FELICIDADES CANARIONA.
O….¿CANARIENSIS?
Pues yo creo que es lo mismo. Lo que
pasa que una marca la identidad de un pueblo, donde se ubica una Iglesia local,
y el otro pone el apellido dentro de la misma iglesia para no confundirnos,
dentro de la misma familia, con otra iglesia vecina. Sin duda son expresiones
que merecen la pena poner encima de un pedestal.
Pero ante todo felicidades.
Felicidades porque es su día. Porque en este día queremos todos tener presente
a nuestra Iglesia. Porque en el calendario pone que este fin de semana nuestra
Iglesia se vestirá de gala y que todos sus hijos la recordarán, la apoyarán y
la valorarán. Me imagino que para muchos no es la mejor de las Iglesias, pero
es la que tenemos y por ello hemos de valorarla. Esto es como los padres,
siempre los de mi amigo son mejores que los míos, pero son los que tengo.
¿Saben?. Me gusta mi Iglesia. Esta
Iglesia que tiene defectos; esta Iglesia que, como decía san Agustín, es santa
y pecadora. Y tiene defectos y es pecadora, porque está compuesta por hombres y
mujeres que se equivocan; hombres y mujeres a los que hay que corregir con
cierta frecuencia, pero hombres y mujeres que tienen la capacidad suficiente
para volver a levantarse e intentar no equivocarse. Por eso me gusta así.
Quiero a esta mi Iglesia, con los curas canosos, viejillos… con los curas
jóvenes, con los que empiezan con una ilusión inmensa en el seminario….Quiero a
esta Iglesia de mujeres currantes, de laicos comprometidos, de hombres que
fueron y ahora no lo son, pero que no les importaría volver a ser pero de otra
manera y con su vida compartida. Quiero a esta Iglesia que recuerda un sínodo
que no se ha cumplido quizás en su principio, una iglesia que todos los años
marca un Plan Diocesano de Pastoral y que muchos no cumplimos… pero quiero a mi
Iglesia
Quiero cuidar de mi Iglesia. Quiero
mimarla. Quiero que vaya por el camino del aire fresco que va marcando el Papa
argentino que nadie pensaba que iba a ser y que está sacudiendo las alfombras
de mi casa eclesial. No quiero que se deteriore, por eso he de cuidarla porque
seguro que ella me cuida a mí
Quiero curar también a mi Iglesia.
Tanto roce entre nosotros los hermanos, nos hacemos heridas, algunas profundas,
por eso he de procurar que mi Iglesia sea sana. El curar a la Iglesia supone
evitar los malos rollos de cuentas que no me pertenecen porque el dinero ha de
ser efímero. El curar a la Iglesia supone también la denuncia de los abusos de
cualquier tipo.
Quiero cultivar a mi Iglesia:
regarla, podarla, abonarla… es fácil contratar jornaleros que hagan un trabajo
que yo puedo hacer, pero que supondría el mancharme las manos. Muchos tienen
manchadas las manos de amor, de solidaridad, de fraternidad… ojalá que nunca se
las limpien porque ello significa que seguimos en la huerta de la vida al lado
de mi querida Iglesia.
Ojalá que nuestra Iglesia, esa
Iglesia a la que quiero, sea una Iglesia con todos y al servicio de todos. Que
nadie nos pueda achacar que los pobres, los tristes, los desvalidos… son unas
bienaventuranzas escritas en un papel, pero que no tiene aplicación práctica.
Eso significa que nuestra Iglesia está viva y defiende la vida. Digamos que no
a los que, con la disculpa de defender su propio cuerpo, destrozan la vida de
otro que quiere compartir las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad de
este maravilloso espacio llamado mundo. Digamos no al aborto, digamos sí a la
vida.
Por eso quiero a mi Iglesia. Porque
queda mucho por hacer y trabajar y como dice Pablo a la comunidad de
Tesalónica, el que no trabaje que no coma. Hay trabajos que no necesitan
remuneración, aunque se pida un pequeño esfuerzo económico para el propio
sustento.
Felicidades, Iglesia
Hasta la próxima.
Paco Mira


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