Pregunta
fácil, ¿no lo estamos haciendo?. Los cristianos ¿no estamos propagando la fe?.
Si la respuesta es que no, cojamos la maleta y dediquémonos a otra cosa.
Recuerdo que cuando era pequeño, más
pequeño
que ahora, en el colegio nos daban, si queríamos, una hucha para salir
a la calle y pedirle a la gente: ¡que tiempos aquellos!. Los recuerdo con
cierta nostalgia: era una disculpa y quedar con un amigo al que no solo veías
en el colegio; era una disculpa para salir un sábado por la tarde que quizás tu
madre en otras condiciones igual no te dejaba; Se veía la cara de ilusión en
cada niño, cada vez que alguien echaba unas monedillas, etc… y el lunes
siguiente nos preguntábamos quien había recaudado más.
que ahora, en el colegio nos daban, si queríamos, una hucha para salir
a la calle y pedirle a la gente: ¡que tiempos aquellos!. Los recuerdo con
cierta nostalgia: era una disculpa y quedar con un amigo al que no solo veías
en el colegio; era una disculpa para salir un sábado por la tarde que quizás tu
madre en otras condiciones igual no te dejaba; Se veía la cara de ilusión en
cada niño, cada vez que alguien echaba unas monedillas, etc… y el lunes
siguiente nos preguntábamos quien había recaudado más.
En las huchas estaba reflejado
quizás un chinito, o un negrito… y siempre pensábamos que en otro lado se estaba peor que aquí. Yo, al menos, pensaba que aquella gente de la hucha todavía no conocía lo que nosotros conocíamos. Que aquella gente (imaginada desnuda o como mucho de taparrabos), eran unas fieras indomables y que los misioneros iban casi casi como al circo romano, pero del siglo XX.
¡fíjense como han cambiado los
tiempos!. Si algún chiquillo sale hoy con una hucha a la calle, lo más probable
es que vuelva a su casa lloroso porque llega sin su hucha que ha sido robada;
hoy quizás muy pocos apoyen el que se pida por anunciar el evangelio, como
tampoco se apoye la beatificación de unos cuantos cristianos, de un bando y
quizás también del otro; hoy casi hay que pedir por favor, que se necesita no
gente que consuma sacramentos, sino gente que viva los sacramentos.
Por eso entiendo que lo que se
celebra este domingo es la ratificación de lo que decimos que somos. Creo, como
lo decía al principio, que no se trata tanto de recordar que otros necesitan de
fe, sino que nosotros somos los primeros que tenemos que ser misioneros en
nuestro pueblo, en nuestra casa, en la familia, en el trabajo. Que lo más
probable es que no nos haga falta una hucha para pedir, sino que nosotros
tenemos que darnos como ejemplo para aquellos que nos vean sepan que somos
misioneros.
Es verdad que no hemos de olvidarnos
de aquellos que apuestan en su vida por retos quizás mejores que los tenemos
nosotros o al menos quizás más reconfortantes. Retos y medios en los que no
vale la pena quejarse, porque el pobre, el que es más pobre que yo, lo más
probable que no sepa lo que es una queja. Recemos por ellos, por los que se
comprometen fuera de nuestras fronteras, a anunciar la buena nueva, el evangelio.
Ayudémosle económicamente porque lo más probable es que ellos tengan menos que
nosotros.
Pero no nos olvidemos que el Domund
empieza en
casa. La propagación de la fe se hace en familia, porque la hemos
heredado y la transmitimos a nuestras generaciones y da la casualidad que hoy
en vez de aumentar resulta que estamos disminuyendo. Algo está fallando. El
evangelio de este domingo nos va a preguntar Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?. Que
buena pregunta. Hasta hace cinco años nadie pensaba que España iba a estar en
crisis, que eso no nos podía pasar a nosotros y fíjense por donde vamos.
Preguntémonos si cuando venga
Jesús va a
encontrar testigos de su gran noticia. Si realmente somos propagadores de la
fe, si somos misioneros, en definitiva, si celebramos el domund.
Jesús va a
encontrar testigos de su gran noticia. Si realmente somos propagadores de la
fe, si somos misioneros, en definitiva, si celebramos el domund.
Hasta la próxima.


No hay comentarios:
Publicar un comentario