Lo más probable es que el título les
lleve a una canción, a un dicho, a un refrán… de unas hijas de Elena, pero que
el final no es como lo que yo pretendo: aquello decían que ninguna era buena y
lo que yo menciono ustedes juzgarán si son o no buenos.
Este fin de semana me quiero – junto
con la Iglesia – acordar de tres personajes que parece que no se les ha
entendido en su justa medida. Es más si se quiere dar una definición de lo que
puede ser un arcángel para diferenciarlo de un ángel, pues la cosa como que no
está muy clara, pero si quizás lo definimos por lo que representan pues igual
nos resulta más fácil.
Uno es Gabriel, al que alguien lo
definió como el periodista de Dios. El que da las buenas noticias, el que
anuncia, cual redactor en un periódico de los actuales, la gran noticia bajada
del cielo. Aquel enviado como reportero a una ciudad del norte de Israel, a un
pueblo que no serían nada más que cuarterías, pero que la humildad
personificada estaba (no sin cierto miedo) esperando su noticia. Periodista
como Gabriel, son, en la actualidad, muchos catequistas que siguen escribiendo
en el periódico de la vida, la buena noticia vigente de Jesús de Nazaret.
Periodistas que siguen siendo necesarios, por eso este fin de semana nuestra
comunidad parroquial les va a animar, a apoyar y les van a decir que ella, la
comunidad, como redactora jefa, les va a cubrir las espaldas.
Otro se llama Rafael, no se si Rafa
para los amigos de la confianza. Rafael es el que acompaña en los momentos de
dificultad, es el bastón para el camino, es el que sin darnos cuenta va a
nuestro lado y siempre nos acompaña. Alguien lo ha definido como la medicina de Dios. Una medicina ecológica,
porque defiende el entorno creado; una medicina homeopática porque procura y
siempre lo consigue, no ser agresiva; una medicina que sin querer queriendo
reconforta y anima. Me trae a la memoria, Rafael, a tantos voluntarios, que
casi como medicina del tiempo, gastan del suyo para acompañar a tantos que se
sienten solos, a los que no tienen compañía y sin embargo una sonrisa, un
abrazo… cura a veces esa soledad amargada por el tiempo. Gracias a los que
llevan la pastoral de la salud, a los sanitarios…sean como nuestro Rafael,
medicina personificada.
Y el tercero, nuestro querido
Miguel. Quizás no tan famoso como los demás. Quizás se le representa por lo que
no es: con armadura, con espada… en el fondo Miguel es el protector, el que nos
ampara, el que vela por todos, por la Iglesia. A veces pensamos que los que
estamos dentro de esta gran madre llamada Iglesia, nos lo sabemos todo, que
ella no nos tiene que corregir en función de lo que hacemos; que ya somos
mayores como para que nos tengan que decir lo que tenemos que hacer y…. en el
fondo seguimos siendo niños, seguimos necesitando ser protegidos, tenemos la
necesidad de reconocernos humildes. Es por ello que también los agentes de
pastoral nunca han de tener como bandera la soberbia, han de saber que
necesitan ser protegidos y que mejor que Miguel, uno de los tres, para ello.
Amigos, acompañemos como comunidad
parroquial a los agentes de pastoral Ellos, porque nosotros lo queremos, son
los encargados de transmitir los que los arcángeles han heredado de nuestro
Padre Dios. Solo reconociendo que todos formamos un solo cuerpo, pero con
distintas funciones, Dios está en medio de nosotros.
Hasta la próxima.
Paco Mira

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