sábado, 4 de abril de 2015

ESTÁ VACÍO: ¡A CORRER!


ESTÁ VACÍO: ¡A CORRER!
            ¿Saben?. Este mundo en el que vivimos está lleno de contradicciones. Yo diría que de maravillosas contradicciones, por eso hace que este mundo sea tan maravilloso. Y cuando hablo de contradicciones me refiero en que a veces nos mandan o hacemos cosas demasiado deprisa y otras veces por la lentitud hace que no nos espabilemos como corresponde.
            Por un lado los médicos de vez en cuando nos dicen que no nos tomemos la vida tan en serio pues los casos de infarto son los que son y cada vez más acuciados; el estress es cada vez más pronunciado, quizás porque nos ahogamos en un vaso de agua.... Y por otro lado cada vez son más las pruebas atléticas que nos exigen esfuerzo, rapidez, ganas y entrenamiento... ¿en qué quedamos?.
            Algo parecido debieron pensar aquellas mujeres de hace dos mil años, que tenían prisa; no querían seguir el ritmo procesional de la víspera, del viernes santo, donde lo más probable es que la gente se recreara con lentitud en el sufrimiento de un inocente; en el escarnio y castigo de quien no tenía la culpa. Dice el texto que fueron corriendo. Lo más probable es que deseaban que aquello se pasara cuanto antes y volver a una situación totalmente diferente a la que habían vivido.
            Estoy por asegurar que la carrera de Pedro y su colega, no era una transgrancanaria. Lo más probable es que sería la carrera más ilusionante de su vida, pero al mismo tiempo la más desilusionadora también. Ilusionante porque esperaba encontrarse con quien ha sido su amigo, su confidente, su Maestro, su guía, su bastón, su... quería volver a olerlo, tocarlo.... pero desilusionante al mismo tiempo porque se encontró con aquello vacío. Aquel que lo había negado publicamente, se mataba corriendo para creer que lo que había vivido no era cierto; quizás quiso correr para volver, una vez más, a pedir perdón por lo que pudo haber hecho por él y no lo hizo.
            Hoy de nuevo se nos invita a correr. Se nos invita a ir al sepulcro a comprobar que nuestra fe tiene que pasar por el vacío, por la desolación, por el no estar, para darnos cuenta que a partir de ahora empieza lo bueno; que a partir de ahora empieza eso por lo que tanto hemos luchado y que quizás no teníamos oportunidad de comprobar que era cierto. Hoy también se nos invita a correr. Correr a darnos cuenta que nuestra fe no está en un sepulcro vacío, que nuestra fe no está en un cementerio lleno de flores y adornos bonitos... nuestra fe está en un Dios de vivos.


            Por eso, en una pascua como la de hoy, quiero creer en un Dios de vivos que no ha inventado el infierno, que no ha inventado los castigos al fuego eterno a los que se han portado mal. Quiero creer en un Dios que con los brazos extendidos en la cruz, hoy los baja para abrazar a todos sin medida y sin distinción ninguna; Quiero creer en un Dios de vivos que lucha porque las vallas en las fronteras  se derriben para poder acelerar el paso, la pascua, hacia un mundo mejor al que todos, sin distinción, estamos llamados y que a veces no hacemos caso.
           
Hoy quiero creer en un Dios de vivos que se encarna en los problemas cotidianos del padre o madre de familia que está en el paro; de los hijos que están metidos en el mundo del vicio y este en cualquiera de sus manifestaciones;  creo en un Dios de vivos que enarbola la bandera de la solidaridad, de la cercanía y del acompañamiento, porque está pasando y no queremos notarlo, porque es su pascua.
            Hoy quiero creer en un Dios de vivos que deja atrás un montón de penitencias desarraigadas de la realidad diaria; quiero creer en el Dios de vivos de las bienaventuranzas como acción programática para la vida. Un Dios que se encara con el que no anuncia una buena noticia como su evangelio y solo quiere ver el desanimo y la falta de vitalidad ante las circunstancias que nos rodean.
            Vivamos la Pascua como realidad viva, con la vida y que da vida. Nosotros no tenemos que conmemorar la resurrección, tenemos que echar a correr, ver que está vacío y empezar a currar. Animo y FELIZ PASCUA
           
            Hasta la próxima

            Paco Mira

jueves, 26 de marzo de 2015

MIS DOS SEMANAS SANTAS


MIS DOS SEMANAS SANTAS
         Lo más probable que a estas alturas de la fiesta - si me lo permiten - todos los gerentes de los hoteles están haciendo números. Quizás en el colegio no eran muy buenos ( muchos de ellos) en matemáticas, pero quizás debido a algún milagro ahora les salen las cuentas a todos. Lo más probable es que el equipo de marketing ya vaticinó unos resultados antes de que estos se produjeran: tantas camas ocupadas, tantas personas que quizás tengamos que contratar, tanto en gastos de intendencia.... total o igual a un éxito que se ha de medir en la segunda semana del mes de abril. Maravilloso.
         Pero curiosamente los cristianos también hacemos números. Hacemos números con la intención de analizar la probabilidad de que lo que vamos a celebrar o celebramos va a tener un éxito también después de celebrarlo. Lo que celebramos es un acto en cuatro partes que, como decía en el título, empieza como termina. Hosanna hey, cantan los niños de aquella Palestina polvorienta al ver entrar a un hombre cuya sencillez se manifiesta en la cabalgadura, en el esbozo de su sonrisa. Hoy quizás en la vida no nos alegremos cuando alguien necesita de nosotros y no digamos hosanna hey. Fíjense que igual el recepcionista de un hotel lo hace (Buenos días, bienvenidos... ) porque sabe que después se lo agradecerán. En el fondo nuestro evangelio, nuestra buena noticia también está llena de gestos de agradecimientos.
         Pero claro. Toda buena cara también lleva una entrega, una buena entrega. Jesús, nuestro Jesús, tenía claro que su misión en la tierra era una misión de entrega, de generosidad, de servicio, de disponibilidad... gesto como lavar los pies reservado exclusivamente a los esclavos, es digno de quien se sienta al final de la asamblea y lo van a buscar para ponerlo en primera fila. ¡que nos cuesta a nosotros lavar pies!¡ que nos cuesta ponernos
al servicio de los demás cuando los otros nos lo piden o sin pedirlo lo necesitan!. Si volvemos a nuestro querido sur, me saco el sobrero ante el sector servicios: ¡cuántas camareras de pisos!.¡cuantos camareros, cuantos ballets....cuantos trabajadores!. Todos procuran con su entrega, que el sector no se muera, que los trabajos no decaigan, que siga siendo el sustento y el pan de muchas familias.
         También en este acto, llega el momento quizás más duro. Toda entrega generosa tiene y conlleva un sacrificio. Dios tenía claro que lo que de él salía a él volvía. Sin duda. Dios no quiere el sacrificio incruento de su hijo, si quiere que desde su hijo hasta el final la entrega ha de ser sin condiciones. Jesús, en un primer momento ha dudado, quizás hubiese preferido que el cáliz se lo bebiera otro, pero el ejemplo hay que darlo hasta el final. Si vuelvo de nuevo a nuestra tierra, cuantos trabajadores de nuestro entorno tienen que sacrificarse por su trabajo y a veces no bien remunerado. ¡Cuántos hijos quedan dormidos en  su cama mientras sus padres van a ganar el sustento!.¡Cuántos dolores médicos por la dureza y quizás crueldad de trabajos que para muchos no son considerados como de primera fila!... Jesús, hasta en la forma de morir, tampoco se distinguió de una manera más humana.
         Dos formas de ver la semana santa, pero creo que son compatibles. Vivamos no el folclore de una semana que puede tornarse de vacaciones merecidas, sino de una confesión de fe en la persona en la que creemos y amamos; la confesión de fe que a nosotros nos da sentido a nuestra vida; vivamos una semana santa de compartir la fe por la que podamos llegar a ver la luz final.
         Déjenme que deje para el fin de semana que viene el mayor de los actos de amor y de fe. Un amor y una fe por la que nosotros estamos en este maravilloso camino. Animo, adelante y celebremos disfrutando desde la fe esta maravillosa semana.
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

viernes, 20 de marzo de 2015

¡YO TAMBIÉN QUIERO SER ACÓLITO Y LECTOR COMO RAYCO Y SUS MUCHACHOS !

 ¡YO TAMBIÉN QUIERO SER ACÓLITO Y LECTOR COMO RAYCO Y SUS MUCHACHOS !
            Este fin de semana, la Parroquia de San Rafael de Vecindario, no sé si vestirá de gala, aunque debiera, pero quizás sí de fiesta, entre otras cosas porque va a vivir un acontecimiento que aún siendo normal, a veces, no le damos la importancia que debiera tener. Un grupo de cinco jóvenes, van a recibir de manos de nuestro Obispo, nuestro pastor en la fe, unos ministerios laicales. Es decir ministerios que los puede recibir cualquiera. Cualquiera que sienta y crea lo que significan.
                            
Pueden parecer ministerios sin importancia, pero siempre he dicho que la iglesia es una gran pedagoga: con su lenguaje silencioso (a veces), con su lenguaje gesticular, con su lenguaje simbólico... habla a los cuatro vientos y encima lo que puede parecer que no tiene importancia, la tiene y mucho. Pero tiene importancia, porque lo que hace no se desliga del lenguaje cotidiano, de lo que normalmente hacemos en casa, en el trabajo, con los amigos, etc... Cuando en casa ponemos la mesa porque tenemos visita o para nosotros mismos, procuramos cuidar los detalles, puesto que en los detalles va mucho de nuestra personalidad, de nuestra manera de ser, de nuestra forma de actuar.  Cuando leemos una noticia en el periódico que nos ha llamado la atención y que nos parece superinteresante  procuramos comentarla con el que tenemos al lado al objeto de realzar aquello que hemos visto u oído.
        
    El acólito parece que lo hemos reducido, no sin un cierto tono sin importancia, al mero monaguillo. Esa figura que acompaña al cura, pero que a veces pensamos que lo único que hace es bulto. Sin embargo preparar la mesa con esmero, con mimo, con cuidado, con cariño... es símbolo que denota que el personaje con el que vamos a compartir "mantel", tiene una significación importante para nosotros. No vale poner la mesa de cualquier forma; no vale hacer las cosas de cualquier manera; no vale colocar un vaso que no tenga que ver con el líquido que nos vamos a tomar.. Si el invitado se llama Jesús de Nazaret, pues la cosa cambia. Pedro, José Félix, Pedro Luis, Rayco, Jonathan José: cuiden la mesa para un amigo especial. Eso les servirá para el día de mañana.
            Una de las cosas que mejor se evalúan en los colegios e institutos es si el alumno es capaz de razonar lo que lee; eso que llamamos comprensión lectora. De nada sirve leer mucho si no entiendo lo que leo. El lector es el que lee la Palabra de Dios. El lector es el  que comprende lo que Dios me dice cuando me habla. El lector es el que es capaz de aplicar esa comprensión a la vida real. El lector es el que es capaz de ver al Jesús de Nazaret, al Jesús que ha leído en su quehacer diário. Los israelitas tenían una comprensión lectora maravillosa: toda su historia han sabido interpretarla a la luz de su comprensión de Dios. Pedro, José Félix, Pedro Luis, Rayco, Jonathan José, sean capaces de leer a Dios en la vida. Sean capaces de tener comprensión lectora en los acontecimientos cotidianos. Eso será síntoma que han comprendido el mensaje y pueden transmitirlo.
            Quiero hacer una mención a lo que hemos celebrado esta semana: el seminario no es sólo una fábrica de hacer curas. Como decía Rayco, es una familia que vive y convive. San José fue un personaje bíblico del que no sabemos nada o casi nada. Pero nunca dudó de Dios en los momentos de incertidumbre y de no entender lo que había pasado. Muchachos, nunca miren hacia atrás y si lo hacen que sea para coger impulso. Sirvan la mesa, lean a Dios en sus vidas y transmitan lo que sienten y han aprendido.
          
  Este fin de semana, el evangelio de Juan (Jn 12), les va (nos va) a poner contra las cuerdas: "enséñanos a Jesús", que lo podamos ver en sus gestos diarios, en su mesa, en su lectura...porque si el "grano de trigo no muere, no da fruto".  Este fin de semana empieza la primavera. Sean primavera para el mundo que les rodea. ¿Saben?. Yo también quiero ser acólito y lector.
           
            Hasta la próxima


            Paco Mira


jueves, 12 de marzo de 2015

¡QUÉ DIFICIL ES LA ENTREGA!

¡QUÉ DIFICIL ES LA ENTREGA!
         
   Con su permiso voy hacer algo que normalmente no hago, y es volver atrás. En concreto al domingo pasado, en la que en todo el mundo se ha celebrado el día de la mujer trabajadora. Me gustaría reseñar solamente una breve pincelada de unidad. De unidad con todos aquellos que han valorado lo  evidente: la grandeza de una mujer, pero en todos los sentidos.  A las mujeres por ser soñadoras, atrevidas, complicadas, apasionadas, inteligentes, guapas... Me quiero unir a los que han gritado que hay que tener en cuenta el curro, el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo, el tesón.... de tantas y tantas mujeres en la vida y que a veces, por desgracia, no se le reconoce lo más mínimo.
          
  Dicho esto me uno a reconocer a las mujeres por ser capaces de generar lo más grandioso que existe en la vida: la VIDA y esta con mayúsculas, gracias a esa capacidad (la de mi madre) estoy aquí y gracias a esa capacidad (la de mi mujer) ha nacido mi hija. Lo que no se qué tiene que ver que se quiera reconocer el derecho contrario, "yo con mi cuerpo hago lo que quiero, aborto libre". Quien genera vida no puede al mismo tiempo querer la muerte. No decidamos por nadie. Y ahí dejo la reflexión.
            Ahora sí. Ya estamos cerca de acabar la cuaresma: esos cuarenta días que nos han de llevar a la gran fiesta de los cristianos, la Pascua. Y el evangelio de este fin de semana nos presenta un interesante diálogo entre Jesús y un tal Nicodemo (Jn 3,14-21). Nicodemo, es un fariseo y curiosamente va a ver a Jesús en la oscuridad, de noche. Y el mensaje, el no fariseo, el de Dios es un mensaje de luz, de día, de claridad, no de tinieblas ni de oscuridad. Dios, a través, de este mensaje nos va descubriendo sus planes.
            Los planes de Dios, como los caminos, no son nuestros planes ni nuestros caminos, aunque los podemos hacer propios. Dios está enamorado de su obra. Como un padre o una madre que quiere con locura a su hijo/a; que los ojos de estos están día y noche pendientes de su retoño...así es la obra de Dios y la quiere tanto que nos entregó a su hijo. Nadie entrega lo que más quiere si no es por la plena confianza en el receptor..
            ¿Dónde está nuestra entrega?.¿a qué nos entregamos nosotros?. Hoy, me da la impresión que confundimos la realidad de Dios con las realidades de otros dioses que quizás sean más explosivos, más atrayentes que la entrega que nos oferta nuestro Dios: entrega de tiempo, de ilusiones, de ganas, de sacrificios, de horas en vela,... en definitiva de amor. Los dioses de hoy no son dioses de compromiso en la vida, no son dioses de felicidad perpetua, son dioses de amores pasajeros.
            Cuando en la vida se nos pide entrega, hay veces que miramos para otro lado como que la cosa no va con nosotros. Nuestra entrega no ha de estar en unos ritos mágicos que nos adivinan el porvenir en momentos de duda por la crisis. La vida que se nos regala es para lo bueno y lo malo, para las alegrías y las penas, para la salud y quizás para los momentos no tan buenos... es una vida en la que se nos invita a una entrega generosa sin tener en cuenta el destinatario. Quizás si tuviéramos más en cuenta la generosidad nuestro mundo no seria tan conflictivo. Nicodemo lo sabía y por eso quizás no pusiera a prueba a Jesús, sino que en la noche de su vida, estaba deseando ver la luz.
            Este domingo se celebra el día internacional de las marionetas. Esos seres que parecen que tienen vida, pero que son manejados por otros a su antojo y semejanza. Es triste que estos también tengan su día. No seamos de los que nos apuntamos a celebrar ese día porque es más fácil. No dejemos que nos muevan al antojo de otros, y seamos capaces de anunciar que la luz, la claridad de nuestra vida está inundada del amor de un Dios que nos ama con locura y que nos invita a la entrega en la imágen de su hijo Jesús.
            Sé y reconozco que no es fácil, pero como nos dirá el salmo 136, que se me pegue la lengua si no me acuerdo de tí. No perdamos el norte de Dios y entreguémonos a su causa.
           
            Hasta la próxima

            Paco Mira

viernes, 6 de marzo de 2015

YO TAMBIÉN ESTOY CABREADO Y QUIERO UN LÁTIGO




         Me estoy imaginando la escena: un hombre entra en el templo, mira a un lado y al otro, empieza a fruncir el ceño y cual sería su ira que empieza a tirar por el suelo todo aquello que no le convence, empezaría a empujar a todos los que se encontraban a su paso, me imagino que algún taco en arameo incluso diría y al final salió por la puerta cual elefante que entró en una cacharrería. ¡cómo se quedaría la gente después de semejante imágen!
         Me da la impresión que este texto se ha utilizado con infinidad de intenciones y creo que hay una sola que lo justifica: nosotros somos templo de Dios, porque nos ama y nos hizo a su imagen y semejanza y por ello tenemos que respetarlo y que nos lo respeten. Cuerpo no tenemos más que uno y el cuidarlo supone tener más calidad de vida, en la vida y con la vida y si esta viene de Dios a él tenemos que agradecerle su bondad.
         La cara de cabreado de Jesús, es la que de vez en cuando utiliza uno cuando no está de acuerdo con las cosas. Dios en el texto de hoy (Juan 2,13) nos pide cuidar el cuerpo, pero no solo cuidar el cuerpo sino denunciar a quien no lo cuida. Déjenme que me cabree conmigo mismo y con los que me rodean porque uno cuando ve las cosas no puede estar en conformidad con ello. Me ha maravillado que cuando los yihadistas mataron a 12 personas en Francia, la de la Igualdad, Libertad y Fraternidad, cerca de tres millones de personas se echaron a la calle como una muestra inequívoca de que hay que estar en contra de la violencia, sea de la forma que sea. Estoy por asegurar que en esa manifestación había franceses católicos y republicanos unidos por una causa común: no a la destrucción del cuerpo que para los cristianos es templo de Dios.
         Me resulta contradictorio, paradójico y me cabrea que un tiempo después han degollado a 21 cristianos coptos, recreándonos la escena en televisión y NADIE se echó a la calle para reivindicar lo mismo que con los doce caricaturistas: que la vida es inviolable y nadie tiene el derecho a arrebatarla. Hace un poco más de tiempo dos ciudadanos japoneses también fueron degollados, NADIE, se echó a la calle para estar en contra de la violencia. Todos los días, o casi, en Siria o en Libia o en Africa se prohíbe la libertad de culto o se queman iglesia y NADIE sale a la calle diciendo que los que creen en Jesús de Nazaret son hijos de Dios.
         ¡yo también quiero un látigo!, pero un látigo para luchar contra la indiferencia y para reivindicar coherencia en los que nos llamamos cristianos. ¿por qué en Francia sí y cuando degüelan a nuestros hermanos nos callamos la boca?.  Jesús les llamaba hipócritas, pues lo mismo que nos diría a nosotros hoy.
         Me resulta curioso que en aquella época los fariseos le pedían una muestra de cómo levantaría el templo destruído. Nosotros tenemos que dar la muestra de las bienaventuranzas: cuando damos pan, visitamos a los enfermos o desvalidos, cuando lloramos con los que sufren, cuando acompañamos a los desconsolados.... estamos edificando el templo de Dios. Los fariseos buscaban milagros, nosotros buscamos crucificados a quien amar, pobres a quienes levantar. Quiero gritar con la Iglesia, con mi Iglesia santa y a la vez humilde y pecadora, que si alguien nos pide signos para creer, le invitemos a que se acerquen a los pobres de este mundo, a los esclavos, a los niños explotados a los inmigrantes que están detrás de las vallas. Mostremos al Cristo como el templo destruido del viernes santo, pero sobre todo mostremos el templo reconstruido y al Cristo de la Pascua.
         Amigos no nos cansemos de amar lo que encontramos destruido y de levantar lo que amamos. ¡qué mejor templo que el de una mujer que trabaja por levantar el templo de su casa, de su familia, de los que le quieren y le aman!. Día de la mujer trabajadora, trabajemos por y con la justicia.
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

jueves, 26 de febrero de 2015

TRANSFIGURARNOS, PERO ¿DE QUÉ?

TRANSFIGURARNOS, PERO ¿DE QUÉ?
            En mi época estudiantil universitaria uno siempre hace aquello que normalmente no hace y lo más probable que lo que haga en esa época quizás no lo vuelva a repetir. Es algo que a muchos estudiantes les pasa y por eso esa etapa de la vida normalmente se suele recordar con cariño y no solamente con cariño, sino con nostalgia y probablemente nos marque para el resto de la vida. Cuando echamos la mirada hacia atrás, quizás lo primero que nos viene a la mente son esas circunstancias que nos marcan. Una de esas cosas que hice y no he vuelto a ver es una visita a los museos: muchos de los museos que tenemos en nuestro país uno aprovecha su estancia en la universidad para poder visitarlos, quizás por esa fiebre de cultura que uno tenía ( y quizás tiene) en aquella época.
            Lo bueno de los museos que nos van llevando por un recorrido que se me antoja lógico: si es de la historia del hombre, no empezará por el final, sino por la prehistoria; si es de ciencias no empezará por el último invento, sino por los primeros.... Pero todo museo tiene más de una intención: que no nos olvidemos de lo que somos y hacemos y por eso queda perpetuado para la historia y que echemos una mirada atrás para ver lo que fuimos para saber donde estamos.
            En nuestro museo de la vida, hace una semana que entramos en la Cuaresma. Y en ese recorrido lógico, la primera de las salas era el desierto, del que no se escapa nadie, porque entrar en esa sala era entrar en contacto con uno mismo. Nadie puede escaparse de sí mismo.  Y este fin de semana, nos encontramos con nuestro propio espejo
representado en la figura de un hombre que hasta se me antoja simpático: Pedro
            Cambiamos de sala. Nos subimos a una montaña. Quizás el lugar donde podemos contemplar con mejor perspectiva lo que nos rodea y Pedro dice, "que bien se está aquí". Pedro lo más probable que no era consciente de lo que estaba experimentando, sin embargo no le importó vivir esa experiencia.
            Dios en el desierto de la vida de cada uno, no solo nos pone a prueba, sino que nos pone al límite de nuestra fidelidad. Es que el desierto no es una pera en dulce y lo vemos todos los días en los medios de comunicación social. Tenemos para dar y tomar. Tenemos para regalar y que nos regalen. Dios sigue siendo fiel y guarda su alianza y siempre camina con nosotros junto a los riesgos del desierto.
        
    Pone a prueba a Abrahám, como prototipo de la fidelidad a pesar de todo lo que él ama y quiere. Dios se transforma, se transfigura en su Hijo Jesús y nos invita a transfigurarnos a nosotros también. Nos invita a ir más allá de lo que vemos, nos invita a no quedarnos en lo anecdótico de las cosas, nos invita a ver a Dios cara a cara  y exclamar como lo hace Pedro, qué bien se está aquí.
            Pablo en su carta que dirige a la comunidad de Roma, se pregunta :Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar en contra?. Por eso Pedro, tipo duro como ninguno, exclama que se siente a gusto. Nosotros a veces no exclamamos con convicción el estar a gusto con nuestra ideología religiosa. Nosotros por no molestar a otros ocultamos nuestra verdadera identidad religiosa aún a pesar de no estar convencidos. Claro, como nos dirá el salmo de este fin de semana (115), Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
            Ojalá que nosotros seamos capaces también de transfigurarnos. Que seamos capaces de dar a conocer el verdadero rostro de Jesús. Que nuestra imagen, quien la vea, refleje el rostro resplandeciente de quien nos guía y que los demás cuando estén con nosotros puedan decir que bien se está aquí. Hagamos tres tiendas y quedémonos con los que siguen la figura de un tal Jesús, que ni en el desierto de la vida, ni en lo alto de una montaña deja de revelar el rostro del Padre.
            Por cierto, les recomiendo Marcos 9,2-10


           
            Hasta la próxima

            Paco Mira

jueves, 19 de febrero de 2015

LOS ABOGADOS DEL DIABLO


         Pues ya está aquí. De nuevo nos vuelven a tocar en la espalda y cuando miramos, nos dicen ":¡hola!, soy cuaresma". Claro, si esto me sucede en la calle lo más probable es que mi cara no reflejaría la intención de la persona con la que me encuentro. Pero es curioso que todos los días, sea o no cuaresma, hay alguien que me lo repite y me lo dice hasta la saciedad: "hola, soy cuaresma". Y me lo dice no en la calle, sino en esa imagen tan bonita que utiliza el evangelio y que se llama desierto y que nosotros traducimos, no se si adecuadamente, por vida. No sé si la vida y el desierto tienen mucho que ver.
     
    Sin embargo la imagen de desierto me gusta. Y me gusta por ser un desafío, un reto, y por ser la imagen de quien tiene que enfrentarse a la realidad de cada día y esta no siempre es la mejor. El desierto es ese espacio árido, seco, interminable, sin indicaciones de por dónde tenemos que caminar y es el espacio en el que nosotros nos encontramos con nosotros mismos y quizás con Dios. Es el espejo de nuestra propia realidad, porque en el fondo nosotros no somos los títulos que decimos que tenemos, o las carreras universitarias, o la presidencia del gobierno que unos votos me han dado. Hemos nacido desnudos, hemos nacido del polvo de la vida, y por mucho que nos arropemos, nos tapemos, nuestra realidad sigue siendo la misma.
         Por eso me gusta la comparación del desierto, porque no existe, como dirían los magos malos de las fiestas de los pueblos, ni trampa ni cartón, en el fondo es pura realidad. Y mientras nosotros no seamos capaces de asumir esa realidad, quizás la cuaresma, la bendita cuaresma, todavía no se hace realidad.
         Me resulta curioso que el evangelio de este primer domingo (Marcos,
1,12), dice que "Jesús fue empujado al desierto". No dice que él fue porque le dio la gana. Prueba evidente que Dios quiere que su hijo cumpla a rajatabla la realidad de la encarnación, uno igual que nosotros. Nosotros, igual que él también estamos empujados al desierto, estamos conviviendo en la aridez de un mundo donde el calor de la indiferencia es abrasador y donde los visos de esperanza de que caiga una gota de agua que alivie ese calor, cada vez son  más escasas.
         El diablo sigue actuando en el desierto de la vida. Mientras existan gente que por el hecho de ser cristianos son pasados a cuchillo, es una señal de que no tiene oposición. Mientras exista en nuestros corazones la indiferencia hacia las pateras o hacia la gente que salta las vallas en las fronteras en busca de una realidad mejor, es señal que el diablo sigue estando a gusto entre nosotros. Mientras exista gente que tiene que revolver en los contenedores de nuestros desperdicios en busca de algo (quizás podrido) para llevarse a la boca o a la boca de sus hijos, es que el diablo no tiene trabas para ejercer su labor.

         Quizás habrá que preguntarse como el Papa Francisco, "¿dónde está tu hermano?". Y nosotros cuando la cuaresma nos toque en la espalda y miremos para ella, le respondamos, ¿es a mí?. A veces da la impresión que nos movemos como peces en el agua siendo abogados del diablo. Defensores, por no mojarnos, de una realidad que de boquilla siempre estaos diciendo que es injusta, que habría que buscar otra, pero que no hacemos nada por cambiarla.
         Una vez más se nos llama al cambio, a la conversión. ¿Por qué no nos dejamos de pamplinas y empezamos a demostrar que nuestro hermano se llama Jesús de Nazaret?. Dios no tiene prisa. Pedro, en su primera carta, dice que Dios tiene paciencia. ¡ es que los padres siempre tienen paciencia con sus hijos!. Amigos, bendita la cuaresma. Bendito el tiempo que se nos ofrece para volver la mirada a Dios y preguntarle qué no estoy haciendo bien que el diablo parece que a veces gana la partida.
         Démosle jaque a quien es perdedor antes de comenzar a jugar. No dejemos que mueva la ficha. Seamos el ejemplo claro que nos convertimos y creemos en la buena noticia llamada evangelio y que el desierto no tiene por qué ser nuestra casa, sino un lugar de paso, de paso rápido, porque el sol nos quema en exceso.
         ¿lo intentamos?
        
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira