada vez se valora menos lo más fundamental del ser humano, como es la vida. Nos da igual lo que suceda y como suceda. Miramos para otro lado mientras no nos toca un poco cerquita de donde nos encontramos. Y nos toca de cerca porque es el país de al lado. Vaya para ellos mi admiración, mi respeto y sobre todo mi solidaridad. Sin embargo llevamos un tiempo en que en los mares de nuestro mundo sigue habiendo naufragios y casi nos hemos acostumbrado a ellos; llevamos tiempo viendo como a los seres humanos se les sigue arrebatando lo más preciado como son sus raíces, su familia, su hogar, su tierra... y tienen que deambular en medio de otra marea humana que lo único que hacemos es discutir si tenemos espacio para ellos. Llevamos tiempo viendo como los seres humanos siguen muriendo de hambre, cuando hay comida, pero mal repartida, para todos y cada uno de los que vivimos en este mundo llamado tierra.
Por eso creo que "su reino no es de este mundo". Porque el reino de Jesús de
Nazaret, ni por asomo, se parece a lo que nosotros decimos que mimamos. El reino de Jesús es un reino de Vida, de justicia, de paz, de amor, de alegría... y mi pregunta es si eso se está dando en todos y cada uno de los países de nuestra tierra. Jesús le dice a Pilato que si su reino fuera de este mundo hablaría como los de este mundo, y.... ¡cual largo me lo fiáis, mi querido Sancho!, le dijo el Quijote. ¡Qué hipócritas somos!. Mientras nos seguimos reuniendo para ver qué podemos hacer, en vez de hacer sin necesidad de tener que reunirse.
Este fin de semana, en el que conmemoramos la Santa Cecila, la patrona de los músicos, me gustaría que todo el año pudiésemos entonar la parte del Himno a la Alegría de la novena sinfonía de Beethoven. Eso significaría que la alegría está presente en nuestras vidas; me gustaría entonar una sinfonía del nuevo mundo, como la de Dvorak, porque eso significaría que el mundo nuevo, lo nuevo de lo que no tenemos o no queremos tener es posible. O simplemente quisiera vivir en una continua primavera como Vivaldi.
      ¡Qué hermoso, sería, que la vida estuviera acorde a la música que nos toca vivir, irradiando vida, con vida y para la vida!.
Este fin de semana, también, es el encuentro de las familias en nuestra Diócesis. Por aquí tenemos que empezar. Tenemos que empezar por inculcar en nuestras familias que la paz, la vida, el amor, la justicia, la verdad... es posible. Que la convivencia entre todos no es una utopía sino una realidad de la que todos somos partícipes. ¡Qué bonito sería que nadie hablase en condicional, sino en presente y con rotundidad!. Eso significaría que las cosas se van cumpliendo y se van haciendo.
Que bonito es ver como el reino de Jesús no se sustenta en la fuerza, ni en la violencia, ni en nada que someta al hombre. Su reino es un reino de verdad que nos hace libres. Un reino de amor en Dios que nos tiene que hacer amar a los demás porque los consideramos como hermanos; un reino de justicia solidaria y un reino de libertad responsable, algo que por el momento nos está quedando muy lejos.
Amigos, creo que otro mundo es posible. Un mundo donde brille la honradez, el respeto la igualdad de derechos y garantías de todos los humanos. La bondad por encima de todo y la ayuda a todo el que sufre. Si eso es así creo que su reino puede ser el de este mundo. Tenemos que hacerle sitio, hueco, que tan difícil no es.
Hasta la próxima
Paco Mira



viernes, 13 de noviembre de 2015

LETRÁN-DIÓCESIS DE CANARIAS: EN LAS ALEGRÍAS Y EN LAS PENAS, EN SALUD Y ENFERMEDAD...

LETRÁN-DIÓCESIS DE CANARIAS: EN LAS ALEGRÍAS Y EN LAS PENAS, EN SALUD Y ENFERMEDAD...

            Se está acabando el año litúrgico y la Iglesia, a nivel universal, nos invita a mirar hacia adentro. A través de Letrán, de esa enorme basílica construida por orden de Constantino para dar a entender que las persecuciones no tenían sentido, la Iglesia quiere que nos pongamos delante del espejo. Al mirar hacia él no nos vemos nada más que a nosotros mismos; nos vemos tal y como somos; nos vemos en nuestras arrugas y en nuestras grandezas; nos vemos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad... nos vemos.
            ¿Pero qué vemos?. Deseo ver la Iglesia, quiero ver la Iglesia de los dos Franciscos: por un lado el de Asis que quiso una Iglesia pobre, de los pobres, con los pobres y para los pobres. Donde no había que llevar nada para el camino: "ni alforja, ni sandalias...." Y deseo que se consolide la Iglesia del Francisco argentino actual. También quiere una Iglesia que se reforme, una Iglesia que pueda cambiar, una Iglesia que tiene que dar ejemplo a pesar de muchas dificultades, una Iglesia no al uso, una Iglesia que le cuesta ser de otra manera y él lo intenta.
            Pero claro, ¡qué fácil es decirle a los demás lo que tienen que hacer!. Este fin de semana es también el día de la Iglesia doméstica. Es el día de esa Iglesia familiar donde hay que consolidar los cimientos de las grandes aportaciones de muchos fieles. La iglesia doméstica también tiene que mirarse al espejo, tiene que verse a si misma y preguntarse si lo que le exige a la Iglesia institución es lo mismo que ella cumple. Es cuestión de plantearnos que en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad también la Iglesia doméstica tienen que mirarse al espejo.
            Me gustaría que mi conferencia episcopal, que mi iglesia diocesana canaria, que mi " Letrán" particular, de acento meloso que se distingue allá donde va, sea una iglesia igualitaria, donde se brinden oportunidades de hacer valer las palabras de Jesús en el evangelio de esta semana, "sus palabras pasarán, pero mis palabras no"; me gustaría una Iglesia transparente, donde cualquiera que abra el cajón no se encuentre con la trampa que te pilla los dedos y te deja sin ellos; me gustaría una iglesia donde los hombres y mujeres puedan desempeñar las mismas funciones y no nos escandalicemos por ello; me gustaría una iglesia que cuida, mima, apoya y anima a todos aquellos que desde su sabiduría son capaces de aportar validez al mensaje de Jesús de Nazaret.
            Me gusta la Iglesia que es capaz de pedir perdón, "hasta setenta veces siete", es decir siempre, porque el perdón es vital para la salud, porque quien no perdona no tiene comunión con el Dios del amor. No nos echemos en cara que en el pasado hemos cometido abusos, que pueden ser reales: el perdón tiene que ser la esterilización de heridas que no queremos que cicatricen. Me gusta una Iglesia donde la autoridad es corresponsabilidad y donde la corresponsabilidad de manifiesta en una familia de fe, que aun a pesar de llevar distinto paso, caminan en la misma dirección. No nos olvidemos que el perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad. Por eso no quiero una Iglesia enferma. Quiero una Iglesia llena de vitalidad a pesar de las dificultades.
            Por ello sigo queriendo a mi Iglesia, a nuestra Iglesia. La quiero en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas... porque sin duda, la grandeza de la caída está en la capacidad de levantarnos, pedir perdón con el corazón y no con los labios y continuar nuestro camino.
            Quiero a mi Iglesia diocesana. Quiero a mi familia en la fe. Quiero a mi Letrán particular. Quiero  a quienes desde su vocación particular son capaces de anunciar que Jesús de Nazaret sigue vivo y su mensaje sigue mereciendo la pena.
           
            Hasta la próxima
            Paco Mira



viernes, 6 de noviembre de 2015

SABER MIRAR A LA CARA

SABER MIRAR A LA CARA
         ¡Cómo pasa el tiempo: ya estamos en Noviembre!. El tiempo, como la vida, es implacable: no vuelve atrás ni para coger impulso. Quizás también sea bueno, de vez en cuando mirar de reojo, no vaya a ser que se nos hubiese caído algo y hay que recogerlo. A lo mejor hay que recoger aquello que nosotros mismos hemos tirado, queriendo o sin querer.
         Hoy el evangelio - como siempre - nos vuelve a dar una bofetada. Jesús es una persona implacable en sus afirmaciones, en sus gestos y sobre todo en su vida diaria. Hoy Jesús calla, observa, mira y lo más probable es que no juzgue, sino que sean los propios protagonistas de la historia los que nos juzguen desde el silencio  a nosotros.
         La vida, a veces, aún siendo hermosa y bella, es implacable. A lo largo de la historia quizás no haya sigo justa con algunos: en la antigüedad el ser viuda era estar condenada al fracaso. En una sociedad machista, el quedarse sin marido, era símbolo de ser expulsada de una comunidad con todo lo que conllevaba eso: perdida de dignidad, de derechos, de autonomía.... ser expulsada era dejar atrás ilusiones, anhelos, alegrías, esperanzas.... y ser expulsada era estar dispuesta a insultos, bochornos, malas miradas, desprecios... triste pero cierto
         ¡qué raro que nosotros, ciudadanos del siglo XXI critiquemos dentro y fuera de nuestros templos!. A veces da la impresión que los que estamos dentro somos los mejores, los intocables, los únicos, los verdaderos, somos... los escribas, somos los que iban al templo con los mejores trajes para que la gente los viera y somos los que echamos en los cepillos y colectas para que la gente vea que cumplimos con la obra de misericordia, ayudar a la Iglesia en sus necesidades. Claro, quizás nos estemos olvidando que puede que la Iglesia se atienda sola y que nosotros nos olvidamos que el que tenemos al lado tiene nombre y apellido y quiere que le miremos a la cara..
         La viuda que se acerca al templo nos da una lección. Una lección de humildad. Hace una semana leíamos las bienaventuranzas, ahora la humildad se hace carne en el ejemplo de una viuda. ¡cuántos hoy se acercan, desposeídos, andrajosos, quizás mal olientes....a nuestros templos y cambiamos de banco o mal juzgamos las intenciones de sus limosnas!. Quizás no sea mucho lo que echan, pero lo hacen de lo que a nosotros quizás nos falte, desde el corazón. Tenemos que mirar más hacia el interior y no quedarnos con lo externo. Es curioso como el texto de Marcos (Mc 12,38) dice que Jesús, sentado, observaba a la gente. Tenemos que mirar más a los hermanos. Sin duda, saber mirar es también saber amar. Quien no mira desde el interior hacia el interior no ama interiormente.
      
   Pero saber mirar y amar es saber valorar. Jesús valora el coraje de aquella pobre viuda que quizás tenía denegado el acceso al templo, precisamente por ser viuda. ¡ Cuántas ordenes damos nosotros!. Cuantas ordenes damos los que estamos dentro y no justificamos las mismas. Cada uno de nosotros tiene su propia manera de generar vida en la vida. Nosotros no somos quienes para decirles que se equivocan.
         Y quizás unas de las características más importantes es que la viuda da de lo que tiene, comparte lo es. No comparte de lo que le sobra, comparte su propio ser, puesto que no está el horno para muchas florituras. ¡Cuántas disculpas baratas nos da la crisis!. Es verdad que la crisis no da para mucho juego, pero tampoco  es una disculpa para lavarnos las manos. La viuda es un ejemplo a seguir, los desahuciados también nos dan lecciones, nosotros qué hacemos?

         Hasta la próxima
         Paco Mira