SE ACABA LA FIESTA ¿Y…?
No será porque no se sabía. Dicen
que todo lo bueno se acaba, pero que también lo bueno tiene poso, y normalmente
se suele recordar en el tiempo porque nos ha dejado huella. Y creo que ese es y
tiene que ser el sentido de la fiesta. Una fiesta que no deje huella, una
fiesta que no deje poso, lo más probable es que ha fallado en algo.
A veces pensamos que la fiesta es
solamente jolgorio, alegría, diversión, bailoteo… preguntamos quien cierra las
fiestas o quien en su momento inicia las mismas con la lectura del pregón. Pero
quizás el problema de la fiesta es que hemos tenido todo un año para
prepararnos, ¿a qué?. ¿cuál ha sido el verdadero sentido que nos mueve a tener
una semana un poco más diferente de las demás del año?
La fiesta tiene que ser la
provocación del encontrarme con otros que comparten lo mismo que yo, la misma
alegría, el mismo sentimiento. La fiesta tiene que ser la disculpa real para
aprovechar la ocasión y reunirme con aquellos que hace tiempo que no veo o que
incluso no me hablo. La fiesta no tiene por qué tener una estola que nos
indique lo bueno que hacemos, pero sí
que nos provoque que lo que hacemos es realmente bueno.
Este año hemos iniciado la fiesta
con el replique de campanas. Hemos iniciado la fiesta con nuestro santo en la
puerta y quizás tiene que ser el que nos guie no solo en la fiesta, sino a lo
largo del año. El mensaje de los mensajeros, el mensaje de los arcángeles, el
mensaje de los que nos han precedido… es un mensaje silencioso, callado, pero efectivo.
Quizás no es hora de discutir sobre el sexo de los ángeles y menos de los
arcángeles, pero sí preguntarnos si somos capaces de descubrir donde están y cuando nos
acompañan.
Cuantos Tobías de la vida, cuantos
amigos,… vecinos…, conocidos…. de nuestro pueblo están esperando que un
hombre/mujer buenos les acompañen en el camino de la vida. A veces el gesto y
la palabra oportuna; el arrimar el hombro en el silencio de una situación
concreta; esa sonrisa no maliciosa, pero sí cómplice de momentos claves… son
las pautas, las pistas de de alguna manera tienen que marcar el camino que nos
conduce a la verdad.
El evangelio no es fácil, por eso
quienes lo siguen normalmente son los que lo llevan a la práctica desde el
anonimato, desde el silencio… son los arcángeles de la vida diaria. Rafael es esa
medicina de Dios, de ese médico al que no vemos pero que nos acompaña todos los
días de nuestra vida; Rafael es ese arcángel que nos da la mano en el lugar
adecuado y en el momento oportuno.
Amigos, no dejemos acabar la fiesta
simplemente con una gran traca de voladores, que también. No dejemos acabar la
fiesta haciendo una crítica de lo mal o bien que han salido las cosas. Acabemos
la fiesta con el impulso necesario para tener fuerza que nos dure hasta el año
que viene, con un compromiso solidario, con un compromiso de tender manos, con
un compromiso de arrimar hombros, con el compromiso de ser un poco mejor que
este año porque estamos convencidos que el proyecto, la causa, merece la pena.
Desde aquí me invito, invito a todos los del pueblo a que hagamos un balance de
lo que nos une, de lo que nos anima a continuar… en definitiva de lo que nos ha
llevado a hacer fiesta, y esta por el buen camino. Invitados quedamos.
Hasta la próxima.
Paco Mira


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