viernes, 12 de julio de 2013

CÁRITAS NO DEBERÍA EXISTIR

CARITAS NO DEBERÍA DE EXISTIR
        Me da la impresión que con el paso del tiempo uno se va haciendo más duro de lo que realmente es o aparenta. Cuando se tiene menor edad, lo más mínimo hace aflorar emociones, sentimientos, contrastes vitales, etc… pero  a medida en que los años van cayendo, los callos de la vida se van volviendo más duros. E insisto, que en mi caso, cada vez los callos son mayores.
        Sin embargo de vez en cuando, las emociones afloran por cosas que parecen insignificantes, o afloran por algo tan simple como el dar una noticia, que incluso la podemos convertir en rutinaria porque la oímos con demasiada frecuencia. La semana pasada, y como dirían en Canarias, los pelos se me pusieron como escarpias. Y simplemente fue porque oía una noticia que muchas veces la he oído y ese día me hizo que me lanzara a escribir estas letras.
        Letras que quieren ser de homenaje y también de denuncia. Se me pusieron los pelos como escarpias porque en nuestra parroquia caritas daba su informe mensual: un informe en un tono sereno, casi misterioso por quien hablaba, y un informe que parecía “normal”:la recaudación fue de X euros; se necesitan un par de cosas; se agradecen los voluntarios, etc….”
        Bendito sea Dios. Señores, Caritas no debería de existir. Caritas no es una necesidad de la Iglesia. La Iglesia asumió como opción preferencial lo que los poderes políticos han rechazado a lo largo de la historia: las viudas, los huérfanos, los enfermos, los impedidos, etc… eran arrojados fuera de la ciudad para no enturbiar el normal funcionamiento de la vida de los “normales”. Y es curioso que miles de años más tarde, seguimos sin solucionar el problema, e invitando a alejarse de la ciudad a los que buscan lo que nosotros tenemos: vida y ésta digna.
        Hacemos cartas de derechos; promulgamos comunicados insistiendo en que el ser humano tiene prioridad; la ONU gasta un montón de tinta y papel recordándonos que los hombres, los seres humanos, son lo primordial y… cuando uno acude a la autoridad civil, “mientras, vaya a caritas”. A veces realizamos un montón de obras en embellecimiento de nuestras ciudades;
inauguramos muchos polideportivos, nos recreamos en gran cantidad de zonas verdes… pero la burocracia supone decirle a quien demanda ayuda “esto le tardará, como mínimo, unos diez días o más. Mientras, vaya a caritas”. ¿Saben lo que digo?. No quiero parques, ni polideportivos, ni que mi ciudad sea bonita… quiero que ese dinero se emplee en empleados que agilicen la burocracia y que no se tenga que esperar diez días o más para comer. Pago tributos (impuestos) como deberes, ¿pero mis derechos como persona?. Si eso funcionara, es que caritas no tendría que existir.
         Porque caritas no debería de existir, por eso me saco el sombrero ante el anonimato, con nombres y apellidos, de los que gastan voluntariamente su tiempo en solucionar los problemas de quien lo necesita.  Me saco el sombrero ante el día del voluntariado, que apenas tiene repercusión. Me saco el sombrero ante quien me pone los pelos como escarpias cuando anuncia, con lo que está cayendo, que la colecta del mes anterior supera los 1.000€; me saco el sombrero ante los nuevos brotes verdes (no los del sr. Zapatero) de voluntarios que renunciando a su vida personal, familiar…
deciden echar una mano en ayudar a otros; me saco el sombrero ante aquellos que con una tienda de segunda mano, como Tabita u otras muchas le hacen la vida un poquito más agradable a los demás. Me saco el sombrero ante los que se quedan sin vacaciones, en muchos colegios, porque tienen que dar de comer a los niños.
        ¡Qué fáciles son los trajes y los despachos!. El evangelio de hoy nos cuenta (pero para algunos solo son leyendas), que hay que amar al prójimo como a uno mismo; que pasamos por la vida de largo o cruzamos de acera, hasta que no llegue un samaritano.
        Hasta la próxima. Paco Mira

        

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