viernes, 20 de marzo de 2015

¡YO TAMBIÉN QUIERO SER ACÓLITO Y LECTOR COMO RAYCO Y SUS MUCHACHOS !

 ¡YO TAMBIÉN QUIERO SER ACÓLITO Y LECTOR COMO RAYCO Y SUS MUCHACHOS !
            Este fin de semana, la Parroquia de San Rafael de Vecindario, no sé si vestirá de gala, aunque debiera, pero quizás sí de fiesta, entre otras cosas porque va a vivir un acontecimiento que aún siendo normal, a veces, no le damos la importancia que debiera tener. Un grupo de cinco jóvenes, van a recibir de manos de nuestro Obispo, nuestro pastor en la fe, unos ministerios laicales. Es decir ministerios que los puede recibir cualquiera. Cualquiera que sienta y crea lo que significan.
                            
Pueden parecer ministerios sin importancia, pero siempre he dicho que la iglesia es una gran pedagoga: con su lenguaje silencioso (a veces), con su lenguaje gesticular, con su lenguaje simbólico... habla a los cuatro vientos y encima lo que puede parecer que no tiene importancia, la tiene y mucho. Pero tiene importancia, porque lo que hace no se desliga del lenguaje cotidiano, de lo que normalmente hacemos en casa, en el trabajo, con los amigos, etc... Cuando en casa ponemos la mesa porque tenemos visita o para nosotros mismos, procuramos cuidar los detalles, puesto que en los detalles va mucho de nuestra personalidad, de nuestra manera de ser, de nuestra forma de actuar.  Cuando leemos una noticia en el periódico que nos ha llamado la atención y que nos parece superinteresante  procuramos comentarla con el que tenemos al lado al objeto de realzar aquello que hemos visto u oído.
        
    El acólito parece que lo hemos reducido, no sin un cierto tono sin importancia, al mero monaguillo. Esa figura que acompaña al cura, pero que a veces pensamos que lo único que hace es bulto. Sin embargo preparar la mesa con esmero, con mimo, con cuidado, con cariño... es símbolo que denota que el personaje con el que vamos a compartir "mantel", tiene una significación importante para nosotros. No vale poner la mesa de cualquier forma; no vale hacer las cosas de cualquier manera; no vale colocar un vaso que no tenga que ver con el líquido que nos vamos a tomar.. Si el invitado se llama Jesús de Nazaret, pues la cosa cambia. Pedro, José Félix, Pedro Luis, Rayco, Jonathan José: cuiden la mesa para un amigo especial. Eso les servirá para el día de mañana.
            Una de las cosas que mejor se evalúan en los colegios e institutos es si el alumno es capaz de razonar lo que lee; eso que llamamos comprensión lectora. De nada sirve leer mucho si no entiendo lo que leo. El lector es el que lee la Palabra de Dios. El lector es el  que comprende lo que Dios me dice cuando me habla. El lector es el que es capaz de aplicar esa comprensión a la vida real. El lector es el que es capaz de ver al Jesús de Nazaret, al Jesús que ha leído en su quehacer diário. Los israelitas tenían una comprensión lectora maravillosa: toda su historia han sabido interpretarla a la luz de su comprensión de Dios. Pedro, José Félix, Pedro Luis, Rayco, Jonathan José, sean capaces de leer a Dios en la vida. Sean capaces de tener comprensión lectora en los acontecimientos cotidianos. Eso será síntoma que han comprendido el mensaje y pueden transmitirlo.
            Quiero hacer una mención a lo que hemos celebrado esta semana: el seminario no es sólo una fábrica de hacer curas. Como decía Rayco, es una familia que vive y convive. San José fue un personaje bíblico del que no sabemos nada o casi nada. Pero nunca dudó de Dios en los momentos de incertidumbre y de no entender lo que había pasado. Muchachos, nunca miren hacia atrás y si lo hacen que sea para coger impulso. Sirvan la mesa, lean a Dios en sus vidas y transmitan lo que sienten y han aprendido.
          
  Este fin de semana, el evangelio de Juan (Jn 12), les va (nos va) a poner contra las cuerdas: "enséñanos a Jesús", que lo podamos ver en sus gestos diarios, en su mesa, en su lectura...porque si el "grano de trigo no muere, no da fruto".  Este fin de semana empieza la primavera. Sean primavera para el mundo que les rodea. ¿Saben?. Yo también quiero ser acólito y lector.
           
            Hasta la próxima


            Paco Mira


jueves, 12 de marzo de 2015

¡QUÉ DIFICIL ES LA ENTREGA!

¡QUÉ DIFICIL ES LA ENTREGA!
         
   Con su permiso voy hacer algo que normalmente no hago, y es volver atrás. En concreto al domingo pasado, en la que en todo el mundo se ha celebrado el día de la mujer trabajadora. Me gustaría reseñar solamente una breve pincelada de unidad. De unidad con todos aquellos que han valorado lo  evidente: la grandeza de una mujer, pero en todos los sentidos.  A las mujeres por ser soñadoras, atrevidas, complicadas, apasionadas, inteligentes, guapas... Me quiero unir a los que han gritado que hay que tener en cuenta el curro, el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo, el tesón.... de tantas y tantas mujeres en la vida y que a veces, por desgracia, no se le reconoce lo más mínimo.
          
  Dicho esto me uno a reconocer a las mujeres por ser capaces de generar lo más grandioso que existe en la vida: la VIDA y esta con mayúsculas, gracias a esa capacidad (la de mi madre) estoy aquí y gracias a esa capacidad (la de mi mujer) ha nacido mi hija. Lo que no se qué tiene que ver que se quiera reconocer el derecho contrario, "yo con mi cuerpo hago lo que quiero, aborto libre". Quien genera vida no puede al mismo tiempo querer la muerte. No decidamos por nadie. Y ahí dejo la reflexión.
            Ahora sí. Ya estamos cerca de acabar la cuaresma: esos cuarenta días que nos han de llevar a la gran fiesta de los cristianos, la Pascua. Y el evangelio de este fin de semana nos presenta un interesante diálogo entre Jesús y un tal Nicodemo (Jn 3,14-21). Nicodemo, es un fariseo y curiosamente va a ver a Jesús en la oscuridad, de noche. Y el mensaje, el no fariseo, el de Dios es un mensaje de luz, de día, de claridad, no de tinieblas ni de oscuridad. Dios, a través, de este mensaje nos va descubriendo sus planes.
            Los planes de Dios, como los caminos, no son nuestros planes ni nuestros caminos, aunque los podemos hacer propios. Dios está enamorado de su obra. Como un padre o una madre que quiere con locura a su hijo/a; que los ojos de estos están día y noche pendientes de su retoño...así es la obra de Dios y la quiere tanto que nos entregó a su hijo. Nadie entrega lo que más quiere si no es por la plena confianza en el receptor..
            ¿Dónde está nuestra entrega?.¿a qué nos entregamos nosotros?. Hoy, me da la impresión que confundimos la realidad de Dios con las realidades de otros dioses que quizás sean más explosivos, más atrayentes que la entrega que nos oferta nuestro Dios: entrega de tiempo, de ilusiones, de ganas, de sacrificios, de horas en vela,... en definitiva de amor. Los dioses de hoy no son dioses de compromiso en la vida, no son dioses de felicidad perpetua, son dioses de amores pasajeros.
            Cuando en la vida se nos pide entrega, hay veces que miramos para otro lado como que la cosa no va con nosotros. Nuestra entrega no ha de estar en unos ritos mágicos que nos adivinan el porvenir en momentos de duda por la crisis. La vida que se nos regala es para lo bueno y lo malo, para las alegrías y las penas, para la salud y quizás para los momentos no tan buenos... es una vida en la que se nos invita a una entrega generosa sin tener en cuenta el destinatario. Quizás si tuviéramos más en cuenta la generosidad nuestro mundo no seria tan conflictivo. Nicodemo lo sabía y por eso quizás no pusiera a prueba a Jesús, sino que en la noche de su vida, estaba deseando ver la luz.
            Este domingo se celebra el día internacional de las marionetas. Esos seres que parecen que tienen vida, pero que son manejados por otros a su antojo y semejanza. Es triste que estos también tengan su día. No seamos de los que nos apuntamos a celebrar ese día porque es más fácil. No dejemos que nos muevan al antojo de otros, y seamos capaces de anunciar que la luz, la claridad de nuestra vida está inundada del amor de un Dios que nos ama con locura y que nos invita a la entrega en la imágen de su hijo Jesús.
            Sé y reconozco que no es fácil, pero como nos dirá el salmo 136, que se me pegue la lengua si no me acuerdo de tí. No perdamos el norte de Dios y entreguémonos a su causa.
           
            Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 6 de marzo de 2015

YO TAMBIÉN ESTOY CABREADO Y QUIERO UN LÁTIGO




         Me estoy imaginando la escena: un hombre entra en el templo, mira a un lado y al otro, empieza a fruncir el ceño y cual sería su ira que empieza a tirar por el suelo todo aquello que no le convence, empezaría a empujar a todos los que se encontraban a su paso, me imagino que algún taco en arameo incluso diría y al final salió por la puerta cual elefante que entró en una cacharrería. ¡cómo se quedaría la gente después de semejante imágen!
         Me da la impresión que este texto se ha utilizado con infinidad de intenciones y creo que hay una sola que lo justifica: nosotros somos templo de Dios, porque nos ama y nos hizo a su imagen y semejanza y por ello tenemos que respetarlo y que nos lo respeten. Cuerpo no tenemos más que uno y el cuidarlo supone tener más calidad de vida, en la vida y con la vida y si esta viene de Dios a él tenemos que agradecerle su bondad.
         La cara de cabreado de Jesús, es la que de vez en cuando utiliza uno cuando no está de acuerdo con las cosas. Dios en el texto de hoy (Juan 2,13) nos pide cuidar el cuerpo, pero no solo cuidar el cuerpo sino denunciar a quien no lo cuida. Déjenme que me cabree conmigo mismo y con los que me rodean porque uno cuando ve las cosas no puede estar en conformidad con ello. Me ha maravillado que cuando los yihadistas mataron a 12 personas en Francia, la de la Igualdad, Libertad y Fraternidad, cerca de tres millones de personas se echaron a la calle como una muestra inequívoca de que hay que estar en contra de la violencia, sea de la forma que sea. Estoy por asegurar que en esa manifestación había franceses católicos y republicanos unidos por una causa común: no a la destrucción del cuerpo que para los cristianos es templo de Dios.
         Me resulta contradictorio, paradójico y me cabrea que un tiempo después han degollado a 21 cristianos coptos, recreándonos la escena en televisión y NADIE se echó a la calle para reivindicar lo mismo que con los doce caricaturistas: que la vida es inviolable y nadie tiene el derecho a arrebatarla. Hace un poco más de tiempo dos ciudadanos japoneses también fueron degollados, NADIE, se echó a la calle para estar en contra de la violencia. Todos los días, o casi, en Siria o en Libia o en Africa se prohíbe la libertad de culto o se queman iglesia y NADIE sale a la calle diciendo que los que creen en Jesús de Nazaret son hijos de Dios.
         ¡yo también quiero un látigo!, pero un látigo para luchar contra la indiferencia y para reivindicar coherencia en los que nos llamamos cristianos. ¿por qué en Francia sí y cuando degüelan a nuestros hermanos nos callamos la boca?.  Jesús les llamaba hipócritas, pues lo mismo que nos diría a nosotros hoy.
         Me resulta curioso que en aquella época los fariseos le pedían una muestra de cómo levantaría el templo destruído. Nosotros tenemos que dar la muestra de las bienaventuranzas: cuando damos pan, visitamos a los enfermos o desvalidos, cuando lloramos con los que sufren, cuando acompañamos a los desconsolados.... estamos edificando el templo de Dios. Los fariseos buscaban milagros, nosotros buscamos crucificados a quien amar, pobres a quienes levantar. Quiero gritar con la Iglesia, con mi Iglesia santa y a la vez humilde y pecadora, que si alguien nos pide signos para creer, le invitemos a que se acerquen a los pobres de este mundo, a los esclavos, a los niños explotados a los inmigrantes que están detrás de las vallas. Mostremos al Cristo como el templo destruido del viernes santo, pero sobre todo mostremos el templo reconstruido y al Cristo de la Pascua.
         Amigos no nos cansemos de amar lo que encontramos destruido y de levantar lo que amamos. ¡qué mejor templo que el de una mujer que trabaja por levantar el templo de su casa, de su familia, de los que le quieren y le aman!. Día de la mujer trabajadora, trabajemos por y con la justicia.
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

jueves, 26 de febrero de 2015

TRANSFIGURARNOS, PERO ¿DE QUÉ?

TRANSFIGURARNOS, PERO ¿DE QUÉ?
            En mi época estudiantil universitaria uno siempre hace aquello que normalmente no hace y lo más probable que lo que haga en esa época quizás no lo vuelva a repetir. Es algo que a muchos estudiantes les pasa y por eso esa etapa de la vida normalmente se suele recordar con cariño y no solamente con cariño, sino con nostalgia y probablemente nos marque para el resto de la vida. Cuando echamos la mirada hacia atrás, quizás lo primero que nos viene a la mente son esas circunstancias que nos marcan. Una de esas cosas que hice y no he vuelto a ver es una visita a los museos: muchos de los museos que tenemos en nuestro país uno aprovecha su estancia en la universidad para poder visitarlos, quizás por esa fiebre de cultura que uno tenía ( y quizás tiene) en aquella época.
            Lo bueno de los museos que nos van llevando por un recorrido que se me antoja lógico: si es de la historia del hombre, no empezará por el final, sino por la prehistoria; si es de ciencias no empezará por el último invento, sino por los primeros.... Pero todo museo tiene más de una intención: que no nos olvidemos de lo que somos y hacemos y por eso queda perpetuado para la historia y que echemos una mirada atrás para ver lo que fuimos para saber donde estamos.
            En nuestro museo de la vida, hace una semana que entramos en la Cuaresma. Y en ese recorrido lógico, la primera de las salas era el desierto, del que no se escapa nadie, porque entrar en esa sala era entrar en contacto con uno mismo. Nadie puede escaparse de sí mismo.  Y este fin de semana, nos encontramos con nuestro propio espejo
representado en la figura de un hombre que hasta se me antoja simpático: Pedro
            Cambiamos de sala. Nos subimos a una montaña. Quizás el lugar donde podemos contemplar con mejor perspectiva lo que nos rodea y Pedro dice, "que bien se está aquí". Pedro lo más probable que no era consciente de lo que estaba experimentando, sin embargo no le importó vivir esa experiencia.
            Dios en el desierto de la vida de cada uno, no solo nos pone a prueba, sino que nos pone al límite de nuestra fidelidad. Es que el desierto no es una pera en dulce y lo vemos todos los días en los medios de comunicación social. Tenemos para dar y tomar. Tenemos para regalar y que nos regalen. Dios sigue siendo fiel y guarda su alianza y siempre camina con nosotros junto a los riesgos del desierto.
        
    Pone a prueba a Abrahám, como prototipo de la fidelidad a pesar de todo lo que él ama y quiere. Dios se transforma, se transfigura en su Hijo Jesús y nos invita a transfigurarnos a nosotros también. Nos invita a ir más allá de lo que vemos, nos invita a no quedarnos en lo anecdótico de las cosas, nos invita a ver a Dios cara a cara  y exclamar como lo hace Pedro, qué bien se está aquí.
            Pablo en su carta que dirige a la comunidad de Roma, se pregunta :Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar en contra?. Por eso Pedro, tipo duro como ninguno, exclama que se siente a gusto. Nosotros a veces no exclamamos con convicción el estar a gusto con nuestra ideología religiosa. Nosotros por no molestar a otros ocultamos nuestra verdadera identidad religiosa aún a pesar de no estar convencidos. Claro, como nos dirá el salmo de este fin de semana (115), Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
            Ojalá que nosotros seamos capaces también de transfigurarnos. Que seamos capaces de dar a conocer el verdadero rostro de Jesús. Que nuestra imagen, quien la vea, refleje el rostro resplandeciente de quien nos guía y que los demás cuando estén con nosotros puedan decir que bien se está aquí. Hagamos tres tiendas y quedémonos con los que siguen la figura de un tal Jesús, que ni en el desierto de la vida, ni en lo alto de una montaña deja de revelar el rostro del Padre.
            Por cierto, les recomiendo Marcos 9,2-10


           
            Hasta la próxima

            Paco Mira

jueves, 19 de febrero de 2015

LOS ABOGADOS DEL DIABLO


         Pues ya está aquí. De nuevo nos vuelven a tocar en la espalda y cuando miramos, nos dicen ":¡hola!, soy cuaresma". Claro, si esto me sucede en la calle lo más probable es que mi cara no reflejaría la intención de la persona con la que me encuentro. Pero es curioso que todos los días, sea o no cuaresma, hay alguien que me lo repite y me lo dice hasta la saciedad: "hola, soy cuaresma". Y me lo dice no en la calle, sino en esa imagen tan bonita que utiliza el evangelio y que se llama desierto y que nosotros traducimos, no se si adecuadamente, por vida. No sé si la vida y el desierto tienen mucho que ver.
     
    Sin embargo la imagen de desierto me gusta. Y me gusta por ser un desafío, un reto, y por ser la imagen de quien tiene que enfrentarse a la realidad de cada día y esta no siempre es la mejor. El desierto es ese espacio árido, seco, interminable, sin indicaciones de por dónde tenemos que caminar y es el espacio en el que nosotros nos encontramos con nosotros mismos y quizás con Dios. Es el espejo de nuestra propia realidad, porque en el fondo nosotros no somos los títulos que decimos que tenemos, o las carreras universitarias, o la presidencia del gobierno que unos votos me han dado. Hemos nacido desnudos, hemos nacido del polvo de la vida, y por mucho que nos arropemos, nos tapemos, nuestra realidad sigue siendo la misma.
         Por eso me gusta la comparación del desierto, porque no existe, como dirían los magos malos de las fiestas de los pueblos, ni trampa ni cartón, en el fondo es pura realidad. Y mientras nosotros no seamos capaces de asumir esa realidad, quizás la cuaresma, la bendita cuaresma, todavía no se hace realidad.
         Me resulta curioso que el evangelio de este primer domingo (Marcos,
1,12), dice que "Jesús fue empujado al desierto". No dice que él fue porque le dio la gana. Prueba evidente que Dios quiere que su hijo cumpla a rajatabla la realidad de la encarnación, uno igual que nosotros. Nosotros, igual que él también estamos empujados al desierto, estamos conviviendo en la aridez de un mundo donde el calor de la indiferencia es abrasador y donde los visos de esperanza de que caiga una gota de agua que alivie ese calor, cada vez son  más escasas.
         El diablo sigue actuando en el desierto de la vida. Mientras existan gente que por el hecho de ser cristianos son pasados a cuchillo, es una señal de que no tiene oposición. Mientras exista en nuestros corazones la indiferencia hacia las pateras o hacia la gente que salta las vallas en las fronteras en busca de una realidad mejor, es señal que el diablo sigue estando a gusto entre nosotros. Mientras exista gente que tiene que revolver en los contenedores de nuestros desperdicios en busca de algo (quizás podrido) para llevarse a la boca o a la boca de sus hijos, es que el diablo no tiene trabas para ejercer su labor.

         Quizás habrá que preguntarse como el Papa Francisco, "¿dónde está tu hermano?". Y nosotros cuando la cuaresma nos toque en la espalda y miremos para ella, le respondamos, ¿es a mí?. A veces da la impresión que nos movemos como peces en el agua siendo abogados del diablo. Defensores, por no mojarnos, de una realidad que de boquilla siempre estaos diciendo que es injusta, que habría que buscar otra, pero que no hacemos nada por cambiarla.
         Una vez más se nos llama al cambio, a la conversión. ¿Por qué no nos dejamos de pamplinas y empezamos a demostrar que nuestro hermano se llama Jesús de Nazaret?. Dios no tiene prisa. Pedro, en su primera carta, dice que Dios tiene paciencia. ¡ es que los padres siempre tienen paciencia con sus hijos!. Amigos, bendita la cuaresma. Bendito el tiempo que se nos ofrece para volver la mirada a Dios y preguntarle qué no estoy haciendo bien que el diablo parece que a veces gana la partida.
         Démosle jaque a quien es perdedor antes de comenzar a jugar. No dejemos que mueva la ficha. Seamos el ejemplo claro que nos convertimos y creemos en la buena noticia llamada evangelio y que el desierto no tiene por qué ser nuestra casa, sino un lugar de paso, de paso rápido, porque el sol nos quema en exceso.
         ¿lo intentamos?
        
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

viernes, 13 de febrero de 2015

LO QUE DIOS HA UNIDO QUE NO LO SEPARE... LA CUARESMA


         Bueno, si me gusta la liturgia es por la capacidad de ese lenguaje no verbal; ese lenguaje catequetico capaz de enseñar a los que creen y de poder preguntarse  los que no creen; ese lenguaje silencioso, pero  con un ruido maravilloso al mismo tiempo que hace que todo el mundo se interrogue por infinidad de gestos que no sabemos a qué vienen. Grande es la liturgia.
     
    Esta semana nos vuelve a dar un toque de atención. Esta semana nos vuelve a poner en la interrogación de nuestro ser de creyentes para volver a preguntarnos si sabemos o no la lección. Si hemos o no aprendido a hacer los deberes. Me gustaría reflejar mi rechazo a alguna cadena de televisión que ha considerado que el mes de febrero es el mes del amor. Como si lo fundamental del cristianismo (Dios es amor) se redujese solamente al mes de febrero. Lo rechazo por el afán lejano de realzar una festividad que no tiene nada que ver con lo que Valentín, el santo, promulgaba.
         Valentín pretendía que aquellas parejas que querían conformar su amor al estilo que Dios quería, no hubiese nada que se lo prohibiese. ¿Dónde está reflejado hoy, en las cadenas de televisión, o en los medios de comunicación social el fomentar el estilo que Dios quiere en la vida de las parejas?.¿No será que quizás en los medios de comunicación social de hoy en día lo que se fomenta es el escarnio, la infamia, lo rastrero de una relación de pareja?. Valentín no lo quería ni yo tampoco. Valentín por defender la honradez y la honestidad del amor de Dios manifestado en el amor de una pareja, también fue martirizado. ¡qué diferencia con el Valentín que nos pretender mostrar hoy en día!..
         Esta semana comenzamos, una vez más, la cuaresma. Comenzamos una vez más la posibilidad de mirar hacia nosotros mismos, no como narcisistas sino como cristianos humildes capaces de reconocer errores y solicitar el amor verdadero de un Padre que nos ama y que nos espera con los brazos abiertos. Esta semana tenemos la oportunidad de reconocer que en nuestro corazón tenemos cabida para muchos hermanos nuestros que sufren, por eso les hacemos sitio en él (Ayuno); esta semana reconocemos o al menos tenemos la posibilidad de reconocer que compartimos con otros aquello que somos y que tenemos; que compartimos nuestro ser de honradez y de sinceridad y no compartimos no que nos sobra (limosna) y también tenemos la capacidad de hablar, de comunicarnos, de dialogar con el Padre que nos escucha, pero sobre todo que nos entiende. ¡qué bonita la cuaresma!. ¡que bonito poner disfrutar de un tiempo que en otro momento de la historia se antojaba triste, melancólico y lleno de prohibiciones!.
         Pero qué mejor aperitivo que la liturgia de este fin de semana, en la que se nos va hablar de gente necesitada de encontrarse con Jesús, con su persona y sobre todo con su amor.  Se nos va a presentar en la figura de unos leprosos, de gente con dificultades, errores, equivocaciones, manchas. El Jesús de esta semana es el que sale al encuentro del necesitado. Es el que tiende la mano, el que toca... el que nos invita a la limpieza. Los leprosos
quedaron sanos, no porque tuvieran la enfermedad en sí, ni porque Jesús fuese el curandero de la época. Quedaron limpios porque tuvieron fe en que iban a quedar.
         Quizás a nosotros hoy en día nos falte, eso: la fe suficiente como para quedar sanados, curados. Nos falte el gps necesario para encontrar a ese
Jesús que nos sale al encuentro y quiere compartir con nosotros su lenguaje. Quizás nos falte el poder ser como Valentín, que a pesar de las dificultades, el amor no nos abandona ni lo abandonamos.
         Disfrutemos de la cuaresma, porque las oportunidades hay que aprovecharlas y esta es una de ellas.
        
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

viernes, 6 de febrero de 2015

CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE, PERO... ¿DE QUÉ?

         Bueno, pues ya tenemos una campaña encima y ¿saben?: a veces las campañas de tanto repetirlas acaban siendo cansinas, no les hacemos caso o quizás lo que suceda es que ni nos acordemos para qué sirven, quien las convoca, o cual es su finalidad. Los que tenemos ya algunos años y las canas no nos las pintamos sino que salen por su propia naturaleza, recordamos que en los albores de la democracia, cuando los partidos políticos empezaban a esbozar sus primeros programas; cuando los slogans eran frases cortas e impactantes; cuando para hacer una pancarta curraba desde el candidato hasta el que cerraba y abría la sede.... hubo una frase que a mí me llamó la atención: " un pueblo sin información es un pueblo sin opinión".
         Creo que aquí radica mucha de la razón de ser de las campañas que no solo a nivel eclesial se realizan. Debemos de informarnos, debemos leer la letra pequeña, debemos, como decía un profesor mío de leer el periódico que aunque diga alguna mentira, para eso están los lectores, para descubrir la verdad.

         El mundo tienen hambre. Eso no lo discute nadie, pero habrá que señalar con el dedo, sin miedo a ponernos colorados, que el rico sigue siendo más rico a costa de los pobres. El mundo tiene hambre y quizás sed de justicia, eso tampoco lo niega nadie, pero cuando la justicia no hace honor a su nombre y para los ciudadanos pierde credibilidad, tenemos que seguir señalando con el dedo al corrupto que tiene que estar en la cárcel y anda tomando un café en la calle de la esquina o con el abuelito a quien no le llega la pensión para acabar el mes y el nieto, con quien ha salido de paseo, mira con ojos desconsolados para un donuts inalcanzable para el abuelo.
         Hoy, la Iglesia, vuelve a lanzar el grito de guerra tantas veces oído y por nosotros tantas veces no escuchado: El mundo tiene hambre. Claro que sí pero también no un hambre material, sino un hambre de información para que no nos dejemos pisotear por el más fuerte porque piensa que somos incultos. Hoy la Iglesia vuelve a gritar que el mundo tiene hambre. Las cifras de seres humanos que nacen pero que no llegarán a una edad adolescente, por carecer de lo básico, nos tiene que hacer pensar que mientras que nosotros tenemos recursos para que malamente podamos salir adelante, hay otros que ni siquiera se lo pueden plantear.
         Hoy la Iglesia vuelve a clamar que el mundo tiene hambre. Curiosamente las lecturas dominicales de este fin de semana, nos presentan al que da aliento, fuerza y energía para poder combatir lo que la Iglesia clama, grita, e incluso llora. Nos presenta a un Jesús que acude al encuentro del necesitado, dice el texto de Marcos que "no les permitía hablar". Si es que a buen entendedor hasta las palabras sobran. Jesús - en el mismo texto  (Mc 1, 29) - se aparece en silencio, coge de la mano, los levanta...
         Amigos no hace falta muchos espavientos. Los que nos consideramos privilegiados por conocer a un tal Jesús, debemos acercarnos al que tiene hambre, atenderlo, no pasar de largo. Debemos tener , como dice la canción, que suerte es tener un corazón sin puertas, que suerte es tener las manos siempre abiertas. Tenemos que levantar al hambriento, no solo de pan vive el hombre, hoy hay mucha hambre en el mundo de infinidad de cosas. Jesús no nos deja en la vereda del camino, nos levanta como a la suegra de Pedro y nos dice que podemos iniciar de nuevo el camino de la vida.
         Amigos estamos en la campaña contra el hambre. Denunciemos a quien roba el pan a los pobres. Monseñor Romero, próximamente elevado a los altares, se ha dejado su vida por hacer la campaña contra el hambre, no solo de pan, también de información para poder denunciar;
         A veces también tenemos hambre de soledad para hablar con el Padre, que es quien nos da la fuerza para seguir adelante. El propio Jesús, dice que se levantó de madrugada para orar. Nosotros tenemos hambre de oración.
         Ojalá que digamos como el salmista, " alaben al Señor que sana los corazones destrozados"

         Hasta la próxima

         Paco Mira