¡
QUE PENA QUE NO HAYA MÁS LÁTIGOS!
Bueno, dicho así, parece que soy
partidario de la violencia. Que uno es partidario de dar caña lo más posible,
pero lejos de mi intención. Sin embargo entiendo que las lecturas de este fin
de semana invitan a mirar a lo que le rodea a uno, y desearía coger más de un
látigo y como dicen en Canarias, empezar a dar caña.
Ante las situaciones de desencanto
que estamos viendo últimamente; ante situaciones que no deberían de darse por
democracia, por respeto a la mayoría de muchos que han depositado la confianza
en ellos, ante corazones fríos y ambiciosos en detrimento de muchos que no
tienen para llegar a fin de mes, deberíamos de coger el látigo evangélico y
decir que basta ya de tanto embuste; basta ya de tanta hipocresía comercial;
basta ya del abuso desmesurado de los corazones sin escrúpulos. Deberíamos de
empezar a arrojar las mesas y decir que nuestra casa, nosotros… somos un templo
de Dios, somos una piedra viva de su templo.
El templo era un lugar en el que
había que cambiar la moneda propia por la del propio templo, para poder así
hacer la ofrenda, y a “rio revuelto,
ganancia de pescadores”. Dios no es una moneda de cambio. Dios no es una
transacción bancaria, …Dios es un Padre que por amor atiende y entiende a sus hijos.
Da la casualidad que hoy en día , a veces, intentamos comprar, en su propia
casa a Dios; intentamos comprar aquello que no tiene un precio: la fe ni se
compra ni se vende: ¡cuántas veces intentamos engañar al cura de turno para que
nuestro hijo haga la primera comunión!; ¡ cuántas veces pasamos olímpicamente
de una normativa eclesial, porque resulta que quienes son los curas para
imponerme a mí cierta norma!, etc….l
No estamos entendiendo que Dios no
es una moneda de cambio. No acabamos de entender que Dios no quiere ofrendas ni
sacrificios, quiere la conversión de los corazones de las personas y eso no
tiene precio, eso no se compra ni se vende, porque como le dirá Pablo a la
comunidad de Corinto, “ustedes son
edificio de Dios”.
Este fin de semana también se
celebra la dedicación de la Basílica de Letrán, símbolo de las grandes casas
donde a Dios como Padre le recordamos. Que esas casas no se conviertan en nido
de ladrones y cambistas, sino en lugar donde se encuentran corazones
arrepentidos que vienen a la casa para encontrarse con el Padre. Nuestro Papa
Francisco quiere que el aire fresco corra siempre por la casa del Padre, no
cerremos las ventanas para que eso no suceda.
Y para rematar el fin de semana que
mejor que estar mancomunados; qué mejor que compartir con los pueblos de la
zona por hermandad y por afinidad aquello que nos une, aquello que nos
identifica, aquello que nos hace más habitables y que podemos celebrar. Que
seamos capaces de ver en los que nos rodean aquellos valores de unos unen y nos
identifican.
El celebrar una feria en el sureste,
supone un punto de encuentro; supone reencontrarnos con aquello que nos da
nuestra propia identidad; supone abrazar y charlar con el que hace tiempo que
no veo… sin duda son valores que no merecen un látigo, sino que merecen emplear
un tiempo maravilloso.
Ojalá que nuestras Iglesias, los que
administran las mismas, sean el espejo y el reflejo del verdadero templo de
Dios. Ojalá que los que compartimos en ellas muchos momentos de de nuestra fe,
sean ellas el lugar de encuentro personal y con los otros en la misericordia
del Padre. Pero sobre todo disfrutemos de la visita, disfrutemos de la casa y
tengamos las puertas abiertas a los que nos piden que les enseñemos nuestra
casa.
Por cierto: no nos olvidemos que a
nadie se le recoge en un camión de basura, o al menos a mí no me gustaría que
me recogieran así. Creo que a los que llevan corbata, tampoco les gustaría.
Hasta la próxima
Paco Mira

Dedicación de la Basilica de S. Juan de Letrán


No hay comentarios:
Publicar un comentario