MISERICORDIA
CON LOS CIEGOS DE LA VIDA
Metidos
en harina y en medio del adviento, el Papa, esta vez sin
sorprendernos (porque ya lo había anunciado con tiempo), nos ha
inaugurado el año de la misericordia, es decir el año de la
posibilidad de volver a empezar de nuevo. El año en el que todos
tenemos las mismas posibilidades y que nadie es mejor que nadie. Es
curioso como en medio del tiempo de la esperanza; donde la realidad
de la navidad cada vez se ve más cerca, la capacidad de poder con
otro o de pedir perdón siempre está tocando en la puerta de cada
uno de nosotros.
Mucho
se ha hablado a raíz de este año que se nos ofrece: que si los
divorciados, que si los que han abortado, que..... pero ¿quiénes
somos nosotros para juzgar la conciencia de nadie?, y... ¡qué dados
somos a hacerlo!.
Este
fin de semana que se celebra la fiesta de Santa Lucía, ¡cuántos
ciegos de la vida a los que podemos ayudar!. Quizás no sean ciegos
de los que por motivos físicos les falte la vista. Ciegos que no son
capaces de encontrar su lugar y su puesto en la vida y que una manera
desesperada nos piden que les echemos una mano. Ciegos que no
encuentran la forma y la manera de poder continuar adelante y quieren
que nosotros les podamos conducir por aquella vereda que lleva, en
este tiempo, a Belén.
Creo
que las respuestas en la vida tienen que ser claras y contundentes:
todos hemos nacido de la misma manera; todos hemos optado por el
mismo camino que es el mismo para todos, como Lucía, la italiana y a
la que el miedo del tormento no le separó de lo esencial de su vida
que era seguir a Jesús. Una Lucía que en el tiempo en el que ella
ha vivido, las circunstancias de la vida no eran fáciles, sin
embargo supo dar testimonio, incluso con su vida, de la convicción
del evangelio.
Misericordia.
Creo que tenemos todo un año para pensar lo que esta palabra
significa. Tenemos todo un año para mirar hacia adentro de nuestro
corazón y comprobar si realmente el mensaje del perdón de Jesús se
cumple en nuestras vidas. Tenemos todo un año para tomar "resuello"
y no juzgar a nadie.
Tenemos
un año para perdonar y que nos perdonen. Tenemos un año para ser
nosotros mismos como lazarillos de tantos y tantos que tienen
cegueras en esta vida y que nosotros podemos salvarles de caer en
alguno de los pozos de la vida. Pero para ello tenemos que ser
nosotros primero, portadores de lo que predicamos.
Se
lo vengo diciendo: cada vez veo más cerca Belén, ¿ustedes?
Hasta
la próxima
Paco
Mira


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