NO
FELICITEMOS LA NAVIDAD. HAGAMOS NAVIDAD
Es curioso que parece lo mismo, pero
no lo es. Y no lo es, porque no es justamente lo mismo. Por fin ha llegado el
día. Ha llegado lo que todos queremos. Ha llegado el inicio de nuestra lucha,
el inicio del cumplimiento de las ilusiones, de las esperanzas, de la alegría,
de la fiesta – quizás desbordada o no – en definitiva los días más esperados
del año.
Es, quizás, el momento de los villancicos; el momento de
lágrimas que se derraman por ausencias muy significativas; el momento de
reencuentros que siempre se han esperado y que ahora se hacen más notables. Es,
sin duda, Navidad.
Y porque estamos en ello, me
gustaría recordar con todos y cada uno de ustedes un villancico, aquel que dice
“campana, sobre campana. Asómate a la
ventana…. Verás al niño en la cuna…”.
Y, a veces, los villancicos deberían de ser órdenes. Quise ser fiel a
ellos y me asomé a la ventana, al tañir de las campanas. Y vi al niño
representado en aquel padre y madre de familia revolviendo en los contenedores
de basura para poder llevar algo de comida a su casa,aún con el riesgo de
ciertas infecciones; Me volví a asomar a la ventana y vi aquella madre que con
cierta sonrisa resignada entiende que su hijo no “ volverá a casa por navidad, “ quizás por motivos laborales, por
motivos económicos… Me volví a asomar a la ventana y vi que el niño de la cuna
también eran la cantidad de presos, de inmigrantes… de gente que formaría parte
del belén y que para ellos la navidad es como un 24 de agosto, o un 24 de
marzo.
Amigos, la navidad es muy fácil de
felicitarla, pero muy difícil de vivirla. El replicar de campanas debiera ser
ese despertador de cada jornada laboral que nos invita a levantarnos para ir al
trabajo, pero debería ser el que nos diga que el camino que baja a Belén no es
un camino de rosas, no es un camino que cualquiera puede recorrer, no es un
camino de postales navideñas, de deseos que nunca cumplimos, de juegos de azar
a la lotería…. El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve,
los avatares de la vida, las dificultades del día a día… nos va marcando.
Felicitar la navidad es fácil, hacer
navidad es complicado. Navidad, del latín “nativitate”
(nace la vida en ti), no será realidad hasta que esa Vida con mayúsculas en la
que creemos la hagamos realidad en nuestro quehacer diario. Navidad debería ser
no sólo el 24 de Diciembre, sino cualquiera de los 365 días del año, seguro que
Jesús nacería con una sonrisa mucho más placentera.
Vivamos y disfrutemos de las
oportunidades que anualmente nos oferta Jesús de Nazaret en su cumpleaños.
Toquemos y repliquemos campanas por objetivos cumplidos y deseados. Cantemos
villancicos, zambombas y panderetas por deseos que en su programación previa se
han hecho realidad. Si eso se cumple, es Navidad.
Cuando este año estemos cantando a
la Navidad, miremos a Juan Grande o al Salto del Negro. Miremos a la valla de
Melilla con las cuchillas incrustadas. Miremos al contenedor más cercano.
Miremos al último desahuciado conocido o anónimo. Miremos al parado que su cena
será una simple tortilla francesa y es feliz compartiéndola con su familia.
Mirémonos a nosotros mismos y veamos si Jesús, que nace, se ríe con nosotros.
Amigos, no felicitemos la Navidad, HAGAMOS NAVIDAD
Hasta la próxima.
Paco Mira

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