Hace unos días un amigo me decía que
leía una carta mía que le escribí hace, por lo menos, veinte años. Me resultó
curioso por varias cosas: una porque se la escribí estando en Madrid, quizás
sean de esas cartas que uno escribe cuando no se atreve a tener una
conversación a la cara; otra porque
después de tanto tiempo todavía la conservaba, en el fondo significa que lo que
la carta contenía tenía cierta solera para ser conservada y la última porque
el me decía que la leía con cierta
nostalgia. ¡que bueno!, le contesté yo. Sin embargo, ahora que se acaba el año,
amigos como este, me dicen : "Paco,
hacia atrás, ni para tomar impulso".
Bueno, pues creo que ni tanto ni tan poco.
Creo que de vez en cuando es bueno mirar hacia atrás. Entre otras cosas porque
en la medida en que cumplimos años, la noción del tiempo ya no es la misma;
porque en la medida en que cumplimos años, las cosas se ven de otra forma y de
otra manera y quizás mirando hacia atrás podemos corregir muchas cosas en el
futuro, porque aunque no lo creamos, siempre se es joven para volver a empezar.
Mirando el calendario, mirando hacia
aquel uno de enero del 2015, seguro que muchas cosas eran las que nos
proponíamos de aquella: ir al gimnasio, dejar de fumar, educar a nuestro hijo
de otra manera, corresponder con la pareja como hasta ahora no lo habíamos
hecho.... y ya han pasado 365 días y la vida nos vuelve a dar la misma
oportunidad que los años que tenemos cada uno. Nos vuelve a decir que nunca es
tarde para volver a empezar, que quizás los propósitos que hicimos estaban
bien, pero que también es bueno que revisemos las posibilidades que hemos
tenido para ello.
Comenzamos un nuevo año y los
propósitos quizás ya no tengan que ser el gimnasio o el dejar de fumar, sino
propósitos que podamos cumplir de solidaridad, de ayuda al que lo necesita, de
tantos amigos que nos tocan en el hombro y quieren que les miremos a la cara;
compromisos de instituciones estatales que no luchen por ver quien se lleva el
gato al agua en cuanto a votos, sino que miran por los intereses de todos y en
especial por los más desfavorecidos; compromisos que nazcan de los corazones
llenos de ilusión y de entusiasmo, de ganas y de esfuerzo por el bien común de
tantos y tantos que tocan en la puerta de nuestros rostros, que nos miran a la
cara y que nos dicen que aunque no hablen el mismo idioma caminan con nosotros.
Comenzamos un nuevo año y lo más
probable es que la Palabra, Jesús, sigue tocando en la puerta de cada uno de nosotros
y que seamos capaces de abrir y no cerrar puertas en este maravilloso año de la
misericordia. Comenzamos un nuevo año y ojala que nunca nos echen en cara que "vino a los suyos y estos no le
recibieron", sino que la Palabra, Jesús, se hizo carne y acampó entre
nosotros, camina con nosotros, habla con nosotros, llora con nosotros y vive
entre nosotros.
Amigos, feliz 2016 y no se olviden que
la Palabra se hace carne y acampa entre nosotros
Hasta la próxima
Paco Mira




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