viernes, 18 de abril de 2014

HAY UNA COSA QUE TE QUIERO DECIR: ¡POR FIN LA LUZ!, ¿O NO?



HAY UNA COSA QUE TE QUIERO DECIR: ¡POR FIN LA LUZ!, ¿O NO?
         Hay cosas en la vida que creo que no deberíamos darlas como ciertas, entre otras cosas porque lo más probable es que no estemos seguros de ellas. Y no hablo a nivel de fe. ¡Cuántos de nosotros no querríamos, en alguna ocasión, estar un poco a oscuras o en silencio, o huir del ruido, …. Para encontrarnos con nosotros mismos!. Sólo sabremos anhelar las cosas importantes en la medida en la que notemos su ausencia. Y de eso saben esos programas televisivos que tanta audiencia tienen, como por ejemplo hay una cosa que te quiero decir. Todos los que van allí buscan. Buscan lo que han perdido, porque a lo mejor no han sabido cuidarlo; buscan lo que necesitan tener porque su vacío no lo llenan con nada ni con nadie…Buscar, ese es el verbo.
         En nuestra vida, como en la vida de los amigos de Jesús, me da la impresión que hemos perdido lo esencial por no saber o quizás no querer cuidar lo importante y de no utilizar el verbo buscar. Pedro y sus amigos lloraron amargamente cuando se dieron cuenta que para ellos aquello había acabado; lloraron amargamente porque fueron capaces de negar públicamente la evidencia y la realidad, quizás para no verse involucrados en un proceso que, según ellos, se había acabado. Entraron en las tinieblas, en la niebla de un día que no deja salir el sol; en nuestra querida panza de burro de la vida.
         Sin embargo, es curioso, que cuando alguien dijo que había algo extraño se pusieron a correr cual carrera de puntuación. Querían ver, querían que la noche se hiciera luz, querían que los nubarrones se volvieran rojizos porque eso era señal que haría un buen día. Por eso, querido amigo, hay una cosa que te quiero decir. Y te la quiero decir recordando a R.Kipling. Sí el del libro de la selva:
“ Si la luz de la luna escurriéndose entre las hojas y ramas llega a iluminar el tronco fornido y maravillados observamos como es y como era, es que algo nuevo nace en la tierra.
Y si el fuego nos asombra en la noche e imaginamos al verlo, sorprendentes formas, colores mágicos, generosos dones, vidas que evolucionan y progresan, es que hay juventud en la tierra.
Y si un pueblo, ni que sea de un solo individuo, camina con decisión por caminos ignotos del hoy y el aquí, sin vacilar y sin miedo, es que hay progreso espiritual en la tierra.
Y si alguien por pequeño y único que sea, escudriñando en su ensueño es capaz de divisar un bello país siquiera un instante y sus ojos sollozan de emoción y de gozo, es que hay esperanza en la tierra.
Y si el Cristo encuentra descanso en lo más hondo de nuestra morada interior, llenándola así de optimismo, de coraje y de fe, es que hay salvación en la tierra.
Y si cada uno de nosotros se abre confiado al Amor y al Eterno, al enigma envolvente, al que con ternura está a nuestra vera, y al que nos molesta e irrita con su compañía, entonces, solo entonces hermanos sabremos que se celebra la Pascua en la Tierra”.
      
   Por eso amigos hay una cosa que les quiero decir. Que esta aventura que se ha iniciado hace dos mil años, merece la pena; les quiero decir que la noche no puede con la claridad de la evidencia; les quiero decir que la Vida ha vencido a la muerte. Vivamos la vida, seamos amantes de la vida. Vayamos por las calles de nuestro pueblo, sin vergüenza, diciendo que hay cosas que queremos decir y es que Jesús de Nazaret está vivo y que gracias a esa maravillosa realidad nosotros seguimos su camino. Ojalá que quien nos vea, sepa que en nuestra cara se refleja lo que decimos que creemos. Es la mejor forma y manera de anunciar que Jesús de Nazaret merece la pena.
         Recordar a los que están viviendo una situación de tristeza, de dolor, de enfermedad (Suso Vega, Susita León, Adelaidita… y tantos y tanos), para ellos también la luz de la Pascua
         Felices Pascuas
Hasta la próxima

         Paco Mira
                                     

viernes, 11 de abril de 2014

¡¡¡HOSANNA HEY

     ¡¡¡HOSANNA HEY!!

            Por fin llegó, o eso creo que es lo que los cristianos estamos esperando. Pero sin lugar a dudas la semana santa, es santa no por la utilidad que nosotros damos de ella, sino por la oportunidad que ella misma nos ofrece para cuestiones diferentes, dispares, … pero para muchos atractivas, porque en el fondo y en la forma, nos guste o no, lo es
            Es curioso que para muchos de los que vivimos aquí y quizás en otros lugares, la semana santa es una semana de estreno: se estrena la campaña playera. Muchos dan por inaugurada la temporada con unos días al sol y este si es el que más calienta pues mejor. Es, al mismo tiempo una semana de contrastes y contradicciones: muchos no van a la Iglesia, pero el viernes cumplen con el sancocho; muchos no van a la Iglesia, pero se aprovecha para refrescar el sacramento del perdón, aunque digamos que el cura es un….; muchos no van a la Iglesia, pero el jueves y el viernes nuestros templos se ponen a tope, eso sí nos quedamos en el sufrimiento y no celebramos la pascua. Tres días es mucho y por eso dejamos la obra incompleta a falta de un acto. Pero no nos importa. Lo que cuenta es el jueves y el viernes.
            Y mientras, lejos, muy lejos…. y¡ tan cerca!, un hombre camina por calles empedradas gracias a los romanos; camina aclamado – sin saber por qué – por un montón de gente, muchos de ellos niños, montado en un burrito que previamente había sido encargado por los amigos. Quizás no entienda por qué aquella gente ha dejado a un lado sus quehaceres cotidianos, ha dejado aparcados sus rutinas diarias y se echaron a la calle para aclamarle. Y encima le aclaman como a uno de los grandes reyes de Israel como era David.
            Hoy, quizás, esa misma persona se vuelve a echar a la calle, pero lo que encuentra es un templo lleno de gente desconocida porque a lo largo del año no ha compartido su misma inquietud; esa misma persona se vuelve a echar a la calle y encuentra gente que suele mirar los relojes porque las celebraciones se hacen interminables, sin entender que esa persona lo único que hace es servir y eso cuesta un sacrificio.
            Esa persona, que montada en un burro, recorre las callejuelas de una ciudad dominada; es la misma que hoy ,y a pie ,sigue recorriendo las calles de nuestro pueblo, de nuestras ciudades… también dominadas por la indiferencia, la apatía, el rencor, el odio… el hambre, la desnudez, el olvido. Lavar los pies doloridos, cansados, ensangrentados no es tarea fácil y no se justifica con un día. Es un sacrificio de una vida que a veces el desenlace no es el que queremos. Lavar pies es una tarea que tiene un ejemplo, que tiene una señal. Es una tarea que nos toca a todos y cada uno de los que ayudamos a subir a un burrito a esa persona en la que
creemos. Lavar pies es un ejemplo de quien convencido de un compromiso de vida, lo toma como un servicio a los más necesitados. Y hoy, nuestra sociedad por desgracia,  entiende bastante de necesidades.
            Eso, en el fondo, es la vida del propio cristianismo. Tenemos momentos álgidos. Tenemos momentos de grandes virtudes  y grandes acontecimientos, pero también tenemos momentos en los que la vida nos coloca, quizás, en el lugar que nos corresponde. La vida está llena de viernes santos, de sacrificios, de cuestas arriba, pero también de jueves santos, de servicios, de ayudas… de grandes momentos.
            Vivamos el momento del Hosamna. El momento de la satisfacción del trabajo bien hecho.
Hasta la próxima

                                 Paco Mira

viernes, 4 de abril de 2014

¡ CUANTOS LÁZAROS DE LA VIDA!

¡ CUANTOS LÁZAROS DE LA VIDA!
        Les confieso que este fin de semana, las lecturas, el evangelio… invitan a la vida, pero es muy complicado compartir la muerte. Complicado porque los misterios, cuando se quieren explicar, no encuentran la racionalidad como para ello. Es, por ello , que no es fácil. Sin embargo ante ese misterio, ante los amigos de Betania, me gustaría compartir con uds.  Lo que uno siente.
        Hace ya unos cuantos años, cuando uno aterrizó por estas maravillosas tierras, por estas islas afortunadas, un amigo, una vez a la semana, me llevaba a comer a casa de una amiga común. Siempre estaré agradecido al amigo primero y a la amiga porque me acogió y por lo menos una vez a la semana uno empezaba a degustar el famoso potaje canario. Con el paso del tiempo, uno no se ha olvidado de ellos, pero quizás he pecado (ahora es cuaresma y me confieso) de no atender, saludar, llamar, …. Al menos a uno de los dos.
        Los amigos, los que realmente son amigos, creo, que no basta con tenerlos presentes. Eso es muy fácil y no cuesta nada. Los amigos hay que cuidarlos, quererlos y yo diría… hasta mimarlos, incluso aunque notemos, pensemos, creamos… que no hay correspondencia por la otra parte. Porque si no nos podría pasar como a los amigos de Betania.
        Llorar es bueno. Llorar es aflorar sentimientos. Llorar es una forma de comunicación. Jesús lloró. Y lloró porque es bueno hacerlo, porque quiso que afloraran sentimientos, porque quiso expresar y comunicar lo que sentía. Pero es curioso, que no quiso llorar y comunicar con los difuntos. No quiso llorar con quien no tiene la posibilidad de disfrutar de la vida. Por eso y con urgencia llama a la vida. Le dice a Lázaro que no siga en la situación en la que está.
        ¡cuántos Lázaros de la vida!.¡cuántos se aferrar más a la muerte que a la vida!.¡cuántos se olvidan de lo bello, de lo maravilloso que es poder disfrutar lo que nos ofrece nuestro Padre!. El evangelio de este fin de semana, por contradictorio que parezca es una invitación a la vida, a vivir, a disfrutar. Es una invitación a no angustiarnos con cosas que poco a poco nos van matando.
        Déjenme que recuerde desde aquí a todas las Martas y a todas las Marías de la vida que nos piden con urgencia que si hubiésemos estado donde debiéramos, quizás no sucederían muchas situaciones de muerte. El cristiano no solamente es el que tiene que tener situaciones de vida, sino el que tiene que ayudar a conseguirlas. La vida, nuestra vida nos oferta todos los días situaciones de ese tipo; situaciones en las que tenemos que insuflar vida, porque nosotros la tenemos. Situaciones en las que tenemos que ser Martas y Marías de la vida.
        Lázaro es el prototipo de la vida. Lázaro es el prototipo que nos invita que tenemos que estar en el momento y en la situación adecuada. Lázaro es el amigo que nos tiende la mano y que no quiere que estemos en la oscuridad y en la penumbra.
        Amigos, disfrutemos de los amigos. Disfrutemos de las situaciones que nos hacen felices; disfrutemos de los momentos oportunos en lugares adecuados. En definitiva, disfrutemos de la vida. La vida nos pone a prueba. Pruebas que tenemos que superar, obstáculos que tenemos que saltar, pero esa es la grandeza de la misma. En esta cuaresma miremos a nuestro interior y a nuestro alrededor y procuremos ser felices en la medida de lo posible.
       
Pero también, a ese Dios de la vida quiero gritarle como el autor del Salmo 129: desde lo hondo a ti grito, Señor. ¡por favor! Escucha mi voz. Que nuestro grito a Dios sea para los más necesitados, para aquellos que no acaban de ver claro el futuro y se ven como Lázaros de la vida. Estoy seguro que Dios tiene los oídos atentos a la voz de nuestra súplica y plegaria.
        Una semana más vaya desde aquí, mi aire y aliento de ánimo para Suso. El está viviendo su particular cuaresma, pero seguro que, como Lázaro, se agarrará a la vida, para seguir dándola. Animo.
Hasta la próxima

        Paco Mira

viernes, 28 de marzo de 2014

DE CIEGOS, ONCE Y...PERDÓN

DE CIEGOS, ONCE Y….PERDÓN
            Es curioso como ciertas propagandas que quizás no necesiten de tales, siguen siendo vitales para seguir despertando el interés de los oyentes. La ONCE, que desde aquí quiero enviar mi máxima admiración, ha conseguido ser la “ilusión de todos los días”. Ha conseguido que, con un simple sonsoneto musical, la mayoría de los mortales sigan apostando por una ilusión y si esta es millonaria pues mejor todavía. La Once, quiere hacer ver lo invisible; quiere que veamos que otra forma de vida es posible.
            Este fin de semana, el evangelio nos habla del ciego de nacimiento. Un ciego desterrado por la sociedad de aquella época y arrojado a la vera del camino. Un camino por el que todo el mundo pasa y un personaje al que nadie le hace caso. Un ciego que no ve pero que grita el nombre del Maestro y con insistencia. Lo más probable es que los demás le dijeran que no hiciese ruido, que no gritase, que se callase… pero Jesús, le pregunta qué es lo que quiere. Su fe le ha salvado.
            Esta semana que nos ha dejado el gran Adolfo Suárez, y sin entrar en política, quiero expresar la honradez de un personaje que a pesar de las críticas de los demás, a pesar de señalarlo con el dedo por su pasado, a pesar de que hubiese gente que le dijera que estaba equivocado… siguió en su línea porque estaba convencido de que lo que estaba haciendo era lo que le iba a servir a los demás que iniciaran un camino diferente a lo que estaba establecido. Casi como el ciego de nacimiento. Los demás vieron en él, la obra maravillosa de Jesús de Nazaret.
            Hoy, nosotros, tenemos que buscar la piscina que nos limpie, nos cure y sobre todo la piscina que nos deje claros en relación a los demás. La cuaresma es la gran posibilidad de volvernos a lavar, a curar esa ceguera que quizás desde el nacimiento, o quizás los bultos sociales son los que no nos dejan ver la verdadera realidad a la que hemos sido llamados.
            Hoy la vida está llena de luces y de sombras. Hoy la vida está llena de luz y de cegueras. Algo que no es nuevo, está claro, pero quizás en los tiempos en los que nos movemos son como más acentuados. Tenemos que procurar mirar la luz, tenemos que procurar ver la claridad….tendremos que evitar la oscuridad y para ello hay que lavarse con cierta frecuencia. Insisto en que la cuaresma es el lugar propicio para la purificación, no como los judíos, sino como los cristianos.
            El ciego de la ONCE, siempre está con la sonrisa en los labios, siempre está dispuesto a repartir esa ilusión diaria, siempre intenta que los demás, aunque no les toque el número que han escogido, vuelvan a repetir al día siguiente. No sé cuanto tenemos nosotros de repartidores de ilusiones, de ganas de que aunque no veamos, a veces, la luz al final del túnel, nos levantemos al día siguiente con el mismo ánimo y con las mismas ganas.
  
          Insisto en la cuaresma como posibilidad de vuelta a la piscina. Jesús le dice al ciego vete y lávate. A nosotros la posibilidad anual nos dice lo mismo, vuelta a la conversión, a iniciar de nuevo un camino, la posibilidad de volver a cargar la mochila de ilusión y de esperanza porque precisamente ese camino no es fácil y está lleno de dificultades. Es por ello que se nos tiene que notar ante y delante de los demás que la realidad en la que nos movemos es la adecuada.
            Por ello me invito y les invito a ir a la piscina.
Hasta la próxima
            Paco Mira

viernes, 21 de marzo de 2014

DE JACOB A NUESTROS POCEROS

DE JACOB A NUESTROS POCEROS
        
    Sin duda que nuestra bendita tierra guanche, nuestras islas son afortunadas. Pero afortunadas por infinidad de cosas, no solamente por el clima, no solamente por sus maravillosas playas… sino que afortunadas por sus gentes. Gentes que ante las dificultades, han sabido solventarlas y sobre todo salir adelante. Unas islas que por su posicionamiento tan concreto, tan chiquititas en medio del océano, también han tenido sus dificultades.
            Claro que nuestras islas, a lo mejor, no eran tan diferentes a la tierra de Sícar: tierra seca, poco agua, pozos profundos…. Nuestros poceros eran hombres que estaban abiertos a los demás. Nuestros poceros era gente que proporcionaban a los demás el líquido elemento, para  que los demás pudieran subsistir gracias al agua tan escasa y apreciada por todo el mundo. Los poceros eran esos personajes que incluso en algún caso han llegado a ejercer cierta autoridad.
            Es curioso que esa escasez, hoy, gracias a la labor de estor personajes de antaño, parece que ya no lo es tanto. Parece que aún siendo un bien preciado y que no se puede malgastar, la gestión que ellos hicieron ha servido para que los demás sepamos apreciar su labor, su dedicación, su entrega, su generosidad y no malgastar aquello de lo que escaseamos.
            Jesús también tiene sed, siente la necesidad del líquido elemento, según el relato evangélico. Pero seguro que el relato no quiere significar el cansancio del propio Jesús, sino la labor de una mujer que por el simple hecho de sacar agua, de sacar el líquido sin el que no podemos vivir, su vida va a cambiar radicalmente. La samaritana no entendía lo que Jesús pretendía y sin embargo cuando experimentó lo significativo del agua pudo comprender que va más allá de un simple pozo.
            Hoy, casi, la historia se repite. Hoy sigue habiendo un pozo maravilloso que no tiene problemas de contenido, que no tiene problemas de agua y encima… también escasea. Hoy sigue habiendo gente necesitada de acercarse a los pozos de Jacob; sigue habiendo gente necesitados de samaritanos de la vida que sean capaces de saciar, de aplacar la sed.
            El problema, si me lo permiten, sigue estando en que si nosotros que decimos que nos consideramos capacitados para sacar agua del pozo del evangelio, saciamos la sed de los que vienen a beber a este pozo. A veces presentamos unos pozos llenos de posos, llenos de barro, llenos de basura… que no dejan ver con claridad y nitidez el agua y esta cuando la repartimos va contaminada. Por eso el que bebe de nuestra mano, a veces, ya no vuelve a beber más.
            Esta semana hemos celebrado el día de la felicidad. Siempre digo que cuando celebramos algunos días es porque escaseamos de lo que celebramos, y nosotros los cristianos que nos decimos felices, tendremos que preguntarnos si del pozo que nosotros bebemos y ofertamos, somos felices con ellos. Preguntarnos si el que nos mira a la cara se da cuenta que nosotros cada vez que bebemos del pozo invitamos a que no tengamos más sed. A veces nuestro cristianismo es un cristianismo de tristeza, de no alegría, en definitiva de no felicidad. Ojalá que a partir de hoy seamos Jacobos de la vida, dueños de pozos que aplacan la sed y al mismo tiempo seamos samaritanos que sirven a los que lo necesitan.
Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 14 de marzo de 2014

QUE BIEN SE ESTÁ AQUÍ!. Y TÚ CALLADO

¡ QUE BIEN SE ESTÁ AQUÍ!. Y TÚ CALLADO
            Me quiero imaginar una escena que satisfacción. Quiero imaginar una escena de paciencia, tranquilidad, sin prisas y disfrutando del momento. ¡cuánto tiempo perdemos nosotros en estresarnos y no disfrutar de la paciencia!. ¡qué pocas veces decimos qué bien se está aquí!. Y lo más probable es que no sabemos disfrutar no sólo del momento, sino de la propia vida.
            La vida, nuestra vida, debe ser como las buenas comidas: olerlas, saborearlas, masticarlas con tranquilidad, catarlas en su justa medida… que nos lleven a ser como Pedros de la vida y que nos lleven a manifestar ¡qué bien se está aquí!. Sin embargo, las circunstancias de la misma nos llevan a todo lo contrario. Nos llevan a la prisa, a la incertidumbre, a la inmediatez de cada momento y no saboreamos aquello que nos apetece.
            Yo quiero imaginar que la gente que vive en el seminario, también dicen “¡que bien se está aquí!., claro, sino no estarían. Quiero lanzar una flecha a favor de los valientes, de las especies humanas en vías casi de extinción y me da que los seminarios y los seminaristas están llamados a la supervivencia. Por ello cada vez más son ellos los que tienen que decir, ¡qué bien se está aquí!. Tienen que estar a gusto y disfrutar de lo que hacen; tienen que saborear la vocación y tenemos que ayudarles a que su paladar en la vida sepa ser de lo más exigente, porque en el fondo es de lo que mejor se aprecia.
            Ojalá que el seminario sea la cuna no de una especie en extinción, sino el semillero de quienes entregan su vida a favor de los demás, porque los demás también necesitan de ellos. Los sacerdotes tienen sentido porque la comunidad los demanda, los quiere y los necesita. Por ello será la comunidad la primera que sienta la necesidad de ellos.
            Pero no quiero olvidarme, tampoco de José, el carpintero, el virutas, el padre putativo, el personaje bíblico en silencio, pero significativo en la infancia del propio Jesús. La Biblia no nos habla mucho de él. Da la impresión que en el nacimiento de Jesús no aparecía un padre biológico, en esa escena faltaba algo. Quisiera significar en este personaje, a todos aquellos que dentro de una iglesia y en silencio, contribuyen al buen funcionamiento de una parroquia. En la nuestra, quiero acordarme de Carmelo, ese sacristán que en silencio es imprescindible y a veces lo valoramos muy poco; y con Carmelo a tantos y tantos sacristanes. Con José como bandera, quiero acordarme de los grupos de acogida; de esos grupos callados que hacen que nuestra celebraciones sean más reconfortantes…
            ¡cuántos Pepes hay en nuestras comunidades parroquiales y, a veces, no somos capaces de valorarlos en su justa medida. Vaya desde aquí mi respeto y mi admiración para ellos.
     
       También, y para finalizar, quisiera acordarme de los padres. Siempre hablamos y valoramos a las madres, pero creo que los padres tienen su justa medida y cabida en la vida. Mi respeto y admiración a todos los que contribuyen de una manera digna al crecimiento, aunque sea desde el silencio, y fortalecimiento de la vida familiar. Felicidades Papá.
            Amigos, valoremos lo que tenemos e intentemos mejorarlo. Valoremos el seminario, valoremos la figura de José el artesano carpintero y con él a todos aquellos que desde el silencio son capaces de contribuir a un crecimiento bullicioso; valoremos a los padres, a los no perfectos, a aquellos que día a día intentan superar las dificultades. Ojalá que al final podamos decir, como Pedro, ¡qué bien se está aquí!
Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 7 de marzo de 2014

TELELMARATONES Y CUARESMA

TELEMARATONES Y CUARESMA
   
         No hace muchos días, la televisión pública de este nuestro querido país, tenía un telemaratón para ayudar a combatir enfermedades raras. En ese telemaratón, los mejores presentadores, las caras más famosas, los rostros más conocidos de la pequeña pantalla se prestaron para ayudar a combatir una gran lacra social. Creo que al final del día, después de no sé cuantas horas, lograron lo que se pretendía: sensibilizar y colaborar económicamente. Me quito el sombrero, animo, apoyo y, cómo no,  me solidarizo.
            Se preguntarán que qué tiene que ver esto con la cuaresma. Sencillamente que cuando queremos que una cosa funcione; que cuando queremos que la sociedad se entere que es bueno estar unidos para y por causas que merecen la pena; que cuando los que nos decimos seguidores de Jesús de Nazaret damos la cara por él, es que estamos en el camino correcto. No creo que sea cuestión de hacer un telemaratón cuaresmal, pero sí es cuestión de sensibilizarnos que un año más está en nuestras manos:
           
El miércoles pasado, la ceniza derramada en nuestra cabeza era el símbolo y el signo de la humildad y sencillez que tiene que marcar nuestro quehacer diario. Y que esa humildad y esa sencillez viene marcada por la conversión y la vuelta al evangelio: signos ineludibles del seguimiento del nazareno.
            Estos cuarenta días que nos han de llevar a la liberación; estos cuarenta días que nos han de llevar a la esencia de nuestra confesión religiosa que es la resurrección han de pasar indefectiblemente por tres estadios: la limosna, el ayuno y la oración. Limosna, que no se trata de repartir para tranquilizar conciencias. El Papa Francisco se lo decía a los obispos, “no sean meros administradores económicos”. Limosna que tiene que traducirse en compartir con los que no tienen: tiempo, ganas, ilusiones, abrazos, sonrisas, lágrimas… ¡cuántas limosnas podríamos compartir!. Nunca echemos la mano al  bolsillo y sin mirar a la cara depositemos en una mano una moneda. A veces no necesitan eso.
          
  La limosna, el compartir, tiene que ir unido al ayuno. Ayunar no es privarse por privarse; es dejar sitio, hueco… para que el otro tenga cabida en mí y yo en él. Eso supone que tenemos un corazón enorme y cabemos, en el mismo, más de uno. El ayuno no es, solo no comer carne (que quizás también) es compartir lo mío contigo y entre ambos aumentar ese músculo llamado corazón.
            Por último, ambas cosas tienen que tener una gran compenetración. Hablar desde la sinceridad de quien se siente pobre, humilde y sencillo no es fácil; comunicarnos con quien sabe entendernos pero desde la perspectiva de quien normalmente se equivoca no es sencillo. Eso lo llamamos oración. Orar no es rezar, es comunicarnos con Papá Dios, desde la sinceridad propia.
            Claro. Yo lo pongo muy fácil, pero para eso está la cuaresma. El evangelio de este fin de semana nos muestra a un Jesús como nosotros, lleno de tentaciones, de posibilidades de tener sin esfuerzo ni sacrificio… pero al final tiene clara su postura “aléjate de mí, Satanás”.
            No quisiera acabar estas líneas sin tener un recuerdo para lo que este fin de semana celebramos: día de la mujer trabajadora. Un Oscar para todas las mujeres, para las currantes anónimas de la vida; para las madres que nos han parido; para las que desde el silencio sacan – a veces casi de la nada – familias enteras adelante. Currantes fuera y dentro de la Iglesia y a veces se les valora más fuera que dentro. Ojalá que dentro tengan el reconocimiento, el valor y el lugar que les corresponda.
Hasta la próxima

            Paco Mira