viernes, 21 de agosto de 2020

SÉ VALIENTE: EN LOS TIEMPOS QUE CORREMOS, ¿QUIÉN DICES TÚ QUE SOY YO?

 Pasa todos los domingos, pero como hacía tiempo que no lo veía, pues... y es que un equipo de fútbol nacional (el barça), sufrió una debacle deportiva con motivo de la liga de campeones. Algunos, creo que no en serio, lo comparaban a la debacle económica de 1929: perdió contra un equipo por una abultadísima goleada. A raíz de este hecho, empezaron las conjeturas de quien tenía la culpa, de quien debería de dimitir, quienes eran los demonios del vestuario, etc... y sobre la marcha empezaron a surgir un montón de nombres en sustitución de los que ya están. Me maravilló la cantidad de nombres que surgen, de nacionalidades asociadas a esos nombres, de equipos relacionados con los nombres, etc... y me preguntaba, ¿tanta cultura tenemos?. Seguro que si nos preguntamos por algunas preguntas de las más fáciles de pasapalabray no acertamos ni una.

El evangelio de esta semana, hace una pregunta que no tiene que dejarnos indiferentes a ninguno de nosotros. Seguro que no está en la lista del fútbol ni de pasapalabra. Jesús le pregunta a Pedro, y tú, ¿quién dices que soy yo?. Les puedo confesar que si esa pregunta me la hacen a mí, probable que quedaría perplejo, como quedaría Pedro, y sobre todo pensativo ante la respuesta.

Es curioso como la pregunta, en esta ocasión, se hace en verano. Una época en la que todos nos relajamos un poco e incluso como si Jesús también se fuera de vacaciones y por ello no tenemos que "cumplir" con requisitos dominicales; una época de mucha confusión, incertidumbre, miedo y de preguntas sin respuestas como es, no solamente el coronavirus, sino el rebrote que parece ser que estamos viviendo; una época en la que hubo gente que ha perdido un ser querido muy próximo, al que estaba muy apegado; una época de Erte, de paro, de escasez económica y de futuro incierto....y ante toda esta situación, Jesús nos sigue haciendo la misma pregunta, y tú, ¿quién dices que soy yo?.

En esta pregunta está el ser mismo de nuestro cristianismo. En esta pregunta está la raíz de nuestra esperanza. Los que no comparten con nosotros esta dicha, seguro que nos restriegan en la cara, como profetas de calamidades, que si fuera real la persona en la que creemos no sucedería lo que está sucediendo.

Sin embargo, yo respondo no de una forma bucólica, sino sincera y real: cuando uno se levanta y ve un amanecer como los que nosotros vemos en estas maravillosas islas, no puede ser obra de nadie más que de un Dios admirable, incluso cuando los avatares de la vida no sean de viento favorable, sino que las lágrimas sean las que dibujen la cara de cada uno de los rostros cansados y fatigados de no poder más. A veces caminamos por caminos oscuros y tortuosos, llenos de piedras que dificultan nuestros pasos, creo que Dios es la luz que ilumina mis pasos y los de muchos como yo.

Cuando uno se mira al espejo y va viendo ya las marcas que la vida le va dejando, incluso los achaques, los tropiezos, la incomprensión, la poca paciencia... se refleja en ese espejo un Dios misericordioso, paciente, lento a la ira, rico en misericordia...  Y ese Dios lo hace tanto en invierno, en verano o en cualquier otra estación del año.Espero que seamos capaces de dar respuestas, mejores que las del fútbol.

Yo invito a los que llevamos el carnet de cristianos, a que nos dejemos preguntar como a Pedro, Y para tí, ¿quién dices que soy yo?

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 14 de agosto de 2020

LECTURAS DEL PRÓXIMO DOMINGO 20º DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (56,1.6-7):

Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

Palabra de Dios

Salmo

R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R/.


Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,13-15.29-32):

Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios


Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor

 

GRITOS, PLEGARIAS, CASALDÁLIGA Y LA MUJER PAGANA



 

Los que peinamos algunas canas, nos acordamos que allá por la década de los 70 (finales) y los 80, cuando estaba en ebullición la "adolescente pubertad " del Concilio Vaticano II, salió un librito de P. Loidi - entre otros - que se titulaba Gritos y plegarias, del que posteriormente se han ido aumentando ediciones hasta los años 90. El título era muy sugerente, pues los gritos de aquel entonces se mezclaban con la oración, la acción de gracias (plegarias) de los tiempos que corrían.

Eran gritos y eran plegarias de una fe que se me antoja entusiasta, alegre, con ganas, con empuje, con rabia.... con las ventanas abiertas a las que había invitado no solo Juan XXIII para su Iglesia, sino con el grito de Juan Pablo II de no tener miedo. Era la época de romper con el pasado - que muchos no conocimos demasiado -, pero era la época de reivindicación entusiasta: iglesias llenas de jóvenes, música estridente, películas que hablaban de aquel cartel de "Se busca" y que colgaba en cualquier pared que se considerara progre. ¡Qué tiempos aquellos!.

Era un tiempo en el que los Obispos miraban - muchas veces - para otro lado con el libro de gritos y plegarias, puesto que muchos de los credos, plegarias, pregones pascuales... se "oficializaban" ( y probablemente se siga haciendo) en Eucaristías sin permiso ninguno. Pero es verdad que también había Obispos que eran cómplices de tales eventos (Iniesta, por ejemplo).

Lo importante era la fe que se vivía y cómo se vivía. Aquí también entraba en juego Casaldáliga. Un hombre que por su valía, el Vaticano lo nombra pastor, pero que él hizo del evangelio su vida con aquellos a los que nadie quiere y rechaza. Los que podemos decir que eran de fe pagana, para los que nos consideramos como los fieles y ortodoxos. Para Casaldáliga el evangelio tenía nombre y apellidos, nombre y apellidos indígenas de taparrabos, nombre y apellidos de los desechados por la sociedad puritana de traje y corbata. Nombre y apellidos que quedaron plasmados también por Loidi en su libro de Gritos y Plegarias.

Gracias Père Casaldáliga, por la bofetada de tu vida en la nuestra. Gracias por dejarnos marcados en la cara los cinco dedos del servicio, del amor, de la entrega, de la generosidad, de la escucha, de los silencios oportunos... en definitiva gracias por tu vida que seguro que sirvió y sirve de ejemplo para muchos que todavía seguimos caminando.

Es un poco lo del evangelio de este fin de semana. La fe de los paganos vuelve a tocar en la puerta y en el corazón de muchos, especialmente en la de Jesús de Nazaret. Si en un principio, Jesús parece no hacerle caso a la mujer que le llama con insistencia, se da cuenta que la fe tiene que ser insistente, persistente, tenaz... y al final se consigue lo que se quiere. ¡ Cuánta fe hay en los que nosotros consideramos que son paganos!

Seguro que muchos de nosotros, con la pandemia, nos hemos preguntado, ¿por qué Jesús no arregla este desaguisado?. EL evangelio de este fin de semana dice no está bien echarle a los hijos el pan de los perros. Al final Jesús le dice, Oh mujer, qué grande es tu fe. Ojala que a nosotros también nos digan qué grande es nuestra fe.

Quiero terminar con un verso de Casaldáliga: "Y entre el evangelio y canción sufro y digo lo que quiero/ Si escandaliza, primero quemé el propio  corazón al fuego de esta Pasión, cruz de su mismo madero".

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 7 de agosto de 2020

FE SÍ, PERO VALIENTES... NO SÉ


 

Estamos en pleno mes de agosto, en los días más cálidos del año, y todos sabemos lo que supone tener que salir a la calle para realizar cualquier gestión, más aún este año al tener que llevar la mascarilla. Para no sufrir el calor, nos gustaría poder estar en sitios con aire acondicionado, pero no siempre es posible, y entonces agradecemos que nos llegue una ráfaga de aire que nos alivie. Pero como a menudo no sopla viento, muchas personas van provistas de abanicos. Básicamente el abanico es un instrumento muy simple: un conjunto de varillas articuladas, unidas por un papel o tela, que se despliegan en semicírculo. Y tampoco requiere grandes conocimientos para utilizarlo: es suficiente con un ligero movimiento de la muñeca. Es muy simple pero efectivo para combatir el calor y, como se puede llevar fácilmente, se ha convertido para muchos en algo imprescindible. 

En la primera lectura se nos narra el encuentro de Elías con el Señor. Elías sufría múltiples problemas; había tenido que huir para poder salvar su vida y se refugia en una gruta. Necesitaba encontrarse con el Señor, pero no lo iba ha hacer en medio del huracán o del terremoto o del fuego, sino en la caricia de una brisa suave. En algo tan simple es donde se encuentra Elías con el Señor y además es donde encuentra la fuerza para seguir con su misión aunque esta sea difícil y complicada.

La experiencia de Elías nos recuerda que en medio de los "acaloramientos" y agobios del día a día que tanto nos hacen sufrir y últimamente más, necesitamos espacios y tiempos de tranquilidad que nos permitan encontrarnos con Jesús y encontrar algo de alivio, como cuando entramos en un lugar con aire acondicionado.

Pero el ritmo de vida que llevamos, las preocupaciones y problemas, hacen prácticamente imposible encontrar esos espacios y tiempos; más bien nos sentimos como los discípulos del evangelio. Fácilmente nos identificamos con ellos porque están cumpliendo lo que Jesús les ha pedido, que subieran a la barca y se adelantaran a la otra orilla, pero la barca es sacudida por las olas, porque el viento es contrario.

Por eso titulaba estas letras que fe sí, pero valientes no sé. Me gustaría a mí ser un Pedro de la vida. Incluso negándole más de tres veces, incluso siendo farruco y diciéndole a las criadas que no le conozco, pero que ante una llamada en un momento determinado me lanzo a la tempestad e intento caminar por un agua turbulenta y llena de contratiempos. Me gustaría que ante los calores de la vida, poder encontrar un lugar de "aire acondicionado".

Todos tenemos fe, incluso la del carbonero. Una fe probablemente no muy teológica (como la de Pedro), una fe titubeante e incluso nada dada a cambios que pueden ser a mejor, pero seguimos montados en la misma barca de Jesús. Pero claro, esa fe exige valentía. Jesús, ante la insistencia de Pedro, le invita a ir con él. Pedro no tiene miedo, se lanza... aunque crea que se ahoga. Hoy cuando nuestros vientos no nos favorables, cuando hay ciertas cosas que a nivel religioso no nos conviene, nos quedamos callados, no somos valientes, no tenemos el arrojo de ir a donde sea a pesar de las inclemencias sociales, y aún con el riesgo de hundirnos, y dar la cara por aquel que todos los días nos está llamando.

Busquemos el remanso del encuentro como Elías. Busquemos el espacio sin marejada para tomar fuerzas y continuar dando lo mejor de cada uno de nosotros y en favor de los demás.

 

Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 31 de julio de 2020

LOS CINCUENTA Y NUEVE OLVIDADOS



Seguro que son muchos más. Me gustaría escribir estas líneas la semana pasada, pero ya tenía escrito lo que se publicó, pero creo que tenía una deuda personal con "esos cincuenta y nueve". Parece el título de una película y seguro que con el tiempo lo será por desgracia.

Alguien, hace ya tiempo, me dijo que la vida era un proceso. La vida se va haciendo y vamos escribiendo en el libro de nuestra historia: con borrones, tachones, faltas de ortografía, corregimos, volvemos a escribir, nos ayudan... pero cada uno de nosotros, todos, dejamos huella en ese maravilloso libro. Algunas huellas son muy "sonoras", son reconocidas por medios de comunicación y personalidades. Otras huellas no son reconocidas por nadie o casi nadie, pero también dejan su impronta, incluso más significativamente que las otras.

Cuando los medios de comunicación dijeron que en "Madrid habían sido enterrados cincuenta y nueve ancianos víctimas del covid 19 y que no fueron reclamados por nadie y que le costó a la comunidad cerca de 150.000€", la verdad es que se me pusieron los pelos de punta. Cincuenta y nueve ancianos que da la impresión que no escribieron nada en el libro de su vida, que no dejaron huella y por ello están olvidados. Me niego a querer creer que eso sea así de cierto.

Ahora que llega el verano y en alguna ocasión hemos leído, "abuelo olvidado en la cafetería de una gasolinera", quiero empezar a creer que ya no estamos hablando de algo irreal, sino de la vida misma. Es triste, muy triste, que la edad es la que tenga que marcar, en la vida humana, el rincón que te corresponde, casi sin valor ninguno, mientras - por ejemplo - que los vinos la edad les marca un lugar privilegiado.

¡ Qué tristeza más absoluta que nadie reclame un cadáver!. No quiero creer que esas cincuenta y nueve personas no tengan a nadie: hijos, nietos, primos, hermanos, vecinos, cuñados, sobrinos..... Me resisto a creer que a uno nadie le eche en falta. Ahora comprendo al que se le olvida al abuelo en una gasolinera. Muchos de esos olvidadizos, seguro que se confiesan cristianos de toda la vida.

Pablo nos pregunta este fin de semana que ¿Quién nos separará del amor de Dios?. A esa larga lista yo añadiría la falta de amor por los familiares, el olvido del beso, el no compartir un silencio con ellos, el no tener la paciencia cuando nos repiten veinte millones de veces lo mismo, el no tener una sonrisa adecuada en el momento oportuno, etc...

Seguro que muchos de ellos se han acordado del Padre en momentos tristes de soledad, de enfermedad, de angustia, de querer compartir con alguien sus momentos tristes y quizás los últimos.... y a todos ellos, Jesús les ha respondido: "te lo aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso".

La triste realidad que a veces nos ofrece esta maravillosa vida es un punto en el que nos tiene que hacer pensar muchísimas cosas. Replantearnos el lugar en el que nosotros nos posicionamos. La semana pasada fue el día de

los abuelos, fue el día en que los nietos reconocen a quien les mima, les malcrían, les cumplen los caprichos.... es la ley de la vida que tiene que ser recíproca. Ojala que en el día de mañana los nietos, los hijos... se rifen a los abuelos - con achaques o sin ellos - , a los padres... para compartir lo que se va agotando y no tengan que acabar - si puede ser evitable - en una residencia donde lo único que hacen es una visita cada vez más espaciada y al final nadie, nadie, los reclama. Solo se quedan con el amor de Dios que no pasa nunca y que como dice el evangelio de este fin de semana, tenemos hambre del Dios que no te abandona.

Hasta la próxima

Paco Mira


viernes, 24 de julio de 2020

EL TESORO ESCONDIDO, IGUAL QUE SANTIAGO


Una de las grandes festividades que tiene nuestro país, es precisamente Santiago Apóstol: aquel al que la tradición le señala como que sus restos descansan precisamente en Santiago de Compostela, de ahí el nombre de la ciudad. Pero como todo en la vida, la secularidad ha hecho que muchas fiestas - y más si son religiosas - no las podamos celebrar como debiera. Es como si celebrar la graduación universitaria o el éxito de un trasplante médico estuviera reñido con la efectividad del trabajo de cada uno. Pero en fin.
Lo que sí tengo claro que Santiago es simplemente un modelo de vida. No es una figura del material que sea que colgado de una peana, le encendemos una velita pidiendo un favor, o le ponemos flores. Santiago es el nombre de muchos que en la vida han descubierto - como el evangelio de este fin de semana - un gran tesoro. Recuerdo que una vez alguien me dijo que Santiago tenía la ventaja de conocer a Jesús en persona y yo le contesté que nosotros también tenemos la oportunidad de conocerlo, lo que pasa es que no le miramos a la cara.
Santiago no fue ni asesino de musulmanes, ni andaba con la espada cual escritor coge el bolígrafo y se pone a escribir. Santiago fue un caminante (por eso llegó a Santiago) que supo asimilar el tesoro que había encontrado. Un tesoro que tampoco estaba fácil de descubrir, pero que el tesón, las ganas, la persistencia, la constancia... hicieron que lo encontrara.
Santiago no fue un masoquista del martirio. Sencillamente fue testigo de la Verdad y fue capaz de llevarla hasta sus últimas consecuencias. Y ser testigo de la Verdad no es fácil. No hace mucho, en un programa de televisión dedicado a la venta de viviendas, la gente se enfadaba porque las viviendas que podían adquirir quedaban fuera de sus posibilidades económicas. Pero alguien les dio una idea: reformen la de ustedes y así cuando la vendan valdrá más, y es que como dice el refrán el que algo quiere, algo le cuesta y fue lo que le pasó a Santiago.
Hoy en día, que vivimos momentos complicados, veo la cara de tantos y tantos cristianos tristes, que no tienen la alegría de haber encontrado el tesoro, y además no son capaces de comunicar el hallazgo. El encontrar el tesoro no te va a librar de algunos contratiempos (enfermedad, trabajo, ...) pero hay muchos que nos dan ejemplo de como tenemos que vivir la vida: ilusión, ganas, energía, entusiasmo.... en el fondo muchos encontraron un gran tesoro llamado Jesús de Nazaret.
Por desgracia, nuestra Iglesia - a veces - no ha ayudado a esa alegría, porque ella misma seguro que no se ha encontrado con ese tesoro y llevamos veinte siglos intentando hacerlo. Los santos, Santiago, nosotros... también tenemos que encontrar el tesoro, el reino de Dios. Como dice el Papa Francisco, el Reino de Dios nos reclama. No es cuestión de curas, de santos, del Papa, es cuestión de coherencia de bautizados. No tranquilicemos nuestra conciencia con una norma de precepto dominical, pongámonos en camino, como Santiago. Encontrémonos con nosotros mismos y con el mundo para
encontrar el tesoro que está escondido. Veamos el rostro de Jesús, como Santiago, en tantos y tantos que pasan a nuestro lado y que solamente con la mirada nos están diciendo yo soy, sígueme.
Ojala que no tengamos que probar las mieles del llanto y rechinar de dientes, (como dice el evangelio de este fin de semana) porque eso supone que no hemos encontrado nada en nuestra vida y hemos deambulado sin rumbo a lo largo de los años en los que hemos estado en ella.
Felicidades a los que han celebrado, como patrón y santo, a Santiago y busquemos cual tesoro escondido, el reino de Dios y su justicia.
Hasta la próxima

Paco Mira

viernes, 17 de julio de 2020

SIN DUDA: LO PEQUEÑO SE HACE GRANDE

Una de las cosas que siempre me han maravillado del evangelio, es que no es una tesis de ingeniería aeroespacial con tintes de física nuclear. Es decir que solamente lo entienden tres y los demás se lo creen porque no tienen ni idea de ello. Pero el evangelio habla de lo que todo el mundo entiende, o por lo menos tiene una idea de ello, no hace falta un master universitario para ello, habla de pesca, de agricultura, de labores domésticas, de situaciones de muerte y de vida en la propia vida, de salud y enfermedad, de alegrías, de sinsabores, de ilusiones, esperanzas.... habla de la vida, de lo que vemos y sentimos cada uno de nosotros en nuestras realidades concretas.

Y este fin de semana - ya lo comenzamos la semana pasada - volvemos a contemplar dos situaciones que vivimos con mucha frecuencia. Por un lado volvemos a plantar un grano de mostaza. No se si ustedes han visto alguna vez un granito de mostaza, es que más pequeño no puede ser, y sin embargo cuando crece, se convierte en un árbol o arbusto más grande que cualquiera de las hortalizas. Por otra parte nos habla de levadura, que es lo que hace aumentar por ejemplo el pan. Ya ven que sin duda, lo pequeño se hace grande.

Se preguntarán que puede tener que ver con nosotros y es que desde el año 33, desde que muere Jesús, hemos querido hacer una religión enorme, poderosa, un cristianismo poseedor de una verdad absoluta y que nadie nos puede rebatir y es curioso cómo el propio fundador nace en la humildad y pequeñez de un pesebre. Es sin duda, el guión programático del Padre: desde la base, desde la certeza de lo pequeño, donde lo grande viene por añadidura y es donde arranca la credibilidad del cristiano.

Atrás quedan las etapas y las épocas de las grandes cruzadas; atrás quedan - o eso quiero creer - las épocas de las guerras de religión porque mi Dios - el Dios de todos - es más grande que el del otro, cuando sabemos de antemano que es el mismo Dios hecho hombre, entregado al servicio de los demás y que entregó su vida por amor, no por salir en la portada de ninguna revista del corazón y que haya cobrado por la exclusiva.

Es verdad que vivimos tiempos convulsos, tiempos de incertidumbre, tiempos propicios para la cizaña, pero no son tiempos nuevos. Siempre ha habido estos tiempos y quizás hasta, dentro de lo malo, es bueno para zarandearnos de alguna manera y que espabilemos ante tanta pasividad. Seguirá habiendo quien intente arrancar lo bueno dentro de lo plantado con ilusión, ganas y esperanza... pero para ello estamos nosotros, para dar validez a la realidad de ese Reino y su justicia que en el fondo es lo que el propio Jesús vino a instaurar.

Miremos por una Iglesia del Papa Francisco, como el pesebre de Belén: humilde, sencilla, sin grandes lujos, pero con la sinceridad de quien está convencida de su misión y de su salida dentro de sí misma. Y ojo, que la Iglesia no son grandes edificios, ni demasiados curas... la iglesia es la responsabilidad

de todos los que en su momento hemos sido bautizados y que no es el privilegio de unos pocos.

Seamos mostaza; seamos levadura... seamos lo pequeño que contribuye a que se haga grande. No seamos los grandes que sabemos más que los pequeños. No nos olvidemos que mientras no nos hagamos pequeños, las puertas del reino de los cielos no se abren demasiado aunque estemos bautizados, vayamos a misa con frecuencia y tranquilicemos nuestras conciencias.

Hasta la próxima

Paco Mira