viernes, 24 de enero de 2014

LAS CADENAS DE WHATSAPP Y LA INFANCIA MISIONERA


LAS CADENAS DE WHATSAPP Y LA INFANCIA MISIONERA
             Les confieso que uno, a veces, no se puede resistir a las nuevas tecnologías. ¡cuantas veces uno dice que no quiere entrar en esa dinámica! Y sin embargo no le queda más remedio que unirse a esa cantidad de gente que con los móviles hace virguerías. En el fondo y casi sin querer la sociedad, nuestra querida sociedad, nos empuja, a veces,  a dónde ella quiere.
            Pero visto desde el lado positivo, no nos queda otra. Las nuevas tecnologías nos ponen a la altura de la mano todo aquello que al hombre le hace falta e incluso más si cabe. Desde la lectura de un simple periódico, hasta la compra del super, pasando por aquella entrada de un espectáculo que llevo tiempo que quería ver. Es la comodidad que nos oferta esta sociedad que sin embargo con otros se comporta de una manera cruel e incluso sanguinaria.
        
    Los whass nos permiten codearnos con cualquiera en el mundo, sin necesidad de mojarnos cuando llueve; nos permiten hablar con cualquiera independientemente de dónde se encuentre aquella persona con la que quiero comunicarme. Los whass nos permite enviar no sólo un saludo de afecto, sino el último chiste que nos han contado, el último video grabado (incluso los más desagradables), o la última fotografía graciosa de la nieta en el baile, del abuelo jugando a las cartas o del padre con la ropa del tenis y echando una partida.
            Pero los whass también desarrollan una faceta que nos enganchan. Esa faceta que yo la llamo por si acaso. Es la faceta del que te envía algo y luego dice reenvíalo como mínimo a siete personas y verás en poco tiempo como notas el cambio. La gente, curiosamente, dice que no cree, pero  por si acaso lo reenvío. Si me llegan a decir que lo reenvíe a ciento veintisiete personas, tendría que cargar el móvil de nuevo. Ponemos nuestra carne en el asador por ese reenvío.
            Este fin de semana se celebra el día de la infancia misionera. Es decir, los niños pueden ser misioneros para otros niños. Se puede hacer también una cadena, como los whass, para que los más pequeños puedan alentar a los demás. A nuestros hijos, con el móvil, no les hemos enseñado mucho. Es como si ellos hubiesen nacido con las nuevas tecnologías aprendidas; sin embargo a ser misioneros les cuesta. Quizás porque nosotros no le mandamos una cadena de whass en la que diga que Jesús merece la pena y que se lo pasemos a unos cuantos más y que verán muy pronto la diferencia.
            Lo más probable es nuestros hijos, los más pequeños, nos vean todo el día con el móvil en la mano reenviando cosas, llamando a nuestros clientes por motivos de trabajo, pasando el rato con un video juego que me he bajado… pero lo más seguro es que no nos ven con frecuencia paseando en casa, o sentados en el sofá con la biblia en la mano y leyendo algún capítulo que nos pueda resultar interesante. Porque sin duda ellos comienzan haciendo lo que nos ven hacer a nosotros.
            La infancia misionera nos tiene que hacer resonar en nuestro interior que hay algo que no nos encaja. Que hoy el evangelio nos habla de conversión y al mismo tiempo de llamada y que tal y como está la nueva telefonía de la vida puede ser que no nos haga falta el whass. Ayudemos a los más pequeños a que sirvan de ejemplo a sus congéneres, pero que sea un ejemplo que ellos aprenden de nosotros. Que nosotros seamos el mejor ejemplo para ellos y seguro que nos reenviarán un montón de gracias, de besos… y en el día de mañana no habrá que celebrar lo que no sentimos.
            Hasta la próxima

            Paco Mira
                                     


viernes, 17 de enero de 2014

ESTO DE LA DIVISIÓN…. NO LO ENTIENDO O ¿SI?

ESTO DE LA DIVISIÓN…. NO LO ENTIENDO O ¿SI?
         Se lo confieso: a veces la vida me pone en tal tesitura que no la acabo de entender del todo. Pero, ¿saben?: me gusta. El tener que escoger, optar, revolver… me lleva a tener, a la fuerza, que madurar, porque si no pierdo el tren de eso tan bonito que se llama vida.
        Esta semana alguien pregunta, ¿está, a caso, dividido Cristo?. Pues en principio creo que no, sin embargo son de esas dudas que me siguen entrando cada día. Esta semana se celebra la semana por la unidad de los cristianos y es que… cuando celebramos algo es porque hay un motivo para ello, sea bueno o malo. Y si hay que celebrar una semana para favorecer la unidad, es porque lo más probable que no la tengamos.
        Todos hemos bebido de la misma fuente; todos hemos compartido el mismo pecho; todos hemos compartido el mismo amor manifestado en dos maderos entrelazados. Todos venimos de la misma tierra polvorienta de Palestina. Todos tenemos un Padre que nos quiere con locura, un Padre que gratuitamente nos ama sin pedir nada a cambio… y nosotros pensamos que eso no es suficiente; pensamos que cuales niños mimados, Papá me quiere más a mí que a ti.
        Cuando Pilato pregunta a Jesús, ¿qué es la verdad?, nuestro hermano mayor se queda callado. Y nosotros, a lo largo de la historia hemos intentado imponer a costa de cualquier otra posibilidad, que estábamos en la posesión absoluta de la verdad. Incluso, por desgracia, hemos intentado imponer a base de cualquier criterio, incluso con sangre, que éramos los mejores.
        Pablo, lo dice bien claro, que Jesús no es de nadie y lo es de todos. Me gustaría entonar un cántico a la unidad, componer una sinfonía de la unión, hacer un pentagrama de la igualdad. Nunca las cruzadas tienen que volver a repetirse, al menos en la intención bélica como han surgido allá por los siglos X y XI.
        Palabras como ecumenismo tienen y deben estar en la frente de todos y cada uno de nosotros. Creo que son buenas ocasiones, las intenciones que ponemos encima de la mesa como celebraciones en el templo ecuménico. Creo que son buenas ocasiones el que, al menos por un día, pensemos que las barreras y las divisiones pueden ser superadas.
        Me gustaría que este tipo de celebraciones no se volvieran a celebrar. Porque cuando celebramos es que intentamos que no se vuelva a producir y todos los años seguimos celebrando la buena intención, pero ¿cuándo dejará de ser una intención y se convierte en realidad?. Jesús de Nazaret no está dividido, no es ni de Apolo, ni de Cefas… es todo aquel que cumple su programa llamado evangelio.
        Si tuviéramos fe como un grano de mostaza, seguro que moveríamos montañas. Si quisiéramos, seguro que podríamos conseguir la unidad, la igualdad; ya no existirían católicos, ni luteranos, … todos seríamos hijos de un mismo padre y hermanos de un único Jesús de Nazaret. De ser así no tendríamos que celebrar que queremos estar unidos. Cedamos por alguna parte. No sigamos manteniendo la posesión absoluta de una verdad que no nos corresponde. Seguro que si lo intentamos, lo conseguimos.

        Hasta la próxima

        Paco Mira

viernes, 10 de enero de 2014

DE MI AMIGO, LOS HIJOS, LOS LIBROS Y….¿BAUTISMO?



DE MI AMIGO, LOS HIJOS, LOS LIBROS Y….¿BAUTISMO?
 Tengo un conocido, que vive por las medianías de nuestra querida tierra, que tiene una extraña costumbre. Digo extraña, porque podría decir rara. Ambos adjetivos los utilizo para dejar claro que lo que mi amigo hace es algo que no se ve con asiduidad. Heredó de abuelo, a su vez de su padre algo curioso y por eso lo comparto con ustedes. He de decir que está casado y tiene tres hijos, de los que solamente le queda uno en casa, los demás se han independizado. Y la costumbre es que un día a la semana (en su caso creo que son los jueves), y durante una hora, la familia se dedica a la lectura. La familia comparte tiempo, espacio… a algo – como decía antes – raro: leer.
A mí no me extraña lo de la lectura, me extraña el compartir y asumir en familia la necesidad de buscar el tiempo y el espacio para compartir una actividad que crea cultura, ganas de estar juntos para hacerlo, desechar cosas los jueves, porque tengo una actividad familiar…. y todo mi amigo lo heredó de su familia: sus abuelos, sus padres….claro, la biblioteca que tienen en su casa es inmensa y la cultura personal enorme.
Ustedes se preguntarán por qué les cuento la vida de mi amigo. Me viene a la mente, porque este domingo celebramos el Bautismo del Señor. Y es curioso que en la antigüedad el bautismo no era una necesidad imperiosa de nada, sino la conclusión de un proceso asumido, aceptado y compartido con la comunidad. Esta abría los brazos y cual madre, acogía a los que de corazón querían acercarse a ella.
Yo me pregunto si nuestros bautismos actuales, son la conclusión de un proceso lógico. Digo que no. Y digo que no porque quien se bautiza no decide, deciden por él. Pero quien decide por el que se presenta, no sé si será como mi amigo, que por educación, por convicción, por conclusión lógica de un proceso…sabe que los jueves tiene que leer. Hoy no sabemos si los que acercan catecúmenos, tienen claro que el bautismo no es la entrada a ningún cine o teatro, aunque a veces lo parezca.
El evangelio de este domingo, nos va a invitar aeste es mi Hijo amado, el predilecto…el domingo pasado nos recordaban la humanidad y divinidad juntas al principio existía la palabra junto a Dios pero ahora esa palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Lo hizo como nosotros, en la humildad de un niño y en un pesebre. Este domingo nos invita a empezar a recorrer un camino. Un camino que no será fácil, no será un camino de rosas, es un camino de dificultad y sacrificios a veces.
Mi amigo para poder sacar tiempo para la lectura, los jueves, tiene que renunciar a más de una cosa. Sus hijos también. Pero saben que es una forma de hacer familia, de compartir tiempo padres e hijos, de intercambiar experiencias por lo leído. Me gustaría que los padres que acercan a sus hijos al  bautismo, signifique el orgullo de un proceso que lo más probable también sea heredado. Me gustaría que los padres, en la medida que sus hijos van creciendo, compartan con ellos tiempo y espacio del por qué de la decisión de acercarlos a la pila bautismal. Solo así, quizás podrán decir orgullosos, este es mi hijo/a amada en quien hoy me complazco.
De no ser así, seguiremos preguntándonos ¿dónde quedan todos aquellos que acercan a sus hijos al bautismo?. Quizás, como mi amigo, porque no compartimos la experiencia que nos ha marcado la vida y que lo más probable es que en la etapa de su crecimiento hablemos de muchas cosas, pero quizás de Dios no tengamos tiempo.

Hasta la próxima
Paco Mira

viernes, 3 de enero de 2014

CARTA A LOS REYES MAGOS


QUERIDOS REYES MAGOS
             Por cierto, Feliz Año, que no se lo había dicho.
¿Saben?. No se si la ilusión tiene que estar unida indefectiblemente a la infancia, o hay que ser infantiles para ser ilusos. Creo que no. Creo que todos debemos ser un poco inocentes, infantiles y nunca perder la ilusión. Por eso cuando llega esta fiesta se me ponen los pelos de punta, porque la inocencia, la ilusión y ser infantiles tienen como conclusión la felicidad. Es el día de los felices, de los que sueñan, de los que esperan con desesperación… es el día de Reyes.
            Por eso yo también quiero escribir una carta a sus majestades, también con la idea de ser feliz. Lo más probable es que no me hubiese portado lo mejor del todo y eso que he tenido
365 días para ello; no tengo claro que no me caigan carbones, pero no de los dulces, sino del que da calor y mancha las manos. Pero ilusión y ganas no me faltan por eso yo también quiero pedir.
            Quiero pedirles una Iglesia más limpia, fresca, con olor a suavizante. Quiero en esa Iglesia que nuestro Papa Bergoglio, o el Papa Francisco, sople, abra ventanas y lave todo aquello que nos impide abrirle las puertas a sus majestades. Pero también quiero una Iglesia más cercana, donde mi Obispo, mi párroco… sea verdadero corresponsal del Papa que sopla, airea y limpia.
            Quiero pedir un mundo sin odio. Levantarnos un día y que la gran noticia es que las balas han dejado de silbar; la gran noticia es que los niños, ancianos, mujeres, hombres no tienen que correr porque hay alguien que en su corazón no existe cabida para el amor, para el perdón… y aniquila todo aquello que encuentra a su paso.
            Quiero pedir que nuestros gobernantes, nuestros políticos… aquellos en los que hemos depositado nuestra esperanza, no nos mientan. Estoy por asegurar que nuestras majestades pasarán por las casas de ellos, independientemente de cómo esté el país, que también es el de ellos. Muchos de nuestros hermanos tienen que hacer cola en el paro, en los comedores de caritas, en las puertas de nuestras iglesias… y seguro que en muchas de esas casas no podrán pasar sus majestades… entre otras cosas porque a lo mejor ha habido una orden de deshaucio, y ahora la dirección ya no es la misma. Me gustaría que esos mismos políticos no nos engañaran diciendo que el próximo año va a ser mejor, cuando ellos mismos no lo saben.
            Quiero pedir menos nerviosismo en todos. Estamos como demasiado estresados, demasiado apurados y quizás no nos dé tiempo a mirarle a la cara al que pasa a nuestro lado. Quizás si le mirásemos al otro, entenderíamos mejor nuestra propia situación.
            Me gustaría seguir pidiendo, pero no quiero ser egoísta. Quiero que los demás también pidan, pero que pidamos todos con los ojos de los niños, con la ilusión de los más pequeños, con la inocencia de quien no tiene doble intención. Alguien me dijo que si somos como ellos, igual entramos en el Reino de los cielos. Bueno, pues me apunto a ello.
Solo entendiendo que podemos ser luz en medio de sombras, sabremos comprender que estamos ante la fiesta de la Epifanía. Ante la fiesta de la manifestación de Dios, a través de su Hijo, a los pueblos. Los magos quizás no fueran tres, ni se llamaran como nosotros lo hacemos, pero si es verdad, que como cantaba un cantautor español, “quizás habrá un día en que todos los hombres alcemos la vista y veamos un mundo mejor”. Entre otras cosas porque hemos sido capaces de comprender la manifestación de lo celebrado en la Navidad.
            Amigos, disfrutemos del día, con el día, de los nuestros y con los nuestros y preguntémonos si realmente Jesús se ha manifestado en nosotros.
           
            Hasta la próxima

            Paco Mira

sábado, 28 de diciembre de 2013

FIN DE AÑO, FAMILIA Y LA PAZ

FIN DE AÑO, FAMILIA Y LA PAZ
            Parece que fue ayer, cuando un uno de enero se brindaba por un año mejor, feliz, cuando queríamos que los sueños se hicieran realidad, cuando los deseos eran uvas que auguraban un futuro mejor que el que teníamos hace 365 días. Y ya ven. Otra vez la misma cantinela, otra vez el mismo ritual, otra vez el mismo protocolo, pero… ¿resultados?.
            Es curioso, en el que este mes lo dedicamos al encuentro y reencuentro de los que están (como diría Pablo) en la diáspora, es decir al encuentro de aquellos que a lo largo del año no comparten con nosotros los mismos espacios de proximidad, debería ser protocolario, debería ser obligatorio, el poder, no sólo augurar un buen año, sino realmente cumplirlo. Las fiestas del fin de año, la navidad, deberían ser una fiesta para lo que son, pero al mismo tiempo de balance, de poner en una báscula aquello que a lo largo del año que agoniza, no fue lo que quisiéramos que fuera, que aquellos deseos que no se han cumplido, hagamos el propósito de cumplirlos.
            Y para ello, la Iglesia, como siempre ella, nos propone celebrar el día de la familia. Y es que empezando por lo pequeño llegamos a lo grande; empezando por lo hogareño, por el calor de los que nos quieren… podremos solucionar muchos de los grandes problemas. Debería ser obligatorio en estas fechas un poner sobre el mantel de todas y cada una de las familias lo que creemos que no ha funcionado, lo que pensamos que podría ser mejor, lo que nos ha impedido realizarnos como seres humanos compartiendo el amor de todos y cada uno de los que nos rodean.
         
   Y por ello, de nuevo la Iglesia, como no, nos ofrece que el día primero comencemos rezando y pidiendo por algo que se me antoja casi imposible como es la paz. Y se me antoja casi imposible, porque si se diera el recuento familiar, lo más probable que en lo pequeño solucionamos lo grande.
            Amigos, hay quien dice que para atrás ni para coger impulso, sin embargo nosotros no somos lo que hoy somos, sino tenemos un pasado. El 2013 ha tenido sus luces y sus sombras, ha tenido la alegría de un Papa que está sabiendo insuflar lo que quizás nos hiciera falta: entusiasmo, oxígeno fresco…en una iglesia, la nuestra, con quizás demasiado polvo que nos impide ver con claridad su grandeza; Ha tenido la luz canaria de la beata Lorenza; siempre es bueno que alguien nos vaya marcando las huellas de la senda de la vida, para que podamos tener una guía a la que agarrarnos. Ese gran número de voluntarios que echan una mano para ayudar a los que lo necesitan…
            Sombras del 2013 también las ha habido. La crisis se ha seguido cebando con los más necesitados. Las colas en caritas deberían ser borradas de la faz de la tierra. Eso significa que  alcanzaríamos  los frutos de lo que estamos haciendo mejor que antes; ha habido la sombra de la paz, especialmente en Siria, en Sudán, etc… Jesús de Nazaret no se merece una bala en el cuerpo del inocente, precisamente por eso, por ser inocente.
            Amigos, recordemos cuando el 31, a las 00.00 levantemos una copa para brindar, acordémonos de los que no la pueden levantar. Pidamos deseos para el 2014, pero deseos que nazcan de la Navidad que hemos celebrado, porque así no ha sido baldío el nacimiento de un humilde niño. Brindemos para que dentro de 365 días no tengamos que arrepentirnos de algo que deseamos y no cumplimos.
            De corazón personal y en el de mi familia, FELIZ 2014
            Por cierto “el único que puede hablar en todos los idiomas es el eco”
            Hasta la próxima en el próximo año

            Paco Mira



viernes, 20 de diciembre de 2013

NO FELICITEMOS LA NAVIDAD, HAGAMOS NAVIDAD



NO FELICITEMOS LA NAVIDAD. HAGAMOS NAVIDAD
            Es curioso que parece lo mismo, pero no lo es. Y no lo es, porque no es justamente lo mismo. Por fin ha llegado el día. Ha llegado lo que todos queremos. Ha llegado el inicio de nuestra lucha, el inicio del cumplimiento de las ilusiones, de las esperanzas, de la alegría, de la fiesta – quizás desbordada o no – en definitiva los días más esperados del año.
            Es, quizás,  el momento de los villancicos; el momento de lágrimas que se derraman por ausencias muy significativas; el momento de reencuentros que siempre se han esperado y que ahora se hacen más notables. Es, sin duda, Navidad.
            Y porque estamos en ello, me gustaría recordar con todos y cada uno de ustedes un villancico, aquel que dice “campana, sobre campana. Asómate a la ventana…. Verás al niño en la cuna…”.  Y, a veces, los villancicos deberían de ser órdenes. Quise ser fiel a ellos y me asomé a la ventana, al tañir de las campanas. Y vi al niño representado en aquel padre y madre de familia revolviendo en los contenedores de basura para poder llevar algo de comida a su casa,aún con el riesgo de ciertas infecciones; Me volví a asomar a la ventana y vi aquella madre que con cierta sonrisa resignada entiende que su hijo no “ volverá a casa por navidad, “ quizás por motivos laborales, por motivos económicos… Me volví a asomar a la ventana y vi que el niño de la cuna también eran la cantidad de presos, de inmigrantes… de gente que formaría parte del belén y que para ellos la navidad es como un 24 de agosto, o un 24 de marzo.
            Amigos, la navidad es muy fácil de felicitarla, pero muy difícil de vivirla. El replicar de campanas debiera ser ese despertador de cada jornada laboral que nos invita a levantarnos para ir al trabajo, pero debería ser el que nos diga que el camino que baja a Belén no es un camino de rosas, no es un camino que cualquiera puede recorrer, no es un camino de postales navideñas, de deseos que nunca cumplimos, de juegos de azar a la lotería…. El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve, los avatares de la vida, las dificultades del día a día… nos va marcando.
            Felicitar la navidad es fácil, hacer navidad es complicado. Navidad, del latín “nativitate” (nace la vida en ti), no será realidad hasta que esa Vida con mayúsculas en la que creemos la hagamos realidad en nuestro quehacer diario. Navidad debería ser no sólo el 24 de Diciembre, sino cualquiera de los 365 días del año, seguro que Jesús nacería con una sonrisa mucho más placentera.
            Vivamos y disfrutemos de las oportunidades que anualmente nos oferta Jesús de Nazaret en su cumpleaños. Toquemos y repliquemos campanas por objetivos cumplidos y deseados. Cantemos villancicos, zambombas y panderetas por deseos que en su programación previa se han hecho realidad. Si eso se cumple, es Navidad.
            Cuando este año estemos cantando a la Navidad, miremos a Juan Grande o al Salto del Negro. Miremos a la valla de Melilla con las cuchillas incrustadas. Miremos al contenedor más cercano. Miremos al último desahuciado conocido o anónimo. Miremos al parado que su cena será una simple tortilla francesa y es feliz compartiéndola con su familia. Mirémonos a nosotros mismos y veamos si Jesús, que nace, se ríe con nosotros.
            Amigos, no felicitemos la Navidad, HAGAMOS NAVIDAD
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 13 de diciembre de 2013

NELSON, "ADVIENTO", MANDELA

                                       NELSON, “ADVIENTO”, MANDELA
            La grandeza de la vida es que el hombre puede ir contando su propia historia. No solamente contarla, sino escribirla. Cada día que pasa todos y cada uno de nosotros vamos escribiendo en las páginas del día a día los acontecimientos que precisamente marcan nuestra propia historia. Sin duda que, en mayor o menor medida, vamos dejando huella y lo más probable es que otros sean capaces de seguirla.
            Los que hemos tenido la suerte de vivir a caballo entre dos siglos, ha sido, sin duda,  una experiencia que a muchos les gustaría vivir, disfrutar y compartir. El siglo XX, alguien lo ha definido como el siglo de grandes desgracias y el nacimiento de grandes personajes que mayoritariamente han nacido con ese siglo y se han ido con él. Sin embargo siempre hay alguno que queda un poco más para la posteridad, quizás para que no se pierda la esencia para la que han nacido.

            Por el siglo XX han pasado personajes que han dejado una huella profunda como puede ser el caso de Monseñor Romero, de Teresa de Calcuta, de Luther King, etc… de tantos y tantos que han pasado por esta vida y que no quisiéramos que se fueran, quizás porque gracias a ellos, en parte, la historia ha ido caminando.
            Sin embargo y gracias a Dios, Mandiba aguantó un poco más. Quiso compartir con nosotros los primeros años del nuevo siglo, del nuevo milenio.. de la nueva vida. Gracias, Nelson. Pero gracias por todo lo que nos has dejado, que creo que no ha sido baldío, que no ha sido para guardar en el baúl de los recuerdos. Te has ido en el adviento. Claro, nos has querido dejar la huella histórica de la esperanza, porque esta es lo último que se pierde, como tampoco te perdemos a ti. Precisamente por el adviento, por la esperanza es por lo que tú has luchado en esta vida. Es curioso que los personajes de este adviento: Juan, María, Isaías… también han luchado.
            Nelson, has conseguido superar algo tan complicado en la vida como es el rencor. Quizás 27 años entre rejas, lo único que habría alimentado sería la sed de la venganza y sin duda has conseguido que la frase de Francisco de Asís, que “donde haya odio, ponga amor”, la hiciste realidad.
            Mandela ha querido anticipar la Navidad. Tenía casi prisa por formar parte del Belén de la historia y de la vida y lo ha conseguido. Todo el mundo le quiere. Ahora, en su pueblo, en Sudáfrica, en el mundo entero le seguimos queriendo. Ha adelantado, a sus 95 años, las tareas domésticas de preparar una cuna, un hogar cálido, un pesebre cómodo a ese Jesús de Nazaret que le acoge con los brazos abiertos.
      ¡Cuánto tenemos que aprender de los que nos preceden en la vida!.¡Cuántas huellas tenemos que encajar en nuestros pies para recorrer el camino de la historia y procurar equivocarnos lo menos posible!. Nelson Mandela fue auténtico. Fue él mismo. Cualquier modelo no encajaría en su apreciación vital de la historia. Nosotros, a veces, buscamos modelos de identificación y el único modelo es Jesús de Nazaret. Jesús, por medio de Juan, nos pide conversión, nos pide que no sigamos por los caminos del odio y de la venganza. ¡que bien lo supo entender Mandela!. El no necesitó que nadie le dijera lo que tendría que hacer en un momento determinado. El amor supera todo tipo de barreras ideológicas, culturales, de color….
            Nosotros, los cristianos, tenemos un modelo de amor que supera todo.
            Gracias Nelson Adviento Mandela y feliz Navidad
            Hasta la próxima.

            Paco Mira