¡ YA ESTAMOS
AQUÍ!..............¡BIENVENIDOS!
Cuando era pequeño (un poquito más
que ahora) una de las cosas que más me gustaba era ir a comer a casa de mi
abuela que en paz descanse. El ir a comer a aquella casa era todo un ritual. Mi
abuelo iba a buscarme a casa de mis padres; la disculpa de la búsqueda es que siempre
tenía que hacer algo en la calle, lo cual aprovechábamos, siempre caía un
refresquito, me ponían la comida que me apetecía y cuando llegábamos a la casa,
mi abuelo desde la puerta gritaba en tono alegre ¡YA ESTAMOS AQUÍ ¡ y mi abuela
contestaba BIENVENIDOS.
A finales del mes de julio les decía
que era bueno que desconectáramos para no caer en la rutina de hablar mucho con
el riesgo de que las palabras que pronunciáramos fueran oídos sordos, incluso
que ustedes descansaran de mí. Por mi parte lo he cumplido. He procurado
descansar, que el cuerpo tomara el sosiego que se pueda merecer y sobre todo
coger las energías suficientes para cumplir con la vocación a la que uno ha
sido llamado desde el estado de vida que me corresponde.
Las vacaciones, quienes han tenido
la gran suerte de poder disfrutarlas, son un tiempo de ocio, de tranquilidad,
de evadir pensamientos de trabajo, etc… pero también son o deben ser un tiempo
de poner encima de la mesa lo que uno hizo y no le salió como debiera o que
debiera haber hecho y no lo hizo. Quizás, ahora, es cuestión de replantearnos
como hemos vivido la fe, como hemos servido de ejemplo en bañador, en cholas,
en pantalón corto y de forma informal, como hemos compartido la experiencia
enriquecedora que a lo largo del curso nos ha supuesto el creer en Jesús de
Nazaret. Por eso YA ESTAMOS AQUÍ, por eso hay que decirnos mutuamente
BIENVENIDOS, por eso no hemos de ser creyentes y cristianos de cursos
escolares, sino de años completos de 365 días.
Quizás es hora de preguntarnos si hemos visto a Jesús en la playa o en
el campo, si lo hemos descubierto en un asadero con la familia o con los
amigos, si hemos servido de apoyo con él con algún familiar o conocido enfermo….
Si algo de eso hemos hecho, es que hemos estado en sintonía, en la onda
oportuna y no hemos desconectado de la buena noticia.
Pero volviendo al pasado, cuando
comenzaba un curso, mi madre me acompañaba, por lo menos el primer día, al
colegio o al instituto aunque a mí me diese vergüenza porque me creía mayor. Me
acompañaba por si había algo de última hora que había que solucionar. En alguna
ocasión lo solucionó y a decir verdad yo personalmente (aunque no lo
reconociera) me sentía más seguro.
Es curioso que vamos a empezar el
curso y también mi/nuestra madre también nos va a acompañar. Seguro que más de
un problema nos va a solucionar y seguro que más seguridad sentiremos. Nuestra
Señora del Pino, casi sin querer también – como mi madre – nos da la mano. No
subamos a Teror de la mano del alcohol; no subamos a Teror de la mano de la
degradación de la persona. Cuando era pequeño y ahora de mayor, respetaba a mi
madre. Dejen que dude que todos los que suben o subimos ahora, con nuestra
actitud, estemos respetando el sentimiento de fe de María. Subamos de la mano
de la humildad, de la sencillez, de la pequeñez… Quiero creer que todas las
bonitas palabras que se dicen en la ofrenda, (tanto por parte del que ofrece
como el que recibe) en la romería, en el
camino hacia el santuario… son palabras que pronunciamos y cumplimos a lo largo
de todo el año, no son sentimientos de un día que hay que cumplir porque
siempre se hizo así. De ser cierto lo último estaríamos más cerca de una magia
de que la fe.
Amigos, bienvenidos. Ya lo cantaba
Miguel Ríos, pero a los hijos del roc and rol, yo le doy la bienvenida a los
hijos de la fe, a los alejados de la fe y a todos los que quieran compartir con
nosotros la buena noticia de Jesús de Nazaret.
Hasta la próxima.

Paco Mira
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