La grandeza de la vida es que el
hombre puede ir contando su propia historia. No solamente contarla, sino
escribirla. Cada día que pasa todos y cada uno de nosotros vamos escribiendo en
las páginas del día a día los acontecimientos que precisamente marcan nuestra
propia historia. Sin duda que, en mayor o menor medida, vamos dejando huella y
lo más probable es que otros sean capaces de seguirla.
Los que hemos tenido la suerte de
vivir a caballo entre dos siglos, ha sido, sin duda, una experiencia que a muchos les gustaría
vivir, disfrutar y compartir. El siglo XX, alguien lo ha definido como el siglo
de grandes desgracias y el nacimiento de grandes personajes que
mayoritariamente han nacido con ese siglo y se han ido con él. Sin embargo
siempre hay alguno que queda un poco más para la posteridad, quizás para que no
se pierda la esencia para la que han nacido.
Por el siglo XX han pasado
personajes que han dejado una huella profunda como puede ser el caso de
Monseñor Romero, de Teresa de Calcuta, de Luther King, etc… de tantos y tantos
que han pasado por esta vida y que no quisiéramos que se fueran, quizás porque
gracias a ellos, en parte, la historia ha ido caminando.
Sin embargo y gracias a Dios,
Mandiba aguantó un poco más. Quiso compartir con nosotros los primeros años del
nuevo siglo, del nuevo milenio.. de la nueva vida. Gracias, Nelson. Pero
gracias por todo lo que nos has dejado, que creo que no ha sido baldío, que no
ha sido para guardar en el baúl de los recuerdos. Te has ido en el adviento.
Claro, nos has querido dejar la huella histórica de la esperanza, porque esta
es lo último que se pierde, como tampoco te perdemos a ti. Precisamente por el
adviento, por la esperanza es por lo que tú has luchado en esta vida. Es curioso
que los personajes de este adviento: Juan, María, Isaías… también han luchado.
Nelson, has conseguido superar algo
tan complicado en la vida como es el rencor. Quizás 27 años entre rejas, lo
único que habría alimentado sería la sed de la venganza y sin duda has
conseguido que la frase de Francisco de Asís, que “donde haya odio, ponga
amor”, la hiciste realidad.
Mandela ha querido anticipar la
Navidad. Tenía casi prisa por formar parte del Belén de la historia y de la
vida y lo ha conseguido. Todo el mundo le quiere. Ahora, en su pueblo, en
Sudáfrica, en el mundo entero le seguimos queriendo. Ha adelantado, a sus 95
años, las tareas domésticas de preparar una cuna, un hogar cálido, un pesebre
cómodo a ese Jesús de Nazaret que le acoge con los brazos abiertos.
¡Cuánto tenemos que aprender de los
que nos preceden en la vida!.¡Cuántas huellas tenemos que encajar en nuestros
pies para recorrer el camino de la historia y procurar equivocarnos lo menos
posible!. Nelson Mandela fue auténtico. Fue él mismo. Cualquier modelo no
encajaría en su apreciación vital de la historia. Nosotros, a veces, buscamos
modelos de identificación y el único modelo es Jesús de Nazaret. Jesús, por
medio de Juan, nos pide conversión, nos pide que no sigamos por los caminos del
odio y de la venganza. ¡que bien lo supo entender Mandela!. El no necesitó que
nadie le dijera lo que tendría que hacer en un momento determinado. El amor
supera todo tipo de barreras ideológicas, culturales, de color….
Nosotros, los cristianos, tenemos un
modelo de amor que supera todo.
Gracias Nelson Adviento Mandela y feliz Navidad
Hasta la próxima.
Paco Mira



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