viernes, 3 de enero de 2014

CARTA A LOS REYES MAGOS


QUERIDOS REYES MAGOS
             Por cierto, Feliz Año, que no se lo había dicho.
¿Saben?. No se si la ilusión tiene que estar unida indefectiblemente a la infancia, o hay que ser infantiles para ser ilusos. Creo que no. Creo que todos debemos ser un poco inocentes, infantiles y nunca perder la ilusión. Por eso cuando llega esta fiesta se me ponen los pelos de punta, porque la inocencia, la ilusión y ser infantiles tienen como conclusión la felicidad. Es el día de los felices, de los que sueñan, de los que esperan con desesperación… es el día de Reyes.
            Por eso yo también quiero escribir una carta a sus majestades, también con la idea de ser feliz. Lo más probable es que no me hubiese portado lo mejor del todo y eso que he tenido
365 días para ello; no tengo claro que no me caigan carbones, pero no de los dulces, sino del que da calor y mancha las manos. Pero ilusión y ganas no me faltan por eso yo también quiero pedir.
            Quiero pedirles una Iglesia más limpia, fresca, con olor a suavizante. Quiero en esa Iglesia que nuestro Papa Bergoglio, o el Papa Francisco, sople, abra ventanas y lave todo aquello que nos impide abrirle las puertas a sus majestades. Pero también quiero una Iglesia más cercana, donde mi Obispo, mi párroco… sea verdadero corresponsal del Papa que sopla, airea y limpia.
            Quiero pedir un mundo sin odio. Levantarnos un día y que la gran noticia es que las balas han dejado de silbar; la gran noticia es que los niños, ancianos, mujeres, hombres no tienen que correr porque hay alguien que en su corazón no existe cabida para el amor, para el perdón… y aniquila todo aquello que encuentra a su paso.
            Quiero pedir que nuestros gobernantes, nuestros políticos… aquellos en los que hemos depositado nuestra esperanza, no nos mientan. Estoy por asegurar que nuestras majestades pasarán por las casas de ellos, independientemente de cómo esté el país, que también es el de ellos. Muchos de nuestros hermanos tienen que hacer cola en el paro, en los comedores de caritas, en las puertas de nuestras iglesias… y seguro que en muchas de esas casas no podrán pasar sus majestades… entre otras cosas porque a lo mejor ha habido una orden de deshaucio, y ahora la dirección ya no es la misma. Me gustaría que esos mismos políticos no nos engañaran diciendo que el próximo año va a ser mejor, cuando ellos mismos no lo saben.
            Quiero pedir menos nerviosismo en todos. Estamos como demasiado estresados, demasiado apurados y quizás no nos dé tiempo a mirarle a la cara al que pasa a nuestro lado. Quizás si le mirásemos al otro, entenderíamos mejor nuestra propia situación.
            Me gustaría seguir pidiendo, pero no quiero ser egoísta. Quiero que los demás también pidan, pero que pidamos todos con los ojos de los niños, con la ilusión de los más pequeños, con la inocencia de quien no tiene doble intención. Alguien me dijo que si somos como ellos, igual entramos en el Reino de los cielos. Bueno, pues me apunto a ello.
Solo entendiendo que podemos ser luz en medio de sombras, sabremos comprender que estamos ante la fiesta de la Epifanía. Ante la fiesta de la manifestación de Dios, a través de su Hijo, a los pueblos. Los magos quizás no fueran tres, ni se llamaran como nosotros lo hacemos, pero si es verdad, que como cantaba un cantautor español, “quizás habrá un día en que todos los hombres alcemos la vista y veamos un mundo mejor”. Entre otras cosas porque hemos sido capaces de comprender la manifestación de lo celebrado en la Navidad.
            Amigos, disfrutemos del día, con el día, de los nuestros y con los nuestros y preguntémonos si realmente Jesús se ha manifestado en nosotros.
           
            Hasta la próxima

            Paco Mira

sábado, 28 de diciembre de 2013

FIN DE AÑO, FAMILIA Y LA PAZ

FIN DE AÑO, FAMILIA Y LA PAZ
            Parece que fue ayer, cuando un uno de enero se brindaba por un año mejor, feliz, cuando queríamos que los sueños se hicieran realidad, cuando los deseos eran uvas que auguraban un futuro mejor que el que teníamos hace 365 días. Y ya ven. Otra vez la misma cantinela, otra vez el mismo ritual, otra vez el mismo protocolo, pero… ¿resultados?.
            Es curioso, en el que este mes lo dedicamos al encuentro y reencuentro de los que están (como diría Pablo) en la diáspora, es decir al encuentro de aquellos que a lo largo del año no comparten con nosotros los mismos espacios de proximidad, debería ser protocolario, debería ser obligatorio, el poder, no sólo augurar un buen año, sino realmente cumplirlo. Las fiestas del fin de año, la navidad, deberían ser una fiesta para lo que son, pero al mismo tiempo de balance, de poner en una báscula aquello que a lo largo del año que agoniza, no fue lo que quisiéramos que fuera, que aquellos deseos que no se han cumplido, hagamos el propósito de cumplirlos.
            Y para ello, la Iglesia, como siempre ella, nos propone celebrar el día de la familia. Y es que empezando por lo pequeño llegamos a lo grande; empezando por lo hogareño, por el calor de los que nos quieren… podremos solucionar muchos de los grandes problemas. Debería ser obligatorio en estas fechas un poner sobre el mantel de todas y cada una de las familias lo que creemos que no ha funcionado, lo que pensamos que podría ser mejor, lo que nos ha impedido realizarnos como seres humanos compartiendo el amor de todos y cada uno de los que nos rodean.
         
   Y por ello, de nuevo la Iglesia, como no, nos ofrece que el día primero comencemos rezando y pidiendo por algo que se me antoja casi imposible como es la paz. Y se me antoja casi imposible, porque si se diera el recuento familiar, lo más probable que en lo pequeño solucionamos lo grande.
            Amigos, hay quien dice que para atrás ni para coger impulso, sin embargo nosotros no somos lo que hoy somos, sino tenemos un pasado. El 2013 ha tenido sus luces y sus sombras, ha tenido la alegría de un Papa que está sabiendo insuflar lo que quizás nos hiciera falta: entusiasmo, oxígeno fresco…en una iglesia, la nuestra, con quizás demasiado polvo que nos impide ver con claridad su grandeza; Ha tenido la luz canaria de la beata Lorenza; siempre es bueno que alguien nos vaya marcando las huellas de la senda de la vida, para que podamos tener una guía a la que agarrarnos. Ese gran número de voluntarios que echan una mano para ayudar a los que lo necesitan…
            Sombras del 2013 también las ha habido. La crisis se ha seguido cebando con los más necesitados. Las colas en caritas deberían ser borradas de la faz de la tierra. Eso significa que  alcanzaríamos  los frutos de lo que estamos haciendo mejor que antes; ha habido la sombra de la paz, especialmente en Siria, en Sudán, etc… Jesús de Nazaret no se merece una bala en el cuerpo del inocente, precisamente por eso, por ser inocente.
            Amigos, recordemos cuando el 31, a las 00.00 levantemos una copa para brindar, acordémonos de los que no la pueden levantar. Pidamos deseos para el 2014, pero deseos que nazcan de la Navidad que hemos celebrado, porque así no ha sido baldío el nacimiento de un humilde niño. Brindemos para que dentro de 365 días no tengamos que arrepentirnos de algo que deseamos y no cumplimos.
            De corazón personal y en el de mi familia, FELIZ 2014
            Por cierto “el único que puede hablar en todos los idiomas es el eco”
            Hasta la próxima en el próximo año

            Paco Mira



viernes, 20 de diciembre de 2013

NO FELICITEMOS LA NAVIDAD, HAGAMOS NAVIDAD



NO FELICITEMOS LA NAVIDAD. HAGAMOS NAVIDAD
            Es curioso que parece lo mismo, pero no lo es. Y no lo es, porque no es justamente lo mismo. Por fin ha llegado el día. Ha llegado lo que todos queremos. Ha llegado el inicio de nuestra lucha, el inicio del cumplimiento de las ilusiones, de las esperanzas, de la alegría, de la fiesta – quizás desbordada o no – en definitiva los días más esperados del año.
            Es, quizás,  el momento de los villancicos; el momento de lágrimas que se derraman por ausencias muy significativas; el momento de reencuentros que siempre se han esperado y que ahora se hacen más notables. Es, sin duda, Navidad.
            Y porque estamos en ello, me gustaría recordar con todos y cada uno de ustedes un villancico, aquel que dice “campana, sobre campana. Asómate a la ventana…. Verás al niño en la cuna…”.  Y, a veces, los villancicos deberían de ser órdenes. Quise ser fiel a ellos y me asomé a la ventana, al tañir de las campanas. Y vi al niño representado en aquel padre y madre de familia revolviendo en los contenedores de basura para poder llevar algo de comida a su casa,aún con el riesgo de ciertas infecciones; Me volví a asomar a la ventana y vi aquella madre que con cierta sonrisa resignada entiende que su hijo no “ volverá a casa por navidad, “ quizás por motivos laborales, por motivos económicos… Me volví a asomar a la ventana y vi que el niño de la cuna también eran la cantidad de presos, de inmigrantes… de gente que formaría parte del belén y que para ellos la navidad es como un 24 de agosto, o un 24 de marzo.
            Amigos, la navidad es muy fácil de felicitarla, pero muy difícil de vivirla. El replicar de campanas debiera ser ese despertador de cada jornada laboral que nos invita a levantarnos para ir al trabajo, pero debería ser el que nos diga que el camino que baja a Belén no es un camino de rosas, no es un camino que cualquiera puede recorrer, no es un camino de postales navideñas, de deseos que nunca cumplimos, de juegos de azar a la lotería…. El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve, los avatares de la vida, las dificultades del día a día… nos va marcando.
            Felicitar la navidad es fácil, hacer navidad es complicado. Navidad, del latín “nativitate” (nace la vida en ti), no será realidad hasta que esa Vida con mayúsculas en la que creemos la hagamos realidad en nuestro quehacer diario. Navidad debería ser no sólo el 24 de Diciembre, sino cualquiera de los 365 días del año, seguro que Jesús nacería con una sonrisa mucho más placentera.
            Vivamos y disfrutemos de las oportunidades que anualmente nos oferta Jesús de Nazaret en su cumpleaños. Toquemos y repliquemos campanas por objetivos cumplidos y deseados. Cantemos villancicos, zambombas y panderetas por deseos que en su programación previa se han hecho realidad. Si eso se cumple, es Navidad.
            Cuando este año estemos cantando a la Navidad, miremos a Juan Grande o al Salto del Negro. Miremos a la valla de Melilla con las cuchillas incrustadas. Miremos al contenedor más cercano. Miremos al último desahuciado conocido o anónimo. Miremos al parado que su cena será una simple tortilla francesa y es feliz compartiéndola con su familia. Mirémonos a nosotros mismos y veamos si Jesús, que nace, se ríe con nosotros.
            Amigos, no felicitemos la Navidad, HAGAMOS NAVIDAD
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 13 de diciembre de 2013

NELSON, "ADVIENTO", MANDELA

                                       NELSON, “ADVIENTO”, MANDELA
            La grandeza de la vida es que el hombre puede ir contando su propia historia. No solamente contarla, sino escribirla. Cada día que pasa todos y cada uno de nosotros vamos escribiendo en las páginas del día a día los acontecimientos que precisamente marcan nuestra propia historia. Sin duda que, en mayor o menor medida, vamos dejando huella y lo más probable es que otros sean capaces de seguirla.
            Los que hemos tenido la suerte de vivir a caballo entre dos siglos, ha sido, sin duda,  una experiencia que a muchos les gustaría vivir, disfrutar y compartir. El siglo XX, alguien lo ha definido como el siglo de grandes desgracias y el nacimiento de grandes personajes que mayoritariamente han nacido con ese siglo y se han ido con él. Sin embargo siempre hay alguno que queda un poco más para la posteridad, quizás para que no se pierda la esencia para la que han nacido.

            Por el siglo XX han pasado personajes que han dejado una huella profunda como puede ser el caso de Monseñor Romero, de Teresa de Calcuta, de Luther King, etc… de tantos y tantos que han pasado por esta vida y que no quisiéramos que se fueran, quizás porque gracias a ellos, en parte, la historia ha ido caminando.
            Sin embargo y gracias a Dios, Mandiba aguantó un poco más. Quiso compartir con nosotros los primeros años del nuevo siglo, del nuevo milenio.. de la nueva vida. Gracias, Nelson. Pero gracias por todo lo que nos has dejado, que creo que no ha sido baldío, que no ha sido para guardar en el baúl de los recuerdos. Te has ido en el adviento. Claro, nos has querido dejar la huella histórica de la esperanza, porque esta es lo último que se pierde, como tampoco te perdemos a ti. Precisamente por el adviento, por la esperanza es por lo que tú has luchado en esta vida. Es curioso que los personajes de este adviento: Juan, María, Isaías… también han luchado.
            Nelson, has conseguido superar algo tan complicado en la vida como es el rencor. Quizás 27 años entre rejas, lo único que habría alimentado sería la sed de la venganza y sin duda has conseguido que la frase de Francisco de Asís, que “donde haya odio, ponga amor”, la hiciste realidad.
            Mandela ha querido anticipar la Navidad. Tenía casi prisa por formar parte del Belén de la historia y de la vida y lo ha conseguido. Todo el mundo le quiere. Ahora, en su pueblo, en Sudáfrica, en el mundo entero le seguimos queriendo. Ha adelantado, a sus 95 años, las tareas domésticas de preparar una cuna, un hogar cálido, un pesebre cómodo a ese Jesús de Nazaret que le acoge con los brazos abiertos.
      ¡Cuánto tenemos que aprender de los que nos preceden en la vida!.¡Cuántas huellas tenemos que encajar en nuestros pies para recorrer el camino de la historia y procurar equivocarnos lo menos posible!. Nelson Mandela fue auténtico. Fue él mismo. Cualquier modelo no encajaría en su apreciación vital de la historia. Nosotros, a veces, buscamos modelos de identificación y el único modelo es Jesús de Nazaret. Jesús, por medio de Juan, nos pide conversión, nos pide que no sigamos por los caminos del odio y de la venganza. ¡que bien lo supo entender Mandela!. El no necesitó que nadie le dijera lo que tendría que hacer en un momento determinado. El amor supera todo tipo de barreras ideológicas, culturales, de color….
            Nosotros, los cristianos, tenemos un modelo de amor que supera todo.
            Gracias Nelson Adviento Mandela y feliz Navidad
            Hasta la próxima.

            Paco Mira
                                                   

viernes, 6 de diciembre de 2013

DE ENAMORADO A....

DE ENAMORADA A….CABREAD0 AFÓNICO
            A veces la liturgia es tan caprichosa, sin querer queriendo, que puede que acontecimientos importantes como los de este fin de semana, donde dos personajes tan maravillosos se entrecruzan, hace que uno pise al otro. Por ello, si me lo permiten me gustaría hablar un poquito de ambos.
            ¿Quién de nosotros no se ha enamorado alguna vez?. Quizás, y sin ello, es una experiencia maravillosa, independientemente del futuro que nos depare la propia vida. Cuando uno se enamora, nos tiembla el cuerpo entero, nos viene un cosquilleo en la barriga, sentimos miedo…pero cuando se explota, ya nos da igual todo, corremos, saltamos, brincamos…. Lo publicamos en el periódico y encima lo más probable es que cantemos las maravillas de encontrarnos con la persona adecuada y en el momento oportuno.
    Me da la impresión que es un poco lo que le pasó a María. María sintió miedo, cuando un personaje entró sin permiso en su casa. Lo más probable es que ni tocase en la puerta, porque en aquella época lo más probable es que no se estilase. Y sintió miedo porque el propio ángel le dice que no tema. María, como cualquier enamorada, se pregunta por qué ella tiene que ser la elegida. María, una vez que asume la historia de su vida, lo primero que hace es salir corriendo, no se si asustada o de gozo, pero corre a la montaña a ver a su prima y por último, María lo que hace es proclamar con gozo que asume la propia historia que le ha tocado.
            En definitiva un enamorado, María acepta la presencia de Dios en ella; quiere ser el vehículo por el que Dios manifiesta su presencia a los demás. María quizás no entienda el por qué, pero sabe que en el fondo merece la pena. A lo largo de la historia nos hemos entretenido demasiado en si era o no virgen, si antes, durante y después del parto y es curioso que lo más importante del tema es que Dios quiere encarnarse entre nosotros, que Dios, despojándose de su rango… se hizo igual a nosotros menos en el pecado”. Quizás sin querer, Pablo estaba desvelando la duda. Dios camina con nosotros, por la misma senda que nosotros, con los mismos sufrimientos, alegrías y penas que nosotros.
            Por ello hay alguien, cuando las cosas no salen bien, que me imagino que son muchas,  se cabrea, se llama Juan y nos pide conversión. Porque Juan sabe, que si no cambiamos de actitud, si no nos damos la vuelta al calcetín, lo más probable que no lleguemos a la misma postura de María. Vivimos en un momento en que el positivismo de la vida, la comprobación racional de las cosas… no deja lugar a sentimientos, emociones… no deja espacio a que el corazón, como los enamorados, deje fluir con normalidad sus posicionamientos.
            Me imagino a un Juan cabreado por los caminos polvorientos de Palestina. Un Juan afónico por anunciar la evidencia; un Juan incomprendido por un grupo de personas que no entendían que el amor era posible, y encima no merecía desatarle la correa de las sandalias. María lo entendió, no sin temor previo, pero al fin y al cabo como consecuencia de su compromiso.
            Es una pena que hoy la festividad y el segundo domingo de adviento coincidan, pero es un honor y un orgullo el poder contemplar en el mismo día a Juan y María unidos por una misma causa. Uno afónico y la otra en silencio. Quizás contradicciones. Pero hoy también hay quien se queda afónico gritando que el mensaje de Jesús sigue mereciendo la pena y otros con su ejemplo, con su testimonio, su silencio… también indican que Jesús camina con nosotros por el camino de la vida.
            Felicidades a las Inmaculadas y a los afónicos por causas justas
           
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 29 de noviembre de 2013

¿QUÉ CELEBRAMOS?....ESPERAR

¿QUÉ CELEBRAMOS?... ESPERAR
           
No hace mucho escribía sobre mi querida Iglesia diocesana. Y en aquella ocasión comentaba que me gustaba y quería a una iglesia santa y pecadora. Una Iglesia que instruye y una Iglesia que comete errores y a veces de bulto. Hoy vuelvo a recordar que quiero a esta Iglesia contradictoria. Es curioso que en tiempos de estrés, de nerviosismo, de intranquilidad, porque quizás la situación general así lo requiera… la Iglesia nos oferta tranquilidad, espera, sosiego… y sobre todo nos oferta Adviento, esperanza.
            Quizás estemos en un periodo en que la desesperanza, la desilusión, la falta de motivación… sea la tónica general. Y visto de esa manera hasta parece lógico. Los tiempos que corremos no nos ayudan a reconocer que quizás la vida con un poquito más de calma, hasta podría ser más rentable.
            Hemos acabado el año, quizás tendríamos que felicitarnos, pero como nos comenta el evangelio de esta semana, “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿qué encontrará?”. Se nos ha ido el año de la fe. Quizás también sería cuestión de hacer balance y no de haber celebrado un año de la fe, sino qué ha supuesto en mi vida el recordar todo un año que sigo teniendo confianza en ese Dios encarnado en Jesús de Nazaret. Se nos ha ido el tiempo ordinario y ahora nos toca esperar. Pero esperar no supone estar con los brazos cruzados mirando para el cielo por si casualidad cae algo. Entiendo que esperar supone una “cierta mosca detrás de la oreja”, porque precisamente esa espera nos tiene que impulsar a dar razón de ese año que terminó.
         
   Y acabó el año, litúrgico, claro. Y quizás sea cuestión de meternos en la boca las uvas y pedir ciertos deseos. Será cuestión de brindar por aquello que creemos que hemos conseguido y quizás será cuestión de volvernos a preguntar si cuando venga el hijo del hombre….
            Estamos comenzando el año nuevo en la liturgia y lo hacemos esperando. Le pedimos al Padre que nos muestre su misericordia y nos de su salvación. Y les confieso que cada vez me cuesta más pensar que muchos de los que autorizan a poner cuchillas en la valla de Melilla, también rezarán que les muestre la misericordia. Por eso creo en el Adviento, un Adviento de desierto, de dureza, quizás de crueldad, pero es un adviento de esperar, de calma de sosiego, porque sin duda los medios justificarán el fin.
          
  Qué mejor que comenzar el Adviento, la espera… en familia, porque sin duda la familia tiene que ser testigo de la vida que se encarna. Unámonos al IX encuentro de familias y al calor del hogar esperemos y seamos testigos de la vida que se nos entrega y que se nos ofrece. Sin duda el Cruce de Arinaga será testigo de la ternura familiar.
            Vivamos el nuevo año litúrgico con alegría. No dejemos que la desesperación – por otra parte en ciertos casos lógica – nos conduzca a la desesperanza; no dejemos que la apatía del desierto, la crudeza del mismo, nos lleve a la oscuridad de la luz que se vislumbra y que el profeta Isaías entre otros, se va encargar de todo lo contrario.
            El nuevo año litúrgico comienza con una carta apostólica del Papa Francisco. Solo por ser él quien es, no por Papa, sino como Papa persona, siempre es un aire fresco el poder leerlo. No perdamos la oportunidad de comentar su carta, siempre en estas fechas es un adviento esperado y reconfortante.
            Amigos, vivamos la alegría de la fe, desde el adviento esperanzado y así lograremos llegar a una Navidad llena de entusiasmo y de de alegría
            Hasta la próxima.

            Paco Mira

viernes, 22 de noviembre de 2013

SE ACABÓ LA EUFORIA

SE ACABÓ LA EUFORIA Y ¿AHORA QUE?
            En algún tiempo, no sé si también ahora, los reyes eran los que desbordaban euforia por todas partes. Sin duda era los que no tenían problemas o al menos aparentaban el no tenerlos. Los reyes disponían a su antojo y los vasallos obedecían. Me da la impresión que a todo el mundo le iba bien, pues los que se quejaban eran los menos.
            Volvemos a celebrar la fiesta del Rey, no de los reyes. Nuestro monarca tiene su día en el calendario. Un monarca que quizás no difiera mucho de los actuales, o al menos de alguno que conocemos: no es asumido por todo el mundo, incluso alguno se plantea si su figura en los tiempos que corremos dice o nos dice algo y por ello hay que mantenerlo. Alguno plantea que la figura del rey es una figura del pasado y por ello no tiene sentido, ha quedado obsoleta.        Es un monarca, un rey que no ha pasado por muchas operaciones, como alguno de los actuales que conocemos: sus operaciones han acabado con su vida. Y lo hicieron  porque los médicos, los entendidos de entonces, no acabaron por comprender su papel y su misión y por ello era más fácil no estudiar su mensaje que acabar con él. Sencillo, muerto el perro se acaba la rabia.
            Pero casualidades de la vida, su reino, que él mismo decía que no era de este mundo, se ha convertido en un pueblo de reyes, en una asamblea santa… que tiene como misión que su reinado no se apague, no se acabe… aunque tampoco sea comprendida y entendida. Un pueblo, el de reyes, que será perseguido, calumniado, vilipendiado a lo largo de los siglos. Sin embargo el Jefe, el Rey… nos dirá que no nos preocupemos porque estaremos con él, desde ya en el paraíso.
            Sólo nos pide algo muy sencillo: gratitud, generosidad, confianza… lo que conocemos por fe. Algo que a un Papa se le ha ocurrido que durante todo un año había que mirarse al espejo y comprobar si de gratuidad, de generosidad, de fe… andábamos repletos o por el contrario un poco escasos. Se acaba el año de la fe y quizás es la hora de hacer balance de cómo andamos de eso que decimos que hemos heredado de una forma gratuita. Es el momento de dar razón en un pueblo de reyes, que el reinado de la cruz, el reinado de la gratuidad, el reinado de la humildad…. ha merecido la pena.
            En un mundo como el de hoy, donde las palabras ya cansan y se las lleva el viento; donde las promesas sin hechos son como hojas a las que el río se lleva sin resistencia, quizás es la hora de preguntarnos cuál es nuestro papel en este maravilloso reinado, donde la fe tiene que empezar a sentirse de una vez por todas sin necesidad que nadie nos lo recuerde.
            Se acaba el año litúrgico y ¿van….? Unos cuantos. No sé si es ahora cuando tenemos, los cristianos, que tomar las uvas. No sé si es ahora cuando tenemos que pedir los deseos, lo que sí tengo claro que es la hora de despertar ya, que se nos tiene que notar que somos pueblo de Dios, que tenemos que bendecir a nuestro Dios, que Dios sigue siendo ese Dios que se ha encarnado en el Jesús de Nazaret que tocamos en el hermano que sufre, por eso su reino no es de este mundo.
       
 Amigos, acabamos el año de la fe, pero comencemos a tener fe que se nos note en la cara. Quizás se nos acabó la euforia con la que lo hemos comenzado y nos podemos preguntar, como el título de estas letras, ¿y ahora qué?. Pues ahora será dar razón de nuestra fe, de nuestra esperanza. Seamos reyes de un pueblo, que aunque no sea de este mundo, toca la tierra y las realidades de la misma. A Dios rogando, pero con el mazo dando.
            Hasta la próxima.

            Paco Mira