viernes, 18 de septiembre de 2020

TAMBIÉN PARA LOS SINDICATOS: ES DE JUSTICIA. Y UN RECUERDO PARA CARMELO PÉREZ

A la mayoría nos fastidia y mucho que nos cambien los planes. Quien más quien menos tiene su agenda, sus proyectos a corto, medio y largo plazo (Tengo un amigo que cuando quiero quedar con él me dice: de memoria no te puedo decir nada, tengo que mirar la agenda y no la tengo aquí), hemos organizado cosas, cómo, cuando y dónde... y de repente algo o alguien interfiere y echa por tierra todo lo que habíamos planificado, y nos cuesta volver a reajustar todos nuestros planes. Esto lo hemos sufrido a nivel mundial con la pandemia del coronavirus, que ha supuesto un vuelco completo a todos los planes y proyectos que las naciones y sus habitantes tenían previstos y que ha afectado desde lo más cotidiano hasta toda la organización económica, social, laboral, política, sanitaria, educativa....

Dios, con nosotros, tiene esa gran habilidad: la de cambiarnos lo planes de tal manera que siempre nos tiene con la mosca detrás de la oreja y no sabemos como podemos reaccionar. Ya el profeta Isaías, dice que mis planes no son sus planes. Y con esta contrariedad tenemos que entender el evangelio de esta semana. Si los sindicatos fueran a celebrar la eucaristía este fin de semana (que por otra parte no vendría mal ya que defienden con justicia los intereses de los trabajadores), probablemente denunciarían al capataz del relato por pagar lo mismo a quien trabaja todo el día como al que trabaja media jordana: ¡pues anda que en nuestra bendita tierra no se dan este tipo de situaciones!.: seguro que proclamaríamos que es injusto y es un atropello.

Pero en la "empresa" de Jesús, la noción de justicia va más allá de lo que nosotros entendemos por la misma y de dar a cada uno lo que le corresponde, que también. Pero la justicia que propugna nuestro Padre, optar por la justicia del Reino es optar por un nuevo modelo de relaciones entre las personas y los pueblos, en el que el interés propio cede ante el bien común. El afán de lucro cede ante la búsqueda de condiciones más humanas para los millones de personas que, precisamente una economía sin corazón ha dejado tirados a la vera del camino y donde las personas más allá de ser objetos y clientes de la economía del mercado y del consumo, recobran su valor intrínseco. Precisamente el covid ha puesto al descubierto una economía con escaso valor humano: residencias de ancianos que dejan de ser personas para convertirse en objetos de lucro; colas interminables ante los centros de acogida para poder llenar estómagos vacíos; migrantes que llegan por una situación complicada en su origen y nosotros les damos la espalda porque nos vienen a ocupar un terreno que no les corresponde; gente que no puede pagar a fin de mes una vivienda digna (que es un derecho fundamental) y se ven abocados a vivir a la intemperie.... y así podríamos seguir narrando.

Optar por la justicia del Reino, es ser capaces de dejar entrar en nuestros corazones a los preferidos de Dios: los pobres. Ellos necesitan la desmesura del amor y no quisiéramos ser nosotros los que, dejándonos llevar

por la envidia, le pusiéramos freno, o que en algún momento nos viéramos en esa tesitura y nos trataran de la misma manera.

No quisiera terminar sin tener un recuerdo cariñoso para mi amigo Carmelo Pérez. Un hombre bueno y justo. Un hombre al que todo el mundo quería. Un hombre que supo llevar el amor de Dios y su justicia a las aulas en las que estuvo dando clase a lo largo de muchos años. Carmelo, tú escribías la historia de tu pueblo, ahora los demás escribimos la tuya. Gracias por dejarnos tu legado, tu amistar y tu cercanía.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 11 de septiembre de 2020

SOLO, ¿490 VECES?

Los que peinamos algunas canas, nos acordamos - por desgracia - de una época que ojala que no se repita nunca más en nuestro país, aunque todavía anda de moda en muchos otros: en la década de los 80 tuvo su auge la banda terrorista ETA. Una banda donde la sinrazón tenía su palabra y sus argumentos eran exclusivamente las balas. Todo un fundamento.

Uno de los atentados fue el de un teniente coronel de infantería en Bilbao. A los veinte días, un periodista de una conocida emisora de radio, entrevistaba a uno de sus hijos. El periodista preguntaba, " si tuvieras delante a los asesinos de tu padre, ¿qué les dirías?. Se hizo el silencio por unos momentos en la radio y después de un suspiro, el hijo dijo: les perdonaría. Porque odiándoles toda la vida no solucionaría el problema, y yo viviría amargado. La verdad es que aquella afirmación, en aquel tiempo y creo que ahora también, dejó a todos con la boca abierta.

Y es que cuando abrimos el libro de la historia de la humanidad constatamos, no sin dolor, que ha sido necesario dedicar un enorme número de sus páginas a narrar la guerra: peleamos y nos dividimos por el poder político, económico, racial y hasta religioso. En un escenario mundial, atravesado por conflictos de todos los órdenes se oye con más fuerza la llamada a tender puentes de reconciliación que ayuden a frenar la espiral de violencia que tanto dolor y orfandad siembra en personas, comunidades y pueblos enteros. En la propuesta de Jesús, la reconciliación hunde sus raíces en la capacidad de perdonar al injusto agresor para reiniciar el camino y abrir espacios a la esperanza.

El testimonio del hijo del militar me dejó y me deja sin palabras y con unas cuantas preguntas que hace que el corazón se acelere más de la cuenta: ¿cómo se puede perdonar al causante de tanto dolor, del que dejó huérfanos y viuda?; ¿cuánto valor se ha de tener para, yendo más allá del perdón, sanar las heridas de quienes nos han infligido tanto daño?.

El evangelio de este fin de semana es como una ecuación matemática. 490 es el resultado de multiplicar 70 por siete, a la pregunta de ¿cuántas veces he de perdonar?. Pero claro, seguro que en nuestra vida se presentan más de 490 ocasiones en las que tenemos que poner a prueba la pregunta que se le hace a Jesús. Situaciones diarias que no son nada fáciles: en las relaciones familiares, con los hijos, con la pareja, en el trabajo, con la situación política, con los vecinos.... incluso con el propio Jesús: ¿Cómo, con la que está cayendo, no soluciona estos problemas?. Pues me cabreo, me enfado y no te perdono. No es extraño ver a la gente enfadada con los santos a los que incluso a algunos los ponen contra la pared en el congelador de la nevera de casa.

No será la primera vez que oímos, que perdonamos pero no olvidamos, o que olvidamos pero no perdonamos. Sea cual fuere el resultado de la ecuación, el perdón está lejos de la intención de quien lo hace.

Por eso no es fácil el evangelio: tomar la cruz y seguir, reprender al hermano o a la comunidad evangélicamente hablando y ahora perdonar incluso al enemigo. Por eso muchos se bajan de este maravilloso proyecto o muchos sencillamente no se suben al mismo porque el compromiso es tan exigente que no está hecho para todos, aunque todos están llamados a ello.

Amigos, perdonemos y olvidemos. No nos olvidemos que la vida sin perdón es una vida amargada. Se que no es fácil, pero sí merece la pena intentarlo.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 4 de septiembre de 2020

FELICIDADES, MADRE

Esta semana me voy a saltar la norma. Saben que suelo adaptar la palabra de Dios del fin de semana, a alguna realidad concreta que estemos viviendo. Y esta semana, me quiero fijar en el cumpleaños de mi madre. Porque el día 8 celebramos la natividad de María, el cumpleaños de María. De una madre se puede decir de todo, y siempre bueno. De una madre podemos aprender de todo, y siempre bueno. De una madre podemos seguir el ejemplo, y siempre bueno.... si es que ¡madre solo hay una!.

Este año, María, la del Pino, la de Teror, está un poco extrañada porque le va a faltar la algarabía y el bullicio de este fin de semana. Ese ruido a comentario, ese olor a sudor y camino de pies con callos por promesas que esperan ser cumplidas o esas colas interminables con advertencias que casi quedan en afonía para mantener el silencio en la basílica.... ya no se van a dar. María, seguro que lo echa en falta. Como cualquier madre que no entiende que cuando sus hijos están en casa, estén callados cual convento de clausura.

Pero este año, María, la del Pino, ha bajado a ras de suelo. No saldrá en procesión, no recorrerá las calles del pueblo y por extensión las calles de toda la isla, pero junto al altar mayor, pisando el suelo igual que muchos peregrinos, recoge el anhelo, la angustia, la ilusión, la esperanza... de todos los que con sinceridad de corazón se acerquen a compartirlo con ella. Ella, como madre, siempre escucha, aunque pensemos que no nos oye.

Y es que este año ha sido raro, atípico. Un pequeño, pero matón, virus ha condicionado la vida de todo un planeta. No se ha salvado nadie. Muchos han acudido a la madre, a su madre. Le han llevado sus penas y alegrías, su enfermedad, su dolor, sus lágrimas desconsoladas por la pérdida de un ser querido... y María seguro que no se ha mantenido en silencio, "lo ha guardado todo en el fondo de su corazón", pero también ha intercedido para que su hijo Jesús conforte en el dolor a quien pone en él su confianza.

Este año también subirá Francisco Cases, Don Francisco, nuestro Obispo. Todos los años, y ya van 15, sube todos los 8 de septiembre para dos cosas fundamentales: agradecer el año pastoral que termina y presentar el nuevo año. Pero resulta que este año será especial para él, porque se va a despedir de todos los canarios y también de su madre en la fe. No la abandona, cambia de residencia. Seguro que será una despedida sentida, entrañable, de recuerdos inolvidables, de grandes momentos en su pontificado, de celebraciones dignas de ser mencionadas (la bajada de la virgen a la capital o el recorrido por los lugares del incendio, por ejemplo), de acompañamiento a compañeros sacerdotes que ya están en la casa del Padre.... también de momentos tristes, dolorosos... todo, seguro que todo lo va a poner en manos de María.

Y es curioso como la liturgia de este día 8, el evangelio, es la genealogía de Jesucristo. Es decir, los hijos de una madre a la que no se le olvida el nombre de ninguno de ellos. En esa genealogía no hay distinción de razas, de creencias, de colores, de profesiones.... en ella estamos todos y cada uno de nosotros y nuestros nombres también están escritos en su genealogía.

Felicidades mami. Felicidades María por ser como eres y por tener ese corazón en el que cabemos todos y cada uno de nosotros. No dejes nunca de atender nuestra humilde plegaria. Sigue guiando al pueblo canario, ahora castigado por un virus, hacia la senda del amor y de la solidaridad con los pobres y con los más necesitados.

Amigos, porque María está de cumpleaños, nosotros estamos de fiesta. María nos enseña que lo importante no es cumplir años en la vida, sino ponerle vida a los años. Recordémosla, querámosla y no solamente por momentos puntuales, sino para siempre como madre nuestra que es. Vivamos la fiesta, pero seamos responsables.

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 21 de agosto de 2020

SÉ VALIENTE: EN LOS TIEMPOS QUE CORREMOS, ¿QUIÉN DICES TÚ QUE SOY YO?

 Pasa todos los domingos, pero como hacía tiempo que no lo veía, pues... y es que un equipo de fútbol nacional (el barça), sufrió una debacle deportiva con motivo de la liga de campeones. Algunos, creo que no en serio, lo comparaban a la debacle económica de 1929: perdió contra un equipo por una abultadísima goleada. A raíz de este hecho, empezaron las conjeturas de quien tenía la culpa, de quien debería de dimitir, quienes eran los demonios del vestuario, etc... y sobre la marcha empezaron a surgir un montón de nombres en sustitución de los que ya están. Me maravilló la cantidad de nombres que surgen, de nacionalidades asociadas a esos nombres, de equipos relacionados con los nombres, etc... y me preguntaba, ¿tanta cultura tenemos?. Seguro que si nos preguntamos por algunas preguntas de las más fáciles de pasapalabray no acertamos ni una.

El evangelio de esta semana, hace una pregunta que no tiene que dejarnos indiferentes a ninguno de nosotros. Seguro que no está en la lista del fútbol ni de pasapalabra. Jesús le pregunta a Pedro, y tú, ¿quién dices que soy yo?. Les puedo confesar que si esa pregunta me la hacen a mí, probable que quedaría perplejo, como quedaría Pedro, y sobre todo pensativo ante la respuesta.

Es curioso como la pregunta, en esta ocasión, se hace en verano. Una época en la que todos nos relajamos un poco e incluso como si Jesús también se fuera de vacaciones y por ello no tenemos que "cumplir" con requisitos dominicales; una época de mucha confusión, incertidumbre, miedo y de preguntas sin respuestas como es, no solamente el coronavirus, sino el rebrote que parece ser que estamos viviendo; una época en la que hubo gente que ha perdido un ser querido muy próximo, al que estaba muy apegado; una época de Erte, de paro, de escasez económica y de futuro incierto....y ante toda esta situación, Jesús nos sigue haciendo la misma pregunta, y tú, ¿quién dices que soy yo?.

En esta pregunta está el ser mismo de nuestro cristianismo. En esta pregunta está la raíz de nuestra esperanza. Los que no comparten con nosotros esta dicha, seguro que nos restriegan en la cara, como profetas de calamidades, que si fuera real la persona en la que creemos no sucedería lo que está sucediendo.

Sin embargo, yo respondo no de una forma bucólica, sino sincera y real: cuando uno se levanta y ve un amanecer como los que nosotros vemos en estas maravillosas islas, no puede ser obra de nadie más que de un Dios admirable, incluso cuando los avatares de la vida no sean de viento favorable, sino que las lágrimas sean las que dibujen la cara de cada uno de los rostros cansados y fatigados de no poder más. A veces caminamos por caminos oscuros y tortuosos, llenos de piedras que dificultan nuestros pasos, creo que Dios es la luz que ilumina mis pasos y los de muchos como yo.

Cuando uno se mira al espejo y va viendo ya las marcas que la vida le va dejando, incluso los achaques, los tropiezos, la incomprensión, la poca paciencia... se refleja en ese espejo un Dios misericordioso, paciente, lento a la ira, rico en misericordia...  Y ese Dios lo hace tanto en invierno, en verano o en cualquier otra estación del año.Espero que seamos capaces de dar respuestas, mejores que las del fútbol.

Yo invito a los que llevamos el carnet de cristianos, a que nos dejemos preguntar como a Pedro, Y para tí, ¿quién dices que soy yo?

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 14 de agosto de 2020

LECTURAS DEL PRÓXIMO DOMINGO 20º DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (56,1.6-7):

Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

Palabra de Dios

Salmo

R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R/.


Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,13-15.29-32):

Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios


Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor

 

GRITOS, PLEGARIAS, CASALDÁLIGA Y LA MUJER PAGANA



 

Los que peinamos algunas canas, nos acordamos que allá por la década de los 70 (finales) y los 80, cuando estaba en ebullición la "adolescente pubertad " del Concilio Vaticano II, salió un librito de P. Loidi - entre otros - que se titulaba Gritos y plegarias, del que posteriormente se han ido aumentando ediciones hasta los años 90. El título era muy sugerente, pues los gritos de aquel entonces se mezclaban con la oración, la acción de gracias (plegarias) de los tiempos que corrían.

Eran gritos y eran plegarias de una fe que se me antoja entusiasta, alegre, con ganas, con empuje, con rabia.... con las ventanas abiertas a las que había invitado no solo Juan XXIII para su Iglesia, sino con el grito de Juan Pablo II de no tener miedo. Era la época de romper con el pasado - que muchos no conocimos demasiado -, pero era la época de reivindicación entusiasta: iglesias llenas de jóvenes, música estridente, películas que hablaban de aquel cartel de "Se busca" y que colgaba en cualquier pared que se considerara progre. ¡Qué tiempos aquellos!.

Era un tiempo en el que los Obispos miraban - muchas veces - para otro lado con el libro de gritos y plegarias, puesto que muchos de los credos, plegarias, pregones pascuales... se "oficializaban" ( y probablemente se siga haciendo) en Eucaristías sin permiso ninguno. Pero es verdad que también había Obispos que eran cómplices de tales eventos (Iniesta, por ejemplo).

Lo importante era la fe que se vivía y cómo se vivía. Aquí también entraba en juego Casaldáliga. Un hombre que por su valía, el Vaticano lo nombra pastor, pero que él hizo del evangelio su vida con aquellos a los que nadie quiere y rechaza. Los que podemos decir que eran de fe pagana, para los que nos consideramos como los fieles y ortodoxos. Para Casaldáliga el evangelio tenía nombre y apellidos, nombre y apellidos indígenas de taparrabos, nombre y apellidos de los desechados por la sociedad puritana de traje y corbata. Nombre y apellidos que quedaron plasmados también por Loidi en su libro de Gritos y Plegarias.

Gracias Père Casaldáliga, por la bofetada de tu vida en la nuestra. Gracias por dejarnos marcados en la cara los cinco dedos del servicio, del amor, de la entrega, de la generosidad, de la escucha, de los silencios oportunos... en definitiva gracias por tu vida que seguro que sirvió y sirve de ejemplo para muchos que todavía seguimos caminando.

Es un poco lo del evangelio de este fin de semana. La fe de los paganos vuelve a tocar en la puerta y en el corazón de muchos, especialmente en la de Jesús de Nazaret. Si en un principio, Jesús parece no hacerle caso a la mujer que le llama con insistencia, se da cuenta que la fe tiene que ser insistente, persistente, tenaz... y al final se consigue lo que se quiere. ¡ Cuánta fe hay en los que nosotros consideramos que son paganos!

Seguro que muchos de nosotros, con la pandemia, nos hemos preguntado, ¿por qué Jesús no arregla este desaguisado?. EL evangelio de este fin de semana dice no está bien echarle a los hijos el pan de los perros. Al final Jesús le dice, Oh mujer, qué grande es tu fe. Ojala que a nosotros también nos digan qué grande es nuestra fe.

Quiero terminar con un verso de Casaldáliga: "Y entre el evangelio y canción sufro y digo lo que quiero/ Si escandaliza, primero quemé el propio  corazón al fuego de esta Pasión, cruz de su mismo madero".

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 7 de agosto de 2020

FE SÍ, PERO VALIENTES... NO SÉ


 

Estamos en pleno mes de agosto, en los días más cálidos del año, y todos sabemos lo que supone tener que salir a la calle para realizar cualquier gestión, más aún este año al tener que llevar la mascarilla. Para no sufrir el calor, nos gustaría poder estar en sitios con aire acondicionado, pero no siempre es posible, y entonces agradecemos que nos llegue una ráfaga de aire que nos alivie. Pero como a menudo no sopla viento, muchas personas van provistas de abanicos. Básicamente el abanico es un instrumento muy simple: un conjunto de varillas articuladas, unidas por un papel o tela, que se despliegan en semicírculo. Y tampoco requiere grandes conocimientos para utilizarlo: es suficiente con un ligero movimiento de la muñeca. Es muy simple pero efectivo para combatir el calor y, como se puede llevar fácilmente, se ha convertido para muchos en algo imprescindible. 

En la primera lectura se nos narra el encuentro de Elías con el Señor. Elías sufría múltiples problemas; había tenido que huir para poder salvar su vida y se refugia en una gruta. Necesitaba encontrarse con el Señor, pero no lo iba ha hacer en medio del huracán o del terremoto o del fuego, sino en la caricia de una brisa suave. En algo tan simple es donde se encuentra Elías con el Señor y además es donde encuentra la fuerza para seguir con su misión aunque esta sea difícil y complicada.

La experiencia de Elías nos recuerda que en medio de los "acaloramientos" y agobios del día a día que tanto nos hacen sufrir y últimamente más, necesitamos espacios y tiempos de tranquilidad que nos permitan encontrarnos con Jesús y encontrar algo de alivio, como cuando entramos en un lugar con aire acondicionado.

Pero el ritmo de vida que llevamos, las preocupaciones y problemas, hacen prácticamente imposible encontrar esos espacios y tiempos; más bien nos sentimos como los discípulos del evangelio. Fácilmente nos identificamos con ellos porque están cumpliendo lo que Jesús les ha pedido, que subieran a la barca y se adelantaran a la otra orilla, pero la barca es sacudida por las olas, porque el viento es contrario.

Por eso titulaba estas letras que fe sí, pero valientes no sé. Me gustaría a mí ser un Pedro de la vida. Incluso negándole más de tres veces, incluso siendo farruco y diciéndole a las criadas que no le conozco, pero que ante una llamada en un momento determinado me lanzo a la tempestad e intento caminar por un agua turbulenta y llena de contratiempos. Me gustaría que ante los calores de la vida, poder encontrar un lugar de "aire acondicionado".

Todos tenemos fe, incluso la del carbonero. Una fe probablemente no muy teológica (como la de Pedro), una fe titubeante e incluso nada dada a cambios que pueden ser a mejor, pero seguimos montados en la misma barca de Jesús. Pero claro, esa fe exige valentía. Jesús, ante la insistencia de Pedro, le invita a ir con él. Pedro no tiene miedo, se lanza... aunque crea que se ahoga. Hoy cuando nuestros vientos no nos favorables, cuando hay ciertas cosas que a nivel religioso no nos conviene, nos quedamos callados, no somos valientes, no tenemos el arrojo de ir a donde sea a pesar de las inclemencias sociales, y aún con el riesgo de hundirnos, y dar la cara por aquel que todos los días nos está llamando.

Busquemos el remanso del encuentro como Elías. Busquemos el espacio sin marejada para tomar fuerzas y continuar dando lo mejor de cada uno de nosotros y en favor de los demás.

 

Hasta la próxima

Paco Mira